Hasta 30 centímetros de largo, rígida como un cartón fino y con el envés forrado de un fieltro pardo que se nota al pasar el dedo: la hoja del níspero japonés se reconoce al tacto antes que a la vista. Identificarla no tiene dificultad; leerla sí tiene interés, porque en ese limbo se ven antes que en ninguna otra parte los desajustes de riego, de suelo y de sanidad del árbol.

Hojas grandes y nervadas de Eriobotrya japonica

Qué árbol estamos describiendo

El níspero que se cultiva en España es el níspero japonés, Eriobotrya japonica, una rosácea de la subfamilia de los pomos, emparentada por tanto con el manzano, el peral y el membrillo, aunque su aspecto no lo sugiera. Es originario del sudeste de China, no de Japón, pese al epíteto específico. Se comporta como árbol perennifolio de 4 a 8 metros, con floración en otoño y maduración del fruto a finales del invierno y en primavera, un calendario invertido respecto al resto de frutales de aquí.

Ese calendario condiciona la hoja. Un árbol que florece en noviembre y llena de fruto en marzo necesita mantener aparato foliar activo durante todo el invierno, y de ahí vienen las características que se describen a continuación.

Anatomía de la hoja, rasgo por rasgo

Tamaño. Entre 12 y 30 cm de largo por 4 a 10 cm de ancho. Es de las hojas más grandes que se encuentran en un frutal de clima templado, comparable solo a la de la higuera en superficie.

Forma. Oblanceolada a elíptica: más ancha en el tercio superior, estrechándose progresivamente hacia la base. El ápice termina en punta corta y aguda; la base es atenuada, en cuña larga.

Pecíolo. Muy corto, de 0,5 a 1 cm, hasta el punto de que la hoja parece casi sentada sobre la rama. Este detalle basta para descartar confusiones con otras especies de hoja grande.

Margen. Entero o casi entero en la mitad inferior y claramente aserrado con dientes gruesos y separados en los dos tercios superiores. Los dientes son duros y algo espinosos al tacto en las hojas viejas.

Consistencia. Coriácea, gruesa, con cutícula bien desarrollada. Se dobla poco y cruje al partirse en vez de rasgarse.

Haz. Verde oscuro intenso, lustroso, glabro en la madurez, con los nervios profundamente hundidos, lo que da a la superficie un relieve acanalado muy característico.

Nervadura. Pinnada, con el nervio central muy prominente y de 10 a 25 pares de nervios secundarios paralelos entre sí que van rectos hasta el borde y mueren en los dientes. Ese paralelismo tan marcado, poco frecuente en una dicotiledónea, es la firma visual del níspero.

Envés. Cubierto de un tomento denso de pelos estrellados de color ferruginoso, que se conserva toda la vida de la hoja. Al frotar con el dedo, parte de ese fieltro se desprende.

Disposición. Alternas y en espiral, pero con los entrenudos tan cortos en el extremo de las ramas que se agrupan en rosetas aparentes, como si nacieran todas del mismo punto. Los brotes jóvenes están enteramente cubiertos por el mismo tomento pardo, incluido el haz, que va perdiéndolo al endurecerse.

Para qué sirve ese fieltro del envés

El tomento no es un adorno. La capa de pelos crea sobre los estomas una zona de aire quieto que frena la evaporación y reduce la pérdida de agua cuando sopla viento seco o el aire está muy caliente. Es una adaptación clásica a veranos duros, la misma estrategia del olivo o de la jara. Además refleja parte de la radiación y dificulta que insectos pequeños alcancen la superficie foliar.

Tiene una consecuencia práctica que se pasa por alto: los tratamientos fitosanitarios mojan mal el envés del níspero. El agua resbala sobre los pelos y forma gotas que no llegan a la epidermis, justo donde se instalan cochinillas, ácaros y pulgones. Si se trata un níspero sin mojante o sin presión suficiente, se pierde buena parte del producto. Un tensioactivo agrícola en la mezcla y una aplicación dirigida de abajo hacia arriba cambian por completo el resultado.

Cuánto vive cada hoja y por qué caen en primavera

Perennifolio no significa que la hoja sea eterna. En el níspero cada hoja vive aproximadamente de doce a veinte meses, y la renovación se concentra en primavera y principios de verano, cuando el árbol emite la brotación nueva tras la recolección. Las hojas de dos años amarillean, a veces con un tono rojizo, y caen.

Aquí está la falsa alarma más repetida entre quienes tienen un níspero en el jardín: ver caer hojas amarillas en mayo o junio y concluir que el árbol está enfermo. Salvo que la caída afecte a los brotes nuevos o venga acompañada de manchas, es senescencia normal. La señal de que todo va bien es que la caída empiece por las hojas más viejas y bajas, las de la parte interior de la copa, mientras las puntas están cargadas de hoja nueva.

Sí es motivo de preocupación lo contrario: hojas jóvenes que se marchitan sin amarillear, brotes que se doblan en cayado o defoliación que avanza desde la punta hacia dentro.

No confundirla con la hoja del níspero europeo

Existe otro níspero, el níspero europeo o níspola (Mespilus germanica), un frutal antiguo hoy casi anecdótico que fue el níspero original en la Península antes de que llegara el japonés en el siglo XIX. Sus hojas no tienen nada que ver:

Son caducas, caen en otoño después de tomar tonos amarillos y cobrizos. Miden entre 5 y 12 cm, bastante menos que las del japonés. Tienen forma lanceolada u oblonga, con el margen casi entero o finamente dentado solo cerca del ápice. Su envés es velloso, sí, pero con pelosidad blanquecina y mucho más fina, no ese fieltro pardo espeso. Y su nervadura, aunque marcada, no muestra el paralelismo rectilíneo del japonés.

Añádase que el níspero europeo florece en primavera y madura en otoño, exactamente al revés que el japonés, y que su fruto se come blando, tras un ablandamiento posterior a la recolección. Son dos árboles distintos con el mismo nombre popular.

Lo que la hoja cuenta del estado del árbol

Por su tamaño y su color uniforme, la hoja del níspero funciona como un panel de diagnóstico bastante legible.

Limbo amarillo con los nervios marcadamente verdes. Clorosis férrica, el problema más común del níspero en los suelos calizos del litoral mediterráneo. No falta hierro en el suelo: falta hierro disponible, bloqueado por el pH alto y agravado por el exceso de riego o de caliza activa. Se corrige con quelato de hierro EDDHA aplicado al suelo en primavera, no con sulfato ferroso, que a pH básico se inactiva en cuestión de días. Los quelatos foliares alivian, pero no resuelven el fondo.

Bordes y puntas quemados, de color marrón oscuro, sobre hoja por lo demás verde. Salinidad. El níspero es sensible a los cloruros y al sodio del agua de riego, y el daño se acumula en el margen porque es allí donde termina la corriente de transpiración. Es habitual con aguas de pozo del sureste. Se maneja con riegos de lavado más abundantes y espaciados, no con riegos cortos y frecuentes.

Hojas nuevas pequeñas, deformadas y de color pálido. Suele apuntar a carencia de zinc, también ligada a suelos calizos, o a daño radicular por asfixia.

Hoja verde oscura pero blanda, con caída de flor en otoño. Exceso de nitrógeno. El níspero abonado en exceso hace madera y no cuaja fruto.

Manchas necróticas irregulares tras un golpe de calor. Quemaduras por sol, frecuentes en árboles recién podados a los que se ha abierto demasiado la copa. La hoja del níspero, pese a su grosor, se quema si estaba a la sombra y de pronto queda expuesta.

Plagas y enfermedades que se leen en la hoja

Moteado del níspero (Fusicladium eriobotryae). El hongo más importante del cultivo. En hoja da manchas oscuras, oliváceas, de contorno difuso y aspecto aterciopelado, sobre todo en el haz y a lo largo del nervio central. En fruto produce las costras pardas que lo dejan invendible. Prospera con humedad y temperaturas suaves, es decir, en los otoños e inviernos lluviosos del levante. La primera medida es cultural: aclarar la copa para que ventile y retirar la hojarasca infectada del suelo, que es donde el hongo pasa el verano.

Fuego bacteriano (Erwinia amylovora). Al ser rosácea de pomo, el níspero es hospedante sensible. Se manifiesta como necrosis rápida de brotes tiernos, hojas que se ennegrecen pero quedan adheridas a la rama y extremos curvados en forma de báculo. Es enfermedad de declaración obligatoria: ante la sospecha se avisa al servicio de sanidad vegetal de la comunidad autónoma, no se improvisa.

Cochinillas (Ceroplastes, Saissetia oleae) y pulgón. Se detectan por la melaza pegajosa sobre el haz y por la negrilla que crece encima, un hongo saprófito negro que no penetra en la hoja pero le tapa la luz. Si hay negrilla, el problema real está en el insecto que la alimenta.

Ácaros y trips. Producen un punteado plateado o bronceado, sobre todo en verano seco.

La hoja en el manejo del árbol

La superficie foliar del níspero es enorme, y una copa cerrada se convierte en un techo impenetrable. Eso tiene dos efectos malos: el interior se queda sin luz y deja de producir, y la humedad permanente favorece el moteado. La poda de un níspero busca sobre todo abrir huecos para que la luz entre hasta las ramas interiores, y se hace después de la recolección, entre mayo y junio, coincidiendo con el arranque de la brotación. Podar en otoño equivale a eliminar la floración del año.

Hay una operación menos conocida que también implica a la hoja: en cultivo comercial, al embolsar los racimos de fruta para protegerlos del frío, del sol y del moteado, se recortan o se retiran algunas hojas del entorno del racimo. En jardín particular no es necesario, pero conviene entender la lógica: hoja y fruto compiten por espacio y por luz en la punta de la rama.

Nísperos maduros entre el follaje del árbol

La hoja en infusión

En Japón y China la hoja seca de Eriobotrya japonica se emplea desde hace siglos en infusión, el biwa cha. Se recolectan hojas maduras y sanas, se cepilla el envés para retirar el tomento —que resulta irritante en garganta si se ingiere—, se secan a la sombra y se trocean. Contiene triterpenos como el ácido ursólico y diversos flavonoides.

Dicho esto, conviene la prudencia: no es un remedio ni sustituye a nada, y las semillas del fruto, así como la hoja en menor medida, contienen glucósidos cianogénicos. La hoja en infusión es una bebida tradicional, no una medicina, y las semillas del níspero no se comen bajo ningún concepto.

Un uso ornamental que se infravalora

Aunque se plante por el fruto, el níspero es un árbol de follaje espléndido: hoja grande, brillante, verde todo el año y muy resistente al viento y a la contaminación urbana. Aguanta bien la sequía una vez asentado y tolera heladas de hasta -8 o -10 °C en madera, aunque la flor y el fruto pequeño se pierden ya a -3 °C, que es lo que limita su cultivo productivo al litoral y a las zonas templadas del interior. Como árbol de sombra en un patio o en un jardín pequeño, con copa a media altura y follaje denso, cumple con creces incluso si nunca llega a cuajar fruta.

En resumen

La hoja del níspero japonés (Eriobotrya japonica) es grande —hasta 30 cm—, coriácea, oblanceolada, casi sin pecíolo, con el margen aserrado en su mitad superior, el haz verde oscuro y lustroso con los nervios hundidos y muy paralelos, y el envés cubierto de un tomento pardo permanente que reduce la transpiración y complica el mojado en los tratamientos. Es perenne, pero cada hoja vive un año o poco más y se renueva en primavera, así que la caída de hojas amarillas en mayo es normal y no señal de enfermedad. No debe confundirse con la del níspero europeo (Mespilus germanica), que es caduca, más pequeña y de margen casi entero. Sabiendo mirarla, la hoja delata clorosis férrica, salinidad del riego, exceso de abono, moteado o cochinilla mucho antes de que el problema llegue al fruto.


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