El nombre científico se equivoca de país. Prunus persica apunta a Persia porque fue por allí por donde los griegos y luego los romanos conocieron el árbol, pero el melocotonero se domesticó en China hace más de cuatro mil años, en la cuenca del Yangtsé, y allí siguen viviendo sus parientes silvestres. Persia fue solo la estación intermedia de un viaje muy largo que acabó convirtiéndolo en uno de los cultivos de hueso más importantes de España, con Murcia, Aragón, Cataluña, Extremadura y Andalucía como grandes zonas productoras.

Es un árbol agradecido y a la vez exigente: da fruta pronto, a los tres o cuatro años de plantado, pero pide poda todos los inviernos, aclareo todas las primaveras y un suelo que drene de verdad. Quien no le da eso acaba con un árbol lleno de fruta diminuta que se parte de ramas y muere joven.

Cómo es el árbol

El melocotonero es un caducifolio de la familia de las rosáceas, la misma del manzano, el ciruelo y la rosa. Alcanza entre 4 y 8 m si se deja libre, aunque en cultivo se mantiene en 3 o 4 m para poder podar y recolectar desde el suelo. La copa es abierta, con corteza lisa y grisácea que se agrieta con la edad, y las hojas son lanceoladas, estrechas, de 8 a 15 cm, con el borde finamente aserrado y un verde brillante muy reconocible.

La floración es lo primero que aparece, entre febrero y marzo en buena parte de la Península, antes o a la vez que las hojas. Las flores son solitarias o pareadas, de cinco pétalos rosados, sentadas directamente sobre la madera del año anterior. Un dato práctico que se agradece: casi todos los cultivares de melocotonero son autofértiles, así que un solo árbol basta para tener cosecha, a diferencia de lo que ocurre con el cerezo o el almendro, que en general necesitan un polinizador cerca.

El fruto es una drupa: pulpa carnosa alrededor de un hueso leñoso y surcado que encierra la semilla. Esa semilla contiene amigdalina y no debe comerse.

Melocotonero en flor a finales del invierno

Melocotón, nectarina, paraguayo y pavía

Todo esto es la misma especie, y conviene aclararlo porque circula bastante confusión.

La nectarina (Prunus persica var. nucipersica) no es un cruce de melocotón con ciruelo, por mucho que se repita. Es un melocotón con una mutación recesiva de un solo gen que suprime la pelusa de la piel. Tan es así que de un hueso de nectarina pueden salir melocotoneros peludos, y en un melocotonero se ha llegado a producir alguna rama de nectarinas por mutación espontánea.

El paraguayo y la platerina corresponden a la variedad botánica platycarpa, de fruto aplanado. El primero es peludo y el segundo, liso, la versión aplanada de la nectarina.

La pavía es un melocotón de carne firme y adherida al hueso, frente a los de hueso libre que se abren en dos mitades limpias. Los de pavía son los que se destinan a conserva y almíbar, porque aguantan el pelado y el corte sin deshacerse; los de hueso libre y carne blanda van a consumo en fresco. Los de carne blanca suelen ser más aromáticos y menos ácidos; los de carne amarilla, más resistentes al transporte.

Paraguayo, la variedad de fruto aplanado del melocotonero

Variedades y horas de frío: el dato que decide la compra

Antes de mirar el sabor hay que mirar el requerimiento de frío invernal. El melocotonero necesita acumular un número determinado de horas por debajo de 7 °C para salir del reposo y florecer de forma uniforme. Ese número varía mucho entre cultivares: hay variedades de bajo requerimiento, de 200 a 400 horas, pensadas para el litoral mediterráneo y el sur, y variedades de alto requerimiento, de 700 a 1.000 horas, propias del interior y de zonas frías.

Plantar una variedad exigente en la costa de Málaga da un árbol que brota mal, florece a destiempo y apenas cuaja. Al revés, plantar una de bajo requerimiento en Soria adelanta la floración a febrero y la primera helada tardía se lleva la cosecha entera. El árbol tarda dos o tres años en delatar el desajuste, y para entonces la única salida es arrancarlo y volver a plantar.

Entre las producciones españolas con nombre propio están el melocotón de Calanda, tardío, de carne amarilla y firme, que se recolecta en septiembre y octubre y se cultiva embolsado uno a uno para protegerlo de la mosca de la fruta, y el melocotón de Cieza, en Murcia, de recolección muy temprana gracias al clima suave del valle del Segura. Entre ambos extremos hay cultivares que cubren desde mayo hasta octubre.

Ubicación, suelo y portainjerto

Sol directo y abundante: mínimo seis horas, y cuantas más mejor. A la sombra el árbol se estira, brota poco y la fruta no coge azúcar. Conviene evitar las hondonadas donde se asienta el aire frío, porque son las primeras en helarse en marzo, justo cuando el árbol está en flor.

El suelo ideal es franco o franco-arenoso, profundo, con pH entre 5,5 y 7,5 y, por encima de todo, bien drenado. El melocotonero es de los frutales menos tolerantes a la asfixia radicular: dos semanas con el suelo encharcado bastan para que la raíz colapse y aparezca Phytophthora. Si el terreno es pesado o el nivel freático está alto, lo sensato es plantar sobre caballón elevado de 30-40 cm.

En suelo calizo, que es la norma en buena parte de España, el melocotonero franco amarillea por clorosis férrica. La solución no es el abono sino el portainjerto. Los híbridos de melocotonero y almendro, tipo GF-677 o Garnem, toleran caliza activa alta y sequía, y son los que se usan en secano y en suelos calizos. En suelos sanos y frescos funciona bien el franco de melocotonero, tipo GF-305 o Montclar. Si la parcela tiene historial de nematodos o se replanta sobre un melocotonar viejo, hay patrones específicos como Cadaman o Barrier.

Y una advertencia importante: existe la fatiga de replantación. Plantar un melocotonero en el hueco donde acaba de arrancarse otro melocotonero, o cualquier Prunus, produce árboles raquíticos que nunca arrancan, por acumulación de nematodos y de sustancias liberadas por las raíces viejas. Si no queda más remedio, hay que sacar toda la tierra del hoyo, dejar el terreno en descanso un par de años o usar un patrón tolerante.

Plantación

La época de plantación a raíz desnuda es el reposo vegetativo, de noviembre a febrero, mejor cuanto antes para que la raíz emita antes de la brotación. Los ejemplares en contenedor se pueden plantar casi todo el año salvo en pleno verano.

El hoyo, amplio: 60 × 60 × 60 cm en terreno trabajado, más si el suelo está compactado. Se mezcla la tierra extraída con compost maduro, nunca con abono mineral en contacto con la raíz. Se coloca el árbol de modo que el punto de injerto quede varios centímetros por encima del nivel del suelo, porque si se entierra el injerto la variedad emite raíces propias y se pierde todo el efecto del portainjerto. Se aprieta la tierra, se riega abundantemente para asentarla y se tutora si la zona es ventosa. Marco de plantación: de 4 a 5 m entre árboles en vaso tradicional.

Multiplicación

Se multiplica por injerto, y esto no es capricho de vivero. Sembrando un hueso sale un melocotonero, sí, pero no sale la variedad de la que procede: la descendencia segrega y el resultado suele ser fruta pequeña y mediocre. Además, un pie franco de semilla no aporta la tolerancia a caliza o a nematodos que sí da un patrón seleccionado.

La técnica habitual es el injerto de yema en escudete a ojo dormido, que se hace de agosto a septiembre con la corteza todavía despegándose bien; la yema permanece inactiva hasta la primavera siguiente, cuando se corta el patrón por encima. También se practica el injerto de parche en primavera.

Si se quiere sembrar el hueso para obtener portainjertos, necesita estratificación fría: entre dos y tres meses en arena o vermiculita húmeda a 4-5 °C, en la nevera o al aire libre durante el invierno. Sin ese frío, la semilla no germina. El esqueje, en cambio, enraíza mal en esta especie y no es una vía práctica para el aficionado.

Riego

El melocotonero necesita agua regular en primavera y verano, pero odia el encharcamiento; ese equilibrio se resuelve con riegos frecuentes y moderados, no con inundaciones espaciadas. El goteo es el sistema ideal.

El momento crítico son las tres o cuatro últimas semanas antes de la recolección, cuando el fruto engorda a mayor velocidad. Un estrés hídrico en esa fase reduce el calibre de forma que ya no se recupera. En cambio, un ligero déficit controlado en pleno verano después de la cosecha, en variedades tempranas, ayuda a frenar el crecimiento vegetativo sin perjudicar al árbol.

Conviene no mojar el tronco ni el cuello. En un árbol joven, un gotero a cada lado a 30-40 cm del pie; en uno adulto, la línea de goteros bajo la proyección de la copa.

Abonado

Materia orgánica en invierno, entre 15 y 25 kg de estiércol maduro o compost por árbol adulto cada uno o dos años, repartida bajo la copa y no contra el tronco. Después, nitrógeno fraccionado desde el desborre hasta el final del engorde, y un abono rico en potasio en las últimas semanas antes de recolectar, que es lo que da calibre, color y azúcar.

Lo que hay que evitar es el nitrógeno a finales de verano: provoca brotes tardíos que no agostan y llegan tiernos al invierno, y produce fruta blanda, mal coloreada y de peor conservación. En variedades tempranas recogidas en junio, sin embargo, un aporte moderado en julio ayuda al árbol a acumular reservas para la floración del año siguiente.

Poda: donde se gana o se pierde la cosecha

Aquí está la diferencia esencial con un manzano o un peral, y explica por qué tantos melocotoneros de jardín acaban dando fruta solo en la punta de las ramas altas. El melocotonero fructifica sobre la madera del año anterior, en ramos mixtos de unos 30 a 60 cm que llevan yemas de flor y de hoja. Una rama que ha dado fruta no vuelve a darla en ese mismo tramo: se queda desnuda. Si no se renueva madera cada invierno, la zona productiva se desplaza cada año hacia el exterior y el interior del árbol se vacía.

La poda de invierno, entre enero y febrero antes de la floración, consiste por tanto en eliminar una parte de los ramos que ya han fructificado y dejar ramos jóvenes bien situados repartidos por toda la estructura. La formación clásica es el vaso de tres o cuatro brazos, con el centro abierto para que entre luz, aunque en plantaciones modernas se usan formas en eje o en Y.

Complementa muy bien una poda en verde en mayo o junio, retirando chupones verticales y aclarando brotes en el interior. Al hacerla en vegetación, las heridas cierran mejor y se reduce el riesgo de gomosis y de chancro, que son la razón por la que conviene no dar cortes gruesos en pleno invierno húmedo.

El aclareo de frutos no es opcional

Un melocotonero cuaja muchísimo más de lo que puede alimentar. Si se le deja, produce cientos de frutos del tamaño de una nuez, sin sabor, y las ramas se desgarran por el peso. Además, el esfuerzo agota las yemas del año siguiente y el árbol entra en vecería, un año mucho y otro nada.

El aclareo se hace en abril o mayo, cuando el fruto tiene el tamaño de una avellana y ya ha pasado la caída fisiológica natural. Se deja un fruto cada 10-15 cm de rama, quitando los deformes, los pegados de dos en dos y los del interior sombreado. Cuesta hacerlo porque parece un desperdicio, pero la diferencia entre un árbol aclarado y otro sin aclarar es la diferencia entre melocotones de 150-200 g y bolas de 40 g que no valen para nada.

Plagas y enfermedades

Abolladura o lepra (Taphrina deformans). La más característica: en primavera las hojas nuevas salen abullonadas, gruesas, rojizas, y acaban cayendo. Cuando se ven los síntomas ya no hay tratamiento eficaz para ese ciclo, porque la infección se produjo semanas antes. Se previene con dos tratamientos de cobre, uno a la caída de la hoja en otoño y otro al inicio del hinchado de yemas a final de invierno, antes de que se abran las flores.

Cribado (Wilsonomyces carpophilus). Manchas redondas y oscuras en la hoja cuyo centro se seca y se cae, dejando la lámina agujereada. Mismo enfoque preventivo con cobre y buena aireación de la copa.

Monilia (Monilinia laxa y M. fructigena). Seca ramilletes florales en primavera húmeda y pudre los frutos maduros, que se momifican y se quedan colgados. Esas momias son el inóculo del año siguiente: hay que retirarlas del árbol y del suelo en invierno.

Oídio (Podosphaera pannosa). Polvo blanco en brotes y frutos jóvenes, frecuente en primaveras secas y cálidas. Azufre, siempre por debajo de 30 °C para no quemar.

Pulgón verde (Myzus persicae) y pulgón harinoso. Enrollan las hojas de los brotes tiernos y transmiten virosis. Jabón potásico en las primeras colonias, y sobre todo no forzar con nitrógeno, que es lo que multiplica los brotes tiernos que atraen al pulgón.

Anarsia y grafolita (Cydia molesta). Orugas que perforan brotes y frutos; se controlan bien con confusión sexual o trampas de feromona.

Mosca de la fruta (Ceratitis capitata). Afecta sobre todo a las variedades tardías de agosto y septiembre. El embolsado individual del fruto, como se hace en Calanda, es el método más limpio en árboles de jardín.

Gomosis. Exudados ambarinos en tronco y ramas. Rara vez es la enfermedad en sí, sino la señal de otra cosa: heridas mal cicatrizadas, encharcamiento, cuello enterrado o golpes de sol. Se corrige la causa, no el síntoma.

Recolección y rusticidad

Según la variedad, la cosecha se escalona de mayo a octubre. El punto de recolección se reconoce por el color de fondo de la piel, que pasa de verdoso a amarillo cremoso o blanquecino, por el aroma y porque el fruto se desprende con un giro suave, sin tirar.

Y aquí conviene desmontar una idea extendida: el melocotón es un fruto climatérico y sigue ablandando y perfumando después de cogido, pero no gana azúcar una vez separado del árbol. Todo el dulzor que va a tener ya está dentro cuando se recolecta. Un melocotón cogido verde madurará en la frutera hasta ponerse blando, pero seguirá siendo insípido; de ahí que la fruta de proximidad, recolectada casi a punto, no se parezca a la de larga distancia. En casa, mejor a temperatura ambiente: la nevera por debajo de 5 °C durante varios días provoca harinosidad y pérdida de aroma.

En cuanto a rusticidad, el árbol en reposo aguanta bien hasta unos -15 °C, y algunos cultivares algo más. El punto débil no es el invierno sino la primavera: la flor abierta se daña alrededor de -2 °C y el fruto recién cuajado, en torno a -1 °C. Como florece muy temprano, las heladas tardías de marzo son el principal riesgo del cultivo en el interior peninsular. La vida productiva es corta para un frutal: de 15 a 20 años en buenas condiciones.

Usos

En jardinería ornamental, la floración de finales de invierno es espectacular y llega cuando casi nada más está en flor. Existen cultivares seleccionados por la flor, de pétalos dobles y colores del blanco al carmín intenso, que dan poca fruta o ninguna y se usan como arbolillo aislado. También admite bien la formación en espaldera contra un muro orientado al sur, que además adelanta la maduración.

En la cocina, más allá del consumo en fresco, es la fruta de conserva por excelencia: almíbar, mermelada, confitura y deshidratado, siempre con variedades de pavía. Combina con carnes asadas, entra en ensaladas con queso curado y en Aragón tiene su preparación clásica en vino tinto con azúcar y canela.

En resumen

El melocotonero es chino, no persa; la nectarina no es un híbrido, sino un melocotón sin pelusa; y el árbol es autofértil, así que un único árbol da cosecha. Para acertar hay que elegir la variedad por sus horas de frío según la zona, el portainjerto según la caliza y el drenaje del suelo, y no plantarlo nunca donde había otro Prunus.

Después, tres trabajos que no se pueden saltar: podar cada invierno renovando madera, porque solo fructifica sobre ramos del año anterior; aclarar los frutos en abril o mayo dejando uno cada 10-15 cm; y regar sin fallos durante el mes previo a la recolección. Añade el tratamiento de cobre en otoño y a la salida del invierno contra la abolladura, y tendrás melocotones de verdad en un árbol que, aunque no viva mucho, empieza a pagar a los tres años.


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