Un fruto incomible en crudo, una flor que perfuma calles enteras durante tres semanas de marzo y un tronco que ha sostenido injertada media citricultura mediterránea: las tres cosas son el mismo árbol, el naranjo amargo (Citrus aurantium). Es el cítrico que más se planta en España y el que menos se cosecha, una paradoja que se entiende cuando uno prueba su zumo.
Qué es exactamente el naranjo amargo
No es una especie silvestre, aunque el nombre científico lo sugiera. Citrus aurantium es un híbrido antiguo entre el pomelo asiático (Citrus maxima) y el mandarino (Citrus reticulata), fijado hace siglos en el sudeste asiático y propagado después por semilla y por injerto. Ese origen híbrido explica por qué convive con tantos nombres y formas locales: naranjo agrio, naranjo borde, naranjo de Sevilla, bigarade en Francia.
Llegó a la Península de la mano de los árabes, bastante antes que el naranjo dulce, que no se generalizó hasta el siglo XV o XVI. Durante todo ese intervalo, cuando alguien escribía «naranja» en un texto peninsular, hablaba de la amarga. De ahí que el nombre de la flor, azahar, venga del árabe az-zahr y que los patios de Córdoba, los jardines nazaríes y los claustros de medio sur se plantaran con este árbol y no con otro.
Forma un árbol de porte redondeado, de 4 a 8 metros en cultivo urbano y algo más si se le deja crecer libre, con tronco corto y ramas provistas de espinas flexibles, sobre todo en los brotes jóvenes. Es perennifolio: renueva la hoja de forma escalonada y nunca queda desnudo.
Cómo distinguirlo del naranjo dulce
El truco no está en el fruto, que se parece bastante de lejos, sino en la hoja. El naranjo amargo tiene el peciolo muy alado, con un ala ancha, casi acorazonada, que puede alcanzar el tamaño de una uña grande; el naranjo dulce lo tiene alado también, pero con un ala estrecha y discreta. Si además estruja una hoja entre los dedos y el olor es intenso, resinoso y algo amargo, es aurantium.
El fruto es un hesperidio achatado de piel gruesa, rugosa, muy rica en aceites esenciales, y de pulpa naranja intenso con muchas semillas. Madura entre diciembre y febrero y aguanta colgado del árbol hasta la primavera siguiente, algo que agradece quien busca ornamento invernal. Su sabor combina una acidez alta con el amargor de la neohesperidina, un flavonoide que no está en la naranja dulce. Comerlo a bocados no es una opción; cocinarlo, sí.
Rusticidad y suelo: hasta dónde llega
Es el más resistente al frío de los cítricos de uso corriente, junto con el kumquat. Un ejemplar adulto y bien asentado aguanta heladas de -6 ºC sin daños graves, y por debajo de -8 ºC empieza a perder brotes tiernos y frutos. Eso lo hace viable en toda la mitad sur, el litoral mediterráneo, el valle del Ebro en zonas abrigadas y buena parte de la costa atlántica gallega. En el interior de la meseta norte, con mínimas de -10 ºC, es una apuesta perdida en suelo, aunque funcione en maceta si se resguarda.
Tolera el suelo calizo mejor que el naranjo dulce y admite terrenos pobres y compactados, motivo por el que se plantó a millares en alcorques de acera. Lo que no perdona es el encharcamiento: en suelos arcillosos y mal drenados el cuello se asfixia y aparece la gomosis por Phytophthora, que se reconoce por exudados ambarinos y corteza que se abre en el arranque del tronco. Si el drenaje es dudoso, se planta en caballón, con el cuello por encima de la línea del suelo, y no se acolla nunca tierra contra el tronco.
En riegos con agua dura y suelos muy calizos, la clorosis férrica es casi inevitable: hojas nuevas amarillas con los nervios verdes marcados. Se corrige con quelato de hierro EDDHA aplicado en riego a finales de invierno, no con sulfato ferroso espolvoreado, que a pH alto se bloquea en pocos días.
El mito del patrón indestructible
Conviene desmontar una idea que circula mucho: que el naranjo amargo es el mejor portainjerto para cítricos y que si se ha dejado de usar ha sido por moda. Fue, durante siglos, el patrón universal en el Mediterráneo, y con razón: se adapta a suelo calizo, resiste la gomosis, da fruta de buena calidad y confiere longevidad al árbol.
Lo que acabó con él fue el virus de la tristeza de los cítricos (CTV), transmitido por pulgones. La combinación naranjo dulce o mandarino injertado sobre naranjo amargo es hipersensible al virus: se necrosa el floema justo por debajo de la línea de injerto y el árbol muere en meses o languidece durante años. La epidemia arrasó millones de árboles en Levante y Andalucía a partir de los años sesenta y setenta, y obligó a reinjertar el sector entero sobre citranges Carrizo y Troyer, mandarino Cleopatra o híbridos de Poncirus. Por eso hoy no se recomienda como patrón de cítricos comerciales, no porque haya envejecido la idea. Como árbol propio, sin injertar, sigue siendo tan bueno como siempre.
Plantación y cuidados
Ubicación. A pleno sol. Tolera semisombra, pero florece menos y se afina. Agradece estar resguardado del viento seco de poniente, que le quema los bordes de la hoja.
Época de plantación. De marzo a mayo, cuando el suelo ya se ha templado. Los cítricos plantados en otoño en zonas frías pasan el invierno sin enraizar y entran en la primavera debilitados. Si el árbol viene en contenedor, se afloja el cepellón por los lados, se planta al mismo nivel que traía y se riega abundantemente para asentar la tierra.
Riego. Los dos primeros años son los críticos: en verano peninsular, cada dos o tres días en suelo ligero, semanal en suelo de fondo. Adulto y en tierra, resiste sequías estivales moderadas, aunque el fruto sale más pequeño. En maceta hay que regar cuando los primeros tres o cuatro centímetros de sustrato estén secos, empapando hasta que salga agua por los agujeros, y vaciar siempre el plato. La causa número uno de muerte de cítricos en maceta no es la falta de agua, es el plato lleno de forma permanente.
Abonado. De marzo a agosto, con abono específico de cítricos que lleve magnesio, hierro, zinc y manganeso. Los cítricos son grandes consumidores de nitrógeno, pero conviene cortar el abonado nitrogenado a finales de agosto: los brotes tardíos entran tiernos en otoño y son los primeros en helarse. Estiércol, siempre bien compostado y en superficie, nunca fresco y nunca en contacto con el tronco.
Poda. Es un árbol que se poda poco. La ventana buena es el final del invierno, pasado el riesgo de heladas fuertes, o justo después de la floración si se quiere disfrutar del azahar. Se retiran chupones, ramas cruzadas y madera seca, y se aclara ligeramente el interior para que entre luz. Las ramas gruesas cortadas dejan la corteza expuesta al sol y provocan quemaduras: si hay que abrir mucho la copa, se hace en dos temporadas. En alineaciones de calle se maneja con podas de formación regulares desde joven, que tolera bien.
Plagas y problemas frecuentes
Comparte la lista completa de los cítricos, con algún matiz. El minador de los cítricos (Phyllocnistis citrella) dibuja galerías plateadas en las hojas nuevas de los brotes de verano y otoño; en árbol adulto es estético y no justifica tratar, en planta joven sí frena el crecimiento. El pulgón ataca las brotaciones de primavera y, además del daño directo, es el vector de la tristeza. La mosca blanca algodonosa (Aleurothrixus floccosus) y las cochinillas segregan melaza, sobre la que se instala la negrilla, ese hollín negro que ennegrece hoja y acera; se combaten con jabón potásico y aceite de parafina fuera de las horas de sol, repitiendo a los diez días. La araña roja aparece en veranos secos y con poco riego.
Un problema típico en jardín particular es la caída masiva de frutitos recién cuajados en mayo y junio. Salvo que sea total, es normal: el árbol regula su carga y no requiere nada. Otro clásico es el amarilleo generalizado en invierno, que suele deberse a suelo frío y encharcado, no a falta de abono. Abonar en esas condiciones empeora las cosas.
Multiplicación
Por semilla es sorprendentemente agradecido, y aquí hay un detalle interesante: el naranjo amargo presenta poliembrionía nucelar. De cada semilla salen varias plántulas y salvo excepción proceden del tejido materno, no de la fecundación, así que son clones del árbol madre. Es exactamente la razón por la que resultaba tan cómodo como patrón: se obtenían miles de plantas uniformes con solo sembrar. Se siembran las semillas frescas, recién extraídas del fruto y sin dejar secar, a 1 cm de profundidad, con el sustrato húmedo y a 22-25 ºC. Germinan en tres o cuatro semanas.
El esqueje semileñoso de verano, con hormona de enraizamiento y calor de fondo, funciona pero es lento. Y el injerto de escudete a yema en T se hace en primavera o a finales de agosto, cuando la corteza levanta bien.
Para qué sirve un fruto que nadie se come
Ornamental. Es su uso principal en España. Copa densa y regular, hoja perenne y brillante, floración muy perfumada en marzo y frutos naranjas colgados durante todo el invierno, cuando el jardín no ofrece otra cosa. Aguanta la contaminación, el alcorque estrecho y el suelo apisonado mejor que buena parte de los árboles de sombra habituales, y no levanta aceras con raíces superficiales. En maceta grande, en patio o terraza, es de los cítricos más agradecidos. También se trabaja en bonsái, aunque la hoja no reduce demasiado.
Mermelada. La corteza gruesa y rica en pectina y el amargor de la pulpa hacen de este fruto la materia prima de la marmalade británica. Buena parte de la producción sevillana se exporta desde hace más de un siglo con ese destino. Se recolecta en enero y febrero, cuando el fruto está maduro pero aún firme.
Licores y bebidas. La corteza seca de naranja amarga es la base aromática del triple seco, del Grand Marnier, de numerosos vermús y de la mayoría de amargos y bitters. Los aceites esenciales de su piel resisten la maceración alcohólica mucho mejor que los de la naranja dulce.
Perfumería. De este árbol salen tres materias primas distintas, algo poco habitual. El neroli es el aceite esencial destilado de la flor, uno de los ingredientes más caros de la perfumería clásica. El agua de azahar es el hidrolato que queda de esa destilación, el que se usa en el roscón, en la torrija y en la repostería levantina. Y el petitgrain se obtiene destilando hojas y ramillas jóvenes, con un aroma más verde y amaderado. Recolectar la flor para uso doméstico es sencillo: se recogen los botones a punto de abrir, por la mañana, y se secan a la sombra en capa fina.
Uso medicinal tradicional y una advertencia
La infusión de flores y de hojas se ha usado como relajante suave y digestiva, y es un remedio doméstico razonable: una cucharadita de flores secas por taza, cinco minutos en reposo. La corteza del fruto, seca, se ha empleado como amargo aperitivo, igual que la genciana, para abrir el apetito y estimular la secreción gástrica.
Cosa muy distinta son los extractos concentrados de Citrus aurantium que se venden como suplementos «quemagrasas» o termogénicos, estandarizados en sinefrina. Ahí no hablamos de una infusión sino de dosis farmacológicas de un estimulante adrenérgico, asociado a subidas de tensión arterial y a alteraciones del ritmo cardiaco, sobre todo combinado con cafeína. Varias agencias sanitarias han emitido advertencias al respecto. Que la planta sea de toda la vida no convierte su extracto concentrado en inocuo: son dos productos diferentes.
En resumen
El naranjo amargo se planta por lo que es, no por lo que da de comer: un árbol perenne, resistente al frío hasta unos -6 ºC, tolerante al suelo calizo y compactado, que florece con un perfume difícil de igualar en marzo y sostiene fruta ornamental todo el invierno. Pide sol, un drenaje decente, riegos regulares los dos primeros años, abono de cítricos con micronutrientes de marzo a agosto y poco más. Sus errores clásicos son el plato con agua en maceta, la tierra acollada contra el tronco y el abonado nitrogenado tardío. Como portainjerto pertenece al pasado por culpa de la tristeza, pero como árbol de jardín, patio o alineación urbana sigue sin tener sustituto cómodo. Y sus frutos, que en crudo no valen para nada, dan mermelada, licor y agua de azahar.