Un árbol que da sombra en cinco años, aguanta veranos de cuarenta grados e inviernos de treinta bajo cero, y prospera en suelos salinos, pedregosos y sin riego, suena a la solución perfecta para un terreno difícil. Con el Ulmus pumila conviene leer también la letra pequeña, porque esa misma capacidad de resistir a todo es la que lo ha convertido en un problema en buena parte del territorio peninsular.
Es un árbol que merece conocerse bien: por lo que hace bien, que es mucho, y por las razones concretas por las que hoy se desaconseja plantarlo en según qué sitios.
Cómo es el olmo siberiano
El Ulmus pumila es un árbol caducifolio de la familia de las ulmáceas que alcanza entre 15 y 25 metros de altura, con un tronco que en ejemplares viejos supera el metro de diámetro. El nombre científico despista: pumila significa "enano", y se lo puso Linneo a partir de ejemplares achaparrados de estepa. En condiciones normales de jardín no tiene nada de enano.
La copa es irregular, abierta y poco densa comparada con la del olmo común, con ramillas finas y colgantes. La corteza, lisa y grisácea de joven, se agrieta longitudinalmente en placas de color pardo grisáceo con la edad.
Las hojas son alternas, dispuestas en dos filas a lo largo de la ramilla, de 2 a 7 centímetros, ovado-lanceoladas y con el ápice puntiagudo. Aquí está el detalle que permite distinguirlo del olmo autóctono sin margen de duda: en el Ulmus pumila la base de la hoja es simétrica o solo ligeramente desigual, y el haz es liso y glabro al tacto; en el olmo común, Ulmus minor, la base es marcadamente asimétrica —un lado baja bastante más que el otro sobre el peciolo— y la hoja es áspera al pasar el dedo, como papel de lija fino. Además, el borde del olmo siberiano es de dientes simples, mientras que el del olmo común es doblemente aserrado.
Florece muy temprano, entre febrero y marzo, antes de echar la hoja. Las flores son hermafroditas, sin pétalos, verdosas o rojizas, agrupadas en fascículos apretados sobre las ramillas del año anterior. La polinización la hace el viento.
El fruto es una sámara casi redonda de 10 a 15 milímetros, plana, glabra, con un ala membranosa que rodea por completo a la semilla situada en el centro. Madura muy rápido: en abril o mayo el árbol está cubierto de racimos de sámaras verdes que después pardean y se dispersan con el viento en masa. Esa producción de semilla, enorme y muy germinativa, explica buena parte de su capacidad de colonización.
De dónde viene y cómo llegó aquí
Es originario de Asia central y oriental: Siberia meridional, Mongolia, el norte y centro de China, Corea y el este de Kazajistán. Su hábitat natural son estepas, laderas secas y márgenes de curso de agua estacionales, con inviernos continentales durísimos y precipitaciones escasas. Todo lo que resiste lo aprendió allí.
En España lleva mucho tiempo, más del que suele suponerse, aunque su expansión masiva es reciente y tiene una causa concreta: la grafiosis. Cuando la enfermedad arrasó las olmedas de Ulmus minor a lo largo del siglo XX, se recurrió al olmo siberiano como sustituto, porque toleraba el hongo, crecía rápido y arraigaba en cualquier parte. Se plantó a mansalva en repoblaciones, cunetas, cortavientos y parques.
Comportamiento agronómico: qué tolera
La lista de resistencias es difícil de igualar. Frío extremo: soporta sin daños temperaturas por debajo de -30 °C, lo que lo hace apto para cualquier punto de la península, incluida la meseta norte o las zonas de montaña. Sequía: una vez establecido, tira adelante con precipitaciones de 300 milímetros anuales, es decir, en clima semiárido y sin ningún riego de apoyo. Suelos pobres: vive en terrenos pedregosos, compactados, arcillosos, arenosos y con pH muy básico, algo habitual en los suelos calizos españoles. Tolera también cierta salinidad, tanto de suelo como ambiental, y aguanta la contaminación urbana mejor que los árboles de alineación al uso.
Lo único que no perdona es el encharcamiento permanente. Necesita luz plena; en sombra crece mal y se deforma.
El crecimiento es muy rápido en los primeros años, con incrementos que pueden acercarse al metro anual en buenas condiciones, y ese es a la vez su gran virtud y su gran defecto. Un crecimiento tan veloz produce madera blanda, poco densa y quebradiza. Las ramas del olmo siberiano se desgajan con facilidad con nieve, viento fuerte o hielo, sobre todo cuando forman horquillas de ángulo cerrado. Es un problema serio si el árbol está sobre un aparcamiento, un paso o una zona de estancia.
La grafiosis: tolerante, no inmune
Conviene precisar esto porque circula muy exagerado. La grafiosis está causada por los hongos Ophiostoma ulmi y, en su forma agresiva, Ophiostoma novo-ulmi, que colonizan los vasos conductores y provocan el marchitamiento y la muerte del árbol. Los transmiten escarabajos escolítidos del género Scolytus, que se alimentan en las axilas de las ramillas jóvenes y llevan las esporas de un olmo a otro.
El Ulmus pumila presenta una tolerancia alta a la enfermedad: se infecta, pero normalmente compartimenta la infección y sobrevive, mostrando como mucho ramas secas. No es inmune. Y hay un matiz importante: al ser un olmo, alberga perfectamente a los escolítidos vectores, de modo que un ejemplar tolerante puede actuar como reservorio de insectos que después infectan a olmos autóctonos sensibles de los alrededores.
Su resistencia sí ha resultado muy valiosa en mejora genética: se ha empleado como progenitor en programas de obtención de olmos resistentes, cruzándolo con otras especies del género para conseguir clones que combinen la tolerancia al hongo con el porte y la madera de los olmos de toda la vida.
El problema de la hibridación con el olmo autóctono
Este es el motivo de fondo por el que hoy se desaconseja plantar olmo siberiano en el medio natural, y el que más se ignora.
Ulmus pumila y Ulmus minor se cruzan entre sí y producen descendencia fértil. Los híbridos florecen, dan semilla viable y vuelven a cruzarse tanto con el olmo siberiano como con el autóctono. El resultado es una introgresión genética progresiva: las poblaciones de olmo común que sobrevivieron a la grafiosis, ya de por sí muy mermadas y fragmentadas, van diluyendo su identidad genética. Como el olmo siberiano produce muchísima más semilla y coloniza mucho más deprisa, la presión es unidireccional.
A eso se suma su carácter invasor: rebrota de raíz con enorme vigor, forma bosquetes densos a partir de chupones, se instala en riberas, cunetas, escombreras y campos abandonados, y desplaza a la vegetación autóctona. Arrancar un ejemplar adulto no basta, porque el tocón y las raíces rebrotan durante años.
La conclusión práctica: en el medio natural, en riberas y en cualquier lugar próximo a olmedas autóctonas, no debe plantarse. En un entorno urbano cerrado o en una finca aislada de zonas naturales, el riesgo es mucho menor, aunque no nulo.
Para qué se usa
Su uso clásico y el que mejor justifica plantarlo es el de cortavientos y pantalla en zonas áridas y frías donde otras especies no cuajan. Plantado en línea, forma en pocos años una barrera eficaz que protege cultivos y edificaciones.
Se ha empleado mucho en fijación de suelos y control de la erosión, precisamente por ese sistema radicular extenso y rebrotador, y en repoblaciones de emergencia sobre terrenos degradados donde el objetivo era cobertura rápida más que calidad forestal.
Como árbol de sombra en zonas rurales o jardines grandes cumple, con las reservas ya comentadas sobre la fragilidad de las ramas. La madera es de calidad mediocre, poco duradera y con tendencia a alabearse, así que su destino habitual es la leña, donde por cierto rinde bien.
Las sámaras tiernas son comestibles y en su área de origen se han consumido crudas o cocinadas; el follaje se ha usado tradicionalmente como forraje para ganado en periodos de escasez.
Y una aclaración sobre bonsái, porque genera confusión constante: el árbol que se vende en tiendas y grandes superficies etiquetado como "olmo chino" es casi siempre Ulmus parvifolia, una especie distinta, de hoja más pequeña, semiperenne en clima suave y con la corteza que se exfolia en placas. El Ulmus pumila también se trabaja como bonsái, sobre todo a partir de ejemplares recolectados, pero es de hoja mayor, plenamente caducifolio y bastante menos dócil en la reducción de hoja.
Cultivo y plantación
La multiplicación por semilla es trivial y explica lo bien que se propaga solo. Las sámaras se recogen en mayo, cuando empiezan a virar de verde a pajizo, y se siembran de inmediato, apenas cubiertas con unos milímetros de sustrato. No requieren estratificación fría ni tratamiento previo, y germinan en cuestión de una o dos semanas con porcentajes muy altos. El punto crítico es la conservación: la semilla pierde viabilidad muy deprisa al secarse, así que semilla del año anterior germina mal.
También arraiga por estaquilla leñosa tomada en invierno de madera del año, de unos 20 centímetros, plantada en sustrato arenoso, y se propaga sin querer por los rebrotes de raíz, que pueden separarse con una porción de raíz madre.
La plantación se hace en reposo vegetativo, de noviembre a febrero, aprovechando la humedad del invierno para que el sistema radicular se instale antes del primer verano. A raíz desnuda funciona perfectamente en ejemplares jóvenes, que es la forma más barata y la que mejor arraiga.
El punto que más disgustos da es la distancia. Las raíces son extensas, superficiales y agresivas: levantan aceras, se meten en arquetas, alcantarillado y drenajes, y rebrotan en el césped y en los parterres a varios metros del tronco. Nada de plantarlo a tres metros de una casa. Como mínimo, ocho o diez metros de cualquier edificación, pavimento, muro o conducción, y en marco de plantación forestal o de cortavientos, de cinco a ocho metros entre árboles.
Cuidados
Riego. Solo durante el establecimiento. Los dos o tres primeros veranos conviene un riego abundante cada diez o quince días, mejor pocos y profundos que muchos y superficiales, para forzar a la raíz a bajar. A partir del tercer o cuarto año, en la mayor parte de la Península no necesita riego alguno.
Abonado. Prácticamente innecesario. Un aporte de compost o estiércol maduro en superficie el primer par de años ayuda al arranque, y nada más. Abonar un olmo siberiano con nitrógeno solo consigue acelerar un crecimiento que ya es excesivo y producir madera aún más blanda y más propensa a romperse.
Poda. La época correcta es el reposo invernal, de noviembre a febrero, y hay una razón concreta más allá de la cicatrización: los escolítidos vuelan de primavera a finales de verano, y la madera recién cortada y las heridas frescas los atraen. Podar un olmo en plena primavera es una invitación a los vectores de la grafiosis. Los restos de poda, además, no deben apilarse cerca con la corteza puesta, porque son criadero de escarabajo; lo suyo es descortezarlos, triturarlos o quemarlos donde esté permitido.
En cuanto a la poda de formación, el objetivo es doble: elevar la cruz a la altura que interese y, sobre todo, eliminar pronto las horquillas de ángulo agudo y las ramas codominantes, dejando un eje claro. En un árbol de madera frágil, esa corrección temprana es lo que evita desgarros de ramas grandes veinte años después. También conviene eliminar cada año los chupones de la base, o acabarán formando una mata alrededor del tronco.
Plagas y enfermedades
La galeruca del olmo (Xanthogaleruca luteola) es la plaga que de verdad estropea el árbol. El adulto, un escarabajo alargado y amarillo verdoso con una banda oscura en cada élitro, perfora las hojas; las larvas, amarillentas con líneas negras, raspan el envés y dejan la hoja convertida en un encaje que se seca y se cae. Con dos o tres generaciones al año, una defoliación completa en pleno verano es habitual en ejemplares urbanos. Rara vez mata al árbol, pero lo debilita año tras año. Se controla con tratamientos dirigidos al envés en la primera generación, que es la más fácil de atajar.
Los pulgones formadores de agallas (Tetraneura ulmi, Eriosoma spp.) producen esas bolsas o bultos característicos sobre el haz de las hojas y enrollamientos en las ramillas. Son muy vistosos y prácticamente inocuos: no justifican tratamiento.
Los escolítidos (Scolytus scolytus, Scolytus multistriatus) excavan galerías bajo la corteza de ramas debilitadas, dejando el dibujo en espina de pez tan reconocible. Su importancia real no es el daño directo, sino su papel como transmisores de la grafiosis. Retirar madera muerta y no dejar leña de olmo sin descortezar en la finca es la mejor prevención.
Aparecen también cochinillas y, en árboles muy estresados, hongos de pudrición de madera que aprovechan las heridas de desgarro. La mejor defensa es siempre la misma: un árbol con espacio suficiente, sin podas mutilantes y sin exceso de nitrógeno.
Cuándo tiene sentido plantarlo y cuándo no
Tiene sentido en una finca de secano fría y ventosa donde se necesite un cortavientos rápido y no haya olmedas naturales cerca; en terrenos degradados, salinos o compactados donde se busque cobertura y sujeción del suelo; y como árbol de sombra en zonas rurales con espacio de sobra alrededor.
No lo tiene en un jardín pequeño, junto a una vivienda o sobre pavimento, por raíces y por rotura de ramas; ni en riberas, montes o cualquier entorno natural, por su capacidad invasora y por la hibridación con el olmo autóctono. En estos casos hay alternativas mejores según la zona: el propio Ulmus minor a partir de clones registrados como resistentes a la grafiosis, que existen y se pueden adquirir en vivero, el almez (Celtis australis), el fresno de flor (Fraxinus ornus) o el árbol del amor (Cercis siliquastrum) para porte menor.
En resumen
El Ulmus pumila es un caducifolio de 15 a 25 metros, originario de Asia central, de hoja pequeña con la base casi simétrica y lisa al tacto, floración muy temprana y sámaras redondeadas que maduran en primavera. Su valor está en la resistencia: frío por debajo de -30 °C, sequía severa, suelos pobres, salinos y calizos, y contaminación urbana, todo con un crecimiento muy rápido.
Ese crecimiento tiene contrapartida en madera frágil, ramas que se desgajan y raíces superficiales que hay que mantener a ocho o diez metros de cualquier construcción. Se planta en invierno, se riega solo los dos o tres primeros veranos, no necesita abonado y se poda exclusivamente entre noviembre y febrero para no atraer a los escolítidos que transmiten la grafiosis. Es tolerante a esa enfermedad, no inmune, y puede actuar de reservorio de sus vectores.
La razón principal para pensárselo dos veces antes de plantarlo no es agronómica sino ambiental: se comporta como invasor y se hibrida con el olmo común dando descendencia fértil, lo que compromete a las poblaciones autóctonas que quedan. Fuera de contextos donde su rusticidad sea realmente insustituible, hay mejores opciones.