Antes de comprar nada conviene separar dos cosas que se mezclan a diario: las plagas del almendro las provocan animales, mientras que la mancha ocre, el cribado, la monilia o la roña son hongos. El producto que resuelve unas no hace absolutamente nada contra los otros, y buena parte de los tratamientos que fracasan en un almendro doméstico fracasan por ese error de diagnóstico inicial.
Cómo se lee un almendro enfermo
El almendro (Prunus dulcis, antes Prunus amygdalus) es un árbol de secano acostumbrado a pasarlo mal, y eso tiene una consecuencia práctica: casi todas sus plagas graves atacan primero al árbol debilitado. Un almendro con buen sistema radicular, sin sequía extrema y sin heridas mal cicatrizadas resiste ataques que arrasan al vecino estresado.
Para orientar el diagnóstico, tres preguntas rápidas:
¿Dónde está el daño? Si está en hojas y brotes tiernos, se trata de chupadores o de orugas. Si está en el tronco o en las ramas gruesas, de barrenadores. Si está dentro del fruto, de avispilla o de lepidópteros.
¿En qué época aparece? Primavera temprana apunta a pulgones; pleno verano seco y polvoriento, a ácaros y a tigre; junio y julio con brotes secos, a anarsia.
¿Se ve el bicho? Si no hay ningún animal por ninguna parte y lo que hay son manchas, halos o perforaciones limpias en el limbo, lo más probable es que sea un hongo y no una plaga.
Pulgones
Son la plaga más visible y la que más tratamientos innecesarios genera. En almendro conviven varias especies: el pulgón verde del almendro (Brachycaudus amygdalinus), que enrolla longitudinalmente las hojas de los brotes; el pulgón harinoso (Hyalopterus amygdali), cubierto de una cera blanquecina y colocado en el envés; y el pulgón verde del melocotonero (Myzus persicae), polífago y conocido por su capacidad de transmitir virus.
Los síntomas son los de siempre: hojas abarquilladas y deformes en los brotes del año, brotación detenida, melaza pegajosa y, sobre ella, el hongo de la negrilla, que ennegrece hojas y ramas y reduce la fotosíntesis. En árboles adultos y productivos el daño directo suele ser tolerable; en plantones jóvenes, en cambio, un ataque fuerte en abril puede parar la formación del árbol.
Dos factores lo disparan. El primero, el exceso de nitrógeno: abonar de más produce brotación blanda y suculenta, que es exactamente lo que el pulgón busca. El segundo, la eliminación de la fauna auxiliar con insecticidas de amplio espectro. Mariquitas, sírfidos, crisopas y las avispillas parasitoides del género Aphidius —cuyas momias son esas bolitas doradas e hinchadas entre la colonia— controlan solos la mayoría de los focos si se les deja trabajar.
Si hay que intervenir, el jabón potásico mojando bien el envés, repetido a los 7 o 10 días, resuelve la mayor parte de los casos domésticos, y el aceite de neem (azadiractina) es la alternativa cuando la población es alta. Ambos, siempre a primera o última hora del día, nunca con el sol de frente y nunca durante la floración.
Ácaros: araña roja y eriófidos
La araña roja (Tetranychus urticae, y en zonas más frescas Panonychus ulmi) es un problema de verano y de estrés hídrico. Aparece un punteado clorótico fino en el haz, la hoja va pasando a un tono bronceado o plomizo, y en ataques avanzados se ven telarañas muy tenues en el envés y en las axilas. El árbol acaba defoliando antes de tiempo, lo que compromete la reserva de la campaña siguiente.
Los almendros más castigados son siempre los mismos: los de linderos de camino con polvo sobre las hojas, los que reciben demasiado nitrógeno y los que se han tratado repetidamente con piretroides. Estos últimos son un caso clásico de plaga inducida: el piretroide mata a los ácaros depredadores del grupo de los fitoseidos (Neoseiulus californicus, Phytoseiulus persimilis) mucho más eficazmente que a la araña roja, y a las dos semanas la población se dispara.
Las medidas que de verdad funcionan son preventivas: evitar el polvo, mantener cubierta vegetal o al menos no dejar el suelo desnudo y pulverulento, moderar el abonado y no abusar de insecticidas. El azufre mojable tiene acción acaricida útil frente a eriófidos y ayuda contra araña roja, pero con dos precauciones firmes: no aplicarlo por encima de los 30 °C, porque quema, y no aplicarlo a menos de tres semanas de un tratamiento con aceite, porque la combinación es fitotóxica.
Los eriófidos (Aculus fockeui) son microscópicos y dan un aspecto plateado y arrugado a las hojas jóvenes; suelen ser secundarios y rara vez justifican un tratamiento específico.
Barrenillos y gusano cabezudo
Este es el grupo verdaderamente peligroso, porque cuando los síntomas se ven, el árbol lleva tiempo comprometido.
El barrenillo del almendro (Scolytus amygdali) y el barrenillo pequeño de los frutales (Scolytus rugulosus) son escarabajos de pocos milímetros que perforan la corteza de ramas y tronco. La señal es inconfundible: orificios redondos como de perdigonada, con serrín fino y, en primavera, exudaciones de goma alrededor. Bajo la corteza aparece una galería materna longitudinal con galerías larvarias perpendiculares saliendo de ella, un dibujo en espina de pescado.
El gusano cabezudo (Capnodis tenebrionis) es aún peor. El adulto, un escarabajo negro y rugoso de dos centímetros, roe la corteza de los brotes en verano, pero el daño real lo hace la larva: perfora el cuello y las raíces gruesas y las va vaciando. El árbol amarillea, se marchita bruscamente en verano y muere sin causa aparente. Es especialmente grave en secanos cálidos, suelos arenosos y plantaciones jóvenes con sequía.
Contra ambos no hay producto milagroso, y aquí conviene ser claro: el control es cultural y sanitario.
Eliminar la madera muerta. Restos de poda, ramas secas y árboles arrancados son el criadero. Hay que sacarlos de la parcela y quemarlos o triturarlos antes de la primavera, no dejarlos apilados al sol junto a los árboles.
Troncos cebo. Colocar leña fresca de almendro en invierno, dejar que los adultos pongan en ella y destruirla antes de que emerja la nueva generación, en torno a mayo o junio.
Mantener el vigor. Un riego de apoyo en el verano de los primeros años reduce enormemente la incidencia de Capnodis. El árbol seco es el que se elige.
Cuidar el cuello. Evitar heridas de desbrozadora y no acumular tierra ni restos húmedos contra el tronco.
Anarsia y minadores de brotes
Anarsia lineatella, la anarsia o barreneta, es un pequeño lepidóptero cuya oruga penetra por la punta de los brotes tiernos y los vacía desde dentro. El síntoma es característico: brotes que se secan de arriba abajo y quedan colgando como banderitas en pleno junio, mientras el resto del árbol está verde. En generaciones posteriores la oruga entra también en el fruto, junto al pedúnculo, y lo inutiliza.
Tiene tres o cuatro generaciones al año en el sureste español e inverna como oruga en grietas de la corteza. El seguimiento con trampas de feromona permite saber cuándo hay vuelo y tratar solo entonces, que es la diferencia entre un tratamiento útil y tres inútiles. En jardín, cortar y retirar los brotes afectados en cuanto se ven reduce mucho la generación siguiente, y el Bacillus thuringiensis aplicado al inicio de eclosión funciona bien, siempre antes de que la oruga se meta dentro del brote: una vez dentro, ningún producto de contacto la alcanza.
Los minadores de hoja propiamente dichos (Lyonetia clerkella y similares) dibujan galerías serpenteantes en el limbo, resultan muy llamativos y casi nunca justifican tratamiento: sus parasitoides los controlan si no se ha destrozado la fauna auxiliar.
Las que faltan en casi todas las listas
Avispilla del almendro (Eurytoma amygdali). En muchas comarcas españolas es hoy la plaga más dañina del cultivo, por encima de pulgones y ácaros. La hembra pone en el fruto joven en primavera y la larva se come la almendra por dentro. El fruto no cae: se momifica y queda colgado del árbol todo el invierno, con la larva dentro. La medida decisiva es también la más barata: recoger y destruir todas las momias en invierno, las del árbol y las del suelo. Sin ese repaso, cualquier tratamiento de primavera va por detrás del problema.
Tigre del almendro (Monosteira unicostata). Una chinche diminuta y aplanada que chupa en el envés y deja la hoja punteada y bronceada, con abundantes puntitos negros de excrementos, en pleno verano. Se confunde constantemente con araña roja; la diferencia se ve con una lupa: aquí hay insectos alados y negros, no ácaros ni telarañas. Provoca defoliaciones fuertes en veranos secos.
Cochinillas. El piojo de San José (Diaspidiotus perniciosus) forma escudos grises sobre la madera y puede secar ramas enteras; se combate en invierno con aceite de parafina sobre yema hinchada, no en verano.
Cotonet, orugas defoliadoras y hormigas. Secundarios. Las hormigas no son plaga en sí, pero protegen a los pulgones de sus depredadores: un cinturón de banda engomada en el tronco a menudo hace más que un insecticida.
Mención aparte merece Xylella fastidiosa. No es una plaga, es una bacteria, pero la transmiten insectos chupadores como el salivazo (Philaenus spumarius) y ha causado arranques masivos de almendro en Alicante y Baleares. En zona demarcada, las medidas de control de vectores y las restricciones de movimiento de planta son obligatorias y no admiten interpretación particular.
Cómo se combaten: un calendario de trabajo
Más que una lista de productos, lo útil es un orden de actuación a lo largo del año.
Invierno (diciembre-febrero). Es la intervención de mayor rendimiento y la que casi nadie hace. Recoger y destruir momias de avispilla; podar y sacar de la parcela la madera muerta o con orificios de barrenillo; revisar el cuello del árbol. Con yema hinchada, antes de que se abra la flor, un tratamiento de aceite de parafina reduce cochinillas y huevos invernantes de pulgón y ácaros.
Floración. No se trata. El almendro florece muy pronto, entre enero y marzo según comarca y variedad, y es un recurso crítico para las abejas cuando no hay nada más en flor. Cualquier insecticida aplicado en flor causa un daño desproporcionado.
Primavera (abril-mayo). Vigilancia semanal de brotes: pulgón, primeros vuelos de anarsia, avispilla. Intervenir solo si el foco crece, y con jabón potásico o neem antes que con nada más contundente.
Verano. Ácaros y tigre. Revisar el envés con lupa, mantener el riego de apoyo en árboles jóvenes y evitar el polvo. Vigilar brotes desecados por anarsia y cortarlos.
Otoño. Recogida completa de la cosecha, incluidos los frutos que quedan en el árbol, y limpieza del suelo. Lo que se queda en la parcela es lo que inverna.
Sobre los productos, dos precisiones legales que ahorran disgustos. En jardinería particular solo pueden emplearse los que llevan en la etiqueta la mención uso en jardinería exterior doméstica; el registro de sustancias autorizadas cambia cada año, de modo que la recomendación concreta que se lee en un foro de hace cinco temporadas puede estar hoy prohibida. Y hay que respetar siempre el plazo de seguridad indicado, aunque se trate de un solo árbol en un patio.
Errores frecuentes
Tratar por calendario. Pulverizar cada tres semanas «por si acaso» selecciona resistencias, elimina depredadores y genera plagas que antes no existían, la araña roja la primera.
Confundir plaga con hongo. Manchas anaranjadas en las hojas a finales de primavera son mancha ocre (Polystigma amygdalinum); agujeritos con halo rojizo, cribado (Stigmina carpophila); flores y brotes que se marchitan de golpe tras una primavera lluviosa, monilia. Ningún insecticida actúa sobre ellos.
Aplicar azufre con calor o cerca del aceite. Quemaduras garantizadas. Máximo 30 °C y tres semanas de separación con aceites.
Dejar la leña de poda amontonada al lado. Es una fábrica de barrenillos a diez metros del cultivo.
Ver un pulgón y correr a la tienda. Un par de colonias en abril, con mariquitas alrededor, no es una plaga: es el arranque normal del equilibrio de la temporada.
En resumen
Las plagas que de verdad marcan la campaña del almendro en España son los pulgones en primavera, los ácaros y el tigre en verano, la anarsia en los brotes, la avispilla dentro del fruto y, la más grave de todas, los barrenadores de madera y raíz: barrenillos y gusano cabezudo. Cada una tiene su época, su síntoma característico y su punto débil.
El control eficaz descansa en tres pilares: observar antes de tratar, identificando de verdad qué causa el daño y descartando los hongos; mantener el árbol vigoroso y limpio, con riego de apoyo en los primeros años, abonado nitrogenado moderado y retirada sistemática de madera muerta y frutos momificados en invierno; y proteger la fauna auxiliar, respetando la floración y renunciando a los insecticidas de amplio espectro que acaban creando más problemas de los que resuelven. La poda de invierno bien hecha y una tarde recogiendo momias valen más que cualquier tratamiento de primavera.