Durante décadas el caqui tuvo fama de frutal que se plantaba y se olvidaba. Esa reputación se ganó en los huertos familiares valencianos y andaluces de mediados del siglo XX, cuando había cuatro árboles sueltos entre naranjos y nadie los trataba nunca. Con la expansión del 'Rojo Brillante' y la aparición de plantaciones de miles de árboles juntos, esa tranquilidad se acabó. Hoy el Diospyros kaki tiene un calendario sanitario tan exigente como el de cualquier otro frutal, y quien lo cultiva partiendo de la idea antigua se lleva sustos serios.

Frutos de caqui Diospyros kaki madurando en el árbol

Este artículo repasa lo que de verdad ataca al caqui en España, cómo se reconoce cada problema y en qué momento del año hay que intervenir. Porque en sanidad vegetal el error caro casi nunca es elegir mal el producto: es tratar tarde.

Cómo se estropea un caqui: tres vías distintas

Antes de ir problema por problema conviene entender que los daños llegan por caminos muy diferentes y que confundirlos lleva a tratamientos inútiles.

Hay insectos que pican o perforan el fruto y lo inutilizan directamente. Hay insectos chupadores que viven sobre la madera y el fruto, debilitan el árbol y ensucian la cosecha. Y hay hongos, que en el caqui atacan sobre todo la hoja y el fruto, y cuyo síntoma aparece semanas o meses después de la infección. Este último punto es el que más se malinterpreta: cuando ves la mancha, el hongo entró hace mucho. Tratar en ese momento no sirve de nada.

Mosca de la fruta

La Ceratitis capitata es el enemigo número uno del caqui en toda la franja mediterránea. La hembra pincha la piel del fruto con el oviscapto y deposita los huevos bajo la epidermis; las larvas se desarrollan dentro de la pulpa y la convierten en una masa blanda y agria que acaba pudriéndose.

Adulto de mosca mediterránea de la fruta, Ceratitis capitata

Cómo se reconoce. Busca en la piel una picadura diminuta, del tamaño de una punta de aguja, rodeada de un halo más claro o de un pequeño hundimiento acuoso. Al abrir el fruto aparecen galerías y larvas blancas apuntadas por delante. Un caqui picado suele caer antes de tiempo.

Cuándo ataca. Las poblaciones se disparan de agosto a noviembre, justo cuando el caqui vira de verde a naranja. El fruto verde y duro no le interesa; en cuanto empieza a cambiar de color y a perder firmeza, se convierte en un objetivo. La mosca aprovecha lo que haya disponible en cada momento, así que un huerto con higueras, membrillos o cítricos tardíos cerca mantiene el relevo durante meses.

Qué hacer. El control se basa en tres cosas: seguimiento, captura masiva y limpieza.

  • Trampas de seguimiento desde julio, con atrayente alimenticio o feromona, para saber cuándo empieza a llegar. Sin datos vas a ciegas.
  • Trampeo masivo desde finales de julio o principios de agosto, con mosqueros repartidos por todo el perímetro y también en el interior de la parcela. En un huerto familiar de pocos árboles, uno o dos mosqueros por árbol dan un resultado razonable. La clave es colgarlos antes de que el fruto empiece a colorear, no cuando ya ves picadas.
  • Retirar del suelo todo fruto caído, cada pocos días, y sacarlo del huerto o enterrarlo a buena profundidad. Dejarlo bajo el árbol es criar la generación siguiente. Este punto solo, bien hecho, cambia el resultado del año siguiente.
  • Embolsado de los frutos en árboles aislados: funciona muy bien y evita cualquier tratamiento.
  • Cosecha temprana. El 'Rojo Brillante' se recoge duro y se desastringe después, lo que reduce mucho la exposición. Dejar los frutos en el árbol hasta que ablanden es regalarle la cosecha a la mosca.

Sesia: la plaga que no se ve hasta que el árbol falla

Con el nombre de sesia se agrupan varios lepidópteros de la familia Sesiidae, mariposas diurnas de aspecto avispoide cuyas larvas barrenan la madera. En el caqui atacan sobre todo el cuello, la cruz y las heridas de poda mal cicatrizadas.

Cómo se reconoce. No verás la oruga. Verás serrín rojizo mezclado con excrementos saliendo por una grieta de la corteza, a menudo con exudado gomoso, y en verano la exuvia (la piel de la crisálida) asomando del orificio de salida. El árbol responde con brotes débiles, hojas pequeñas y ramas que se secan de golpe en pleno verano.

Qué hacer. Lo primero, mirar. Una revisión de troncos en primavera y otra a finales de verano detecta los focos cuando aún son manejables. En árboles aislados se puede abrir la galería con una navaja y eliminar la larva; en plantaciones se recurre a la confusión sexual o a tratamientos de tronco dirigidos, siempre coordinados con las curvas de vuelo de las trampas de feromona.

Y sobre todo, prevención: evitar heridas innecesarias. Los golpes de desbrozadora en el cuello, los cortes de poda grandes en verano y las quemaduras de sol en troncos jóvenes son la puerta de entrada. Un tronco encalado o protegido con malla en los primeros años se ahorra la mitad de los problemas.

Piojo de San José

El Diaspidiotus perniciosus es una cochinilla diaspídida de escudo redondeado, gris ceniza, de poco más de un milímetro y medio, con un puntito central más oscuro. Se instala en ramas, tronco y fruto.

Cómo se reconoce. En la madera forma costras grisáceas que parecen suciedad; si raspas con la uña, el escudo se desprende y debajo aparece el cuerpo amarillento del insecto. En el fruto deja manchas circulares rojizas con la cochinilla en el centro, un defecto que basta para tirar la pieza a destrío. En ataques fuertes las ramas se debilitan y llegan a secarse.

Qué hacer. Este insecto tiene una fase vulnerable muy concreta: la ninfa migratoria, que camina sin escudo protector durante unas horas antes de fijarse. Ahí es donde hay que golpear, y ese momento se localiza con trampas de feromona para los machos, contando los días a partir del primer vuelo. Fuera de esa ventana, el escudo protege a la cochinilla de casi todo.

En invierno, con el árbol desnudo, un tratamiento con aceite mineral de invierno hace un buen trabajo de fondo asfixiando las formas invernantes. Aplícalo en días templados y sin heladas próximas, mojando bien toda la madera. Y no olvides la poda: aclarar el interior de la copa reduce los refugios y mejora la llegada del caldo.

Cochinillas alargadas y otros chupadores

Junto al piojo de San José aparecen con frecuencia cochinillas de escudo alargado del género Lepidosaphes, con forma de coma o de serpentina, muy conocidas en cítricos y que pasan al caqui cuando conviven en la misma finca.

El daño directo suele ser menor, pero se acumula: debilitan la rama, ensucian el fruto y, en el caso de los cotonets y cochinillas algodonosas (Planococcus, Pseudococcus, Delottococcus), segregan melaza sobre la que crece la negrilla, ese hollín negro que tapa la hoja y reduce la fotosíntesis.

Qué hacer. Aquí conviene bajar la mano con los insecticidas. Las cochinillas tienen enemigos naturales muy eficaces —himenópteros parasitoides como Aphytis y Anagyrus, y depredadores como Cryptolaemus montrouzieri— y los tratamientos de amplio espectro los eliminan antes que a la plaga. El resultado clásico es una explosión de cochinilla al año siguiente. Aceites, jabón potásico dirigido a los focos y paciencia dan mejor resultado a medio plazo.

Otro punto: controla las hormigas. Las hormigas defienden activamente a las cochinillas de sus parasitoides a cambio de la melaza. Una banda de cola entomológica en el tronco, en primavera, hace más por el control biológico que muchos tratamientos.

Pájaros

Cuando el caqui colorea se convierte en el fruto más llamativo del huerto de otoño, y eso no pasa desapercibido. Mirlos (Turdus merula), estorninos (Sturnus unicolor y S. vulgaris), urracas y currucas trabajan sobre todo los frutos más maduros y expuestos.

El daño no acaba en el picotazo. Una herida abierta en un caqui de octubre es una invitación abierta a la Ceratitis, a las avispas y a la podredumbre. Un pájaro puede estropear diez frutos en una tarde sin comerse ninguno entero.

Qué hacer. Lo único realmente eficaz es la malla antipájaros sobre el árbol o sobre las ramas cargadas, colocada antes de que el fruto empiece a virar. Los espantapájaros, cintas reflectantes y cañones funcionan unos días y luego los pájaros se acostumbran; si los usas, cámbialos de sitio cada semana. Adelantar la recolección, otra vez, es la mejor defensa.

Avispas

Las avispas (Vespula germanica, Polistes spp. y, en el norte peninsular, Vespa velutina) rara vez inician el daño: no suelen perforar la piel sana de un caqui. Lo que hacen es agrandar heridas ya existentes —una picada de mosca, un picotazo de pájaro, una raja por lluvia— hasta vaciar el fruto.

Esto significa que si tienes un problema de avispas, en realidad tienes un problema previo sin resolver. Retira los frutos dañados y agrietados en cuanto aparezcan, porque un caqui abierto atrae a toda la colonia al árbol.

Qué hacer. Trampas de cerveza con vinagre o de proteína en primavera, cuando solo vuelan las reinas fundadoras, es la intervención más rentable: cada reina capturada en marzo son cientos de obreras menos en septiembre. En verano, trampas de líquido azucarado colgadas lejos del árbol, para desviarlas, nunca al lado. Y si localizas el nido, elimínalo de noche o avisa a un profesional; no te acerques a un nido de Vespa velutina por tu cuenta.

Mancha foliar del caqui: la enfermedad que de verdad importa

Si cultivas caqui en España y solo puedes vigilar una enfermedad, que sea esta. La mancha foliar causada por Mycosphaerella nawae es la que ha obligado a montar un calendario de tratamientos en las plantaciones valencianas, y la que más cosecha se lleva por delante.

Cómo se reconoce. En septiembre y octubre aparecen en las hojas manchas redondeadas de dos a cinco milímetros, primero pardo rojizas y luego oscuras con halo. La hoja amarillea o enrojece y cae. El árbol se queda desnudo en pleno otoño, y con la defoliación viene lo grave: caída masiva de fruto antes de recolectar y frutos que quedan pequeños, mal coloreados y blandos.

Aquí está el error clásico. La infección no ocurre en septiembre. Las ascosporas se liberan desde las hojas caídas del año anterior, que quedan en el suelo, y penetran en las hojas nuevas entre mayo y finales de junio, aprovechando las lluvias de primavera. Después el hongo permanece latente durante meses. Cuando ves la mancha, la partida ya está jugada. Tratar en otoño es tirar el dinero.

Qué hacer.

  • Eliminar el inóculo. Recoger, triturar o enterrar la hojarasca del invierno reduce muchísimo la carga de esporas de la primavera siguiente. Es la medida más barata y la más ignorada.
  • Proteger la hoja joven en la ventana de infección, aproximadamente de mediados de mayo a finales de junio, con productos autorizados de acción preventiva y renovando la protección después de las lluvias importantes y a medida que la brotación saca hoja nueva sin cubrir.
  • Airear la copa con la poda y evitar riegos por aspersión que mojen el follaje durante ese periodo.

Antracnosis

La antracnosis del caqui la producen hongos del género Colletotrichum, principalmente C. gloeosporioides y C. horii. Es un problema de zonas cálidas y húmedas, y en España se agrava en años de tormentas de verano.

Cómo se reconoce. En el fruto, manchas circulares oscuras y hundidas, que crecen y sobre las que aparecen puntos anaranjados o rosados en tiempo húmedo: son las masas de esporas. En brotes del año, chancros alargados que estrangulan la ramita y la secan de la punta hacia dentro.

Qué hacer. Poda de limpieza en invierno retirando ramillas con chancro, que son el reservorio del hongo de un año a otro; quemarlas o sacarlas de la finca, no dejarlas amontonadas. Evitar el exceso de nitrógeno, que produce brotes tiernos y suculentos, muy susceptibles. Y proteger con cobre tras la caída de hoja y antes de la brotación. La dispersión es por salpicadura de agua de lluvia, así que todo lo que reduzca humedad prolongada en la copa ayuda.

Botritis

Botrytis cinerea es el moho gris de siempre, el mismo que pudre las fresas en la nevera. En el caqui es sobre todo un problema de poscosecha y de cáliz.

Cómo se reconoce. Podredumbre blanda que arranca casi siempre por debajo del cáliz o por una herida, cubierta enseguida de un fieltro gris ceniza y polvoriento. Avanza rápido en cámara frigorífica y en caja cerrada. También puede afectar a flores en primaveras muy lluviosas y provocar caída de cuajado.

Qué hacer. La botritis entra por heridas y prospera con humedad y fruta tocada. La prevención es de manejo: cosechar con el fruto seco y nunca después de la lluvia o del rocío, cortar el pedúnculo a ras para que no pinche a los frutos vecinos, manipular sin golpes, no apilar en exceso y airear bien la cámara. Un solo fruto podrido en una caja contamina la caja entera en pocos días, así que revisar y descartar al empaquetar vale más que cualquier fungicida.

Cephalosporium diospyri y otros problemas de madera

Aparece en casi todos los listados de enfermedades del caqui, así que conviene situarlo: Cephalosporium diospyri causa la marchitez del caqui americano, una traqueomicosis grave descrita en el sur de Estados Unidos sobre Diospyros virginiana. Coloniza los vasos, el árbol marchita ramas enteras y muere en pocas temporadas. No es un problema del cultivo comercial español, y si tu caqui se seca por ramas, lo primero que hay que descartar es algo mucho más frecuente.

Ese algo suele ser asfixia radicular o Phytophthora. El caqui no tolera el encharcamiento: en suelos arcillosos, mal drenados o con riego excesivo, las raíces se pudren, aparece un chancro húmedo en el cuello y el árbol se viene abajo de arriba hacia abajo. Si al rascar la corteza del cuello encuentras tejido pardo y con olor agrio en vez de verde blanquecino, ese es el diagnóstico. Se corrige con drenaje, plantación en caballón y control del riego; cuando ya está avanzado, no se corrige.

La otra causa habitual de ramas secas son los hongos de madera que entran por cortes de poda grandes hechos en mala época. Poda en seco, cortes limpios, y en cortes de diámetro importante, protección de la herida.

Calendario práctico para un huerto en España

Ordenado por estación, esto es lo que hay que tener en la cabeza:

  • Invierno (diciembre-febrero). Poda de limpieza y retirada de ramillas con chancro. Recogida o triturado de la hojarasca contra la mancha foliar. Aceite de invierno contra cochinillas. Cobre tras la caída de hoja.
  • Primavera (marzo-abril). Trampas de feromona de piojo de San José y de sesia. Banda de cola contra hormigas. Trampeo de reinas de avispa. Revisión de troncos.
  • Mayo-junio. Ventana crítica de la mancha foliar: protección de la hoja nueva y renovación tras las lluvias. No se puede recuperar más tarde.
  • Julio-agosto. Colocación de trampas de Ceratitis y arranque del trampeo masivo antes del viraje de color. Vigilancia de ninfas migratorias de cochinilla.
  • Septiembre-noviembre. Recogida frecuente de fruto caído y de fruto agrietado. Malla antipájaros. Recolección en el momento adecuado, con el fruto seco y sin golpearlo.

En resumen

El caqui dejó de ser un frutal sin problemas en cuanto pasó de ser un árbol suelto en el huerto a un cultivo extendido. Sus dos amenazas principales en España son la mosca mediterránea de la fruta, que se combate con trampeo masivo temprano, limpieza obsesiva del fruto caído y recolección adelantada, y la mancha foliar por Mycosphaerella nawae, que se juega entre mayo y junio aunque los síntomas no lleguen hasta octubre.

Todo lo demás gira alrededor de dos ideas simples. La primera: la mayoría de los daños entran por una herida previa —avispas, botritis, hongos de madera—, así que evitar heridas y retirar el fruto dañado resuelve varios problemas a la vez. La segunda: contra cochinillas y sesia, el momento importa más que el producto, y ese momento se conoce con trampas, no a ojo. Un huerto aireado, sin encharcamiento, con la hojarasca retirada y el suelo limpio de fruta caída necesita muchos menos tratamientos que uno descuidado.


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