Los primeros cuatro o cinco años de un manzano deciden cómo será el árbol durante las tres décadas siguientes. En ese periodo no se busca cosecha, se busca estructura: un esqueleto de ramas bien repartidas, con buenos ángulos de inserción, capaz de sostener fruta sin desgajarse y de dejar entrar luz hasta el interior de la copa. Corregir después una formación mal hecha cuesta años y cortes grandes que el árbol cicatriza mal. Esta guía explica cómo elegir el plantón, cuándo cortar y qué hacer año por año, tanto en manzano (Malus domestica) como en peral (Pyrus communis), que se forman prácticamente igual.

Poda de formación de un manzano joven

Qué comprar: el plantón importa más de lo que parece

En vivero se encuentran básicamente dos tipos de árbol joven de un año, injertado sobre patrón, y la diferencia entre ellos condiciona el primer corte.

El primero es la varita sin anticipados: un único tallo recto, sin ramas laterales, de un año desde el injerto. Es el material más barato y el más fácil de transportar y plantar. Su inconveniente es que hay que construir toda la estructura desde cero, lo que retrasa la entrada en producción un año más o menos.

El segundo es la varita con anticipados (o "plumada"): un eje que ya ha emitido de tres a cinco ramas laterales durante su primer año de vivero. Es más caro, pero adelanta la formación porque esas ramas ya existen y solo hay que seleccionarlas. En jardín familiar suele compensar.

Sea cual sea, hay que fijarse en tres cosas: que el punto de injerto esté sano y bien soldado, que el sistema radicular tenga raíces abundantes y no esté reviradas ni secas, y que el patrón sea el adecuado. Este último punto se pasa por alto y es determinante. Los patrones enanizantes tipo M9 dan árboles de 2-2,5 m que entran en producción pronto pero necesitan tutor permanente porque su anclaje es débil; los semivigorosos tipo MM106 dan árboles de 3-4 m autoportantes, más adecuados para un huerto familiar; el franco de semilla da árboles grandes, tardíos y difíciles de manejar sin escalera.

Y algo que se olvida: el manzano necesita polinización cruzada. Salvo excepciones, hay que plantar al menos dos variedades que florezcan a la vez. Un solo manzano bien formado y sin polinizador cerca da poca fruta o ninguna.

Cuándo podar

La poda de formación de manzanos y perales se hace en reposo vegetativo, entre la caída de la hoja y el inicio de la brotación: de finales de noviembre a finales de febrero en la mayor parte de España, algo más tarde en zonas frías de montaña.

Dentro de esa ventana, lo prudente es evitar los días de helada y los inmediatamente anteriores. Un corte hecho a -3 °C tarda mucho más en cicatrizar y la madera del borde se deshidrata. Tampoco conviene podar con lluvia o niebla persistente, porque la humedad favorece la entrada de hongos de madera y de Erwinia amylovora, el fuego bacteriano. Un día seco de enero, con temperaturas suaves, es el momento ideal.

Podar tarde, ya con las yemas hinchadas, retrasa la brotación y debilita ligeramente al árbol; en un joven en formación no es dramático, pero es preferible no hacerlo costumbre.

Además de la poda de invierno existen las operaciones en verde de verano —despuntes, supresión de chupones, arqueado de ramas— que en el árbol joven son tan importantes como la de invierno y mucho menos traumáticas.

Cómo cortar bien

Antes de ir año por año, tres reglas que valen para todos los cortes.

El corte se hace sobre una yema orientada hacia fuera, a unos 5 mm por encima de ella y con una ligera inclinación que aleje el agua de la yema. La rama nueva saldrá en la dirección que mire esa yema: es la forma de decidir hacia dónde crece el árbol. Cortar sobre una yema interior produce ramas que se cruzan por el centro y cierran la copa.

Al suprimir una rama entera, se corta respetando el cuello, ese engrosamiento anular en la base donde se une al tronco. No se corta enrasado con el tronco, porque se destruye el tejido que cierra la herida, ni se deja un tocón, porque se seca y se convierte en puerta de entrada de hongos.

Herramienta limpia y afilada. Tijera de una mano para ramas de hasta 2 cm, tijera de dos manos hasta 4 cm, serrucho de poda por encima. Desinfectar la hoja entre árboles con alcohol o lejía diluida no es manía: es la forma más barata de no propagar fuego bacteriano y chancros.

Primer año: elegir la altura del tronco

El invierno siguiente a la plantación es el momento del corte más decisivo de la vida del árbol.

Si se plantó una varita sin anticipados, se corta a la altura a la que se quiera que empiece la copa: alrededor de 70-90 cm del suelo para un vaso bajo o un eje central manejable, o algo más alto si hay que pasar por debajo con desbrozadora. Ese corte concentra la savia en las yemas superiores y provoca la emisión de tres o cuatro brotes vigorosos que serán la base de la estructura. Es un corte que asusta a quien lo hace por primera vez —se está eliminando la mitad del árbol— pero sin él el manzano crece como un palo largo y desnudo, con las primeras ramas a dos metros.

Si se plantó una varita con anticipados, no se corta el eje a esa altura. Se eliminan las ramas situadas por debajo de los 50-60 cm, se conservan tres o cuatro laterales bien repartidas en espiral alrededor del tronco y separadas verticalmente unos 10-15 cm entre sí, y se suprime el resto. El eje se despunta ligeramente, quitando un cuarto de su longitud, para reforzar su dominancia.

El criterio para elegir qué laterales se quedan es el ángulo de inserción. Interesan ramas que salgan del tronco con un ángulo próximo a 45-60 grados. Las ramas muy verticales compiten con el eje, crecen mucho y fructifican poco; las que salen en ángulo muy cerrado, casi paralelas al tronco, forman una unión con corteza incluida que es estructuralmente débil y se desgaja años después bajo el peso de la fruta. Esto último es la causa de la mayoría de las roturas en manzanos adultos, y se decide aquí, en el primer invierno.

Si una rama bien situada tiene mal ángulo, no hace falta quitarla: se abre con un separador de madera, una pinza o una cuerda con peso durante una temporada. Es más eficaz que cualquier corte.

Segundo año: consolidar el esqueleto

Al segundo invierno el árbol tiene ya varias ramas de un año procedentes del corte anterior. Ahora se selecciona.

Se eligen tres o cuatro ramas principales —las futuras ramas madre— bien repartidas radialmente, sin que ninguna quede justo encima de otra, y con separación vertical entre ellas. Todo lo demás se elimina: brotes que salgan del portainjerto por debajo del injerto (siempre, sin excepción, y arrancados desde la base en verano mejor que cortados), ramas que crezcan hacia el interior, y competidores verticales del eje.

Las ramas principales elegidas se acortan aproximadamente un tercio, cortando sobre una yema exterior. Este acortamiento cumple dos funciones: fuerza la ramificación de esa rama para que empiece a formar su propia estructura secundaria, y engrosa la base, que es lo que dará resistencia mecánica.

En formación en eje central (o huso), la lógica es distinta: se mantiene el eje dominante y se van dejando ramas laterales cortas y horizontales alrededor, en pisos, sin acortarlas apenas, arqueándolas si es necesario. Es el sistema habitual con patrones enanizantes y en plantaciones densas.

En formación en vaso, en cambio, se suprime el eje central por encima de la última rama madre elegida, dejando la copa abierta por el centro. El vaso es más sencillo para un aficionado, ventila mejor y facilita la recolección sin escalera.

Este segundo año lo normal es que aparezcan las primeras flores. Conviene eliminarlas. Cuesta hacerlo, pero un árbol que fructifica antes de tener estructura desvía energía al fruto y frena su desarrollo vegetativo justo cuando más lo necesita.

Tercer año y siguientes: menos tijera, más selección

A partir del tercer invierno la poda se vuelve progresivamente más ligera. La estructura ya existe; ahora se trata de ramificarla y de dejar que el árbol pase de crecer a producir.

Sobre cada rama madre se seleccionan ramas secundarias alternadas a un lado y otro, separadas 20-30 cm, evitando que se solapen. Se siguen eliminando chupones verticales, ramas cruzadas, madera seca y todo lo que crezca hacia dentro de la copa.

Los acortamientos se reducen. Aquí está el error más común en huertos familiares: seguir podando corto año tras año. Cada acortamiento estimula crecimiento vegetativo; un árbol podado severamente responde con más madera, no con más fruta, y entra en un círculo del que no sale. A partir del tercer o cuarto año hay que aprender a dejar ramas enteras.

El arqueado sigue siendo la mejor herramienta. Una rama llevada a la horizontal deja de crecer en longitud y transforma sus yemas de vegetativas a florales. Es física simple aplicada al árbol, y no deja heridas.

Dónde se forma la fruta

Para no podar a ciegas hay que saber distinguir las estructuras. El manzano y el peral fructifican en madera de dos años o más, sobre formaciones cortas:

Los dardos son ramitos muy cortos, de 1 a 3 cm, con una yema en el extremo. Las lamburdas son algo más largas y engrosadas, con anillos visibles, y terminan en una yema gruesa y redondeada. Las brindillas son ramitos finos y flexibles de 15-30 cm que pueden acabar en yema de flor.

La distinción práctica está en la yema: las yemas de flor son gruesas, redondeadas y algo lanudas; las de madera son estrechas, puntiagudas y pegadas a la rama. Con la práctica se distinguen de un vistazo en invierno, y saberlo cambia la poda por completo, porque permite calcular cuánta cosecha se está dejando o quitando.

Las primeras cosechas serias llegan hacia el tercer o cuarto año sobre patrón enanizante y hacia el quinto o sexto sobre patrón vigoroso. Cuando lleguen, hay que aclarar la fruta en junio, dejando uno o dos frutos por corimbo. El manzano tiende a la vecería —cargar mucho un año y nada al siguiente— y el aclareo temprano es lo que más ayuda a romper esa alternancia.

Problemas frecuentes en el árbol joven

Árbol que no ramifica y crece como un palo. Casi siempre por no haber despuntado el primer año, o por exceso de vigor del patrón. Se corrige con arqueado y con un despunte en verde en junio.

Ramas que se desgajan con la primera cosecha. Ángulos de inserción cerrados no corregidos a tiempo. No tiene arreglo posterior más que suprimir la rama.

Bosque de chupones tras una poda severa. Reacción normal a cortes grandes. Se retiran en verde en verano, arrancándolos de un tirón hacia abajo cuando aún son herbáceos, lo que elimina también las yemas de la base y evita que rebroten.

Pulgón ceniciento (Dysaphis plantaginea) en los brotes tiernos de primavera, que abarquilla las hojas y deforma los brotes. En árbol joven puede frenar el crecimiento de forma apreciable; se controla favoreciendo fauna auxiliar y con jabón potásico en focos localizados.

Moteado (Venturia inaequalis) en primaveras húmedas, con manchas oliváceas en hoja y fruto. La primera medida es de manejo: recoger y retirar la hojarasca caída en otoño, donde el hongo inverna.

Fuego bacteriano (Erwinia amylovora). Brotes que se marchitan de golpe con el extremo curvado en gancho y hojas ennegrecidas que no caen. Es de declaración obligatoria: hay que comunicarlo al servicio de sanidad vegetal de la comunidad autónoma y no improvisar tratamientos.

Un apunte final sobre las pastas cicatrizantes: la investigación en fisiología del arbolado muestra que en cortes normales no aportan beneficio y pueden retener humedad bajo la capa sellante. Un corte limpio, bien situado respecto al cuello y hecho en época seca cierra solo. Reserve la pasta, si acaso, para heridas grandes en zonas de fuerte presión de chancro.

En resumen

La poda del manzano y del peral joven se hace en reposo, entre noviembre y febrero, en días secos y sin helada. El primer invierno se define la altura del tronco despuntando a 70-90 cm, o se seleccionan tres o cuatro anticipados si el plantón ya los trae. El segundo se consolidan las ramas madre, acortándolas un tercio sobre yema exterior y eliminando competidores y brotes del patrón. A partir del tercero la poda se aligera y se sustituye tijera por selección y arqueado.

Lo que más determina el futuro del árbol es el ángulo de inserción de las ramas principales y la contención del vigor: podar corto todos los años produce madera, no fruta. Conviene aprender a distinguir dardos, lamburdas y yemas de flor antes de cortar, eliminar las primeras flores del segundo año y aclarar la fruta cuando llegue la producción. Y no olvidar plantar dos variedades: sin polinización cruzada, la mejor formación del mundo no da manzanas.


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