Tres horas a −2 ºC una noche de mediados de febrero bastan para dejar sin cosecha una parcela de Desmayo Largueta en flor, mientras el Mardía plantado al lado, todavía con las yemas cerradas, sale ileso. Esa escena, repetida año tras año en Aragón, Castilla-La Mancha y buena parte del interior peninsular, explica por sí sola hacia dónde ha ido la mejora genética del almendro (Prunus dulcis) en los últimos cuarenta años: florecer más tarde y no depender de otra variedad para cuajar.
Elegir variedad de almendro no es cuestión de gusto. Es la decisión que determina si la plantación produce todos los años o solo tres de cada cinco, si hace falta plantar polinizadores, si se puede recolectar con vibrador y si la almendra vale para turrón o para molienda. Repasemos las que de verdad se plantan en España, y con qué criterios se comparan.
Los cuatro criterios que deciden
Antes de nombres conviene fijar la vara de medir, porque en los catálogos aparecen los mismos cuatro datos y no todos pesan igual.
1. Época de floración. El almendro es el primer frutal en florecer y ahí está su talón de Aquiles. Sus necesidades de frío invernal son bajas —muchas variedades se satisfacen con 300 a 500 horas por debajo de 7 ºC— así que en cuanto llegan unos días templados en enero, arranca. La flor abierta se daña alrededor de −2 ºC y el fruto recién cuajado es aún más frágil. Por eso la escala de floración se ha convertido en el primer filtro: temprana (Desmayo Largueta, Garrigues), media (Marcona, Guara), tardía (Ferragnès, Lauranne, Soleta, Belona) y extratardía (Mardía, Penta, Tardona, Makako), estas últimas con floraciones que llegan a marzo, hasta un mes después que las tradicionales.
2. Autocompatibilidad. Las variedades clásicas son autoincompatibles: su propio polen no fecunda sus flores, por un sistema de alelos S que reconoce y bloquea el polen emparentado. Obligan a plantar al menos otra variedad compatible, con floración solapada, en proporción suficiente. Las modernas son autofértiles, y eso simplifica enormemente el diseño de la plantación.
Aquí hay que corregir un malentendido muy repetido: autofértil no significa que se pueda prescindir de las abejas. El polen del almendro es pesado y pegajoso, no lo mueve el viento; hace falta un insecto que lo lleve de la antera al estigma incluso dentro de la misma flor. Algunas variedades autofértiles presentan buena autogamia y cuajan sin ayuda, pero el cuajado siempre mejora con colmenas —dos o tres por hectárea es lo habitual— situadas en la parcela cuando hay ya un 5-10 % de flor abierta. Retirar las colmenas del cálculo porque «la variedad es autofértil» es un error que se paga en kilos.
3. Época de maduración y dureza de cáscara. Determinan la fecha de recolección y la sanidad del fruto. Las cáscaras duras protegen el grano frente a la mosca de la fruta, al Carpophilus y a la humedad, y reducen el riesgo de aflatoxinas; a cambio dan menor rendimiento al descascarado, en torno al 25-35 %, frente al 60 % o más de las californianas de cáscara blanda.
4. Tipo comercial de grano. El mercado español distingue con claridad dos morfologías. El tipo Marcona, redondeado y ancho, es el que pide el turrón de Jijona y Alicante y se paga con prima. El tipo Largueta, alargado y plano, es el preferido para repelado y aperitivo. Las variedades de grano irregular o con exceso de granos dobles —dos almendras dentro de una misma cáscara— se penalizan en precio porque complican el repelado y el calibrado.
Las tradicionales españolas: Marcona y Desmayo Largueta
Marcona es el patrimonio varietal del almendro español y sigue siendo la almendra mejor pagada del mundo. Originaria del área de Alicante y Valencia, da un grano redondo, ancho, de piel fina y sabor dulce y mantecoso que ninguna variedad moderna ha reproducido del todo. Su cáscara es dura, la maduración de finales de agosto a septiembre y el árbol tiene porte abierto y vigor medio.
Sus problemas son conocidos: es autoincompatible, florece pronto —en época media, pero eso en el interior sigue siendo pronto— y es sensible a la mancha ocre (Polystigma amygdalinum) y a la monilia. Solo tiene sentido plantarla donde el riesgo de heladas tardías sea bajo: litoral y prelitoral mediterráneo, o zonas de solana bien drenadas de aire frío. En cuanto se sube a las mesetas, el diferencial de precio no compensa las campañas perdidas.
Desmayo Largueta es la otra gran tradicional, arraigada en Aragón y el valle del Ebro. La reconoce por el porte: ramas colgantes, llorón, de donde le viene el nombre. El grano es largo, estrecho y de piel muy fina, con un comportamiento excelente en el repelado, y madura pronto, a finales de agosto. También es autoincompatible y, sobre todo, de floración muy temprana: es la variedad que más cosechas ha perdido por helada en la historia reciente del cultivo español. Se mantiene por calidad y por tradición, no por rendimiento. Su polinizador clásico es Garrigues, con el que coincide en floración.
El binomio francés: Ferragnès y Ferraduel
Cuando el INRA francés cruzó Cristomorto con Ai buscando floración tardía, obtuvo dos variedades que durante décadas fueron la referencia europea y que todavía se plantan mucho.
Ferragnès tiene floración tardía, árbol vigoroso, de porte erecto y abierto, y produce un grano alargado, uniforme y de muy buena presentación, con cáscara semidura y rendimiento al descascarado en torno al 30-35 %. Madura a finales de septiembre. Es productiva y regular, y ha sido durante años la variedad de referencia para zonas con riesgo de heladas.
Ferraduel es su compañera: florece unos días más tarde que Ferragnès, con árbol algo más abierto y colgante, grano ancho y plano de tipo más próximo al Marcona, cáscara dura y maduración también tardía. Su interés está justamente en ese solape: Ferragnès y Ferraduel se polinizan mutuamente y son inter-compatibles, así que el diseño clásico es plantarlas alternando filas, o en proporción 2:1, con colmenas.
El inconveniente de ambas es que son autoincompatibles. En una plantación moderna eso obliga a mantener dos variedades con calendarios de recolección distintos, dos gestiones fitosanitarias y dos lotes de producto. Frente a una parcela monovarietal autofértil, la diferencia de coste operativo es notable. Además, Ferragnès es sensible a la mancha ocre y ambas exigen suficiente frío invernal, por lo que en el sur cálido no siempre brotan de forma uniforme.
Guara, la que cambió el cultivo español
Seleccionada y difundida desde el CITA de Aragón, Guara fue la variedad que popularizó la autofertilidad en España y durante años ocupó la mayoría de las nuevas plantaciones. Sus virtudes son evidentes: autofértil, muy productiva, entrada en producción rápida, árbol de vigor medio y porte erecto que se adapta bien a la mecanización, cáscara dura que protege el grano y maduración temprana, hacia principios de septiembre, lo que permite recolectar antes de las lluvias de otoño.
Sus limitaciones también se conocen bien tras dos décadas de experiencia. Su floración es media, no tardía: en zonas de interior frío sigue expuesta a heladas de marzo, y quien la plantó pensando que la autofertilidad la protegía de eso se equivocó de problema. El grano es plano, de calidad comercial media y aparece con cierta frecuencia doble, lo que la excluye de los usos de mayor valor. Y es sensible a la mancha ocre, enfermedad que en primaveras lluviosas provoca defoliaciones severas y obliga a tratar en el momento justo, entre la caída de pétalos y las semanas siguientes.
Sigue siendo una variedad válida y fiable en secano de clima suave y en plantaciones orientadas a industria, pero ha dejado de ser la elección por defecto.
Lauranne, el equilibrio entre lo tardío y lo autofértil
Lauranne, comercializada también como Avijor, procede del cruce de Ferragnès con Tuono y reúne lo mejor de sus padres: autofértil como Tuono y de floración tardía como Ferragnès. El árbol es de vigor medio, con ramificación densa y porte semierecto, muy productivo y de entrada en producción rápida. El grano es alargado, de buena presentación y con bajo porcentaje de dobles, y madura a mediados o finales de septiembre. La cáscara es semidura.
Su punto débil es la ramificación: tiende a producir muchas ramas finas y a cargarse en exceso, de modo que necesita poda de aclareo más atenta que otras para mantener calibre y evitar la alternancia. Y como florece tarde, en zonas cálidas del sur puede alargar la floración si el invierno ha sido corto de frío. Aun así, es una de las variedades más equilibradas del catálogo actual y funciona bien tanto en riego de apoyo como en secano fresco.
La generación reciente: la que hay que mirar antes de plantar hoy
Si va a plantar ahora, limitarse a estas cuatro sería quedarse corto. Los programas de mejora españoles han sacado en los últimos años material específicamente pensado para nuestro clima, todo autofértil y de floración tardía o extratardía.
Del CITA de Aragón salen Soleta, con grano alargado tipo Largueta, muy uniforme, y árbol erecto y productivo; Belona, con grano redondeado de tipo Marcona que consigue acercarse a la referencia de calidad y se paga mejor; y Mardía, de floración extratardía, la elección para las zonas con heladas más severas, a costa de una maduración también tardía que en otoños lluviosos puede complicar la recolección. Del IRTA catalán proceden Vairo, Marinada y Constantí, adaptadas a plantaciones intensivas y con buena tolerancia a mancha ocre en el caso de Vairo. Y del CEBAS-CSIC de Murcia, Antoñeta, Marta, Penta, Makako y Tardona, esta última con la floración más tardía descrita, que puede retrasarse un mes largo respecto a Guara.
Para plantaciones en seto o superintensivas, el criterio adicional es el porte: hacen falta árboles erectos, de vigor contenido y ramificación corta, lo que descarta a las de porte llorón como Desmayo Largueta o Ferraduel y favorece a Soleta, Belona, Vairo, Lauranne, Penta o Makako sobre patrones enanizantes.
El patrón, la mitad de la decisión
Se habla de variedades y se olvida el portainjertos, que en almendro condiciona la adaptación al suelo tanto como la variedad condiciona la cosecha. Los híbridos almendro × melocotonero —GF-677, Garnem, Cadaman— son los dominantes en secano calizo: vigorosos, tolerantes a la caliza activa y a la sequía, y Garnem además resistente a nematodos, con la ventaja práctica de su hoja roja, que hace inconfundibles los brotes del patrón. Para suelos pesados, mal drenados o con riesgo de asfixia radicular, los híbridos de ciruelo como Adesoto o los Rootpac se comportan mucho mejor; el GF-677 en suelo encharcadizo se pierde por Phytophthora con facilidad. Y para plantaciones de alta densidad se recurre a patrones de vigor reducido, tipo Rootpac 20, que permiten controlar el volumen de copa sin poda severa.
El error clásico aquí es plantar un híbrido almendro-melocotonero en una vaguada arcillosa porque «es el patrón que se usa en la zona», sin comprobar el drenaje real de ese punto concreto de la parcela.
Cómo combinarlas en la práctica
Resumido en decisiones concretas:
- Zona con heladas tardías frecuentes (interior, valles cerrados, fondos donde se acumula el aire frío): variedad extratardía y autofértil, tipo Mardía, Tardona o Penta. Evite Desmayo Largueta y Marcona.
- Zona de riesgo moderado: Lauranne, Soleta, Belona o Vairo, todas autofértiles y tardías. Una sola variedad basta para llenar la parcela.
- Litoral mediterráneo sin heladas y mercado de calidad: Marcona sigue siendo rentable, o Belona si prefiere autofertilidad con grano del mismo tipo.
- Si opta por autoincompatibles: Ferragnès con Ferraduel, alternando filas o en 2:1, comprobando que las floraciones se solapan de verdad en su clima y no solo en la tabla del catálogo.
- En todos los casos: colmenas durante la floración, incluidas las variedades autofértiles.
Un apunte final sobre las variedades californianas, que aparecen a menudo en las conversaciones. Nonpareil y compañía dan rendimientos espectaculares al descascarado gracias a su cáscara blanda, pero son autoincompatibles, de floración temprana y esa misma cáscara blanda las hace vulnerables a la mosca, al Carpophilus y a la humedad de nuestros otoños. Están seleccionadas para el Valle Central de California, con veranos secos y ausencia de lluvia en recolección. Trasladarlas sin más al clima peninsular ha dado disgustos.
En resumen
La elección de variedad de almendro se decide en este orden: primero la época de floración, ajustada al riesgo real de heladas de su parcela y no al de la comarca; después la autofertilidad, que simplifica el diseño y estabiliza el cuajado; luego la época de maduración y la dureza de la cáscara, que condicionan la sanidad del fruto; y por último el tipo de grano, que fija el precio. Marcona y Desmayo Largueta conservan una calidad insuperable pero solo funcionan donde no hiela en febrero. Ferragnès y Ferraduel siguen siendo un binomio sólido si no le importa gestionar dos variedades. Guara abrió el camino de la autofertilidad, aunque su floración media y su grano plano la han ido desplazando. Lauranne es hoy una de las opciones más equilibradas, y el material reciente de CITA, IRTA y CEBAS —Soleta, Belona, Mardía, Vairo, Marinada, Penta, Tardona— está pensado justamente para los inviernos y las primaveras que tenemos aquí. Elija también el patrón según el drenaje real de su suelo, y ponga colmenas aunque la variedad sea autofértil.