Dos higueras plantadas a diez metros una de otra pueden dar una cosecha al año o dos, frutos verdes o casi negros, higos que se secan enteros en la rama o higos que se agrian en cuanto los toca la lluvia. Todas son Ficus carica, y sin embargo el manejo, la poda y hasta el momento de la recolección cambian según la variedad que se haya plantado. Elegirla a ciegas es la causa de buena parte de las decepciones con este árbol.
Antes de las variedades: los cuatro tipos de higuera
Conviene entender primero una clasificación botánica que está por encima del nombre comercial, porque explica por qué unas higueras cuajan solas y otras tiran todo el fruto al suelo.
Lo que llamamos higo no es un fruto, sino un sicono: una inflorescencia cerrada sobre sí misma con centenares de flores diminutas en su interior. De ahí la creencia, muy extendida en los pueblos, de que la higuera no florece. Florece, y en abundancia; lo que pasa es que las flores están dentro y no se ven nunca.
A partir de cómo se comportan esas flores se distinguen cuatro tipos:
Cabrahigo o higuera macho. Es la forma silvestre, con flores masculinas y flores agalladas donde vive y se reproduce la avispilla Blastophaga psenes. Sus frutos no se comen. Su papel es servir de fuente de polen.
Higuera común. Produce higos partenocárpicos: cuajan y maduran sin polinización alguna. Son las que se plantan en jardín particular y las que interesan al aficionado. Aquí entran prácticamente todas las variedades españolas de interés.
Tipo Esmirna. Necesita obligatoriamente la caprificación, es decir, la visita de la avispilla cargada de polen del cabrahigo. Sin ella, el fruto amarillea y cae cuando alcanza el tamaño de una nuez. La variedad turca Lob Injir, base de los higos secos de Esmirna, es el ejemplo clásico. Plantar una higuera de este tipo en un jardín donde no haya cabrahigos ni avispilla es garantía de cero cosecha.
Tipo San Pedro. Es intermedia: la primera cosecha (las brevas) cuaja sin polen, pero la segunda necesita caprificación. Se traduce en una higuera que da brevas todos los años y luego, misteriosamente, pierde los higos de otoño. Muchas higueras "que solo dan brevas" son en realidad de este tipo.
Si compra una higuera en vivero español, casi con seguridad será de tipo común y no necesitará ningún macho cerca. La advertencia importa sobre todo al comprar variedades exóticas por correo.
Higueras comunes: una sola cosecha
Se las llama uníferas. Dan una única cosecha, la de higos, sobre la madera del año, que madura entre agosto y octubre según zona y variedad. Al fructificar sobre brotes nuevos aguantan bien la poda de invierno, y son las que mejor se prestan a la formación en vaso bajo y a la recolección desde el suelo.
Como el higo dispone de todo el verano para engordar y concentrar azúcares, este grupo reúne las variedades tradicionales de secado. Algunas de las más asentadas en España:
Cuello Dama Blanco. Extremeña, de piel verde amarillenta y pulpa ámbar. Es la variedad de referencia para higo seco en la comarca de Almoharín y alrededores. Cuello estrecho y marcado, de donde le viene el nombre. Se seca en la propia rama en años secos y da un producto de piel fina.
Cuello Dama Negro. La contrapartida oscura, con piel morada y pulpa roja intensa. Rinde bien tanto en fresco como en seco y tolera algo mejor la manipulación.
Calabacita. Higo pequeño, verde, muy azucarado y de piel finísima, muy ligado también a Extremadura. Su tamaño reducido no es un defecto: le permite deshidratarse rápido y de forma homogénea, que es justo lo que se busca para secar.
Colar de Elche. Variedad del sureste alicantino, de piel oscura, tradicionalmente destinada al secado y al pan de higo. Bien adaptada a suelos pobres y a veranos secos.
Coll de Dama Blanca y Coll de Dama Negra. Catalanas y baleares, de las mejores para consumo en fresco. Pulpa densa, muy dulce y de aroma marcado. A cambio, el fruto es delicado y no viaja bien; es una higuera para comer bajo el árbol, no para llevar al mercado.
Bordissot Negra. Higo grande, oscuro, de buena productividad, muy cultivada en el litoral mediterráneo. Uno de los tipos que mejor responde a riego de apoyo en verano.
Verdal. Nombre que agrupa varias higueras de piel verde que se mantiene verde incluso maduras. Esto despista a quien no las conoce y provoca recolecciones tempranas: hay que guiarse por el cuello doblado y el tacto blando, no por el color.
Higueras brevales o bacoreras: dos cosechas
Las bíferas, brevales o bacoreras dan dos cosechas al año, y aquí está el punto que más confusión genera. Las brevas no son otra fruta ni salen de otro árbol: son higos que quedaron sin madurar el otoño anterior, pasaron el invierno como yemas ya formadas sobre la madera del año pasado y terminan de engordar en junio. De ahí que sean más grandes, más acuosas y bastante menos dulces que los higos de agosto: han madurado con menos horas de sol acumulado.
La segunda cosecha, la de higos propiamente dichos, se forma sobre la madera del año en curso y llega a finales de verano, algo más tarde y a veces menos abundante que en una higuera unífera equivalente.
Variedades bíferas frecuentes en España:
Brown Turkey. La más difundida en viveros y centros de jardinería. Breva grande de piel bronceada y pulpa rosada, higo de otoño correcto sin ser excepcional. Es fiable, rústica y tolera mejor que otras los inviernos de interior peninsular; su fama se debe más a la constancia que a la calidad gustativa.
Napolitana Negra. Piel muy oscura y brevas de buen calibre. Popular en zonas de huerta del este peninsular.
Martinenca Rimada. Catalana, reconocible por las grietas o "rimas" claras que se abren en la piel al madurar. Esas grietas no son un defecto ni señal de exceso de agua: son el carácter de la variedad.
De Rei. Otra bífera mediterránea de brevas grandes, muy apreciada como fruta de junio.
Hay un condicionante que rara vez se menciona al vender una brevera: la breva engorda en primavera, cuando el árbol todavía no ha pasado por el estrés hídrico del verano, pero eso solo ocurre si el suelo conserva humedad. En secano estricto y en primaveras secas, la breva amarillea y cae antes de alcanzar tamaño. Quien quiera cosecha de junio debe contar con poder dar dos o tres riegos entre abril y mayo.
El error de poda que deja al árbol sin brevas
Es la equivocación más repetida y merece apartado propio. Como las brevas se forman sobre madera del año anterior, una poda invernal severa —esa costumbre de dejar el árbol reducido a un puño de muñones cada febrero— elimina exactamente las yemas que iban a dar brevas en junio.
Traducido a manejo:
En higuera unífera se puede podar en reposo con bastante libertad, porque el fruto vendrá de los brotes nuevos.
En higuera bífera la poda de invierno debe ser mínima: retirar madera seca, ramas cruzadas y chupones, y poco más. Si hay que reducir el volumen del árbol, es preferible hacerlo justo después de recoger las brevas, a finales de junio o en julio, para dar tiempo a que broten los tallos que darán brevas al año siguiente.
Y una advertencia sobre el momento: en zonas de heladas tardías conviene esperar a que pase el frío, porque los cortes de invierno profundo cicatrizan mal en Ficus carica y son puerta de entrada para hongos de madera. La higuera además sangra látex, irritante para la piel; con sol y sudor puede provocar quemaduras por fotosensibilización, así que se poda con guantes y mejor a primera hora.
Cómo elegir según lo que se quiera hacer con el higo
Para comer en fresco recién cogido: Coll de Dama (blanca o negra), Bordissot Negra, Cuello Dama Negro. Prime el sabor y la textura sobre la resistencia del fruto, porque no va a viajar.
Para secar: Calabacita, Cuello Dama Blanco, Colar de Elche. Interesa piel fina, tamaño moderado, alto contenido en azúcar y ostiolo cerrado —el orificio del extremo del higo—, porque un ostiolo abierto deja entrar agua de lluvia y moscas, y el higo fermenta antes de secar.
Para tener fruta pronto en el año: cualquier bífera, asumiendo que la breva será jugosa pero menos dulce y que la cosecha de otoño quizá sea más discreta.
Para un jardín pequeño o una maceta grande: conviene una unífera de porte contenido y aceptar la poda anual. En contenedor la higuera vive bien —tolera el enraizamiento estrecho mucho mejor que la mayoría de frutales— pero pide un mínimo de 40-50 litros, riego regular en verano y protección del cepellón si se dan heladas fuertes.
Clima, suelo y otros condicionantes de la elección
La higuera tiene necesidades de frío invernal muy bajas, lo que la hace ideal para el litoral mediterráneo y el sur, y a la vez la vuelve vulnerable en el interior: brota pronto y una helada tardía de abril puede llevarse las brevas ya formadas. La madera adulta aguanta razonablemente hasta el entorno de -10 °C, pero los brotes del año se dañan bastante antes. En Castilla, Aragón interior o el norte de la Meseta merece la pena buscar una pared orientada al sur, que acumula calor y adelanta la maduración varias semanas.
El suelo la condiciona menos que a otros frutales: tolera terrenos pobres, pedregosos y calizos, y ahí es donde da sus mejores higos. Lo que no perdona es el encharcamiento. En suelo pesado, plantar sobre un caballón elevado.
Y un dato práctico que suele olvidarse: el sistema radicular de la higuera es extenso, superficial y agresivo con las conducciones. No se planta a menos de seis u ocho metros de una fosa séptica, un saneamiento antiguo o un muro con cimentación somera. Si el espacio obliga, existe la opción de plantarla en un cajón de obra o con barrera antirraíces, que además tiende a mejorar la calidad del fruto al limitar el vigor vegetativo.
Sobre los nombres de las variedades
La sinonimia en higuera es un caos histórico. La misma variedad puede llamarse de tres maneras distintas en tres provincias, y nombres genéricos como "Verdal", "Blanca", "Negra" o "Higo de rey" designan cosas diferentes según la comarca. Los trabajos de caracterización con marcadores moleculares de las colecciones españolas han confirmado bastantes duplicidades entre denominaciones locales.
La consecuencia práctica: fiarse más del origen del material que de la etiqueta. Una estaca tomada de una higuera concreta que se ha visto producir en la zona vale más que un nombre bonito en un tiesto de vivero. Y la propagación es sencilla: estaquilla leñosa de dos o tres yemas tomada en reposo invernal, enterrada dejando una yema fuera, enraíza con facilidad sin necesidad de hormonas ni cuidados especiales.
En resumen
La higuera que se compra en un vivero español es casi siempre de tipo común y cuaja sola, sin necesidad de macho ni de avispilla; el problema de la caprificación solo aparece con variedades de tipo Esmirna o San Pedro compradas fuera. A partir de ahí, la división que de verdad ordena la elección es entre uníferas —una cosecha de higos a finales de verano, las mejores para secar, tolerantes a la poda de invierno— y bíferas o brevales —brevas en junio sobre madera vieja más higos en otoño, a cambio de renunciar a podar fuerte en invierno—.
Para secado, Calabacita, Cuello Dama Blanco o Colar de Elche; para mesa, Coll de Dama o Bordissot Negra; para fiabilidad en clima menos benigno, Brown Turkey. Y en todos los casos: suelo con drenaje, sol directo, distancia prudente de tuberías y muros, y desconfianza sana ante los nombres de variedad, que en esta especie se repiten y se confunden más que en ninguna otra.