Finales de septiembre, un granado cargado, tres días de tormenta después de un agosto seco: al día siguiente media cosecha aparece rajada en el árbol. Ese accidente, el temido rajado de la granada, es el problema más frecuente de este frutal y casi nunca tiene que ver con la lluvia en sí, sino con cómo se regó durante las semanas anteriores.

El granado, Punica granatum, es un frutal extraordinariamente agradecido: soporta la sequía, la caliza, la salinidad y el descuido, y da flores llamativas durante todo el verano. Pero tiene tres o cuatro puntos donde falla si no se le entiende, y este artículo va justamente de eso.

Características del granado

Se trata de un arbusto o árbol pequeño de hoja caduca originario de una amplia franja que va de Irán al norte de la India, cultivado en el Mediterráneo desde hace milenios. Los fenicios lo introdujeron en la península y su presencia aquí es tan antigua que ha dejado huella en la toponimia.

Un apunte que sigue apareciendo mal en muchos sitios: el granado ya no pertenece a la familia Punicaceae. Los estudios filogenéticos lo situaron dentro de las Lythraceae, la familia de la salicaria y la Lagerstroemia, y esa es la clasificación aceptada hoy.

Alcanza entre 3 y 6 metros de altura, con tendencia natural a formar varios troncos desde la base. La corteza es grisácea y se desprende en placas finas con la edad. Las ramas son rígidas, angulosas y a menudo terminadas en espina, un detalle que conviene recordar antes de plantarlo junto a un paso estrecho. Las hojas son opuestas o casi opuestas, lanceoladas, de 3 a 7 cm, brillantes, de un bronce rojizo cuando brotan y de un amarillo limpio antes de caer en noviembre.

La flor es lo mejor que tiene. Roja anaranjada, de 3 a 4 cm, con el cáliz carnoso en forma de urna y pétalos arrugados como papel de seda, aparece de forma escalonada desde mayo hasta agosto. Aquí hay un dato que explica muchas decepciones: el granado produce dos tipos de flor. Unas son hermafroditas completas, con forma de jarrón panzudo, y son las que cuajan fruto; otras son funcionalmente masculinas, con forma de campana estrecha, y caen sin cuajar. Que veas el suelo lleno de flores caídas en junio no significa que el árbol esté enfermo ni mal regado: es su comportamiento normal.

Flores rojas de Punica granatum abiertas en verano

El fruto, la granada, es botánicamente una balausta: una baya de corteza coriácea coronada por los restos del cáliz, dividida por tabiques membranosos en compartimentos llenos de arilos, esas semillas rodeadas de pulpa jugosa. Madura de septiembre a noviembre según variedad y zona.

En España el cultivo se concentra en el sur de Alicante —Elche y su comarca—, Murcia y puntos de Andalucía. Las variedades a conocer son:

Mollar de Elche, con Denominación de Origen Protegida, de arilo rojo claro y semilla blanda, muy dulce y de baja acidez, la reina para consumo en fresco. Madura de finales de septiembre a noviembre.

Valenciana, precoz, madura ya en agosto y comienzos de septiembre, más ácida y de color más pálido.

Wonderful, de origen californiano, piel y arilo rojo intenso, semilla dura y acidez marcada; es la variedad de referencia para zumo y la que se planta cuando el destino es industria.

Y en el terreno ornamental, Punica granatum var. nana, un granado enano que no pasa del metro o metro y medio, da frutos diminutos no comestibles y es la base de los granados de maceta y de bonsái que se venden en vivero. Cuidado con las variedades de flor doble como 'Flore Pleno' o 'Legrellei': son espectaculares en floración pero prácticamente no cuajan fruto. Si compras un granado por sus granadas, comprueba que no sea de flor doble.

Ubicación y suelo

Sol pleno, sin discusión. El granado necesita luz directa todo el día y calor acumulado en verano para que la granada llegue a azúcar y color. A media sombra crecerá, florecerá poco y no madurará la fruta. Plantarlo bajo la sombra de un árbol grande o en un patio orientado al norte es tirar el dinero.

Frío. Soporta bien la sequía y también un frío moderado: un ejemplar adulto en reposo aguanta entre −10 y −12 °C sin daños graves. El riesgo real está en las heladas tardías de primavera, que queman la brotación nueva, y en el frío intenso sobre plantas jóvenes o en maceta, cuyo cepellón se hiela con facilidad. En Levante, Andalucía, Baleares y buena parte del interior peninsular se cultiva sin problema; en zonas de montaña con inviernos duros se limita a ornamental protegido.

Suelo. Es de los frutales menos exigentes que existen. Prospera en suelos francos, arenosos, arcillosos, pedregosos y muy calizos, con pH de hasta 8,5, sin mostrar la clorosis férrica que arruinaría a un melocotonero en las mismas condiciones. Además figura entre los frutales más tolerantes a la salinidad del agua y del suelo, lo que explica su presencia histórica en el Bajo Segura y el Campo de Elche. Lo único que exige de verdad es drenaje: con el pie encharcado durante semanas se asfixia y aparecen podredumbres de raíz.

Riego y el problema del rajado

Un granado recién plantado necesita riegos regulares durante los dos o tres primeros veranos para instalar raíz. A partir de ahí es capaz de sobrevivir en secano en climas de más de 400 mm, pero sobrevivir no es producir: sin agua da granadas pequeñas, de corteza gruesa y poco jugo.

La clave está en la regularidad, no en la cantidad. El rajado del fruto se produce cuando la corteza deja de crecer por falta de agua —se endurece— y de pronto la planta recibe un aporte abundante, sea riego o tormenta: los arilos se hinchan de golpe, la corteza ya no da de sí y revienta. Las granadas rajadas se pudren en días y no valen ni para zumo.

La forma de evitarlo es sencilla de enunciar y fácil de incumplir: mantener la humedad del suelo estable desde el cuajado hasta la recolección. En la práctica significa regar con frecuencia y dosis moderadas en agosto y septiembre en lugar de dar un riego copioso cada quince días, y no cortar el riego de golpe creyendo que así se concentra el azúcar. El acolchado orgánico de 5-8 cm bajo la copa ayuda mucho a amortiguar los vaivenes de humedad.

En maceta la regla cambia: hay que regar en cuanto los primeros centímetros del sustrato se sequen, lo que en pleno julio puede ser a diario, y siempre con plato vacío.

Abonado

Un aporte de estiércol maduro o compost en la proyección de la copa a finales de invierno cubre las necesidades básicas de un granado de jardín. Si buscas producción, añade un abono equilibrado con potasio a partir de la brotación y durante la fase de engorde del fruto, porque el potasio interviene directamente en el calibre y en el contenido de azúcares.

Error habitual: pasarse de nitrógeno. Un granado sobreabonado responde con brotes largos, hoja abundante, muchos chupones y poca fruta, y además se vuelve un imán para el pulgón. Si tu árbol crece a lo loco y no cuaja, deja de abonarlo.

Plantación y trasplante

El granado a raíz desnuda se planta en reposo, de noviembre a febrero, que es cuando mejor arraiga. Los ejemplares en contenedor pueden plantarse casi todo el año salvo en pleno verano, aunque el otoño sigue siendo la mejor opción porque le da todo el invierno para enraizar antes del primer calor.

Cava un hoyo de unos 60 × 60 cm, mejora la tierra extraída con compost si el suelo es muy pobre y respeta el nivel del cuello: enterrarlo de más favorece podredumbres. Marco de plantación de 4 a 5 metros entre árboles.

En maceta necesita al menos 40-50 cm de diámetro para un ejemplar de tamaño medio, con sustrato que drene bien —una mezcla de tierra de jardín, compost y un tercio de arena gruesa o perlita funciona— y cambio de contenedor cada dos o tres años a finales de invierno, antes de que se muevan las yemas.

Poda

Lo primero es decidir la forma. Tradicionalmente el granado se conduce en vaso con tres o cuatro troncos desde la base, que es su tendencia natural y facilita la renovación de madera. También admite formación a un solo tronco, más limpia visualmente pero que obliga a eliminar rebrotes cada año.

Porque el granado emite rebrotes de raíz y de base sin descanso. Hay que quitarlos en verde, arrancándolos de un tirón cuando aún son tiernos; si esperas a que lignifiquen y los cortas con tijera, rebrotan multiplicados.

La poda de fructificación es donde más se equivoca la gente. El granado fructifica en los extremos de ramillas cortas de madera de dos y tres años. Si recortas todos los extremos de las ramas para "igualar la copa", eliminas exactamente la madera productiva y te quedarás con un arbusto verde y sin granadas. La intervención correcta es de aclareo: retirar madera seca, ramas cruzadas o mal orientadas, chupones verticales y parte de la ramificación interior para que entre luz y aire, dejando intactos los ramos cortos periféricos.

El momento: final del invierno, entre enero y febrero, con la planta parada y antes de que hinchen las yemas. Como es espinoso, guantes gruesos.

Un apunte de producción: si el árbol cuaja demasiados frutos, un aclareo de granadas en junio, dejando una por ramillete y separadas entre sí, mejora mucho el calibre y reduce el riesgo de rajado y de que dos frutos en contacto se pudran.

Multiplicación

Por estaquilla, que es el método bueno. El granado enraíza con una facilidad que ya quisieran otros frutales. Se toman en invierno, de diciembre a febrero, estaquillas de madera del año anterior de 25 a 30 cm y grosor de lápiz, se entierran dejando fuera solo un par de yemas y se mantienen húmedas. Con hormona de enraizamiento el porcentaje sube, pero muchas agarran sin ella. Es la única forma de reproducir fielmente una variedad como el Mollar.

Por retoños. Aprovechando los rebrotes de raíz: se separan en invierno con un trozo de raíz y se plantan directamente. Rápido y con alta tasa de éxito.

Por semilla. Se extraen las semillas de una granada madura, se limpia bien la pulpa —si queda, fermenta y las pudre— y se siembran en primavera en sustrato ligero, a 20-25 °C. Germinan en dos o tres semanas sin necesidad de estratificación. El inconveniente es doble: la planta obtenida no reproduce las cualidades de la madre y tarda cinco años o más en dar fruto, frente a los dos o tres de una estaquilla. Sirve para experimentar o para producir plantas de bonsái, no para tener granadas conocidas.

Plagas, enfermedades y otros problemas

Pulgón (Aphis punicae, Aphis gossypii). Coloniza brotes tiernos y pedúnculos en primavera, deforma las hojas y deja melaza sobre la que crece negrilla. Jabón potásico cada semana mientras dure el ataque, y revisar el abonado nitrogenado.

Colonia de pulgones sobre un brote tierno

Barreneta de la granada (Ectomyelois ceratoniae). La plaga clave del granado en España. La polilla pone junto a la corona del fruto y la larva penetra por ahí, come los arilos desde dentro y provoca la pudrición interna. Desde fuera la granada parece sana hasta que se abre. Se combate con confusión sexual y trampas de feromonas en plantaciones, y en jardín con una medida sencilla y muy eficaz: recoger y destruir todas las granadas caídas o pudridas, incluidas las que se quedan momificadas en el árbol tras la cosecha, porque son el refugio invernal de la larva.

Cochinilla algodonosa (Planococcus citri) y otras cochinillas. Se esconden bajo el cáliz de la granada y en las axilas. Aceite de parafina en invierno y control de hormigas, que las protegen y las trasladan.

Mosca blanca y, en algunas zonas, mosca de la fruta (Ceratitis capitata) sobre variedades ya agrietadas.

Corazón negro (Alternaria alternata). El hongo entra por la flor abierta en primaveras lluviosas y se desarrolla dentro de la granada, que exteriormente parece perfecta y por dentro tiene los arilos pardos y descompuestos. No hay tratamiento curativo una vez dentro; se reduce evitando el exceso de humedad y eliminando fruta afectada.

Botritis (Botrytis cinerea) sobre flores y frutos en ambientes húmedos y mal ventilados, otro motivo para aclarar el interior de la copa.

Rajado del fruto. Ya explicado: irregularidad hídrica. Es un problema fisiológico, no una enfermedad, y no se soluciona con fungicidas.

Golpe de sol. Manchas pardas y hundidas en la cara expuesta del fruto en olas de calor. Se previene no despojando el árbol de hojas en verano con podas fuera de temporada.

Clorosis y hojas amarillas en pleno verano. En un frutal tan tolerante a la caliza, unas hojas amarillas suelen indicar exceso de agua o mal drenaje, no falta de hierro. Revisa el riego antes de comprar quelatos.

Usos del granado

Como frutal, la granada se consume en fresco desgranada, en zumo, en ensaladas y en salsas; también se elabora melaza de granada, muy usada en cocina de Oriente Medio. Un truco práctico para desgranarla sin destrozarla: corta la corona, marca la corteza siguiendo los tabiques y ábrela por esas líneas, en lugar de partirla por la mitad.

Como planta ornamental sirve para varias cosas a la vez: seto defensivo gracias a sus espinas, árbol de flor para jardín mediterráneo de bajo consumo de agua, ejemplar aislado en patio o terraza, y planta de maceta en su forma enana. Aguanta bien la poda de seto y la contaminación urbana, y su floración estival cubre justo el hueco en que muchos arbustos ya han terminado.

El granado como bonsái

Es una de las especies mediterráneas más agradecidas para bonsái, y por buenas razones: engrosa el tronco con rapidez, desarrolla una corteza retorcida y agrietada que da sensación de edad en pocos años, brota bien de madera vieja y florece incluso en macetas pequeñas.

Se trabaja preferentemente con Punica granatum var. nana, de hoja y fruto pequeños, proporcionados a la escala del árbol. Estilos habituales: informal erecto, inclinado y, sobre todo, tronco hueco o retorcido, que aprovecha su tendencia natural.

Sustrato: mezcla drenante tipo akadama con grava volcánica y algo de materia orgánica. Trasplante cada dos o tres años a finales de invierno, cuando las yemas empiezan a moverse, podando un tercio de la raíz.

Riego abundante en verano, sin dejar secar el cepellón, y reducido en invierno con la planta sin hoja. Abono orgánico de liberación lenta de primavera a otoño, y en verano bajo en nitrógeno para favorecer floración.

Pinzado: se dejan crecer los brotes hasta cuatro o cinco pares de hojas y se cortan a uno o dos pares. Recuerda que florece en madera de dos años: pinzar sin criterio todo el año equivale a quedarse sin flor. Alambrado con cuidado, en verde y con protección, porque la corteza es fina y se marca con facilidad. En invierno, protección en zonas donde se bajen los −3 o −4 °C, ya que el cepellón en maceta se hiela mucho antes que el suelo del jardín.

En resumen

El granado pide poco: sol directo todo el día, suelo drenado —le da igual que sea calizo, pobre o algo salino— y protección frente a heladas tardías. A cambio da flor de mayo a agosto y fruta de septiembre a noviembre.

Los tres fallos que arruinan una cosecha son siempre los mismos: riego irregular al final del verano, que provoca el rajado; poda de extremos, que elimina la madera fructífera de dos y tres años; y exceso de nitrógeno, que da vegetación en lugar de granadas. A eso se añade la higiene frente a la barreneta, que consiste sencillamente en no dejar ni una granada podrida en el árbol ni en el suelo.

Multiplícalo por estaquilla leñosa en invierno si quieres conservar la variedad, olvídate de la semilla salvo para experimentar, y si lo compras para comer granadas, asegúrate de que no es un ornamental de flor doble.


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