Una pera que ha ablandado en el árbol ya está pasada. Suena raro, pero es el punto de partida de casi todo lo que hay que entender sobre el género Pyrus: son árboles cuyo fruto no termina de hacerse en la rama sino después, y esa peculiaridad condiciona desde la fecha de recolección hasta la variedad que conviene plantar en cada casa. Alrededor de esa idea gira el resto: qué especies hay, cómo se cultivan y por qué un peral que en Lleida va solo puede ser un problema en Málaga.
Qué es un Pyrus
Pyrus es un género de la familia de las rosáceas, emparentado de cerca con los manzanos (Malus), los membrilleros (Cydonia) y los nísperos japoneses (Eriobotrya). Reúne entre veinte y treinta especies de árboles y arbustos caducifolios, todas ellas originarias del hemisferio norte: Europa, el norte de África y, sobre todo, Asia central y oriental, que es el foco donde el género tiene más diversidad.
Son árboles de porte erguido, con tendencia natural a crecer hacia arriba más que a abrirse, algo que se nota mucho al podarlos. En estado silvestre superan con facilidad los diez metros y viven décadas; un peral injertado y bien conducido puede estar produciendo más de cincuenta años, mucho más que un melocotonero. Las hojas son simples, alternas, de borde finamente aserrado y con un peciolo largo que las hace temblar con el viento. La flor es blanca, de cinco pétalos, agrupada en corimbos, y abre en marzo o principios de abril en la mayor parte de la Península, unos días antes que el manzano y después del almendro.
El fruto es un pomo: lo que comemos es sobre todo receptáculo floral engrosado, y el ovario verdadero queda reducido al corazón cartilaginoso del centro. En la carne de muchas variedades hay esclereidas, células de pared engrosada que dan esa textura ligeramente arenosa que unos aprecian y otros detestan; abundan mucho más en las especies asiáticas y en los perales silvestres que en las peras europeas seleccionadas.
Principales especies
Pyrus communis. El peral europeo, del que descienden prácticamente todas las peras que se venden en España. Es una especie de origen híbrido y muy antigua domesticación, con formas silvestres en toda Europa. Frutos piriformes, de carne fundente, aromáticos.
Pyrus pyraster. El peral silvestre europeo, considerado uno de los ancestros del anterior. Árbol de porte pequeño o mediano, a menudo con ramas espinosas y frutos duros, muy astringentes, de dos o tres centímetros. Interesante en setos y en restauración forestal, no como frutal.
Pyrus bourgaeana. El piruétano o peral silvestre ibérico, propio del cuadrante suroccidental de la Península y del norte de Marruecos. Aparece en dehesas y monte mediterráneo, aguanta la sequía estival mucho mejor que el peral cultivado y sus frutos son alimento de jabalíes, tejones y zorros. Es una de las pocas rosáceas leñosas realmente adaptadas al clima mediterráneo seco.
Pyrus cordata. Especie atlántica, presente en el noroeste peninsular y en la fachada atlántica francesa y británica. Hojas pequeñas de base acorazonada y frutos diminutos, casi redondos.
Pyrus pyrifolia. El peral japonés o nashi. Frutos esféricos, de piel bronceada o amarillenta, carne blanca, crujiente y muy jugosa, con un contenido de agua altísimo. A diferencia de la pera europea, el nashi sí madura en el árbol y se come duro; no ablanda nunca. Requiere menos horas de frío que P. communis, lo que lo hace viable en zonas templadas donde el peral europeo cuaja mal.
Pyrus amygdaliformis (hoy incluido por muchos autores en P. spinosa). Peral de hoja estrecha, mediterráneo oriental, extraordinariamente resistente a la sequía y a suelos pobres.
Pyrus salicifolia y Pyrus calleryana. Las dos especies ornamentales del género. La primera, con hojas plateadas y estrechas como las del sauce, se planta casi siempre en su forma llorona 'Pendula'. La segunda es un árbol de floración espectacular y color otoñal rojizo que se usa mucho en alineaciones urbanas, en cultivares como 'Chanticleer'; sus frutos son minúsculos e incomibles. Conviene saber que P. calleryana se ha comportado como invasora en Norteamérica, así que no es una elección inocente para plantar cerca de espacios naturales.
Suelo, clima y ubicación
El peral quiere sol directo, y cuanto más mejor: por debajo de seis horas diarias en plena vegetación la fructificación se resiente y la fruta pierde azúcar. Tolera bien el viento moderado, aunque en zonas expuestas conviene un cortavientos, porque las ramas cargadas de fruta se desgajan con facilidad.
En cuanto al suelo, prefiere terrenos profundos, frescos, de textura franca o franco-arcillosa, con buen contenido en materia orgánica y pH entre 6 y 7. Aquí está el punto que más disgustos da en España: el patrón importa más que la variedad. Los perales injertados sobre membrillero (Cydonia oblonga, patrones tipo EMA, EMC o BA29) entran antes en producción y quedan más pequeños, pero son muy sensibles a la caliza activa y amarillean por clorosis férrica en cuanto el suelo pasa de un 6-8 % de caliza activa. Sobre patrón franco de peral (semillas de P. communis, o selecciones como OHF), el árbol es más vigoroso, tarda más en dar cosecha y necesita más sitio, pero aguanta suelos calizos y secos que al membrillero lo matan. Antes de comprar el árbol, mirar el análisis del suelo ahorra años de tratamientos con quelatos.
Hay un segundo detalle de patrones que rara vez se explica en el vivero: varias variedades muy conocidas, entre ellas Williams y Ercolini, son incompatibles con el membrillero y necesitan un intermediario (habitualmente Beurré Hardy o Curé) injertado entre patrón y variedad. Si un árbol de esas variedades sobre membrillero se compra en un lote barato sin intermediario, puede romperse limpiamente por el punto de injerto al cabo de unos años.
El clima es el otro filtro. El peral europeo necesita acumular entre 600 y 900 horas de frío por debajo de 7 °C durante el invierno para salir bien de la latencia, según la variedad. Eso significa que en el interior peninsular, el valle del Ebro, la meseta, el Pirineo o la cornisa cantábrica no hay problema, mientras que en el litoral mediterráneo cálido, Canarias o las zonas más suaves del sur el árbol brota mal, desigual y cuaja poco. En esos sitios hay que ir a variedades de bajo requerimiento, como Ercolini, o directamente al nashi.
Riego
El peral tiene sistema radicular relativamente superficial cuando va sobre membrillero, y ahí el riego es imprescindible en clima mediterráneo. Un árbol adulto en plena producción y en pleno julio puede consumir del orden de 40-60 litros al día en zonas cálidas; en primavera y otoño, mucho menos. Lo importante no es la cifra exacta sino la regularidad: las alternancias fuertes de sequía y riego abundante durante el engorde del fruto provocan agrietados y calibres desiguales.
Sobre patrón franco y en zonas con más de 600 mm anuales bien repartidos, un peral adulto puede cultivarse en secano, como se ha hecho toda la vida en el norte, aunque con cosechas menores y fruta más pequeña.
Lo que se lleva el árbol por delante no es la sequía que todo el mundo vigila, sino lo contrario: el encharcamiento. El peral no soporta el agua parada alrededor del cuello, y una zona de riego mal drenada acaba en Phytophthora, con podredumbre de cuello y raíz y muerte del árbol sin aviso previo. Nunca hay que plantar en el fondo de una hondonada ni dejar que el goteo caiga directamente sobre el tronco.
Abonado
Lo más eficaz es aportar estiércol bien hecho o compost maduro en otoño, extendido bajo la proyección de la copa a razón de 3 a 5 kg por metro cuadrado, sin enterrarlo profundamente. Esto cubre la materia orgánica y buena parte de las necesidades de fósforo y potasio.
En primavera, desde la brotación hasta la caída fisiológica de frutos de junio, se completa con un abono equilibrado o algo más rico en potasio, que es el elemento que más influye en el calibre y en el contenido de azúcares. Conviene ser prudente con el nitrógeno: un exceso produce brotes largos, tiernos y suculentos que son exactamente lo que necesita el fuego bacteriano para entrar, además de retrasar la maduración y empeorar la conservación de la fruta. Nada de abonar en agosto o septiembre; a partir del verano el árbol tiene que ir agostando la madera de cara al invierno.
En suelos calizos con clorosis declarada, el hierro hay que darlo en forma de quelato estable a pH alto (EDDHA) y en riego, no en pulverización foliar, que solo es un parche.
Plantación y trasplante
El momento es el reposo vegetativo: de noviembre a febrero, evitando los días de helada. Los árboles a raíz desnuda, que son los más baratos y los que mejor arraigan, solo están disponibles en esa ventana. Los de contenedor pueden plantarse casi todo el año, pero plantar un peral en junio es condenarlo a un verano de sufrimiento.
El hoyo debe ser amplio, de unos 60 x 60 x 60 cm en terreno normal, con el fondo bien descompactado. Se rellena con la propia tierra mezclada con compost, se sitúa el árbol de modo que el punto de injerto quede claramente por encima del nivel del suelo —cinco o diez centímetros— y se asienta con un riego abundante que elimine bolsas de aire. Enterrar el injerto anula el efecto del patrón enanizante y abre la puerta a podredumbres de cuello.
Marco de plantación orientativo: 2 x 4 m en eje central sobre membrillero, 5 x 5 m o más en vaso sobre franco. En maceta, mínimo 40-50 litros de sustrato para un peral enano, con drenaje real y con la conciencia de que habrá que renovar la capa superficial cada año y trasplantar cada tres o cuatro.
Una pregunta que aparece siempre: casi ningún peral europeo es autofértil del todo. Conference y Blanquilla producen algo de fruta partenocárpica —sin semillas, y en el caso de Conference más alargada y algo curvada—, pero la cosecha buena solo llega con un segundo árbol de variedad distinta y floración coincidente cerca. Si solo cabe un árbol, se puede comprar un ejemplar con dos variedades injertadas.
Multiplicación
La forma seria de multiplicar un peral es el injerto. Sembrar la pepita de una pera buena produce un árbol, sí, pero no reproduce la variedad: sale un individuo nuevo, casi siempre de fruto mediocre. Por eso la semilla solo se usa para obtener patrones francos, y aun así necesita estratificación en frío, unos 60-90 días en arena húmeda a 3-5 °C, o no germina.
Las dos técnicas habituales son el injerto de escudete a yema dormida, que se hace de finales de julio a principios de septiembre mientras la corteza todavía se despega bien, y el injerto de púa —hendidura, inglés simple o inglés de lengüeta— a finales de invierno, justo antes de la brotación. El escudete es más económico en material vegetal y el que usan los viveros; el de púa va mejor para reinjertar un árbol adulto que da una variedad que no gusta.
El estaquillado leñoso funciona muy mal en Pyrus: no es una vía práctica en casa.
Poda
Aquí se comete un error muy común, importado de la poda del melocotonero: despuntar todos los ramillos cortos. El peral fructifica sobre órganos cortos y longevos —dardos, lamburdas, brindillas coronadas y las bolsas que se forman con los años—, que pueden seguir dando fruta más de una década. Recortarlos sistemáticamente equivale a cortar la cosecha.
La poda de formación (vaso, palmeta o eje central) se hace en los primeros tres o cuatro años y busca sobre todo abrir ángulos, porque el peral tiende a cerrar la copa. Doblar ramas jóvenes hasta cerca de la horizontal con pesos o tirantes es más eficaz que cualquier corte: la rama tumbada frena su crecimiento y se llena de yemas de flor.
En el árbol adulto, poda de invierno ligera: eliminar chupones verticales, madera seca, ramas cruzadas y aclarar el interior para que entre luz. Y aclareo de frutos a finales de mayo o junio, dejando una o dos peras por ramillete: sin aclareo se obtiene mucha fruta pequeña y el árbol tiende a la vecería, es decir, a alternar un año de cosecha con otro casi vacío.
Plagas
Psila del peral (Cacopsylla pyri). La plaga número uno del cultivo en España. Es un pequeño homóptero cuyas ninfas viven inmersas en gotas de melaza pegajosa; esa melaza ennegrece la fruta con negrilla y provoca un moteado que la deja invendible, además de debilitar el árbol. Se combate mal a base de insecticidas, entre otras cosas porque desarrolla resistencias con facilidad: funciona mejor evitar el exceso de nitrógeno y de podas fuertes —que producen brotes tiernos donde pone los huevos—, hacer un lavado con caolín antes de la puesta de primavera y proteger a sus enemigos naturales, sobre todo el chinche Anthocoris nemoralis.
Araña roja (Panonychus ulmi y Tetranychus urticae). Ácaros diminutos que puntean la hoja de amarillo y luego de bronce, con finas telas en el envés en los ataques fuertes. Aparecen con calor, sequedad y polvo, y muy típicamente después de tratamientos insecticidas de amplio espectro que han eliminado a los ácaros depredadores. Mojar el envés de las hojas y mantener cubierta vegetal en el suelo reduce mucho el problema.
Erinosis (Eriophyes pyri). Ácaro microscópico que provoca ampollas o pústulas primero verde claro y luego negras en las hojas, muy alarmantes de ver y en realidad poco dañinas salvo en ataques masivos. El azufre en primavera lo controla.
Carpocapsa (Cydia pomonella). La oruga que hace el agujero con serrín en la pera y en la manzana. La confusión sexual con difusores de feromona es lo que mejor funciona en parcelas de cierto tamaño; en un par de árboles, trampas de feromona para vigilar y recogida y destrucción de la fruta caída.
Pulgones (Dysaphis pyri, entre otros), que abarquillan las hojas jóvenes; Zeuzera pyrina y otros taladros, que perforan galerías en ramas y tronco; y en el sur, la mosca de la fruta (Ceratitis capitata) en las variedades de recolección tardía.
Enfermedades
Fuego bacteriano (Erwinia amylovora). Lo más grave que puede pasarle a un peral. Las flores y los brotes se secan de golpe y quedan negros como quemados, con el extremo del brote curvado en forma de báculo, y las hojas muertas no caen. Es un organismo de cuarentena en la Unión Europea: si se sospecha, hay que avisar a la autoridad fitosanitaria de la comunidad autónoma, no ponerse a experimentar. No hay curación en campo; se poda muy por debajo de la zona afectada desinfectando la herramienta entre corte y corte, y en casos avanzados se arranca y quema el árbol.
Moteado del peral (Venturia pyrina). Manchas aterciopeladas verde oliva a negras en hoja y fruto, con agrietado de la piel. Aparece en primaveras lluviosas; se previene recogiendo y retirando la hojarasca del invierno, que es donde el hongo pasa la mala estación, y con tratamientos preventivos desde el estado de botón blanco.
Mancha marrón o estemfiliosis (Stemphylium vesicarium). Un problema muy serio en el valle del Ebro y en Lleida, sobre todo en Blanquilla y Conference: manchas necróticas circulares con halo rojizo en el fruto que lo inutilizan. El hongo sobrevive en los restos vegetales y en la cubierta vegetal del suelo, de modo que segar y retirar restos, junto con una buena aireación de la copa, es parte del control.
Oídio (Podosphaera leucotricha), con el polvillo blanco característico en brotes tiernos, más frecuente en primaveras secas y cálidas; chancros de Neonectria y Nectria en heridas de poda mal cicatrizadas; y podredumbre de cuello por Phytophthora en suelos encharcados, ya comentada.
Una medida sencilla que resuelve mucho: podar en tiempo seco y no dejar tocones. La mayoría de las infecciones de madera entran por cortes hechos con lluvia o humedad alta.
Recolección, el punto donde más se falla
La pera europea es un fruto climatérico que se recoge en madurez fisiológica, todavía firme, y termina de madurar fuera del árbol. Si se espera a que ablande en la rama, la fruta desarrolla corazón pardo, textura harinosa y sabor plano. Esta es la diferencia principal con el nashi y con casi cualquier otro frutal de hueso.
El indicador práctico más fiable: se coge la pera con la mano y se levanta hasta la horizontal girando sobre el punto de inserción. Si el pedúnculo se desprende limpiamente de la rama, está lista para recolectar. Si hay que tirar, todavía no. Ayudan también el cambio del color de fondo de verde intenso a verde claro o amarillento, y el oscurecimiento de las pepitas, que pasan de blancas a marrones.
El calendario aproximado en España va de finales de junio para las variedades muy tempranas (Castell, Ercolini) hasta octubre para las de invierno. Después de recolectar, las variedades tempranas se comen en pocos días; las de invierno, como Conference o Blanquilla, se conservan semanas o meses en frío, entre 0 y 1 °C con humedad alta, y se sacan a temperatura ambiente unos días antes de comerlas para que terminen de madurar.
Rusticidad
En reposo invernal, un peral europeo adulto aguanta sin daños entre -20 y -25 °C, de modo que el frío del invierno no es un problema en ningún punto de la España peninsular. El riesgo real está en primavera: la flor abierta se daña a partir de -2 °C y el fruto recién cuajado a -1,5 °C, así que una helada tardía de abril puede llevarse la cosecha entera de un árbol perfectamente sano. En zonas de heladas tardías frecuentes, plantar en media ladera y no en fondo de valle, donde se acumula el aire frío, marca una diferencia enorme.
El calor extremo sí le molesta: por encima de 35 °C sostenidos la fruta sufre golpe de sol y el árbol frena. Y por debajo de sus horas de frío, como ya se ha dicho, brota mal.
Variedades de pera recomendables
Blanquilla (o Blanca de Aranjuez, Agua de Aranjuez). La variedad española por excelencia, de piel verde claro muy lisa, carne blanquísima, jugosa y de sabor fino. Se recolecta a finales de agosto. Da fruta sin semillas con facilidad, pero es sensible a la mancha marrón y necesita bastante frío invernal.
Castell. Variedad autóctona catalana extremadamente temprana, de finales de junio. Fruto pequeño, de piel verdosa con chapa rojiza y carne dulce. Es una pera de consumo inmediato, sin ninguna aptitud de conservación, y precisamente por eso apenas se encuentra fuera de su zona: para un árbol de casa es una elección estupenda.
Conference. Obtenida en Inglaterra a finales del siglo XIX y hoy una de las peras más plantadas de Europa. Alargada, con la piel cubierta de una fina capa parda (russeting) que no es un defecto sino su aspecto propio, carne fundente y muy dulce. Aguanta bien la conservación en frío, es productiva y relativamente rústica. Su tendencia a producir frutos partenocárpicos —más estrechos y curvados— le da cierta seguridad de cosecha aunque la floración se estropee.
Ercolini. De origen italiano, es la gran pera temprana del sureste español, con recolección desde finales de junio en Murcia y julio en zonas más frescas. Fruto pequeño o mediano, verde amarillento con chapa roja, muy dulce. Su bajo requerimiento de frío es lo que la hace interesante en zonas cálidas. Recordar que necesita intermediario si va sobre membrillero.
Williams (Bon Chrétien). La pera aromática por antonomasia, base de las conservas en almíbar y del aguardiente. Muy productiva, pero de vida postcosecha corta y muy sensible al fuego bacteriano.
Limonera, temprana y de piel amarilla; Decana del Comicio, quizá la mejor de todas en boca, aunque caprichosa en el cuaje; y Abate Fetel, de cuello largo y carne excelente, para quien quiera ir más allá de lo habitual.
Peral enano 'Garden Pearl'. Un peral de porte naturalmente compacto, alrededor de metro y medio, que se vende para terrazas y patios. Produce peras pequeñas de calidad correcta y funciona en maceta grande, pero conviene ser realista: la cosecha se cuenta en unas pocas decenas de frutos, no en kilos, y sigue necesitando sus horas de frío y un sitio soleado. Como árbol de balcón cumple; como despensa, no.
En resumen
Pyrus es un género de rosáceas caducifolias del hemisferio norte que incluye desde el peral común de nuestros huertos hasta silvestres ibéricos como el piruétano y ornamentales urbanos como P. calleryana. Para cultivarlo bien, tres decisiones se toman antes de plantar y pesan más que todo lo que se haga después: elegir el patrón según la caliza del suelo, elegir la variedad según las horas de frío de la zona y asegurar un polinizador compatible. Luego, riego regular sin encharcar, materia orgánica en otoño, nitrógeno con mano corta, poda que abra la copa y respete los dardos, y vigilancia de psila y de las manchas de hoja y fruto.
Y la regla que más cambia el resultado en la mesa: recoger la pera firme, cuando el pedúnculo se desprende al girarla, y dejarla madurar en casa. La pera que ablanda en el árbol se pierde; la que ablanda en el frutero es la que vale la pena haber cultivado.