¿Por qué unas mandarinas se pelan con dos dedos y sin mancharse, y otras hay que trabajarlas con la uña? La respuesta está en el grupo botánico. Las satsumas, Citrus unshiu, tienen la corteza floja, separada de los gajos por una capa de aire, y por eso se abren de un tirón. Ese detalle, unido a que no llevan pepitas y a que maduran antes que ningún otro cítrico, explica que sea el árbol que más se planta en jardines particulares cuando alguien quiere fruta propia en noviembre.
Qué es la satsuma y de dónde viene
Es una mandarina, no una especie aparte de los cítricos comunes: Citrus unshiu Marcowicz, del grupo de las mandarinas satsuma, dentro de las rutáceas. Se seleccionó en Japón, en la antigua provincia de Satsuma (actual prefectura de Kagoshima), a partir de material chino procedente de la región de Wenzhou, de donde le viene el nombre japonés unshu mikan. Llegó a Occidente en el siglo XIX y encontró en el Levante español condiciones ideales; hoy Valencia y Castellón concentran la mayor parte de la producción europea.
El árbol es pequeño: entre 2 y 4 metros injertado, con porte abierto, ramas algo colgantes y copa en parasol. Casi carece de espinas, un rasgo poco habitual entre cítricos que lo hace cómodo de podar y de recolectar. La hoja es perenne, ancha, de un verde intenso, con el peciolo apenas alado. Florece en abril y mayo con azahar blanco muy aromático, y a menudo repite flor de forma dispersa en verano.
El fruto es achatado, de 5 a 8 cm, con corteza fina y suelta, gajos que se separan sin esfuerzo y ausencia de semillas. Esto último no es casualidad ni manipulación: la satsuma es partenocárpica (cuaja sin fecundación) y además autoincompatible, de modo que si se cultiva aislada nunca produce pepitas. Plantada junto a otros cítricos con polen viable, como algunos híbridos o clementinas, puede aparecer alguna semilla suelta.
Variedades que se cultivan en España
La elección de variedad decide sobre todo la fecha de recolección, que en satsuma se escalona a lo largo del otoño:
Iwasaki y Okitsu son las extratempranas; empiezan a finales de septiembre y en octubre. Clausellina, una mutación de Owari seleccionada en España, también es muy precoz. Owari es la clásica y la más tardía del grupo, con recolección en noviembre y diciembre; es la de mejor sabor y la que más aguanta en el árbol. Miyagawa ocupa una posición intermedia.
Para un jardín, Owari suele ser la mejor elección salvo que se busque adelantar la cosecha: las extratempranas se cogen cuando el fruto aún no ha acumulado todos sus azúcares, algo que en el campo comercial se compensa con el mercado, pero que en casa solo significa comer mandarinas más sosas.
Rusticidad: el cítrico que mejor aguanta el frío
Este es su argumento fuerte y conviene entenderlo con precisión, porque se cuenta mal muy a menudo.
El árbol de satsuma, injertado sobre patrón trifoliado y en parada invernal, soporta puntualmente entre −8 y −9 °C sin daños graves en madera. Es bastante más resistente que el naranjo dulce (que sufre a partir de −5 °C) y muchísimo más que el limonero o el pomelo. Eso amplía su cultivo a zonas del interior donde otros cítricos no prosperan.
El fruto, en cambio, es mucho más delicado: se congela y se estropea en torno a −2 o −3 °C mantenidos varias horas. Como la satsuma madura precisamente cuando llegan las primeras heladas, la solución práctica en zonas frías es plantar variedades tempranas y recolectar antes de que aprieten los fríos, o cubrir el árbol con malla antiheladas las noches críticas.
La resistencia real depende además de tres factores: el patrón (Poncirus trifoliata aporta rusticidad y precocidad; el citrange Carrizo, más vigor), la edad del árbol (los ejemplares jóvenes son mucho más sensibles) y el estado de parada. Un árbol que ha recibido nitrógeno en octubre y está brotando en noviembre se hiela con temperaturas que no habrían dañado a otro dormido.
Ubicación y suelo
Necesita sol directo todo el día. A media sombra vegeta, florece poco y da frutos ácidos. Conviene buscarle un sitio resguardado del viento seco y frío, idealmente cerca de una pared orientada al sur, que acumula calor y actúa como colchón térmico en las noches de invierno.
En cuanto al suelo, la satsuma quiere tierra suelta, profunda y con drenaje excelente, con pH entre 5,5 y 6,5. Y aquí aparece el mayor problema práctico del cultivo de cítricos en España: buena parte de nuestros suelos son calizos, con pH por encima de 8, y en ellos el hierro queda bloqueado y aparece la clorosis férrica, con hojas amarillas y nervios que siguen verdes.
La solución no es echar sulfato de hierro al suelo, que se bloquea igual de rápido, sino aplicar quelatos de hierro EDDHA, los únicos estables a pH alto, en riego y a finales de invierno o principios de primavera. Si la tierra es muy caliza y compacta, es preferible plantar en un caballón o directamente en maceta grande con sustrato ácido.
Otro punto crítico en la plantación: el punto de injerto debe quedar por encima del nivel del suelo, unos 10 o 15 cm, y nunca cubierto de tierra ni de acolchado. Si se entierra, la variedad emite raíces propias, se pierde el efecto del patrón y se abre la puerta a la gomosis por Phytophthora, que es la enfermedad que más cítricos mata en jardines particulares.
Riego
La satsuma tiene raíces superficiales y hoja perenne: transpira todo el año y no tolera bien la sequía prolongada, pero tampoco el encharcamiento. El equilibrio se consigue con riegos frecuentes y moderados, no con inundaciones esporádicas.
En clima mediterráneo, un árbol adulto en suelo puede necesitar riego cada dos o tres días en julio y agosto, y bajarlo a una vez cada diez o quince días en invierno, suprimiéndolo si llueve. El goteo con dos o cuatro emisores repartidos bajo la copa es el sistema más adecuado. En maceta, hay que comprobar el sustrato con el dedo antes de cada riego y vaciar siempre el plato.
Los cítricos son sensibles a la salinidad. Si el agua es dura o salina, conviene dar riegos abundantes de vez en cuando para lavar sales, y evitar el goteo escaso permanente, que las va acumulando en el bulbo húmedo.
Dos momentos son especialmente sensibles a la falta de agua: la floración y la caída fisiológica de junio, cuando el árbol decide cuántos frutos mantiene. Un estrés hídrico en junio significa tirar la mitad de la cosecha.
Abonado
La satsuma es exigente en nitrógeno y agradece potasio en la fase de engorde del fruto. El calendario razonable en España reparte el abonado desde marzo hasta finales de agosto, en tres o cuatro aplicaciones, con un abono específico de cítricos que incluya micronutrientes, especialmente hierro, magnesio, manganeso y zinc.
A partir de septiembre hay que parar. Abonar en otoño provoca una brotación tardía y tierna que no endurece antes del invierno, se hiela a la primera y además compite con el fruto en maduración. Es un error muy común y de consecuencias visibles.
El estiércol bien hecho o el compost extendido bajo la copa en invierno mejoran mucho la estructura del suelo y son perfectamente compatibles con el abonado mineral.
Poda
El cítrico se poda poco. Cada hoja que se quita es fotosíntesis perdida, y la satsuma fructifica en brotes del año sobre madera joven, así que una poda severa retrasa la producción.
El momento adecuado es después de la recolección y una vez pasado el riesgo de heladas fuertes: de finales de febrero a marzo en el litoral, algo más tarde en el interior. Podar en pleno invierno expone al frío heridas frescas y madera recién descubierta.
El trabajo consiste en tres cosas: eliminar los chupones, sobre todo los que nacen por debajo del injerto, que son del patrón y no darán fruta; aclarar el interior de la copa para que entren luz y aire, retirando ramas cruzadas, secas o mal orientadas; y rebajar las ramas colgantes que arrastran los frutos por el suelo.
Un cuidado añadido: la corteza de los cítricos se quema con el sol si se abre demasiado la copa. En zonas cálidas, mejor pecar de conservador.
La satsuma tiende a la vecería, es decir, alternar un año de cosecha enorme con otro de cosecha pobre. Aclarar frutos en verano en las ramas más cargadas suaviza el ciclo y mejora el calibre de los que quedan.
Multiplicación y plantación
Al no tener semillas, la satsuma se multiplica por injerto, que es de todos modos el método correcto: el patrón aporta adaptación al suelo, control del vigor, precocidad y tolerancia al virus de la tristeza, que arrasó los cítricos españoles injertados sobre naranjo amargo a mediados del siglo XX.
La técnica habitual es el injerto de escudete o de yema en T sobre patrón de Poncirus trifoliata, citrange Carrizo o citrumelo, realizado en primavera o a finales de verano, cuando la corteza del patrón se separa con facilidad. También se puede multiplicar por esqueje semileñoso con hormonas y calor de fondo, pero el árbol resultante carece de las ventajas del patrón y suele ser más sensible al frío y a los hongos del suelo.
La plantación se hace en primavera, entre marzo y mayo, una vez pasadas las heladas, para que el árbol disponga de toda la temporada de crecimiento antes del primer invierno. En zonas de litoral suave también se puede plantar en septiembre. Nunca en pleno invierno ni en julio. El hoyo debe ser amplio, con la tierra bien mullida, y el árbol quedar a la misma profundidad que traía del vivero.
Plagas y problemas frecuentes
Pulgón en las brotaciones de primavera, que enrolla y deforma las hojas tiernas. Jabón potásico repetido, y tolerancia: el daño es estético en árboles adultos.
Minador de los cítricos (Phyllocnistis citrella), que dibuja galerías plateadas serpenteantes en las hojas nuevas de verano. Muy llamativo y poco grave en árboles formados; solo importa en plantones jóvenes, donde conviene evitar brotaciones de verano no regando ni abonando en exceso en esa época.
Cochinillas y cotonet (Planococcus citri), en el interior de copas densas y en el ombligo del fruto, con melaza y negrilla asociadas. Se controlan aclarando la copa, con aceite de parafina y vigilando las hormigas, que las protegen.
Araña roja en veranos secos y calurosos, que deja las hojas mates y punteadas. La humedad ambiental la frena.
Gomosis por Phytophthora, con exudados de goma ámbar en el tronco y decaimiento general. Se previene manteniendo seco el cuello del árbol, con el injerto alto y sin goteros pegados al tronco.
Recolección: lo que el color no te dice
Aquí está la creencia que más frutos estropea. El color de la piel no indica la madurez de un cítrico. La corteza cambia de verde a naranja por efecto de la bajada de temperatura nocturna, no de la maduración interna. En otoños cálidos, una satsuma puede estar perfectamente dulce y comestible con la corteza aún verdosa; de hecho, en el sector comercial se recurre a la desverdización con etileno para darle color a fruta que ya está madura por dentro.
La única forma fiable de saber si está lista es coger una y probarla. Y no hay margen para equivocarse en el sentido de esperar: los cítricos no maduran después de cortados, así que una satsuma cogida verde de sabor seguirá siendo ácida en el frutero.
Tampoco conviene pasarse por el otro lado. Si el fruto permanece demasiado tiempo en el árbol, la corteza se separa aún más de la pulpa, se hincha y se queda esponjosa —lo que en el campo se llama fruta bufada—, pierde zumo y se vuelve insípida. La satsuma se conserva peor en el árbol que la naranja.
Se recolecta con tijera, cortando el pedúnculo a ras del fruto, no de un tirón. Al arrancarla se desgarra la piel en el punto de inserción y por ahí entran los hongos que la pudren en pocos días. Y se maneja con cuidado: la corteza fina y suelta de esta mandarina se magulla con nada.
Usos
Como ornamental es un árbol de primer orden para jardines pequeños y terrazas: tamaño contenido, hoja perenne y brillante, azahar muy fragante en primavera y fruta naranja colgando en pleno invierno, cuando el jardín no ofrece nada más. Aguanta bien la maceta —contenedor de 50 litros como mínimo para un ejemplar adulto— lo que permite cultivarla en zonas frías y resguardarla los meses duros.
Como fruta, su virtud no es tanto el azúcar como la baja acidez: con unos 10 a 12 grados Brix no supera a otros cítricos en dulzor absoluto, pero al tener poco ácido cítrico resulta muy suave al paladar. A eso se suman la ausencia de pepitas y el pelado sin esfuerzo, que la convierten en la mandarina infantil por excelencia. Se consume sobre todo en fresco; también se emplea en conserva en almíbar (es la mandarina de lata clásica), en mermeladas y para aromatizar con su corteza, aunque su zumo se oxida y amarga con rapidez, así que se toma recién exprimido.
En resumen
La satsuma (Citrus unshiu) es una mandarina japonesa de árbol pequeño y casi sin espinas, sin pepitas por partenocarpia y de pelado facilísimo, que madura entre finales de septiembre y diciembre según la variedad —Okitsu y Clausellina temprana, Owari tardía y más sabrosa—. Es el cítrico comestible más resistente al frío: el árbol aguanta hasta −8 °C, aunque el fruto se daña ya a −2 °C. Quiere pleno sol, suelo drenante y ligeramente ácido, quelatos EDDHA si la tierra es caliza, riegos frecuentes y moderados, abonado de marzo a agosto y ni un gramo de nitrógeno en otoño. Se poda poco y tras la recolección, se multiplica por injerto sobre patrón trifoliado y se planta en primavera con el punto de injerto siempre fuera de la tierra. Y a la hora de cogerla, olvídate del color: prueba una, y córtala con tijera.