De una sola semilla de mandarina pueden brotar dos, tres e incluso cuatro plántulas. No es una anomalía ni un error de siembra: los cítricos son en su mayoría poliembriónicos, y ese rasgo, que casi nadie menciona, cambia por completo lo que se puede esperar de una siembra casera.

La mandarina agrupa en realidad a varias especies emparentadas: la mandarina común (Citrus reticulata), la clementina (Citrus × clementina) y la satsuma (Citrus unshiu), que es la más resistente al frío de las tres. Todas se cultivan a gran escala en el levante y el sur peninsular, y todas se pueden germinar en casa sin material especial.

Frutos maduros de mandarino

Qué significa la poliembrionía y por qué te conviene saberlo

En la mayoría de las plantas, una semilla contiene un embrión resultado del cruce entre polen y óvulo: la descendencia es genéticamente distinta de sus padres. En los cítricos ocurre además otra cosa. Junto al embrión cigótico se forman embriones nucelares, originados a partir de tejido materno, que son clones genéticos del árbol que dio el fruto.

La consecuencia práctica es que, cuando de una semilla salen varias plántulas, las más vigorosas y uniformes suelen ser las nucelares —copias de la madre— y la más débil o desigual suele ser la cigótica. Si vas a quedarte con una, quédate con las fuertes y descarta la raquítica. Es lo contrario de lo que la intuición sugiere cuando uno piensa en "salvar a la más pequeña".

Ahora bien, esto no significa que la plántula vaya a dar mandarinas iguales a las que te comiste en poco tiempo. Aunque sea un clon, una planta nacida de semilla atraviesa una fase juvenil de seis a diez años: crece muy vertical, tiene espinas largas y no florece. Los árboles de vivero producen a los dos o tres años porque están injertados sobre patrón y la variedad injertada es material adulto. Volveremos a esto.

Un aviso relacionado: muchas variedades comerciales de clementina son prácticamente apirenas, es decir, sin semillas, porque cuajan por partenocarpia. Si compras clementinas de calidad, es probable que no encuentres ni una semilla. Busca mandarinas de las que sí las tienen —muchas mandarinas híbridas y las de mercados locales las llevan— o pide semillas a alguien con árbol.

Qué necesitas para sembrar

La lista es corta: semillas frescas de mandarina, un semillero o macetas pequeñas con agujeros de drenaje, sustrato ligero, una bolsa o tapa transparente y un sitio cálido y luminoso.

Sobre el sustrato: mezcla turba rubia o fibra de coco con perlita o vermiculita a partes de tres a uno. Debe retener humedad sin encharcarse. Los cítricos prefieren un pH entre 5,5 y 6,5, así que evita sustratos calizos y tierras de jardín compactas.

Sobre la maceta: para germinar bastan alveolos o recipientes de 8-10 cm. Lo importante viene después, cuando la planta necesite volumen.

Y sobre la época: la temporada de mandarinas en España va de octubre a febrero, justo cuando las condiciones para germinar son peores. Tienes dos opciones. Sembrar en cuanto extraigas la semilla y darle calor artificial dentro de casa —cerca de un radiador templado, en la parte alta de un armario, sobre un frigorífico o en un propagador con manta térmica— o guardarla en la nevera, dentro de una bolsa con papel húmedo, hasta marzo. La primera opción es más fiable: las semillas de cítrico son recalcitrantes y pierden viabilidad al secarse; un almacenamiento largo reduce mucho el porcentaje de germinación.

Siembra paso a paso

1. Extrae y limpia. Saca las semillas del fruto y lávalas bajo el grifo frotando con los dedos para eliminar todo el mucílago azucarado. Ese resto pegajoso es el principal causante de que aparezcan hongos en el semillero.

2. No las dejes secar. Siémbralas ese mismo día, o como mucho al siguiente. Una semilla de mandarina que se ha quedado dos semanas en un plato ya no sirve.

3. Retira la cubierta externa (opcional pero eficaz). La semilla tiene una capa exterior coriácea de color crema y, debajo, una película fina marrón. Si con cuidado, usando la uña, le quitas la capa externa por el extremo puntiagudo, la germinación se adelanta varios días y sube el porcentaje de éxito. Hazlo con paciencia y sin dañar el embrión, que es verdoso.

4. Siembra. Entierra cada semilla a 1-1,5 cm de profundidad, con la punta hacia abajo si consigues identificarla, y separadas entre sí. Riega para asentar el sustrato.

5. Calor y humedad. Tapa con plástico transparente o una bolsa para conservar humedad y mantén la temperatura entre 25 y 30 °C. Por debajo de 20 °C la germinación se vuelve lenta e irregular; por debajo de 13 °C, prácticamente no ocurre. Airea unos minutos al día para evitar condensación excesiva.

6. Espera. La emergencia tarda entre dos y seis semanas. En cuanto asomen los cotiledones, retira el plástico y lleva las macetas a la máxima luz posible, pero sin sol directo abrasador en las primeras semanas.

Siembra siempre más de las que necesitas: entre semillas no viables, hongos y plántulas débiles, es razonable perder la mitad.

Mandarino cultivado en maceta

Repicado y crecimiento del plantón

Cuando las plántulas tengan tres o cuatro hojas verdaderas y unos 10-12 cm de altura, es momento de repicarlas a macetas individuales de 1-2 litros. Si de una semilla salieron varias plantas, sepáralas con cuidado bajo un chorro fino de agua para desenredar las raíces y quédate con las dos más vigorosas.

Riega en ese momento con abundancia y mantén las macetas unos días a media sombra hasta que se recuperen. Los cítricos jóvenes tienen raíces poco ramificadas y acusan el trasplante durante una o dos semanas.

A partir de ahí, el crecimiento es lento el primer año y se acelera después. Ve subiendo de maceta cada vez que las raíces asomen por el drenaje, aumentando el diámetro unos cinco centímetros cada vez. Un salto brusco a un contenedor enorme deja mucho sustrato húmedo sin raíces y favorece podredumbres.

Empieza a abonar cuando la planta tenga cuatro o cinco meses, con un fertilizante específico para cítricos rico en nitrógeno y con microelementos, siempre a dosis reducida en plantas jóvenes y solo de marzo a septiembre.

Plantación definitiva: maceta grande o suelo

El paso a su ubicación definitiva se hace en primavera, entre marzo y mayo, cuando ya no hay riesgo de heladas y el suelo está templado. Plantar cítricos en otoño en zonas frías es un error clásico: la planta no tiene tiempo de enraizar antes del invierno.

Si va a suelo, cava un hoyo del doble del cepellón, mezcla la tierra extraída con compost maduro y planta de modo que el cuello quede algo por encima del nivel del terreno, nunca enterrado. El cuello enterrado es la causa más frecuente de gomosis y muerte lenta en cítricos. Riega abundantemente tras plantar y acolcha alrededor sin tocar el tronco.

Si se queda en maceta, cuenta con 40-60 litros como mínimo para un ejemplar adulto, con drenaje generoso en el fondo y renovación del sustrato superficial cada año. Un mandarino en contenedor puede mantenerse indefinidamente entre 1,5 y 2 metros con podas ligeras.

Ubicación: pleno sol, resguardado del viento frío y seco, que quema las hojas. En interior no prosperan: la falta de luz y el aire seco de la calefacción los debilitan y llenan de araña roja. Un patio, una terraza o un porche son mucho mejor sitio que un salón.

Cuidados del mandarino

Riego. Constante pero sin excesos. En verano, en maceta y a pleno sol, puede necesitar agua cada uno o dos días; en invierno, cada una o dos semanas. La regla es la misma de siempre: comprueba el sustrato a unos centímetros de profundidad antes de regar. Los cítricos no toleran el encharcamiento; sus raíces se asfixian y aparecen podredumbres por Phytophthora.

Calidad del agua. Este es el punto crítico en gran parte de España. Con agua muy caliza, el pH del sustrato sube y el hierro deja de estar disponible: aparecen hojas jóvenes amarillas con los nervios verdes, la clorosis férrica. Se corrige con quelato de hierro Fe-EDDHA, el único que funciona con pH alto, uno o dos aportes en primavera. Si puedes recoger agua de lluvia, mejor todavía.

Abonado. De marzo a septiembre, con abono de cítricos. Aporta también magnesio y zinc; sus carencias son habituales y dan hojas con manchas amarillas irregulares o brotes de hojas pequeñas y estrechas.

Frío. La satsuma es la más rústica y aguanta puntualmente en torno a -7 °C; las clementinas y mandarinas comunes toleran alrededor de -4 a -5 °C, y con el árbol en maceta el margen se reduce porque el cepellón se enfría más que el suelo. En zonas de heladas fuertes, cubre con manta térmica o refugia la maceta.

Poda. Poca y en primavera, después de las heladas. Retira ramas secas, chupones del interior y brotes que salgan por debajo del injerto —esos son del patrón y, si los dejas, terminan dominando el árbol—. No hace falta una poda de formación agresiva: el mandarino tiende de forma natural a copa redondeada.

Plagas. Las habituales aquí son el pulgón en brotes tiernos de primavera, el minador de los cítricos (Phyllocnistis citrella), que dibuja galerías plateadas serpenteantes en las hojas nuevas, cochinillas, mosca blanca y araña roja en épocas secas. En un árbol doméstico, la mayor parte se controla con jabón potásico y aceite de verano, respetando la fauna auxiliar. El minador daña sobre todo a plantas jóvenes; en árboles adultos es más estético que grave.

El injerto: el paso que convierte el plantón en frutal

Si quieres mandarinas en un plazo razonable, el plantón que has criado debe funcionar como portainjertos. Cuando su tronco alcance el grosor de un lápiz, hacia los 8-10 mm, ya se puede injertar. Suele suceder entre el segundo y el tercer año.

La técnica estándar en cítricos es el injerto de yema en T o de escudete, y el momento es la primavera o el final del verano, cuando la savia se mueve y la corteza se despega con facilidad. Se toma una yema de una rama adulta y productiva de la variedad deseada, se practica un corte en T en el patrón a unos 20-25 cm del suelo, se inserta el escudete y se ata con cinta de injertar dejando la yema al aire. A las tres o cuatro semanas, si la yema sigue verde, ha prendido; entonces se corta el patrón por encima para forzar la brotación.

Un apunte de contexto español que explica bastante: durante décadas se injertó sobre naranjo amargo, hasta que el virus de la tristeza de los cítricos arrasó las plantaciones. Hoy los patrones habituales son el citrange Carrizo, el mandarino Cleopatra, Citrus macrophylla o selecciones como Forner-Alcaide 5, elegidos por tolerancia al virus, a la caliza o a la salinidad. Tu plántula de mandarina servirá para uso doméstico, pero no tiene esas garantías sanitarias.

Si el injerto te parece demasiado, tienes dos alternativas legítimas: comprar un mandarino ya injertado en vivero para tener fruta pronto, y conservar el tuyo de semilla como planta ornamental, que con su follaje brillante y su porte compacto lo es de sobra. Con el tiempo —seis a diez años— acabará floreciendo por sí solo, y su azahar merece la espera aunque la fruta salga irregular.

En resumen

Sembrar mandarinas en casa funciona: semillas frescas y bien lavadas, sustrato ligero y ácido, 1-1,5 cm de profundidad, humedad constante y 25-30 °C dan plántulas en dos a seis semanas. De cada semilla pueden salir varias plantas por poliembrionía; quédate con las vigorosas, que son clones del árbol madre, y descarta la débil.

Después, repicado con tres o cuatro hojas verdaderas, aumentos graduales de maceta, pleno sol al aire libre, riego regular sin encharcar, abono de cítricos de marzo a septiembre y quelato de hierro Fe-EDDHA en cuanto amarilleen las hojas jóvenes. Nunca entierres el cuello, dentro de casa no prosperan y el frío por debajo de -4 o -5 °C es peligroso salvo en satsuma.

Y la parte que decide el resultado: un mandarino de semilla tarda entre seis y diez años en dar fruto, y ese fruto será irregular. Injertar una yema de variedad conocida sobre tu plantón, en primavera o a final de verano, reduce esa espera a dos o tres años y garantiza lo que vas a cosechar.


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