Cuando alguien pregunta qué tipos de algarrobo existen suele estar mezclando dos preguntas muy distintas. Una es botánica: cuántas especies se llaman algarrobo. La otra es agronómica: qué variedades de algarrobo se plantan y cuál conviene elegir. La segunda es la que importa a la hora de comprar un árbol, y la respuesta depende de algo que no es el tamaño del fruto ni el color de la vaina, sino el sexo del árbol.
Solo hay un algarrobo de verdad
El algarrobo mediterráneo es Ceratonia siliqua, una leguminosa arbórea de la subfamilia de las cesalpinioideas. El género Ceratonia solo tiene otra especie, Ceratonia oreothauma, un endemismo raro de Omán y Somalia sin ningún interés de cultivo. Es decir: en la práctica hay una única especie de algarrobo, y todos los "tipos" que se comercializan son variedades o cultivares de Ceratonia siliqua.
Conviene decirlo porque el nombre común "algarrobo" se aplica a árboles que no tienen nada que ver:
Prosopis alba y Prosopis nigra, los algarrobos blanco y negro de Argentina y Paraguay, mimosoideas de zonas áridas que dan vainas dulces con las que se elabora el patay. Botánicamente están lejísimos de nuestro algarrobo.
Hymenaea courbaril, el algarrobo o jatobá tropical americano, un árbol enorme de madera muy dura.
Gleditsia triacanthos, la acacia de tres espinas, que en algunos sitios se llama algarrobo negro y se planta como ornamental de alineación.
Si buscas variedades para plantar en España, todas las que siguen son Ceratonia siliqua.
La clave está en el sexo del árbol
El algarrobo es una especie polígamo-dioica. Traducido: cada árbol puede ser masculino, femenino o hermafrodita, y esa condición es fija, hereda del pie del que se tomó la púa y no cambia con la edad ni con los cuidados. Por eso las variedades se clasifican por sexo antes que por cualquier otro criterio.
Las flores son pequeñas, rojizas, sin pétalos, y se agrupan en racimos que salen directamente de las ramas e incluso del tronco viejo. La floración es otoñal, entre agosto y octubre, algo insólito entre nuestros frutales, y la polinización es principalmente anemófila con ayuda de insectos.
Un detalle que sorprende a quien planta el árbol junto a la casa: las flores masculinas desprenden un olor fuerte y desagradable, amoniacal y seminal, durante unas semanas del otoño. No es un defecto de la planta ni una enfermedad, es su forma de atraer insectos, pero conviene saberlo antes de elegir la ubicación de un pie macho.
Variedades hermafroditas
Son las más interesantes para el aficionado y para plantaciones pequeñas, porque tienen flores con estambres y pistilo funcionales y producen fruto sin depender de otro árbol. Con un solo ejemplar hay cosecha, aunque la producción mejora si hay polen ajeno cerca.
La más conocida en España es 'Negra' o 'Negreta', la variedad dominante en Cataluña, especialmente en las comarcas de Tarragona. Da vainas oscuras, gruesas, con un rendimiento en pulpa alto y buen contenido en azúcares, y es el patrón de referencia de calidad en el mercado nacional.
En la Comunidad Valenciana y Alicante se cultivan tradicionalmente 'Rojal', 'Matalafera' y 'Casuda', cada una con su comportamiento en tamaño de vaina, época de maduración y rendimiento en semilla. En Baleares, sobre todo en Mallorca, destacan 'Duraió' y 'Bugadera', y en Murcia y el sureste se maneja 'Ramillete', así llamada porque agrupa varias vainas por racimo.
Aquí hay que ser prudente con un punto: la asignación de sexo a cada nombre varietal no siempre coincide entre fuentes ni entre comarcas. El mismo nombre local puede designar clones distintos, y hay selecciones dentro de una misma variedad con comportamiento sexual diferente. Lo único seguro es comprar planta injertada en vivero con el sexo declarado, o comprobarlo tú mismo el primer otoño que florezca abriendo una flor.
Fuera de España, entre las variedades hermafroditas más difundidas están 'Tylliria' en Chipre, 'Amele' y 'Latinissima' en Italia, y en el Algarve portugués 'Mulata', 'Galhosa' y 'Canela'.
Variedades y pies masculinos
Los árboles masculinos no producen ni una sola algarroba. Su única función es aportar polen, y por eso rara vez tienen nombre comercial: en los viveros se venden simplemente como "macho polinizador", y proceden de selecciones locales elegidas por su abundancia de polen y por coincidir en época de floración con las variedades productivas.
En una plantación de variedades femeninas la proporción habitual es de un pie masculino por cada 15 o 20 árboles productivos, colocado en el centro y no en el borde, para que el polen se reparta. Con variedades hermafroditas el macho no es imprescindible, aunque su presencia mejora el cuajado.
Existe una alternativa muy práctica cuando ya tienes un árbol femenino plantado y no quieres perder espacio: injertar una o dos ramas masculinas en la propia copa. Con un injerto de escudete en agosto sobre una rama principal se resuelve la polinización sin ocupar un hueco más, y el olor de la floración queda mucho más diluido.
El otro sitio donde aparecen los pies masculinos es entre los algarrobos bordes, los ejemplares nacidos de semilla y sin injertar. Al sembrar semilla sale de todo, y estadísticamente una parte importante resulta macho. De ahí la regla básica: si quieres algarrobas, no plantes de semilla. Los pies francos se usan como patrón, se dejan crecer dos o tres años y se injertan con la variedad elegida.
Variedades femeninas
Las variedades femeninas tienen flores solo con pistilo y necesitan sí o sí polen de un macho o de un hermafrodita para cuajar. A cambio, muchas de ellas destacan por su productividad o por la calidad de la vaina, y por eso siguen plantándose pese al inconveniente de la polinización.
El error más frecuente en jardines particulares es exactamente este: alguien planta un solo algarrobo, comprueba que florece todos los otoños con abundancia y no entiende por qué nunca da fruto. Si florece y no cuaja nada año tras año, casi siempre es una hembra sin polinizador a distancia razonable, que en algarrobo son unos 100 o 200 metros. La solución no es abonar más ni regar más: es injertar una rama macho o plantar un polinizador.
Qué se busca en una variedad
Además del sexo, los criterios que se manejan al elegir cultivar son:
Relación pulpa/semilla. La vaina se compone de pulpa, que es la parte azucarada que se muele para harina de algarroba, y de semillas, el garrofín. La pulpa supone en torno al 85-90% del peso y la semilla el 10-15% restante. Parece poco, pero de la semilla se extrae la goma de garrofín (E-410), un galactomanano usado como espesante en la industria alimentaria que puede valer más que toda la pulpa junta. Hay variedades seleccionadas específicamente por su alto porcentaje de semilla.
Contenido en azúcares. La pulpa madura ronda el 40-50% de azúcares, principalmente sacarosa. Las variedades con más azúcar se destinan a alimentación y a destilación.
Época de maduración y facilidad de recolección. La vaina tarda del orden de once meses en madurar desde la floración, de manera que se recolecta el verano siguiente, entre agosto y septiembre, normalmente por vareo sobre mallas.
Vigor y porte. Para jardín interesan las de porte más contenido; para secano productivo, las más vigorosas y longevas.
Cómo se comporta el árbol, sea cual sea la variedad
El algarrobo es perennifolio, de copa densa y redondeada, con hojas pinnadas de foliolos coriáceos y brillantes. Alcanza entre 8 y 10 metros de altura y otro tanto de diámetro de copa, y vive fácilmente más de un siglo.
Es extraordinariamente resistente a la sequía: produce en secano con 300 o 350 milímetros anuales, gracias a un sistema radicular profundo. Tolera suelos calizos, pedregosos, pobres y con salinidad moderada, condiciones donde poco más se sostiene. Lo que no tolera es el encharcamiento ni los suelos compactos y mal drenados.
Su límite es el frío: por debajo de -6 o -7 °C sufre daños serios, y los ejemplares jóvenes son bastante más sensibles que los adultos. Eso lo confina al litoral mediterráneo, Baleares, el sur y el suroeste peninsular, y lo descarta en la meseta y en el interior frío.
Injertado entra en producción a los 6 u 8 años y alcanza plena producción hacia los 15 o 20, con rendimientos de 30 a 100 kilos por árbol adulto según variedad, edad y año. Es un árbol de paciencia.
Dos ideas equivocadas sobre la algarroba
La primera: la harina de algarroba no es un sustituto exacto del cacao. Se parece en color y se usa igual, pero no contiene ni teobromina ni cafeína, tiene bastante menos grasa y es naturalmente mucho más dulce, por lo que en repostería hay que reducir el azúcar de la receta. Esa ausencia de teobromina es justo lo que la hace apta para preparaciones destinadas a niños o a perros, a los que el cacao resulta tóxico.
La segunda: la historia de que el quilate nació del peso de una semilla de algarrobo. El origen del término está efectivamente en el griego keration y el árabe qirat, que designan la semilla del algarrobo, pero la explicación popular de que se usaban porque todas pesan exactamente lo mismo no se sostiene: las mediciones muestran que el garrofín varía de peso tanto como las semillas de otras especies. Se usó por costumbre y disponibilidad, no por una precisión que en realidad no tiene.
En resumen
Botánicamente solo existe un algarrobo cultivado, Ceratonia siliqua, y todo lo demás que lleva ese nombre común pertenece a géneros distintos como Prosopis, Hymenaea o Gleditsia. Los tipos que se comercializan son variedades de esa única especie, y se clasifican ante todo por sexo: hermafroditas como 'Negra', 'Rojal', 'Matalafera', 'Casuda', 'Duraió' o 'Ramillete', que fructifican solas y son la opción sensata para un jardín; femeninas, que necesitan polinizador obligatoriamente; y masculinas, que no dan fruto y solo aportan polen a razón de uno por cada 15 o 20 árboles, o injertados como rama dentro de la propia copa. Si plantas de semilla no sabes lo que te va a salir, así que compra siempre planta injertada con el sexo declarado y confírmalo en la primera floración de otoño.