La pulpa del zapote blanco se come; las semillas, no. Conviene empezar por ahí, porque es un frutal poco conocido en España y esa distinción no aparece siempre en las etiquetas de los viveros. Casimiroa edulis da una fruta cremosa, dulce y perfectamente comestible, pero sus semillas y sus hojas contienen compuestos con actividad sedante e hipotensora que han sido objeto de estudio farmacológico. La fruta madura, sin semillas, no plantea ningún problema.

De qué árbol estamos hablando

El zapote blanco pertenece a la familia de las rutáceas, la misma que los cítricos, aunque no lo parezca. Es originario de las tierras altas de México y Centroamérica, entre los 1.000 y los 2.500 metros de altitud, y ese detalle explica todo lo que viene después: no es un frutal tropical de tierras bajas, sino subtropical de montaña, acostumbrado a inviernos frescos y veranos sin calores extremos. Por eso se adapta bastante mejor de lo que cabría esperar al litoral mediterráneo.

Es un árbol de porte grande. Sin poda alcanza los 12-16 metros y desarrolla un tronco recto con corteza grisácea. La hoja es palmeada compuesta, con tres a cinco foliolos que salen de un mismo punto, de un verde brillante por el haz y más pálido por el envés; al frotarla desprende un olor resinoso característico. En clima suave es perennifolio o semicaducifolio, y puede desprenderse de parte de la hoja en los inviernos más fríos.

Las flores son pequeñas, verdosas, sin pétalos vistosos y agrupadas en panículas. Aparecen entre finales de invierno y comienzos de primavera. Muchos ejemplares son parcialmente autofértiles, pero la producción mejora notablemente con un segundo árbol cerca que sirva de polinizador cruzado.

El fruto es una baya globosa u ovalada, de 5 a 12 cm de diámetro y hasta 400 gramos, con piel muy fina de color verde que vira a amarillo pálido al madurar. Dentro, una pulpa blanca o crema, mantecosa, dulce, con un punto que recuerda al plátano, al melocotón y a la crema pastelera. Contiene de una a cinco semillas grandes, blancas y aplanadas. Tarda entre 6 y 8 meses desde la floración en madurar, de modo que en la Península se recolecta sobre todo entre finales de verano y otoño.

Fruto de zapote blanco abierto por la mitad

No confundirlo con los otros zapotes

La palabra «zapote» viene del náhuatl tzapotl y se aplicó en su día a cualquier fruto de pulpa blanda. El resultado es un lío de nombres que afecta a la compra de planta:

Zapote blanco es Casimiroa edulis, rutácea, hoja palmeada, pulpa blanca.

Zapote negro es Diospyros nigra, un caqui de pulpa oscura, sin ninguna relación botánica.

Chicozapote o níspero americano es Manilkara zapota, sapotácea, la del chicle.

Mamey o zapote colorado es Pouteria sapota, también sapotácea.

Solo el primero se cultiva razonablemente al aire libre en España. Los otros tres son tropicales de verdad y no aguantan nuestros inviernos fuera de invernadero, salvo en puntos muy concretos de Canarias.

Dónde se puede cultivar en España

El zapote blanco tolera el frío mucho mejor que el mango o el chicozapote. Un ejemplar adulto y bien establecido resiste heladas cortas de ‑3 a ‑5 °C con daños limitados a la hoja y a los brotes tiernos. Los ejemplares jóvenes, en cambio, sufren ya por debajo de 0 °C y pueden morir en su primer invierno si se plantan sin protección.

Eso lo sitúa, en la práctica, en las mismas zonas donde prosperan el aguacate y la chirimoya: la Axarquía malagueña, la costa de Granada, el litoral de Almería y Murcia, la Comunidad Valenciana en enclaves resguardados, el suroeste andaluz y Canarias. Tierra adentro y en el norte peninsular es un cultivo de invernadero frío o de maceta grande que se recoge en invierno, y en esas condiciones rara vez fructifica bien.

Necesita sol pleno y protección de los vientos fuertes: la madera es algo quebradiza y las ramas cargadas de fruta se desgajan con facilidad. Un detalle práctico que se olvida: el sistema radicular es vigoroso y superficial, así que no conviene plantarlo a menos de 6-8 metros de muros, soleras, piscinas o canalizaciones.

Suelo y riego

Es un árbol tolerante en cuanto a textura —vive en suelos arenosos y en arcillosos—, pero absolutamente intransigente con el encharcamiento. El drenaje es la condición no negociable. En terreno pesado, la plantación se hace sobre caballón o lomo elevado de 30-40 cm, igual que se haría con un aguacate, para mantener el cuello por encima del agua.

Acepta pH de 6 a 7,5 y soporta algo de caliza mejor que el aguacate, aunque en suelos muy básicos aparece clorosis y hay que corregir con quelato de hierro EDDHA a la salida del invierno.

El riego ha de ser regular durante la floración y el engorde del fruto: la falta de agua en esa fase provoca caída masiva de frutos cuajados, que es la causa más común de decepción con este árbol. En verano mediterráneo, riego por goteo cada 2 o 3 días en árbol adulto, siempre con el suelo aireado entre riegos. En invierno se espacia mucho.

Una vez establecido —tres o cuatro años— resiste periodos secos bastante bien, pero resistir la sequía y producir fruta son cosas distintas. Un acolchado orgánico de 8-10 cm, retirado unos centímetros del tronco, mantiene humedad y frescor en las raíces superficiales.

Plantación, abonado y poda

El mejor momento para plantar es la primavera, ya pasado el riesgo de heladas, para que el árbol disponga de toda la temporada cálida para enraizar antes de su primer invierno. Marco de plantación amplio: 7 u 8 metros entre árboles si se plantan varios.

Para el abonado, materia orgánica bien compostada a finales de invierno y un fertilizante equilibrado con microelementos repartido en la primavera y el verano. Cuidado con el exceso de nitrógeno: dispara el crecimiento vegetativo a costa de la fructificación y produce brotes tiernos que se dañan con el primer frío.

La poda tiene aquí una función clara: contener el tamaño. Un zapote blanco abandonado se va a 12 metros y la fruta acaba fuera de todo alcance, cayendo al suelo y reventando. Se despunta el eje a 2,5-3 m en los primeros años para forzar ramificación baja, y después se mantiene una copa abierta de 3 a 5 metros con podas ligeras anuales tras la cosecha. Las podas fuertes en pleno invierno exponen madera nueva a las heladas y conviene evitarlas.

Multiplicación

La semilla germina fácilmente si se siembra fresca, recién extraída del fruto y sin dejar secar, a 22-28 °C; brota en dos o tres semanas. El problema es doble: el árbol resultante tarda de 5 a 8 años en fructificar y no reproduce las características de la madre, de modo que la calidad de la fruta es una lotería. Las plántulas de semilla sirven sobre todo como patrón.

Lo recomendable es partir de planta injertada de una variedad conocida, que entra en producción en 3 o 4 años y da fruta previsible. El injerto de escudete o de púa lateral se realiza en primavera, sobre patrón de un año con el grosor de un lápiz.

Entre las variedades seleccionadas, las más difundidas son 'Suebelle', semienana, autofértil y de floración escalonada, que es la más adecuada para un jardín particular; 'Pike', de fruto grande y buena calidad; y 'Vernon' o 'Wilson', de porte más vigoroso. En viveros españoles la oferta es limitada y a menudo solo hay planta de semilla: merece la pena preguntar y, si es el caso, asumir conscientemente la espera y la incertidumbre.

Recolección y conservación

Aquí está el otro gran fallo habitual. El zapote blanco no debe madurar en el árbol. La piel es finísima y el fruto maduro cae y se destroza al golpear el suelo. Se recolecta a mano cuando la piel pasa de verde intenso a verde claro o amarillento y la pulpa cede muy levemente a la presión, y se termina de madurar en casa, a temperatura ambiente, en tres a seis días. Un fruto tomado a tiempo y madurado dentro es dulce y cremoso; el mismo fruto arrancado demasiado verde nunca llega a endulzar y queda amargo.

Una vez maduro dura muy poco, dos o tres días, y se magulla con solo mirarlo. Esa fragilidad es la razón de que casi no se vea en el mercado pese a ser una fruta excelente, y también el mejor argumento para plantarlo: es de las que solo se disfrutan si las tienes en casa.

Fruto de zapote blanco en la rama del árbol

Plagas y problemas

Mosca mediterránea de la fruta (Ceratitis capitata): el enemigo número uno en España. La piel blanda y el alto contenido en azúcar lo convierten en un objetivo preferente, y la maduración coincide con el pico poblacional de finales de verano. La defensa práctica es el embolsado de los frutos y el trampeo con mosqueros de atrayente alimenticio desde julio.

Cochinillas y pulgones en las brotaciones, con la negrilla asociada. Jabón potásico y aceite de parafina en invierno bastan en un árbol de jardín.

Podredumbre de raíz por Phytophthora: consecuencia casi siempre de suelo encharcado o de plantar el cuello demasiado hondo. Se manifiesta con hoja pequeña, amarilleo general y decaimiento. No tiene solución fácil una vez instalada; se previene con drenaje.

Caída de fruto joven tras el cuajado: es en parte fisiológica y normal, pero se agrava con estrés hídrico, viento fuerte o carencia de boro y cinc.

Lo que hay que saber sobre su composición

La pulpa madura es un alimento sin más: aporta hidratos de carbono, fibra, vitamina C, algo de vitamina A y potasio, con un contenido calórico moderado y muy poca grasa. Comerla no exige ninguna precaución especial más allá de la evidente de no tragar las semillas.

Las semillas, la corteza y las hojas son otra cosa. Contienen alcaloides y otros compuestos —casimirolida, casimiroína, zapotina, derivados de la N-benzoiltiramina— a los que se atribuyen efectos sedantes e hipotensores, y de ahí el uso tradicional del árbol en la medicina popular mexicana. Es química real, estudiada en laboratorio, no folclore inofensivo, y ese es justamente el motivo para no experimentar con ella en casa: la concentración varía enormemente entre árboles y estaciones, no hay dosis fiable posible y el efecto sobre la tensión arterial puede sumarse al de una medicación antihipertensiva o a un sedante. En este artículo no se explica ninguna forma de preparación, y con criterio.

Puntos prácticos, sin alarmismo:

No des a comer las semillas a nadie, y sobre todo recoge la fruta caída si tienes perros, que muerden el hueso sin miramientos.

Advierte a los niños de que la parte comestible es la pulpa y de que las semillas se escupen, igual que se hace con el aguacate.

Si estás en tratamiento para la tensión, con ansiolíticos o embarazada, quédate solo con la fruta y olvida cualquier preparación de hoja o semilla.

La pulpa muy próxima a la piel y a las semillas puede tener un punto amargo; conviene apurar menos y desechar esa zona, especialmente en frutos poco maduros.

En resumen

Casimiroa edulis es un frutal subtropical de montaña, más rústico de lo que su nombre exótico sugiere, cultivable al aire libre en el litoral mediterráneo y en Canarias, en la misma franja donde funcionan la chirimoya y el aguacate. Quiere sol, suelo bien drenado sin excepciones, riego constante durante el cuajado y el engorde, poda de contención para no perder la fruta a diez metros de altura, y planta injertada si se quiere cosecha en cuatro años en lugar de en ocho. Vigila la mosca de la fruta, recolecta antes de la madurez plena y termina el proceso en casa. Y ten clara la separación: la pulpa madura es un postre magnífico, las semillas y las hojas no son alimento y no deben usarse por cuenta propia.


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