El membrillero japonés es uno de esos arbustos que parecen diseñados para el bonsái: florece sobre madera vieja, engorda la base con rapidez, agradece la poda y aguanta el frío sin inmutarse. A cambio pide algo que muchos aficionados no le dan: vivir siempre a la intemperie y no ser podado en el momento equivocado. Este artículo explica cómo cultivarlo en maceta pequeña en condiciones españolas.
Qué es exactamente un Chaenomeles
Bajo el nombre comercial de membrillero japonés o membrillero de flor se venden varias especies del género Chaenomeles, todas de la familia de las rosáceas y todas caducas y espinosas. Las dos que llegan al aficionado son:
Chaenomeles japonica, arbusto bajo, de 60 cm a 1 m en suelo, ramificación muy densa y espinas cortas. Es la especie de la que procede 'Chojubai', el cultivar enano de flor roja o blanca que en Japón se considera material de shohin de primera categoría y que en Europa empieza a verse con frecuencia. Sus hojas son pequeñas de forma natural, lo que evita gran parte del trabajo de reducción foliar.
Chaenomeles speciosa, más vigorosa, de 2 a 3 m en suelo, con entrenudos más largos, hojas mayores y flores algo más grandes. Es la que se encuentra en cualquier vivero como arbusto de jardín, y de ahí sale mucho material barato para bonsái.
La floración se produce a finales de invierno y principios de primavera —en la Península, según la zona, entre finales de enero y marzo— sobre las ramillas cortas del año anterior, casi siempre antes de que broten las hojas. Ese es el rasgo que define todo su manejo. Después vienen frutos duros, verdes o amarillentos, muy aromáticos y muy ricos en pectina; son comestibles solo cocinados, en jalea, nunca crudos.
Dos particularidades que conviene conocer antes de comprar. La primera: Chaenomeles es estolonífero, emite chupones desde la base y desde raíces superficiales. Eso puede ser un incordio o una ventaja, según si se quiere un tronco único o un bosquecillo de tronco múltiple. La segunda: 'Chojubai' tiene tendencia a reflorecer fuera de temporada, y en climas suaves como el litoral mediterráneo o el sur atlántico puede abrir flores en otoño e incluso a mitad de invierno.
Ubicación: es un árbol de exterior, sin excepciones
Se vende a menudo en floristerías junto a los Ficus y las carmonas, y esa vecindad induce a error. El Chaenomeles es un arbusto de clima templado frío que necesita pasar frío para florecer. Sus yemas florales requieren un número de horas por debajo de 7 °C para romper la latencia; sin ese periodo, la floración es pobre o no llega. Dentro de casa, además, la calefacción y el aire seco lo debilitan y lo llenan de araña roja en pocas semanas.
Colocación correcta: pleno sol desde octubre hasta mayo, que es cuando induce y abre flor. En el interior peninsular y en el valle del Guadalquivir, de julio a mediados de septiembre conviene sombrear la maceta —no tanto la copa— o darle sombra desde primeras horas de la tarde. El problema del verano español no es la luz, es que el sustrato de una maceta de bonsái alcanza 45 °C y cuece las raíces finas.
En invierno resiste sin daño hasta unos -15 °C plantado en tierra, pero en maceta las raíces quedan expuestas. Por debajo de -8 °C mantenidos, conviene hundir la maceta en un arriate, arroparla con corteza o meterla en un invernadero frío sin calefacción. Nunca en casa.
Riego y calidad del agua
Es una planta de suelos frescos que no tolera ni la sequía completa ni el encharcamiento. Riega cuando la capa superficial del sustrato pierda brillo y empiece a aclararse, y hazlo hasta que el agua salga por los agujeros de drenaje. En verano, en Madrid o Zaragoza, eso puede significar dos riegos diarios en una maceta shohin; en la cornisa cantábrica, uno cada dos días.
El punto que más quebraderos de cabeza da en España es el agua caliza. Las rosáceas son sensibles a la clorosis férrica: con aguas de pH alto y mucho bicarbonato, el hierro del sustrato deja de estar disponible y las hojas amarillean dejando los nervios verdes. Si el agua del grifo de tu zona es dura, y en buena parte del Levante, Madrid o Castilla lo es, recoge agua de lluvia para este árbol o corrige el riego con unas gotas de vinagre o ácido cítrico hasta bajar el pH a 6,0-6,5. Un quelato de hierro EDDHA en primavera resuelve el episodio agudo, pero no la causa.
Sustrato y trasplante
Mezcla que funciona bien: akadama, pumita y una parte de materia orgánica en proporción aproximada 5:3:2. La fracción orgánica —turba rubia, mantillo tamizado o fibra de coco— es importante aquí más que en un pino, porque el Chaenomeles agradece un sustrato que retenga algo de humedad. Granulometría de 2 a 5 mm en macetas normales, de 1 a 3 mm en shohin. Prescinde de la tierra de jardín: se compacta y asfixia.
El momento del trasplante es el final del invierno, cuando las yemas se hinchan pero antes de que se abran. Si el árbol está a punto de florecer, se puede esperar a que termine la floración y trasplantar justo después, en marzo o abril; se pierde parte de la flor pero el árbol lo tolera igual de bien. Frecuencia: cada dos años en ejemplares jóvenes o en formación, cada tres o cuatro en árboles maduros en maceta definitiva.
Soporta bien la poda de raíz: se puede quitar un tercio del cepellón sin problemas. Aprovecha el trasplante para eliminar los estolones que no te interesen, cortándolos en su punto de nacimiento. Si en cambio quieres formar un kabudachi o un bosque de tronco múltiple, deja los que broten en buena posición: es la vía más rápida y natural de conseguirlo con esta especie.
Poda: el error que arruina la floración
Es el apartado decisivo. El Chaenomeles florece sobre las ramillas cortas formadas el año anterior. Quien poda en otoño o en invierno, siguiendo la costumbre general de podar los caducos en reposo, corta exactamente la madera que llevaba todas las yemas de flor y luego se pregunta por qué su membrillero no da una sola flor.
La regla es sencilla: la poda estructural se hace inmediatamente después de la floración, entre marzo y abril, en cuanto caen los pétalos. Ahí se acorta lo que haya crecido de más, se abren las zonas densas y se corrige la silueta. A partir de junio el árbol empieza a diferenciar las yemas florales del año siguiente, así que desde ese momento cualquier corte severo cuesta flor.
Durante el verano se puede hacer pinzado ligero de los brotes largos, dejando dos o tres hojas, sin tocar las ramillas cortas. Y hay un detalle que conviene vigilar: esta especie es propensa a la muerte regresiva de ramas. Una rama a la que se le eliminan todos los puntos de crecimiento activo tiende a secarse entera hacia atrás. Deja siempre alguna yema viva por delante del corte.
En cuanto al fruto, es vistoso pero caro en energía. En un shohin, deja uno o dos frutos como mucho y retira el resto en cuanto cuajen; un árbol pequeño cargado de membrillos llega al invierno agotado y florece mal al año siguiente.
Alambrado y formación
La madera del Chaenomeles es dura y quebradiza, y la corteza es fina y se marca con facilidad. No es un árbol para alambrados agresivos. Lo razonable es formarlo por el método de cortar y dejar crecer, aprovechando que responde con brotación abundante a cada corte y que ramifica de forma naturalmente densa.
Si necesitas alambrar, hazlo a finales de primavera o en verano, cuando las ramillas están algo más flexibles, con alambre de aluminio, protegiendo con rafia las curvas cerradas, y revisa cada tres o cuatro semanas: engorda deprisa y el alambre se clava antes de lo esperado. Mejor retirarlo a los dos meses y volver a poner que dejar una marca permanente.
Estilísticamente encaja mejor en formas de arbusto que de árbol: tronco múltiple, mata baja, semicascada, literati de aspecto salvaje. Forzarlo a un chokkan formal de tronco recto y cónico es ir contra su naturaleza y el resultado casi nunca convence.
Abonado
Es un arbusto voraz cuando crece. Un calendario que funciona en clima peninsular:
De marzo a junio, abono orgánico sólido de liberación lenta en pastillas sobre el sustrato, renovando cada tres o cuatro semanas, o bien un líquido equilibrado tipo 6-6-6 cada quince días.
Julio y agosto, suspender o reducir a la mitad. Con temperaturas por encima de 32 °C la planta está en semiparada y abonar solo aumenta el riesgo de quemar raíces.
De septiembre a mediados de noviembre, reanudar con una fórmula baja en nitrógeno y más rica en fósforo y potasio —un 4-6-8 o similar—, que favorece la maduración de la madera y la calidad de las yemas florales sin provocar brotaciones tiernas que el frío estropearía.
Plagas y enfermedades
Pulgón. Aparece con la brotación de primavera en los ápices tiernos. Con la infestación localizada basta jabón potásico; si se generaliza, un insecticida sistémico autorizado.
Oídio. Polvo blanco en hojas jóvenes, típico de finales de primavera con noches húmedas y días cálidos. Mejora la ventilación entre árboles, riega el sustrato y no la copa, y trata con azufre mojable, nunca por encima de 28 °C porque quema.
Moteado y roya. Manchas foliares en primaveras lluviosas. La medida más eficaz es recoger y quemar la hoja caída, donde inverna el hongo.
Cochinilla algodonosa, en el interior de la ramificación densa. Se controla con aceite de parafina en invierno, aprovechando que el árbol está sin hoja.
Merece mención aparte el fuego bacteriano (Erwinia amylovora), enfermedad de cuarentena en España que afecta a las rosáceas de pepita y para la que Chaenomeles es hospedante. Se manifiesta como un ennegrecimiento súbito de brotes y flores, con aspecto de quemado y la punta del brote curvada en cayado. No tiene cura en el árbol. Si sospechas de ella, no la trates por tu cuenta: comunícalo al servicio de sanidad vegetal de tu comunidad autónoma.
Errores frecuentes
Tenerlo dentro de casa. Es la causa número uno de fracaso. Sin frío invernal no hay flor, y con calefacción no hay árbol.
Podarlo en invierno. Elimina la floración de la temporada. Se poda después de florecer.
Regar con agua muy caliza sin corregir. Clorosis crónica y pérdida progresiva de vigor.
Dejar todos los chupones. Absorben el vigor del tronco principal y desdibujan el diseño. Elígelos o quítalos, pero no los ignores.
Dejar todos los frutos. Espectacular el primer año, contraproducente el segundo.
En resumen
El Chaenomeles es un bonsái de floración exigente en calendario pero indulgente en el resto. Vive fuera todo el año, quiere sol de otoño a primavera y sombra de mediodía en el verano interior, riego constante con agua poco caliza, sustrato drenante con algo de materia orgánica y trasplante a final de invierno cada dos o tres años. Se poda después de la floración y solo entonces; se forma cortando más que alambrando; se abona fuerte en primavera y con poco nitrógeno en otoño. Si respetas esos puntos, un árbol de veinte centímetros puede darte cincuenta flores en febrero, cuando prácticamente ningún otro bonsái ha despertado.