La Carmona es, probablemente, el bonsái que más gente compra primero y más gente pierde primero. Se vende en centros de jardinería y hasta en supermercados con una etiqueta que pone «bonsái de interior», y esa etiqueta es medio verdad: es de interior en España porque no aguanta nuestro invierno, no porque le guste vivir dentro de casa. Entender esa diferencia es casi todo lo que hace falta para que dure años en lugar de meses.

Bonsái de Carmona con hojas verdes brillantes

Qué planta es en realidad

Se la conoce como Carmona retusa, aunque su nombre aceptado hoy es Ehretia microphylla, y en inglés la llaman «Fukien tea» por la provincia china de Fujian. Es un arbusto perenne del sudeste asiático, de zonas cálidas y húmedas, y eso explica todo su comportamiento posterior.

La hoja es pequeña, ovalada, de un verde oscuro muy brillante, con unos puntitos blancos ásperos por el haz que se notan al tacto. Da flores blancas diminutas prácticamente todo el año si está a gusto, y después unas bayas que pasan de verde a rojo y acaban casi negras. Esa floración continua es su gran atractivo y también un buen termómetro: una Carmona que deja de florecer está diciendo que algo no le cuadra.

Luz: mucha, pero no a través del cristal a mediodía

Es el punto donde más se falla. Al ser «de interior», mucha gente la coloca en una estantería del salón, lejos de las ventanas, y allí va estirando ramas finas y largas, pierde el brillo de la hoja y deja de florecer. Necesita el sitio más luminoso de la casa: pegada a una ventana orientada al este o al sur, a poder ser con algo de sol directo por la mañana.

Lo que no tolera bien es el sol de mediodía de julio filtrado por un cristal, que concentra el calor y le quema la hoja. Si el único sitio luminoso que tienes recibe sol fuerte a esas horas, una cortina fina resuelve el problema.

En verano agradece salir fuera, a un lugar en semisombra, siempre que las noches no bajen de unos 15 ºC. Y aquí una advertencia que vale más que cualquier consejo de riego: los cambios bruscos de ubicación son la causa número uno de defoliación repentina. Si la mueves, hazlo de forma progresiva, unos días en un punto intermedio.

Riego y agua: el equilibrio que la mata o la salva

La Carmona no perdona ni la sequía ni el encharcamiento, y castiga las dos igual: tirando hojas. Lo que busca es un sustrato que nunca llegue a secarse del todo pero que tampoco se quede empapado.

En la práctica, olvida los calendarios y comprueba el sustrato. Mete un palillo de madera un par de centímetros; si sale con tierra pegada y oscura, espera. Si sale prácticamente limpio, riega. Según la época y el sitio, eso puede ser cada dos días en verano y cada cinco o seis en invierno.

El agua importa tanto como la frecuencia. Es sensible a la cal, y en buena parte de España el agua del grifo es dura. Con el tiempo se ve en las hojas: amarillean entre los nervios mientras estos siguen verdes, que es clorosis por exceso de calcio. Si puedes, usa agua de lluvia o agua osmotizada. Si no, deja reposar la del grifo veinticuatro horas y, un par de veces al año, riega con agua acidulada con unas gotas de limón.

Humedad ambiental

Viene de un clima húmedo y en un piso con calefacción se encuentra en un desierto. Cuando enciendes la calefacción en noviembre y a los diez días empieza a soltar hojas, casi siempre es esto y no el riego.

La solución barata es una bandeja con grava o arlita y un dedo de agua, con la maceta apoyada encima de la grava pero sin tocar el agua: se evapora alrededor y le crea un microclima. Pulverizar las hojas ayuda menos de lo que se cree, porque el efecto dura minutos. Y aléjala de radiadores y de la salida del aire acondicionado.

Sustrato y trasplante

Quiere un sustrato que drene rápido pero conserve algo de humedad. Una mezcla que funciona bien es akadama con pómice o kiryu a partes parecidas, con una porción menor de materia orgánica. La tierra de maceta corriente, sola, se compacta y acaba asfixiando la raíz.

El trasplante toca cada dos o tres años, en primavera, cuando empieza a mover. Es importante no pasarse podando raíz: tolera bastante peor la poda radicular agresiva que otras especies, así que quita como mucho un tercio y no la dejes sin cepellón. Después, unas semanas en semisombra y sin abonar hasta que rebrote.

Abonado

De primavera a otoño, abono líquido para bonsái cada dos o tres semanas, o abono sólido orgánico repuesto cada mes. Como florece casi todo el año, agradece un abono equilibrado más que uno muy nitrogenado, que le daría hoja a costa de flor.

En invierno, si la tienes en casa y sigue activa, puedes mantener un abonado muy diluido cada mes y medio. Nunca sobre sustrato seco ni sobre una planta recién trasplantada o que esté pasándolo mal: abonar una planta enferma la remata.

Poda y alambrado

Responde muy bien a la poda, que es lo que la hace agradecida como bonsái. Durante la época de crecimiento, deja que un brote saque cuatro o cinco hojas y córtalo dejando dos. Repitiendo eso vas cerrando la silueta y densificando la ramificación.

La poda fuerte, la de estructura, mejor a finales de invierno o al principio de la primavera. Sella los cortes grandes, porque cicatriza despacio.

Con el alambre hay que ir con tiento: la madera vieja es quebradiza y las ramas jóvenes engordan rápido, así que el alambre se clava en la corteza antes de lo que esperas. Revísalo cada tres o cuatro semanas en plena temporada y retíralo en cuanto marque. Para ramas gruesas suele ser más seguro guiar con tensores que forzar con alambre.

Detalle de las hojas y la flor blanca de la Carmona

Problemas frecuentes y qué significan

Pierde hojas de golpe. Casi siempre un cambio: de sitio, de temperatura, una corriente de aire frío, la calefacción recién encendida. Devuélvela a condiciones estables y ten paciencia; suele rebrotar.

Hojas amarillas con nervios verdes. Clorosis, normalmente por cal del agua. Cambia el agua de riego y aporta quelato de hierro.

Hojas amarillas por todas partes y sustrato húmedo permanente. Exceso de riego, con la raíz empezando a pudrirse. Deja secar, revisa el drenaje y no riegues hasta que el palillo salga limpio.

Telarañas finas y punteado claro en el haz. Araña roja, favorecida justo por el ambiente seco de interior. Sube la humedad y trata con acaricida o jabón potásico.

Moscas blancas al mover la copa o bultitos marrones en las ramas. Mosca blanca y cochinilla respectivamente, las dos habituales en interior. El jabón potásico funciona bien si se insiste cada semana durante un mes.

En resumen

La Carmona no es difícil, es exigente en cosas concretas: mucha luz, agua sin cal, humedad ambiental y estabilidad. Si le das eso, florece casi todo el año y aguanta décadas. La mayoría de las que se pierden no mueren de una enfermedad rara, sino de un radiador cerca y un rincón oscuro del salón.


Contenidos relacionados