El flamboyán es uno de los árboles más espectaculares del mundo y una de las especies que más decepciones da como bonsái. Merece la pena intentarlo, pero conviene saber de antemano a qué se enfrenta uno: hoja enorme, madera frágil, cero tolerancia a la helada y una floración que en maceta pequeña, sencillamente, no llega. Con esas cartas sobre la mesa, sí se puede conseguir un árbol de tronco imponente y base ensanchada en pocos años, que es donde está su verdadero atractivo.

Qué árbol es y de dónde viene

El flamboyán, framboyán o árbol del fuego es Delonix regia, una leguminosa de la subfamilia Caesalpinioideae originaria de los bosques secos del oeste de Madagascar, donde curiosamente está amenazada, mientras que en cultivo se ha plantado en todos los trópicos del planeta. Alcanza de 10 a 12 m de altura con una copa en parasol mucho más ancha que alta, y produce en verano racimos de flores rojo escarlata de hasta 10 cm, seguidos de legumbres leñosas que pueden pasar de medio metro.

Su hoja es bipinnada: un raquis largo del que salen entre veinte y cuarenta pares de pinnas, cada una con decenas de folíolos diminutos. Es una hoja preciosa y también el principal obstáculo técnico de esta especie como bonsái, por razones que veremos enseguida. Al anochecer los folíolos se pliegan, un movimiento nictinástico común en muchas leguminosas.

Delonix regia en flor

Dos expectativas que conviene ajustar

No va a florecer. Es la creencia más extendida y la que más frustración genera. Delonix regia florece cuando alcanza madurez y un tamaño considerable, normalmente entre los cinco y los diez años desde semilla y con varios metros de porte. Un ejemplar mantenido en maceta de bonsái, con la raíz podada cada dos años y la copa cortada continuamente, se queda en estado juvenil de forma indefinida. Las imágenes de "bonsái de flamboyán en flor" que circulan son casi siempre árboles jóvenes en contenedores grandes de vivero, no bonsáis formados. Plantéatelo como un árbol de tronco y estructura, no de flor.

La hoja se reduce, pero solo hasta cierto punto. Con poda continua y raíz confinada los folíolos se hacen minúsculos, pero el raquis sigue midiendo quince o veinte centímetros. La proporción con un árbol de 30 cm nunca será perfecta. Se puede mejorar bastante trabajando la ramificación fina y defoliando en pleno verano para forzar hojas más cortas, aunque hay que aceptar que el flamboyán no dará jamás la finura de un olmo.

Si lo que buscas es la estética del flamboyán con hoja realmente proporcionada, existen parientes mucho más manejables: Delonix decaryi y Delonix pumila, también de Madagascar, de hoja diminuta y base engrosada en caudex, muy apreciados en el bonsái tropical. Son difíciles de encontrar en España pero se consiguen por semilla en proveedores especializados.

Dónde se puede cultivar en España

Es una especie estrictamente tropical. Sufre por debajo de 10 °C y muere con la primera helada; incluso una noche a 0 °C mata a un ejemplar joven en maceta. En la práctica esto significa:

Canarias, especialmente las zonas costeras del sur, y algunos puntos muy resguardados del litoral de Málaga, Almería, Murcia y Alicante: puede vivir fuera todo el año, con protección los inviernos duros.

Resto de la Península y Baleares: fuera de mayo a octubre y dentro el resto del año. La invernada es la fase crítica del cultivo y merece hacerse bien. Necesita una habitación luminosa, lo más cerca posible de una ventana orientada al sur, con temperatura mínima entre 12 y 15 °C. Con temperaturas más bajas el árbol se para y peligra; con más calor sigue vegetando y produce brotes largos y débiles por falta de luz.

Es normal que en invierno pierda toda la hoja, incluso dentro de casa. Delonix regia es caducifolia en la estación seca de su hábitat, y responde a la caída de la luz y la temperatura desprendiéndose del follaje. No es un síntoma de enfermedad y no hay que compensarlo regando más: al contrario, mientras esté sin hoja hay que reducir el riego drásticamente.

Obtención del material: la semilla es el camino

Casi nadie vende prebonsáis de flamboyán, así que lo habitual es partir de semilla, que además es fácil de conseguir de cualquier árbol de calle en Canarias o Andalucía oriental.

La semilla tiene una cubierta impermeable y no germina sin tratamiento previo. Dos métodos funcionan bien: lijar un lateral de la semilla con papel de lija hasta ver el color claro del interior, o sumergirla en agua muy caliente —no hirviendo, alrededor de 80 °C— y dejarla en remojo veinticuatro horas hasta que se hinche. Las que no se hinchen, repite el proceso.

Siembra a un centímetro de profundidad en sustrato ligero, mantén entre 25 y 30 °C y con humedad constante. Germina en una o dos semanas. Es una planta de crecimiento explosivo: en la primera temporada puede pasar del metro si tiene calor y espacio radicular.

Formación del tronco

Aquí está la gracia de la especie. El flamboyán engorda muy rápido y desarrolla de forma espontánea una base ensanchada con raíces contrafuerte muy marcadas, que es exactamente lo que en bonsái cuesta años conseguir en otras especies.

El procedimiento clásico: planta el ejemplar joven en un contenedor grande, un macetón de 30 o 40 litros, o en cantero si vives donde puede pasar el invierno fuera, y déjalo crecer sin podar dos o tres temporadas hasta que el tronco alcance el grosor que quieras. Solo entonces se hace el corte de tronco, a la altura prevista, en plena primavera y con el árbol en actividad. Rebrota con fuerza por debajo del corte y de esos brotes se elige el que continuará el tronco.

Para favorecer el nebari, en los primeros trasplantes coloca la planta sobre una teja plana o un disco de plástico bajo la base: obliga a las raíces a extenderse en radial en lugar de bajar. Elimina las raíces que crucen y las que salgan hacia abajo, y deja tres o cuatro principales bien repartidas.

Bonsái de flamboyán

Poda, pinzado y alambrado

Las podas fuertes se hacen a principios de primavera, cuando el árbol vuelve a arrancar tras la invernada, porque es el momento en que mejor cicatriza y mejor rebrota. Corta siempre por encima de una yema o de un nudo visible; el flamboyán rebrota bien de madera vieja si el ejemplar está vigoroso, pero una rama muy debilitada puede secarse hacia atrás.

Durante el verano se pinzan los brotes en cuanto emiten tres o cuatro hojas, dejando una o dos. Ese trabajo repetido es lo que va acortando los entrenudos y densificando la ramificación. Si el árbol está fuerte, a mediados de julio puedes defoliar retirando las hojas y dejando el peciolo: la brotación siguiente sale con raquis más corto. No defolies dos veces el mismo año ni defolies un árbol recién trasplantado.

El alambrado hay que tomárselo con cautela. La madera joven es flexible pero se parte con facilidad al aplicar torsión, y la corteza, verde y tierna, se marca en pocas semanas de crecimiento rápido. Alambra en verde, con alambre de aluminio fino, sin apretar, y revisa cada quince días. En un árbol que engorda a este ritmo, un alambre olvidado un mes deja cicatriz para siempre. En general, con esta especie se consigue más cortando en el lugar adecuado que curvando.

Sustrato, riego y abonado

Sustrato. Muy drenante y con algo de retención: pumita o puzolana al 50 %, akadama al 30 % y un 20 % de componente orgánico, con granulometría de 3 a 6 mm. Tolera bien sustratos más ricos durante la fase de engorde, cuando lo que interesa es crecer rápido.

Riego. Abundante durante todo el periodo vegetativo; en verano, en maceta y a pleno sol, puede necesitar dos riegos diarios. En invierno, con el árbol sin hoja y en reposo, riega solo lo justo para que el cepellón no llegue a secarse por completo, tal vez una vez cada diez o quince días. El exceso de agua con temperatura baja y sin hoja es la causa más común de pudrición de raíz en esta especie.

Abonado. De abril a septiembre. Al ser leguminosa no necesita nitrógeno abundante, pero crece tanto que agradece el aporte: un equilibrado 6-6-6 quincenal o abono orgánico sólido mensual va bien. Deja de abonar por completo desde octubre; alimentar un árbol que va a entrar en reposo con poca luz solo produce brotes etiolados.

Trasplante

Al ser de crecimiento rápido, en fase de formación se trasplanta todos los años; en maceta definitiva, cada dos. El momento es la primavera, cuando ya no hay riesgo de frío y el árbol muestra las primeras yemas hinchadas: en la mayor parte de España, abril o principios de mayo.

Se puede quitar hasta un tercio del cepellón. Tras el trasplante, mantenlo unas semanas en semisombra y al abrigo del viento, y no abones hasta que empiece a brotar. Un dato que sorprende a quien viene de especies templadas: sus raíces son gruesas, carnosas y algo frágiles, y no forman la maraña fina de un olmo, así que hay que cortarlas limpiamente con tijera afilada y no desenredarlas a tirones.

Problemas más habituales

Araña roja. La plaga clásica de la invernada en interior, favorecida por el aire seco de la calefacción. Se detecta por punteado amarillo en las hojas y telarañas finas en las axilas. Sube la humedad ambiental colocando la maceta sobre una bandeja con grava y agua, y trata con acaricida específico si la población está establecida.

Cochinilla algodonosa y mosca blanca. También asociadas al interior. Revisa el envés de las hojas cada semana durante el invierno.

Pudrición de raíz. Se manifiesta como una parada de crecimiento con hojas que amarillean pese al riego. Casi siempre viene de regar demasiado con temperaturas bajas. Saca el árbol, corta la raíz negra y blanda, replanta en sustrato nuevo muy drenante y reduce el riego.

Brotes largos y pálidos en invierno. Falta de luz. No es grave: pódalos en primavera y el árbol reconstruirá con brotes normales.

En resumen

El flamboyán es un bonsái para quien pueda garantizarle una invernada cálida y luminosa y no espere verlo florecer. Su fuerte es la velocidad con que forma un tronco grueso y una base con raíces contrafuerte de aspecto muy antiguo. Se parte de semilla escarificada, se engorda dos o tres años en contenedor grande, se corta el tronco en primavera y a partir de ahí se trabaja la ramificación con pinzados repetidos y alguna defoliación estival. Fuera de mayo a octubre, dentro por encima de 12 °C el resto del año, riego generoso en actividad y casi nulo cuando pierde la hoja. En Canarias es un árbol agradecido; en el resto de España, un proyecto de invernadero que da un resultado muy vistoso si se acepta lo que la especie puede dar.


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