Marzo no significa lo mismo para un arce japonés que para un pino carrasco. El primero está a punto de abrir yemas y admite un trasplante; el segundo prefiere que lo dejen tranquilo unas semanas más y que el sustrato viejo con micorrizas no se toque demasiado. Por eso un calendario único de cultivo del bonsái sirve de poco: hay que trabajar con tres relojes distintos, el de las especies de hoja caduca, el de las de hoja perenne y el de las coníferas, y ajustarlos además a la zona de la península en la que se cultiva.
Lo que sigue es ese calendario desglosado por grupos, con las fechas que funcionan en clima peninsular. Tómalas como orientación: en la costa mediterránea todo se adelanta dos o tres semanas respecto al interior de la meseta, y en la cornisa cantábrica el ciclo se alarga por ambos extremos.
Antes del calendario: mira el árbol, no el mes
La regla que evita más desastres de principiante es sencilla: las labores fuertes se hacen por estado fenológico, no por fecha. El trasplante de un caducifolio no se hace "en febrero", se hace cuando las yemas se hinchan y todavía no han abierto. El desyemado de un pino negro no se hace "el 25 de junio", se hace cuando la vela ha extendido las acículas del año y el árbol tiene vigor de sobra para sacar una segunda brotación.
Un termómetro de máximas y mínimas junto a la mesa de cultivo informa mucho mejor que un almanaque. Y una anotación por escrito de qué se hizo y cuándo evita el error clásico de acumular dos intervenciones fuertes (trasplante y poda dura, o defoliación y alambrado) en la misma temporada.
Bonsái de hoja caduca
Aquí entran el arce palmado (Acer palmatum), el arce tridente (Acer buergerianum), el olmo (Ulmus minor), la zelkova (Zelkova serrata), el carpe (Carpinus betulus), el haya, el granado (Punica granatum), el ciruelo japonés (Prunus mume) y el ginkgo. Su ciclo es el más marcado de los tres y el más fácil de leer, porque el árbol enseña en qué fase está.
Diciembre a febrero. Reposo. Es el momento de la poda estructural, con el árbol desnudo y la ramificación a la vista. Excepción importante: los arces sangran mucho savia si se hacen cortes gruesos justo cuando sube la savia, a finales de invierno. En arces conviene reservar los cortes grandes para el otoño, tras la caída de la hoja, o para pleno verano después de una defoliación.
Finales de invierno. Ventana de trasplante, cuando la yema se hincha pero no ha abierto. En Levante y el sur suele caer a mediados de febrero; en la meseta, en marzo. Se poda raíz, se renueva sustrato y se recorta un tercio del cepellón como máximo en árboles ya formados. Después del trasplante, de cuatro a seis semanas sin abonar y en un sitio protegido del viento.
Marzo y abril. Brotación. Empieza el pinzado: se deja que el brote saque tres o cuatro pares de hojas y se corta a uno o dos. Ese gesto repetido es lo que acorta entrenudos y densifica la ramificación. Es también buena época para alambrar brotes tiernos, pero con vigilancia: en plena explosión de crecimiento el alambre puede marcar la corteza en tres semanas.
Mayo y junio. Abonado en firme y, si el árbol está sano y bien enraizado, defoliación total o parcial en junio. La defoliación reduce el tamaño de la hoja y fuerza una segunda brotación más fina, pero es una intervención exigente: nunca dos años seguidos, nunca sobre un árbol trasplantado esa misma primavera y nunca sobre ejemplares débiles.
Julio y agosto. Supervivencia. En el interior peninsular, con 38 °C y aire seco, el arce palmado quema los bordes de la hoja con facilidad. Media sombra en las horas centrales, protección del viento seco y riego atento. Se suspende el abonado nitrogenado con calor extremo, porque el árbol no crece y las sales se acumulan.
Septiembre y octubre. Segunda brotación y abonado de otoño, bajo en nitrógeno y con más potasio, que es lo que ayuda a lignificar los brotes del año y a preparar el invierno. Buena época para alambrar.
Noviembre. Caída de hoja, limpieza de restos vegetales del sustrato y tratamiento preventivo con cobre. Retirar la hojarasca no es cosmética: ahí invernan esporas y huevos.
Bonsái de hoja perenne
Este grupo es el que más confusión genera, porque bajo la etiqueta "perenne" se meten dos cosas que exigen calendarios opuestos: los perennes mediterráneos, que viven en el exterior todo el año, y los tropicales y subtropicales, que en la península no aguantan el invierno a la intemperie salvo en la costa más cálida.
En el primer bloque están el olivo y el acebuche (Olea europaea), la encina (Quercus ilex), el boj (Buxus sempervirens), el mirto (Myrtus communis), la piracanta, el cotoneaster y el aligustre (Ligustrum). Su trasplante va más tarde que el de los caducifolios: abril y mayo, cuando el suelo ya está templado. El olivo, en concreto, arranca raíces con calor, no con frío, y trasplantado en febrero se queda parado y se pudre con facilidad. La poda de estructura del olivo se hace bien en primavera, aprovechando que rebrota de madera vieja como pocas especies. El abonado se reparte de forma más continua que en los caducifolios, porque estas especies siguen creciendo en otoño mientras haya temperatura.
Mención aparte para el boj: desde la llegada de la oruga del boj (Cydalima perspectalis) hay que revisarlo de abril a octubre y tratar con Bacillus thuringiensis en cuanto aparezcan las primeras larvas. Un boj bonsái puede quedar defoliado en una semana.
En el segundo bloque están el ficus (Ficus retusa, Ficus rubiginosa, Ficus benjamina), la carmona, la serissa y la sageretia, que es lo que se vende en centros comerciales como "bonsái de interior". Su calendario es casi el inverso: de mayo a octubre salen al exterior, en semisombra al principio para que se aclimaten, y ahí crecen más en un verano que en tres inviernos dentro de casa. Se entran cuando las mínimas nocturnas bajan de 12 °C. El trasplante se hace en pleno calor, entre finales de primavera y verano, que es cuando tienen energía para reponer raíz. En invierno, junto a una ventana muy luminosa y lejos del radiador: el aire seco de la calefacción es lo que dispara la araña roja y provoca esa caída masiva de hojas que se suele atribuir a falta de riego.
Bonsái de conífera
Pinos (Pinus halepensis, Pinus pinea, Pinus sylvestris, Pinus thunbergii, Pinus parviflora), enebros y sabinas (Juniperus chinensis, Juniperus sabina, Juniperus phoenicea), tejo (Taxus baccata), criptomeria y piceas. Es el grupo que menos perdona los errores de calendario, porque su respuesta a una mala intervención tarda meses en verse: una conífera puede seguir verde varias semanas después de estar muerta.
Trasplante. A principios de primavera, cuando las velas empiezan a moverse, con una segunda ventana a principios de otoño en zonas de invierno suave. Nunca a raíz desnuda: se conserva parte del sustrato viejo, porque contiene las micorrizas de las que depende la nutrición del pino. Ese hongo blanquecino que aparece entre las raíces no es una plaga, es lo mejor que le puede pasar al árbol.
Pinos de dos acículas. El desyemado o corte de velas de finales de junio corta la vela del año para forzar una segunda brotación de acícula más corta. Es una técnica solo para ejemplares vigorosos, bien establecidos y ya formados; aplicada a un pino débil o recién trasplantado, lo debilita sin remedio. Los pinos de cinco acículas, como el Pinus parviflora, no se desyeman: se seleccionan y acortan velas en primavera y se hace deshojado de acícula vieja en otoño.
Enebros y sabinas. El pinzado se hace con los dedos, tirando y girando suavemente del brote tierno, de marzo a octubre. Cortado con tijera, el follaje escamoso se pardea en los extremos y el árbol tarda semanas en recuperar el aspecto. Este es uno de los errores más repetidos en enebros de vivero.
Alambrado. Las coníferas admiten alambre casi todo el año, y el otoño y el invierno son buen momento porque el árbol está parado y las ramas se manipulan con menos riesgo de desgarro. Revisar el alambre en primavera es obligatorio.
Jin y shari. El trabajo de madera muerta y la aplicación de polisulfuro de calcio se hacen en otoño e invierno, con el árbol en reposo y en días sin sol directo fuerte, para que el producto no queme el cámbium vivo de los bordes.
El riego no cabe en un calendario
Ninguna tabla puede decir cuántas veces regar por semana, porque eso depende del tamaño de la maceta, del sustrato, del viento y del día concreto. La referencia útil es el estado del sustrato: se riega cuando la capa superficial empieza a secarse, y entonces se riega a fondo, hasta que sale agua por los agujeros de drenaje, y se repite la pasada un minuto después. Regar poco y a diario, "para no encharcar", deja el interior del cepellón permanentemente seco y es lo que mata más bonsáis en verano que cualquier plaga.
En julio y agosto, en el interior peninsular, un bonsái pequeño en akadama puede necesitar dos riegos diarios; en enero, uno cada cuatro o cinco días. Con aguas duras, muy frecuentes en buena parte de España, conviene reservar agua de lluvia para arces y azaleas, que acusan la cal en forma de clorosis y de bordes quemados.
Plagas y enfermedades a lo largo del año
Marzo a mayo: pulgón en brotes tiernos de arce, granado y frutales; oídio en las primeras noches húmedas. Junio a septiembre: araña roja con calor seco, muy típica en coníferas y ficus, detectable por el punteado amarillento del envés antes de que se vea la telaraña; cochinilla algodonosa en olivo y ligustro. Otoño e invierno: tratamiento preventivo con cobre tras la caída de hoja y aceite de parafina contra formas invernantes de cochinilla y ácaros. El resto del año, la mejor herramienta es dar la vuelta a las hojas una vez por semana.
Invernada: proteger la maceta, no el árbol
Un arce o un olmo necesitan frío para completar el reposo, y meterlos en casa "para que no pasen frío" les rompe el ciclo y los debilita año tras año. Lo que sí es vulnerable es la raíz: en el suelo estaría aislada por metros de tierra, y en una maceta plana se congela en pocas horas. Por debajo de unos -5 °C conviene hundir la maceta en un arriate, cubrirla con corteza o mulch, o meter el árbol en un invernadero frío o un cajón protegido. Las ramas aguantan mucho más que las raíces.
En perennes y coníferas, el enemigo del invierno no es la helada sino la desecación por viento frío: la hoja sigue transpirando y la raíz, con el sustrato helado, no puede reponer agua. Un sitio resguardado del viento resuelve el problema mejor que cualquier manta térmica.
Errores frecuentes de calendario
Trasplantar en otoño un caducifolio en zona de inviernos duros, con lo que la raíz cortada no tiene tiempo de cicatrizar. Abonar recién trasplantado y quemar las raíces nuevas. Podar en verde un pino como si fuera un olmo. Encadenar trasplante, poda dura y alambrado en la misma primavera. Dejar el alambre puesto "hasta que el árbol se acostumbre" y encontrarse en septiembre con una cicatriz en espiral que tardará años en desaparecer. Y comprar en diciembre un ficus etiquetado como bonsái de interior, dejarlo sobre una estantería sin luz y concluir que el bonsái es difícil.
En resumen
El calendario del bonsái se organiza por grupos: los caducifolios se trasplantan y podan a finales de invierno, se pinzan en primavera y se defolian en junio si están fuertes; los perennes mediterráneos se trasplantan más tarde, ya con calor, mientras que los tropicales salen fuera de mayo a octubre y se trasplantan en verano; las coníferas se trasplantan al arrancar las velas, conservando micorrizas, se desyeman a finales de junio solo si son pinos vigorosos de dos acículas y se alambran en otoño e invierno. El riego se decide mirando el sustrato, no el día de la semana, y la invernada consiste en proteger la maceta dejando que el árbol pase el frío que le corresponde. Anotar cada intervención y no acumular dos labores fuertes en la misma temporada vale más que cualquier tabla impresa.