El tronco es la parte del bonsái que más cuesta cambiar y la que más pesa en el resultado final. Las ramas se pueden podar y rehacer en dos o tres temporadas; la copa se rellena sola con el tiempo. Pero un tronco recto, sin conicidad y con la base estrecha condena al árbol para siempre, por muy bien alambrada que esté la ramificación. Por eso la regla clásica del cultivo es primero el tronco, después las ramas y al final el detalle, y por eso conviene entender que formar un tronco no es una tarea de un fin de semana, sino un trabajo de años que combina engorde, cortes drásticos y alambrado.

En este artículo vas a ver las tres vías reales para dar forma a un tronco: dejarlo crecer para que engorde, cortarlo para crear conicidad y movimiento, y alambrarlo para colocar las curvas donde tú quieras. Casi ningún árbol se hace con una sola de ellas.

Qué buscamos en un tronco bien formado

Antes de tocar nada conviene saber qué se persigue, porque los tres defectos más habituales del bonsái aficionado están todos en el tronco.

Conicidad. El tronco debe adelgazar de forma continua desde la base hasta el ápice. Un tronco que sube con el mismo grosor durante 20 centímetros y luego se corta en seco parece lo que es: un palo cortado. La conicidad es lo que da sensación de edad y de altura, aunque el árbol mida 30 centímetros.

Nebari. La base ensanchada, con raíces superficiales repartidas en radio alrededor del tronco, es lo que ancla visualmente el árbol al suelo. Un nebari amplio hace parecer al tronco más grueso y más viejo de lo que es. Se trabaja en el trasplante, cortando raíces gruesas verticales y favoreciendo las radiales, no con alambre.

Movimiento. No hace falta que el tronco sea retorcido, pero sí que tenga cambios de dirección coherentes, con los giros más amplios abajo y más cerrados arriba. Las curvas idénticas y equidistantes, tipo muelle, delatan un alambrado hecho sin criterio.

Y una advertencia que ahorra mucho tiempo: el tronco solo engorda mientras el árbol crece libre. Un ejemplar podado con frecuencia en una maceta pequeña de bonsái prácticamente no aumenta de diámetro. Si tu árbol tiene un tronco fino y quieres que sea grueso, el trabajo de alambrado no es lo primero que necesita.

Engordar el tronco: el trabajo previo

El grosor se consigue con masa foliar y con tiempo. Cuantas más hojas trabajan, más azúcares se depositan en el cámbium y más rápido engrosa el tronco. Las opciones, de más rápida a más lenta:

Plantación en tierra. Es, con diferencia, lo más eficaz. Un olmo (Ulmus minor), un arce tridente (Acer buergerianum) o un granado (Punica granatum) plantados en suelo con riego pueden ganar en tres o cuatro años el grosor que en maceta tardarían quince. En el interior peninsular conviene plantar a finales de invierno, antes de la brotación.

Cajón o maceta de cultivo. Un contenedor amplio, de 30-40 litros, con sustrato drenante y abonado regular, da un ritmo intermedio y permite controlar las raíces. Es la solución para quien no tiene terreno.

Ramas de sacrificio. Es la técnica clave y la más ignorada. Se deja crecer sin podar una rama vigorosa por debajo del punto que se quiere engrosar; toda la savia que mueve engrosa el tronco justo por debajo de su inserción. Cuando el tronco alcanza el diámetro buscado, se elimina la rama de sacrificio. Ojo: si se deja demasiados años, deja una cicatriz enorme y un abultamiento antiestético. Lo habitual es retirarla cuando su base ronda el dedo pulgar, y hacerlo en dos etapas para reducir el impacto.

Durante esta fase de engorde el árbol no parece un bonsái, y no debe parecerlo. Es un error muy extendido intentar mantener la silueta bonita mientras se quiere engrosar: son objetivos incompatibles.

Bonsái de arce con tronco cónico y buena base

El corte de tronco: crear conicidad y cambios de dirección

El corte drástico del tronco, o trunk chop, es la herramienta que convierte un árbol de vivero recto en un bonsái con carácter. Consiste en cortar el tronco a poca altura y dejar que un brote nuevo se convierta en la continuación. Como ese brote siempre será más fino que el tronco cortado, cada corte genera un escalón de conicidad; y como se elige el brote que sale del lado adecuado, cada corte genera también un cambio de dirección.

Cuándo. En caducifolios (arces, olmos, carpes, granados), a finales de invierno o justo al inicio de la brotación, entre febrero y marzo en la mayor parte de España. El árbol tiene reservas y responde con muchos brotes adventicios. En coníferas la cosa cambia radicalmente: los pinos y la mayoría de Juniperus no rebrotan de madera vieja sin hojas, así que nunca se corta un tronco por debajo de vegetación viva. En ellos la conicidad se logra con alambre, con jin y shari, o eligiendo una rama baja ya existente como nuevo ápice.

Cómo. Corte en bisel, con la cara inclinada hacia atrás si se quiere que el nuevo líder salga por delante, y sellado con pasta cicatrizante. Es mejor cortar dejando unos centímetros de más: la parte alta se secará y siempre se puede rebajar después, pero no se puede añadir tronco. Una vez el brote elegido tiene grosor, se recorta el tocón en cóncavo con alicate y se deja cerrar la herida durante varias temporadas.

La variante oriental de esta técnica es el corte y rebrote (clip and grow), muy usada en olmos y en olivo (Olea europaea): se deja alargar un brote, se corta sobre una yema orientada al lado contrario, se deja alargar el nuevo, y así sucesivamente. El resultado son curvas angulosas, con nudos, más naturales en caducifolios que las curvas suaves del alambre. Es más lento pero no deja marcas de alambre.

Alambrar el tronco

El alambre no engorda, no cura y no acelera nada: solo mantiene el tronco en la posición que le des hasta que la madera lignifica en esa forma. Por eso funciona bien en material joven y flexible, y cada vez peor a medida que el tronco engrosa.

Qué alambre elegir

Aluminio anodizado (el de color marrón oscuro) para caducifolios, para cortezas delicadas y para quien empieza: es blando, se coloca con las manos y se reposiciona. Los calibres útiles van de 1 a 6 mm.

Cobre recocido para coníferas: sujeta mucho más con menos sección porque endurece al trabajarlo, así que resulta más discreto, pero es menos perdonable y marca antes.

La regla práctica del calibre es usar un alambre de aproximadamente un tercio del diámetro de la parte que vas a doblar. Si el alambre se dobla y la madera no, te has quedado corto: cámbialo en lugar de añadir vueltas. Para troncos gruesos se recurre al doble alambrado, dos hilos paralelos del mismo calibre, que sujeta mucho mejor que uno solo del doble de grosor y es más fácil de aplicar.

Cómo colocarlo

Empieza por anclar el alambre: clavado en el sustrato hasta el fondo de la maceta, o sujeto en una raíz gruesa o en la base del tronco. Un alambre sin anclaje gira sobre sí mismo y no dobla nada.

Enrolla en espiral a unos 45 grados respecto al eje del tronco. Más tumbado sujeta poco; más vertical no acompaña la curva y estrangula. Mantén las vueltas equidistantes y no dejes que el alambre se cruce sobre sí mismo. Ve girando en el sentido de la curva que quieres dar: si doblas hacia el lado contrario al que enrollaste, el alambre se separa de la corteza y pierde eficacia.

Deja el alambre ligeramente holgado, con un pelo de aire entre el metal y la corteza. Apretado no sujeta mejor, solo marca antes.

Con el alambre puesto, dobla sujetando el tronco con las dos manos, con los pulgares por la cara interior de la curva, y hazlo con un movimiento continuo mientras giras ligeramente. No dobles a tirones ni fuerces siempre por el mismo punto.

Cuándo alambrar

En caducifolios, a finales de invierno con el árbol sin hoja: se ve la estructura y no se rompen brotes. También funciona a principios de verano, con la madera del año ya semilignificada. Evita alambrar en plena brotación primaveral, cuando la corteza se desprende con facilidad.

En coníferas, de otoño a invierno, con el árbol en reposo. Es cuando peor cicatrizan las heridas pero también cuando menos engordan, así que el alambre puede quedarse más tiempo sin marcar.

No alambres nunca un árbol recién trasplantado, débil, con plaga o en pleno estrés de calor. Y no combines trasplante y doblado fuerte del tronco en la misma temporada: son dos agresiones grandes a la vez.

Cuando el alambre no basta

A partir de cierto grosor, el tronco simplemente no cede o se parte. Ahí entran otras herramientas:

Rafia o cinta elástica de alambrado enrollada sobre el tronco antes del alambre. Reparte la presión, comprime los tejidos y permite doblados bastante más agresivos sin que reviente la corteza. Se moja la rafia natural antes de usarla.

Tensores y tirantes. Un cable con tensor anclado a la maceta o a un punto bajo del tronco permite tirar de forma progresiva durante meses, apretando un poco cada pocas semanas. Es mucho más seguro que un doblado brusco.

Hendido del tronco. En coníferas gruesas, sobre todo Juniperus, se abre el tronco longitudinalmente en dos o más porciones con sierra o cuñas, se dobla y se venda. Es una técnica avanzada, con riesgo real de perder el árbol, y no se improvisa.

Y siempre queda la opción más honesta: si el tronco no da lo que quieres, cámbialo de estilo. Un tronco recto y grueso no tiene por qué convertirse en un moyogi forzado; puede ser un chokkan o un literati magnífico.

Bonsái con el tronco alambrado en espiral

Cuánto tiempo debe estar puesto el alambre

No hay un número universal: el alambre se retira cuando la rama o el tronco mantienen la forma por sí solos, y nunca más tarde de que empiece a clavarse. Como referencia:

En caducifolios de crecimiento rápido (arce, olmo, ficus, granado) el alambre puede marcar en seis u ocho semanas de primavera. Suele bastar con una temporada de vegetación para fijar ramas finas, y hacen falta varias aplicaciones sucesivas para fijar un tronco.

En coníferas (pino carrasco, pino negro, enebros) el proceso es mucho más lento: entre seis meses y dos años, y a veces más en madera vieja. Engordan poco, así que el riesgo de marca es menor, pero hay que seguir revisando.

Un tronco grueso rara vez queda fijado a la primera. Lo normal es alambrar, retirar antes de que marque, dejar descansar unos meses y volver a alambrar. Cada ciclo consolida un poco más la curva.

Revisa cada dos o tres semanas durante la temporada de crecimiento. Es el consejo más útil de todo el artículo. Basta con pasar la uña por el borde del alambre: si notas que la corteza empieza a montar sobre el metal, retíralo ya.

Y cuando lo retires, córtalo a trocitos con alicate de corte, vuelta a vuelta. Desenrollar tirando parece más limpio y más barato, pero es la forma habitual de romper la rama que acabas de formar, y desgarra corteza. El alambre usado no se reutiliza.

Si el alambre ya se ha clavado, retíralo igualmente. La marca en caducifolios de corteza lisa como el arce puede tardar años en desaparecer, o no desaparecer nunca; en cortezas rugosas como la del pino se disimula bastante. En coníferas, una marca espiral se puede aprovechar como inicio de un shari.

Errores frecuentes

Alambrar para engordar. No funciona. Existe la creencia de que apretar el alambre engrosa el tronco por encima del estrangulamiento; lo que se consigue es una deformación anular fea y permanente.

Empezar por la copa. Modelar ramitas de un árbol cuyo tronco todavía no está resuelto es tiempo perdido: cuando toque cortar el tronco, esas ramas desaparecen.

Curvas de muelle. Todas iguales, todas del mismo radio y en el mismo plano. Un tronco natural cambia de dirección también en profundidad, hacia delante y hacia atrás, y las curvas se cierran hacia el ápice.

Comprar planta de vivero por su altura. Para bonsái interesa la base, no lo alto que sea. Un ejemplar de un metro con tronco de dedo no vale nada; uno de 40 centímetros con base de muñeca y buen nebari es oro.

Abonar poco durante la fase de engorde. Si quieres masa foliar, el árbol necesita nitrógeno y riego abundante de marzo a septiembre. La restricción de abono tiene sentido en la fase de refinamiento, no antes.

Trabajar en verano peninsular. En julio y agosto, con 35 grados y sol directo, cualquier doblado importante o corte grande añade estrés a un árbol que ya lo está pasando mal. Reserva ese trabajo para las estaciones frescas.

En resumen

Formar el tronco de un bonsái es un proyecto de años que se apoya en tres técnicas complementarias. El engorde —plantación en tierra, cajón de cultivo y ramas de sacrificio— es la única forma de ganar diámetro, y exige renunciar temporalmente a que el árbol parezca un bonsái. Los cortes de tronco generan la conicidad y los cambios de dirección, con la salvedad importante de que en pinos y enebros no se puede cortar por debajo de vegetación viva. Y el alambrado coloca las curvas: aluminio para caducifolios, cobre para coníferas, calibre de un tercio del diámetro, espiras a 45 grados, ligeramente holgado y bien anclado.

El alambre se quita cuando la forma se sostiene sola o cuando empieza a clavarse, lo que llegue antes: semanas en un arce en primavera, meses o años en un enebro. Revísalo cada dos o tres semanas en temporada de crecimiento y retíralo siempre cortándolo con alicate. Y si algo no acaba de salir, recuerda que un tronco se puede volver a alambrar muchas veces, pero un árbol muerto por exceso de intervención no vuelve.


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