Frutos naranjas del tamaño de una canica colgando de ramas desnudas en pleno diciembre: esa estampa, la que vende el «bonsái de caqui» del vivero, no corresponde al caqui que compramos en la frutería. El árbol que la produce suele ser Diospyros rhombifolia, el caqui chino o caqui princesa. El caqui de mesa, Diospyros kaki, también se trabaja como bonsái, pero es otra historia: hoja grande difícil de reducir y fruto de 200 gramos que ninguna rama de bonsái sostiene con dignidad. Saber cuál de los dos tienes delante cambia por completo lo que puedes esperar del árbol.
Qué árbol estás cultivando
El género Diospyros pertenece a la familia de las ebenáceas, la misma del ébano, y de ahí le viene la madera densa y oscura del corazón del tronco. Todos los caquis son caducifolios: pierden la hoja en otoño después de teñirse de naranja, escarlata y bronce, y pasan el invierno completamente desnudos. Ese detalle es fundamental, porque el fruto se sujeta a la rama mucho después de la caída de la hoja. Un bonsái de caqui en enero es una silueta gris con bolas naranjas colgando, y ese es exactamente su momento de gloria.
Diospyros rhombifolia es dioica: hay pies macho y pies hembra. Los pies hembra cuajan fruto sin polinización, por partenocarpia, así que un ejemplar solo en la terraza fructifica sin problema. Los frutos miden entre 2 y 3 cm, son astringentes y no valen para comer, pero maduran en octubre y aguantan en el árbol hasta bien entrado el invierno si no vienen heladas fuertes ni pájaros hambrientos.
Diospyros kaki es el caqui de huerta que se cultiva a gran escala en la Ribera del Xúquer y en la comarca valenciana de la Costera. Variedades como 'Rojo Brillante' cuajan también sin polinizar. Como bonsái es un árbol de exposición grande: la hoja adulta ronda los 10-15 cm y no se reduce mucho ni defoliando, de modo que solo tiene sentido en tamaños medianos y grandes, con troncos de cierto grosor. Hay un tercero que verás en las etiquetas, Diospyros lotus, el guayabo o caqui negro, que se usa sobre todo como patrón de injerto y tiene hoja algo menor.
Sol, sitio y por qué no es planta de interior
Si algo acaba con este árbol durante el primer mes, es meterlo en el salón. Es un árbol de exterior durante todo el año, sin excepciones. Necesita el ciclo completo de estaciones, y en particular necesita frío invernal para romper la dormancia y brotar bien en primavera. Un caqui que pasa el invierno a 20 ºC en el interior brota descoordinado, se debilita y en dos temporadas se pierde.
Colócalo a pleno sol desde el final del invierno hasta junio. En julio y agosto, en el interior peninsular y en el sur, agradece sombra de tarde o una malla del 40 %, no tanto por la hoja como por la maceta: el cepellón recalentado por encima de 35 ºC cuece las raíces finas. Es también un árbol sensible al viento seco, que le quema los bordes de la hoja.
Riego y calidad del agua
El caqui no perdona la sequía. Tiene hoja ancha y transpira mucho, y una sola desecación seria del cepellón en agosto le provoca defoliación y caída de todos los frutos. En verano, con una maceta de bonsái, eso significa uno o dos riegos diarios, siempre hasta que el agua salga por los agujeros de drenaje. En invierno, con el árbol pelado, el consumo cae en picado: riega solo cuando la capa superficial se seque, quizá una vez por semana, porque un cepellón encharcado y frío es la vía rápida a la podredumbre radicular.
Aquí entra un problema muy español. El caqui prefiere suelos ligeramente ácidos, con un pH entre 5,5 y 6,8, y buena parte del agua de red en la Península es muy caliza. Con agua dura el sustrato se alcaliniza en una o dos temporadas y aparece la clorosis férrica: hojas amarillas con los nervios verdes marcados, empezando por los brotes nuevos. Si puedes, riega con agua de lluvia o mezclada con osmosis. Si no, corrige en primavera con quelato de hierro EDDHA, que es el único que se mantiene disponible por encima de pH 7, y acidifica el agua de vez en cuando. El sulfato de hierro espolvoreado en la maceta apenas hace nada en sustratos calizos.
Sustrato y trasplante, la parte delicada
Las raíces del caqui son gruesas, carnosas, quebradizas y, sobre todo, poco ramificadas. Un caqui no genera la maraña de raicillas finas de un olmo o un arce; hace unas pocas raíces potentes y una pivotante que tira hacia abajo. Esto tiene dos consecuencias prácticas.
La primera: el sustrato debe ser muy drenante y a la vez retentivo, porque el árbol bebe mucho pero no tolera el agua parada. Una mezcla que funciona bien es akadama al 60 %, con un 20 % de puzolana o pómice y un 20 % de kiryuzuna o grava volcánica de grano medio, de 3 a 6 mm. Evita las tierras negras compactantes y los sustratos con mucha caliza.
La segunda: la poda de raíces debe ser progresiva. No hagas de golpe la típica limpieza radical de un tercio o más. Trasplanta cada 2 o 3 años cuando el árbol es joven, y cada 3 o 4 en ejemplares hechos, siempre a finales de invierno, cuando las yemas están hinchadas pero todavía no han abierto: en la mayor parte de la Península eso cae entre finales de febrero y mediados de marzo. Reduce el cepellón poco a poco, en dos o tres trasplantes sucesivos, y sella los cortes gruesos con pasta cicatrizante. Un caqui al que se le corta media raíz de golpe puede tardar dos años en recuperar el vigor, y a veces no lo recupera.
Abonado
Es un árbol exigente, sobre todo si quieres fruto. Abona desde que brota, en marzo, hasta que empieza a amarillear la hoja en octubre. Los abonos orgánicos sólidos de liberación lenta en pastilla, repuestos cada 4 semanas, funcionan bien y evitan sobresaltos. Un matiz que marca la diferencia: baja el nitrógeno en primavera, cuando el árbol está floreciendo y cuajando. Un exceso de nitrógeno en ese momento dispara el crecimiento vegetativo y el árbol responde tirando las flores y los frutos recién cuajados. A partir de julio interesa más el potasio, que engorda y colorea el fruto. Suspende el abonado a finales de otoño; no hace falta abonar en invierno.
Poda: dónde nacen realmente las flores
Esta es la parte donde se pierden más cosechas. Las flores del caqui salen en brotes del año que nacen sobre madera del año anterior, concretamente en las yemas de la zona apical de esas ramitas. Traducido: si en invierno rebajas todas las ramas a un par de yemas basales, como se hace con muchas especies, estás cortando exactamente donde estaba la floración. Si tu objetivo es que fructifique, respeta ramitas terminales de la temporada pasada y poda de forma selectiva, aclarando las ramas cruzadas y las demasiado gruesas en lugar de rebajar todo por igual.
La poda estructural se hace tras la caída de la hoja o justo antes de brotar. El caqui brota bien de madera vieja, así que se puede reconstruir un árbol con cortes fuertes, aunque cicatriza despacio y conviene usar pasta selladora en heridas de más de un centímetro. Durante la primavera, pinza los brotes nuevos cuando hayan sacado 5 o 6 hojas, dejando 2 o 3. La defoliación total, en cambio, no la recomiendo: el caqui la acusa y la hoja no reduce lo suficiente como para compensar el desgaste.
Alambrado
La madera de Diospyros es dura y frágil, una combinación incómoda. Las ramas se parten en seco antes de doblarse, sobre todo si ya están lignificadas. Alambra en verano, sobre brotes semileñosos y todavía flexibles, con alambre de aluminio y protegiendo la corteza con rafia en las ramas de cierto calibre. Para movimientos amplios usa mejor tensores o guy wires que alambre enrollado. Y vigila: el caqui engorda rápido en pleno crecimiento y el alambre puede marcar la corteza en cuatro o cinco semanas, dejando cicatrices en espiral que tardan años en borrarse.
Conseguir y mantener el fruto
Un árbol joven o recién trasplantado no debería llevar fruta: quítala toda el año del trasplante y deja que reconstruya raíces. En un ejemplar establecido, aclara hasta dejar entre uno y tres frutos, según el tamaño del bonsái. Suena tacaño, pero cada caqui es una carga enorme para un árbol en maceta y la sobrecarga provoca vecería, es decir, que un año cargue y el siguiente no dé nada.
Es normal que a finales de junio caigan solos varios frutos recién cuajados; es la caída fisiológica y no indica que hayas hecho nada mal. Los que quedan engordan durante el verano y viran a naranja en octubre. Si tienes pájaros en la terraza, una malla fina en noviembre te salvará la estampa invernal.
Invernada
Plantado en suelo, un caqui adulto aguanta sin daños hasta unos -12 ºC o -15 ºC. En maceta la cosa cambia mucho, porque las raíces quedan expuestas y no tienen la inercia térmica del terreno. Por debajo de -5 ºC en el cepellón ya hay riesgo de daño radicular. En el litoral mediterráneo y en el sur no necesitas hacer nada. En el interior, en Castilla, Aragón o zonas de montaña, protege la maceta: entiérrala en un arriate hasta el borde, agrúpala con otras y acolcha con hojarasca, o guárdala en un invernadero frío o un porche donde no baje de 0 ºC pero siga haciendo frío de verdad. Lo que no debes hacer es sacarlo del frío por completo.
Plagas y enfermedades
La plaga más frecuente en terraza es la cochinilla algodonosa, que se esconde en las axilas de las hojas y bajo la corteza; se controla bien con jabón potásico y aceite de parafina en invierno sobre el árbol desnudo. En veranos secos aparece araña roja, delatada por un punteado amarillento y telarañas finas en el envés; subir la humedad ambiental y mojar el envés al atardecer ayuda mucho.
En cuanto a hongos, el caqui valenciano sufre la mancha foliar causada por Mycosphaerella nawae, que provoca manchas circulares oscuras y una defoliación anticipada en septiembre, justo cuando el fruto debía terminar de madurar. Se combate con higiene: retira y destruye la hojarasca caída, que es donde el hongo pasa el invierno, y ventila la copa. En zonas húmedas del norte también puede aparecer antracnosis en ramillas jóvenes.
Cómo se consigue un ejemplar
Por esquejes, olvídate: el caqui enraíza fatal por estaquilla. Por semilla funciona, pero es lento y las plántulas de Diospyros kaki no reproducen las características de la variedad madre, así que tendrás un árbol impredecible en cuanto a fruto. Lo habitual en el mundo del bonsái es comprar un prebonsái ya injertado o injertar a púa en primavera sobre patrón de Diospyros lotus, que es el que usan los viveros frutales por su rusticidad. Si vas a comprar, exige que te digan la especie exacta: si quieres frutos pequeños y proporcionados, busca Diospyros rhombifolia.
En resumen
El bonsái de caqui es un árbol de exterior, caducifolio y goloso de agua, que se cultiva a pleno sol con riegos abundantes en verano y protección del cepellón en inviernos duros del interior. Su punto débil son las raíces gruesas y frágiles, que obligan a trasplantar con calma a finales de invierno y a reducir el cepellón por etapas. El agua caliza le provoca clorosis, así que conviene agua de lluvia y quelato de hierro EDDHA cuando amarillee. Para tener fruta hay que podar respetando las ramitas del año anterior, aliviar el nitrógeno durante la floración y aclarar sin miedo hasta uno o tres frutos. Y antes de nada, comprueba qué especie tienes: el caqui princesa, Diospyros rhombifolia, es el que da esa estampa invernal de ramas desnudas con frutos naranjas que hace famoso a este bonsái.