Un baobab cultivado en maceta se pasa media vida sin una sola hoja. De noviembre a abril es un palo hinchado y gris clavado en un tiesto, y eso no es un problema de riego ni una plaga: es exactamente lo que tiene que hacer. Entender ese calendario es la mitad del trabajo, porque el error que mata a más baobabs en España es seguir regándolos cuando están desnudos.

La especie que se cultiva casi siempre es Adansonia digitata, el baobab africano, aunque también circulan semillas de las malgaches Adansonia za y Adansonia rubrostipa, esta última con el tronco más marcadamente abombado. Los cuidados son prácticamente los mismos para las tres.

Ejemplar joven de baobab cultivado como bonsái en maceta

Qué clase de bonsái es en realidad

Conviene aclararlo antes de sembrar, porque ahorra decepciones. El baobab no es un árbol de ramificación fina. Su madera es blanda, esponjosa y llena de agua; las ramas son pocas, gruesas y quebradizas; y las hojas adultas son digitadas, con cinco o siete folíolos, imposibles de reducir al tamaño de las de un arce o un olmo. Lo que se obtiene con él es un caudiciforme: una planta de tronco engrosado, con silueta de botella y una copa escueta, dentro de la familia estética de los Brachychiton, los Pachypodium o los Adenium.

Si lo que buscas es un bonsái clásico, con nebari, cónico y ramificación en abanico, el baobab no te lo va a dar por mucho que lo trabajes. Si lo que te atrae es el tronco desproporcionado y la sensación de árbol viejo en miniatura, entonces es una planta muy agradecida, porque el engrosamiento llega rápido.

De semilla, y casi solo de semilla

Los esquejes de baobab enraízan con dificultad y, cuando lo hacen, producen una planta de tallo cilíndrico que no desarrolla la raíz principal engrosada. Todo el interés del baobab como bonsái está en ese ensanchamiento de la base, y ese ensanchamiento viene del hipocótilo y de la raíz pivotante de la plántula. Por eso se siembra.

La semilla es grande, dura, con forma de riñón y una cubierta impermeable que puede aguantar años intacta. Sin tratarla, la germinación es errática y puede tardar meses. Hay dos formas fiables de romper esa latencia física:

  • Remojo en agua caliente. Calienta agua hasta que empiece a humear, sin llegar a hervir, apártala del fuego, echa las semillas y déjalas en el mismo recipiente hasta que el agua se enfríe sola. Después mantenlas en remojo 24 o 48 horas. Las que se hinchen y engorden están listas; las que sigan pequeñas y duras necesitan el segundo método.
  • Escarificación mecánica. Lija un lateral de la semilla con papel de lija de grano medio, o haz una muesca con un cortaúñas, hasta ver asomar el color claro del interior. No profundices más: si dañas el embrión, no germina. Luego, remojo de 24 horas.

Cuándo y cómo sembrar

La época en la Península es de abril a junio, cuando el calor ya se sostiene. El baobab necesita entre 25 y 30 °C para germinar bien; por debajo de 20 °C se pudre la semilla antes de brotar. Si tienes un propagador con manta térmica puedes adelantarlo a marzo, y si vives en Canarias o en la costa mediterránea sur, la ventana se estira hasta julio.

Usa macetas individuales altas, tipo alveolo profundo o maceta de 10-12 cm de altura, porque la raíz baja recta y muy rápido. El sustrato, muy drenante y pobre: mitad turba o fibra de coco y mitad arena de sílice gruesa o perlita funciona bien. Entierra la semilla a un centímetro, riega hasta empapar y mantén el sustrato apenas húmedo, nunca encharcado. La emergencia llega normalmente entre los 7 y los 21 días.

La plántula sale con dos cotiledones grandes, carnosos y de aspecto de mariposa, y las primeras hojas verdaderas son simples, no digitadas; las digitadas aparecen más tarde, con la edad. En cuanto asome, dale toda la luz que puedas: a la sombra se estira y produce un tallo largo y débil que después ya no hay forma de arreglar. En el primer verano, con calor y riego regular, es normal que alcance entre 30 y 60 cm.

Cómo se hace bonsái

El trabajo consiste en engordar la base y contener la altura. Se hace en este orden y no al revés.

Primero engordar. Durante los tres o cuatro primeros años, deja la planta en maceta amplia o, mejor, en el suelo si tienes un rincón sin heladas. Riega y abona con generosidad en verano. Un baobab confinado desde el principio en un cuenco de bonsái se queda flaco para siempre. El grosor del tronco solo se consigue dejándolo crecer libre.

Después cortar. El despunte del ápice, hecho a finales de primavera cuando ya está en plena actividad, obliga a la planta a abrir yemas laterales. El baobab responde con pocas ramas, así que cada corte cuenta: decide antes a qué altura quieres la primera bifurcación, porque no vas a poder repetir la jugada muchas veces. Los cortes gruesos supuran y tardan en secar; hazlos con hoja limpia y afilada y deja que cicatricen al aire, sin sellador, en un sitio ventilado.

El alambre, con mucha reserva. La corteza es fina y la madera cede al apretar, de modo que el alambre se clava en cuestión de semanas y deja marcas permanentes. Además, la rama recupera su posición en cuanto lo quitas. Da mejor resultado el método de clip and grow —guiar la forma solo a base de podas selectivas— o un tensor puntual con protección de rafia, revisado cada quince días.

Las raíces. En cada trasplante, empieza a repartir las raíces en horizontal y acorta poco a poco la pivotante, nunca más de un tercio de golpe. Ese trabajo, repetido cada dos o tres años, es lo que acaba levantando la base ensanchada que se ve en los ejemplares bonitos. Un baobab presentable no se consigue antes de los cinco u ocho años.

Riego: dos regímenes opuestos

Aquí está la clave de todo el cultivo.

En hoja (de abril-mayo a octubre), riega abundante cada vez que el sustrato se seque en su tercio superior. En pleno verano peninsular, con la maceta al sol, eso puede significar cada dos o tres días. La planta bebe mucho y crece rápido si no le falta agua.

Sin hoja (de octubre-noviembre a marzo-abril), se corta el riego. Literalmente. Un baobab en reposo, guardado a temperatura fresca, puede pasar el invierno entero seco, porque el agua que necesita la tiene almacenada en el tronco. Como mucho, si la maceta es pequeña y hace calor en la casa, un chorrito cada cinco o seis semanas para que no se deshidraten del todo las raíces finas. Regar un baobab dormido es la forma más rápida y más común de perderlo: la podredumbre entra por el cuello, el tronco se ablanda y cuando lo notas ya no hay marcha atrás.

La caída de hojas en otoño no es un aviso de que algo va mal. Suele empezar cuando bajan las noches de septiembre y se completa en unas semanas. La rebrotada, en cambio, es tardía: muchos ejemplares no mueven yema hasta bien entrado abril, o incluso mayo. No lo des por muerto en marzo.

Luz, temperatura e invernada

Sol directo, todo el que haya. En verano vive al aire libre sin problema en cualquier punto de España, incluido el sol de mediodía de julio en el interior peninsular.

El frío es su límite. Por debajo de 10 °C conviene tenerlo ya resguardado, y por debajo de 5 °C empiezan los daños serios; una helada lo mata. En la mayor parte de la Península hay que entrarlo en casa, en un garaje luminoso o en un invernadero frío entre octubre y abril. Como estará sin hojas, la luz durante ese periodo es casi indiferente: importa mucho más que esté seco y por encima de 10 °C que junto a la ventana. En el litoral mediterráneo cálido, en el sur de Andalucía y en Canarias puede quedarse fuera al abrigo de un muro.

Un detalle práctico: si lo tienes en el salón a 21 °C todo el invierno, es fácil que no llegue a dormir del todo y brote lánguido en enero. Mejor un sitio fresco, entre 12 y 15 °C, que le permita cerrar el ciclo.

Sustrato, trasplante y abonado

Mezcla mineral y muy porosa. Una combinación que funciona: 40 % de akadama, 30 % de pómice o picón y 30 % de arena gruesa o grava volcánica, con un pequeño porcentaje de materia orgánica si el clima es muy seco. Lo que no puede pasar es que el agua tarde en salir por el agujero de drenaje.

El trasplante se hace al final del reposo, cuando las yemas empiezan a hincharse, entre finales de marzo y mayo según la zona. Cada dos o tres años mientras es joven; después, cada cuatro o cinco. Tras el trasplante, riego moderado y a la sombra ligera una o dos semanas.

Abona solo con la planta en hoja, de mayo a septiembre. Un fertilizante bajo en nitrógeno y con buen aporte de potasio —los de cactus y crasas van bien— cada quince o veinte días, a media dosis. El exceso de nitrógeno produce entrenudos largos, hojas enormes y un tronco que no engorda: justo lo contrario de lo que interesa.

Problemas frecuentes

Tronco blando o arrugado con manchas oscuras en la base. Podredumbre por exceso de agua, casi siempre invernal. Saca la planta, corta lo podrido hasta tejido sano, deja secar los cortes varios días al aire y replanta en sustrato seco. Se salvan pocas.

Araña roja. Muy habitual en interior con calefacción, aunque en pleno reposo apenas tiene hojas que atacar. Aparece sobre todo en primavera si lo tienes dentro: punteado amarillento y telillas finas en el envés. Aumenta la ventilación y trata con acaricida o aceite de neem.

Cochinilla algodonosa en axilas y brotes tiernos. Se retira con un bastoncillo con alcohol y se trata con jabón potásico.

No brota en primavera. Antes de tirarlo, raspa un milímetro de corteza con la uña: si debajo hay verde, está vivo. Muchos baobabs esperan al calor real de mayo. Si el tronco sigue firme y pesado, ten paciencia.

En resumen

El bonsái de baobab se hace de semilla, escarificada o remojada en agua caliente y sembrada en primavera a 25-30 °C. Los primeros años se deja crecer suelto para que engorde el tronco, y solo después se empieza a podar para bajar la altura y abrir ramas; el alambre da malos resultados por lo blanda que es la madera. Quiere sol pleno, sustrato mineral, riego abundante mientras tiene hojas y nada de agua durante los cinco o seis meses que pasa desnudo, resguardado por encima de 10 °C. Asumido que nunca tendrá ramificación fina ni hojas pequeñas, es un caudiciforme espectacular y bastante más fácil de mantener vivo que muchos bonsáis tradicionales, siempre que se respete su periodo seco.


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