El otoño es la estación en la que más se decide y menos se aparenta. El árbol parece frenar, pero por debajo del sustrato está haciendo dos cosas fundamentales: emitir raíz nueva aprovechando que la tierra sigue templada mientras el aire ya se ha enfriado, y trasladar a raíces y tronco los azúcares que la hoja ha fabricado todo el verano. De cómo se maneje ese periodo depende que el árbol pase el invierno entero y que la brotación de marzo sea fuerte o floja.
El otoño español no empieza el 21 de septiembre
Antes de hablar de tareas conviene ajustar el calendario, porque los manuales traducidos del japonés o del inglés dan fechas que aquí no valen. En buena parte de España, septiembre es todavía verano: en Sevilla, Córdoba o Zaragoza se superan los 33 °C en la primera quincena, y en muchos años en la segunda.
Un reparto realista para clima peninsular sería este. Mediados de septiembre a mediados de octubre: final del verano y arranque del otoño, con una segunda brotación en muchas especies. Mediados de octubre a mediados de noviembre: otoño pleno, color, caída de hoja, máximo crecimiento radicular. Mediados de noviembre a diciembre: entrada en reposo y preparación del invierno. En la cornisa cantábrica todo se adelanta dos o tres semanas; en el litoral mediterráneo y el sur, se retrasa otras tantas.
Ubicación y luz
Lo primero que hay que hacer al bajar las temperaturas es deshacer las medidas del verano. Retira las mallas de sombreo y devuelve los árboles a pleno sol. El sol otoñal ya no quema, el ángulo de incidencia baja y la luz directa es justo lo que necesitan para tres cosas: acumular reservas, madurar y lignificar la madera del año, y en los caducos, desarrollar el color.
Es también el momento de subir las macetas a bancales si las tenías en el suelo. Los árboles apoyados directamente en el suelo durante el otoño y el invierno reciben más humedad de la cuenta, se llenan de musgo y se convierten en refugio de babosas, caracoles y cochinillas de la humedad, que roen la corteza tierna de la base.
Y no adelantes la protección invernal. Meter los árboles bajo cubierto en octubre porque "ya refresca" es contraproducente: los caducos necesitan sentir el descenso térmico progresivo para entrar en latencia de forma ordenada. La protección se pone cuando llegan las heladas de verdad, no antes.
Riego
La consigna es reducir la frecuencia sin reducir la cantidad. Cada riego debe seguir siendo a fondo, hasta que salga agua abundante por los agujeros de drenaje; lo que cambia es cada cuántos días se repite.
El motivo del descenso es doble: baja la evaporación por temperatura y horas de sol, y en los caducos baja la transpiración a medida que se pierde superficie foliar. Un arce que en agosto pedía dos riegos diarios puede pasar en noviembre con uno cada tres o cuatro días.
Dicho eso, hay dos errores clásicos en esta estación.
Regar por inercia de verano. Con el sustrato ya fresco y la planta frenando, mantener el ritmo estival encharca el cepellón, y el encharcamiento con temperaturas bajas es la vía directa a la pudrición de raíz. Comprueba siempre el sustrato con un palillo antes de regar, en lugar de guiarte por la costumbre.
Dar el otoño por resuelto. Un día despejado de octubre con viento de poniente seca una maceta shohin en unas horas. La caída de temperatura no exime de revisar los árboles a diario.
Con las lluvias otoñales aparece otro asunto que casi nadie vigila: comprueba que las macetas drenan. Un agujero obstruido por raíces o por sustrato colmatado pasa desapercibido en verano, cuando el árbol consume mucho, y se convierte en una trampa mortal cuando llegan tres semanas de lluvia. Levanta las macetas, mira los agujeros y, si una tarda en escurrir, inclínala ligeramente calzando un lateral.
Abonado
El abonado de otoño es probablemente la intervención más rentable del año y la que más a menudo se omite, porque mucha gente supone que si el árbol va a parar no necesita alimento. Es al revés: el árbol está cargando la despensa, y lo que acumule ahora es lo que gastará en la brotación de primavera, cuando todavía no tiene hoja con la que fabricar nada.
Lo que cambia respecto a la primavera es la fórmula. Interesa bajar el nitrógeno y subir el fósforo y el potasio, algo del estilo de un 4-6-8 o un 3-8-10. Razón: el nitrógeno alto en otoño provoca brotaciones tiernas y tardías que la primera helada quema, mientras que el potasio favorece la lignificación de la madera del año y aumenta la resistencia al frío. En especies de flor, además, es el periodo en que se están diferenciando las yemas florales de la temporada siguiente.
Calendario: reanuda el abonado a mediados o finales de septiembre, cuando remitan los calores, y mantenlo hasta que las hojas empiecen a caer de forma generalizada, en torno a la primera quincena de noviembre en la meseta y hasta diciembre en el litoral sur. Puedes usar abono orgánico sólido en pastillas, renovado cada tres o cuatro semanas, o líquido cada quince días.
Dos precauciones. No abones árboles trasplantados este mismo otoño hasta que muestren raíz activa. Y riega siempre antes de abonar: el abono sobre un cepellón seco quema la raíz fina.
El color otoñal: cómo se favorece
El color de otoño no es un adorno automático; depende de condiciones concretas. La hoja deja de producir clorofila al acortarse el día, quedan al descubierto los carotenoides amarillos y, en las especies que los sintetizan, se forman antocianinas rojas. Esa síntesis de rojos necesita noches frescas, días soleados y azúcares acumulados en la hoja.
De ahí las medidas prácticas: sol directo, ningún exceso de nitrógeno en las últimas semanas, y riego más bien contenido. Un arce sobrealimentado y regado en abundancia amarillea sin más y suelta la hoja.
Conviene ser realista: en gran parte de España, con noches templadas hasta bien entrado noviembre, el color otoñal nunca alcanzará la intensidad que se ve en fotos de Japón o del norte de Europa. Las especies que mejor responden en clima peninsular son Acer palmatum y Acer buergerianum, Zelkova serrata, Ginkgo biloba con un amarillo espectacular y muy fiable, Larix, Cotoneaster, Berberis y Euonymus alatus.
Alambrado: la mejor época del año
Para los caducos, el momento óptimo de alambrar es justo después de la caída de la hoja. Las razones son tres y todas buenas: se ve la estructura completa sin follaje que estorbe, la rama está flexible y sin la turgencia de la primavera, y el árbol no va a engordar durante los meses siguientes, con lo que el alambre puede permanecer puesto mucho tiempo sin clavarse.
En coníferas —pinos, juníperos, sabinas— el otoño y el invierno son igualmente la temporada clásica de alambrado, con la actividad reducida y menos riesgo de desgarrar la corteza al curvar.
Precauciones concretas. No alambres ramas congeladas: si ha helado por la noche, espera a que la rama se temple, porque el tejido helado se parte. Protege con rafia las curvas cerradas en especies de corteza fina. Y anota mentalmente una fecha: revisa todo el alambre a principios de marzo, porque en cuanto arranca la primavera el engorde es rapidísimo y un alambre que ha aguantado cuatro meses sin marcar puede clavarse en dos semanas.
Poda
Tras la caída de la hoja se puede hacer poda estructural en la mayoría de los caducos, aprovechando la misma ventaja de visibilidad que en el alambrado. Es además la época recomendada para podar arces, que en el final del invierno sangran savia de forma abundante por los cortes.
Hay excepciones importantes que conviene no olvidar: las especies que florecen sobre madera del año anterior —membrillero japonés (Chaenomeles), Prunus, glicinia, forsitia, azalea— tienen ya formadas las yemas de flor. Podarlas ahora significa quedarse sin floración en primavera. En esas especies, la poda de estructura se hace después de florecer.
En cuanto a los cortes grandes, mejor dejarlos para el final del invierno: una herida abierta hecha en octubre pasa varios meses expuesta a la humedad y a los hongos sin que el árbol pueda empezar a cerrarla.
Defoliado: no es época
Circula la idea de que defoliar en otoño acelera la entrada en reposo o mejora la ramificación. Es un error con consecuencias. El defoliado es una técnica de principios de verano, de junio a mediados de julio, y se aplica solo a árboles vigorosos y bien establecidos, para acortar entrenudos y reducir el tamaño de la hoja aprovechando que queda temporada suficiente para reconstruir el follaje.
Quitar la hoja en octubre priva al árbol precisamente de la fase en que está retirando de ella los nutrientes móviles —nitrógeno, fósforo, potasio— para almacenarlos en la madera. Un árbol defoliado en otoño entra en el invierno con las reservas incompletas y brota mal en primavera.
Lo que sí son tareas propias de esta estación son otras dos, que a veces se confunden con el defoliado:
Retirar la hoja seca que queda prendida tras la caída natural, sobre todo en carpes y hayas, que la conservan todo el invierno. Se hace por limpieza y para que no sirva de refugio a plagas, y solo cuando la hoja ya está totalmente seca.
Limpieza de acículas viejas en pinos. De octubre a noviembre se arrancan las acículas de años anteriores, empezando por la parte alta y exterior del árbol, y se aclaran los brotes dejando dos por punto. Con ello entra luz y aire al interior de la copa y se estimula la brotación interior. Es una de las intervenciones más características del otoño en bonsái, y no tiene nada que ver con defoliar un caduco.
Trasplante
El trasplante de otoño es posible, es útil y hay que hacerlo con criterio. Su fundamento es sólido: en septiembre y octubre el sustrato conserva calor mientras el aire se enfría, y muchas especies emiten en ese periodo una oleada de raíz nueva. Un árbol trasplantado entonces tiene tiempo de asentarse antes del frío y arranca la primavera siguiente con ventaja.
Pero solo se debe hacer bajo estas condiciones:
En zonas de invierno suave: litoral mediterráneo, Andalucía, Levante, Baleares, Canarias y áreas costeras atlánticas. En la meseta, Aragón interior o zonas de montaña, con heladas fuertes y tempranas, el riesgo no compensa.
Temprano: de mediados de septiembre a mediados de octubre, dejando al menos seis u ocho semanas de temperaturas suaves por delante.
Con poda de raíz moderada, mucho menor que la de primavera: retirar como mucho una cuarta parte del cepellón y no desnudar la raíz.
En especies adecuadas: perennes mediterráneas como olivo, granado, mirto, lentisco, cotoneaster, piracanta, y en general coníferas ya establecidas. Los arces japoneses, las hayas y las especies delicadas es preferible trasplantarlos al final del invierno.
Después del trasplante otoñal, resguarda el árbol del viento y protégelo de la primera helada, porque las raíces recién cortadas son mucho más vulnerables al frío.
Tratamientos fitosanitarios
El otoño es el momento de cortar el ciclo de los problemas del año siguiente, no de resolver los de este.
Recoge y elimina toda la hoja caída. Es la medida más eficaz y la más barata. Los hongos que causan moteado, antracnosis, roya y manchas foliares invernan en la hojarasca y reinfectan en primavera. No la dejes sobre el sustrato ni la eches al compost que vayas a usar en tus árboles.
Aplica un fungicida cúprico —oxicloruro de cobre o caldo bordelés— cuando el árbol haya perdido la hoja, en un día seco y sin viento y con temperatura por encima de 10 °C. Es un tratamiento preventivo que desinfecta la corteza, las yemas y las heridas. Se repite al final del invierno, antes de la brotación. Conviene saber que el cobre puede provocar fitotoxicidad si se aplica sobre hoja tierna o en especies sensibles, así que se hace siempre con el árbol desnudo.
Vigila la araña roja mientras siga el tiempo seco y cálido. En otoños largos y sin lluvia puede seguir activa hasta noviembre.
Cochinillas. El aceite de parafina, aplicado con el árbol sin hoja y con temperaturas suaves, ahoga las formas invernantes. Suele hacerse a finales de otoño o en invierno.
Caracoles y babosas. Con las primeras lluvias aparecen y roen la corteza tierna y los brotes bajos. Revisar los bajos de las macetas y las juntas del bancal es más eficaz que cualquier cebo.
Musgo y hierbas. Quita el musgo que haya invadido la superficie del sustrato: impide ver la humedad real, retiene agua en exceso y en invierno mantiene el cuello del tronco constantemente mojado.
Árboles de fruto
Cotoneaster, piracanta, majuelo, malus, caqui y Callicarpa tienen en otoño su momento de lucimiento. Dos consejos concretos: aclara los frutos dejando una cantidad proporcionada al tamaño del árbol, porque una carga excesiva agota las reservas justo cuando el árbol debería estar acumulándolas, y protege los frutos de los pájaros con una malla si los tienes en una terraza frecuentada, ya que en noviembre son de los pocos alimentos disponibles.
Preparar el invierno
La última tarea del otoño es dejarlo todo listo para el frío. Los árboles de exterior no se meten en casa: necesitan la latencia invernal y la calefacción los mata. Lo que hay que proteger es la raíz, que en una maceta plana está mucho más expuesta que en el suelo.
Cuando se anuncien heladas mantenidas por debajo de -5 °C, agrupa las macetas juntas contra una pared orientada al sur, hunde las más pequeñas en un arriate o en un cajón con corteza, o llévalas a un invernadero frío o a un porche sin calefacción. Los tropicales —ficus, carmona, sageretia, buganvilla— sí entran, y deben hacerlo antes de que las noches bajen de 10 o 12 °C, a un sitio muy luminoso.
En resumen
En otoño el árbol no descansa: fabrica raíz y llena reservas. Devuélvelo a pleno sol, espacia los riegos sin dejar de mojar a fondo, comprueba el drenaje antes de las lluvias y abona hasta la caída de la hoja con una fórmula baja en nitrógeno y rica en potasio. Aprovecha la desnudez del caduco para alambrar y hacer la poda de estructura, salvo en las especies que florecen sobre madera del año anterior. No defolies: eso es cosa de junio; lo que toca ahora es limpiar acículas viejas en los pinos y retirar hojarasca. Trasplanta solo si tu invierno es suave, temprano y con poda de raíz moderada. Y cierra la estación recogiendo toda la hoja caída, aplicando un cúprico con el árbol desnudo y organizando la protección de las macetas para el frío, que llegará antes de lo previsto.