Antes de cortar una rama que parece muerta, ráscale la corteza con la uña. Si debajo aparece verde o blanco, esa rama está viva y solo va con retraso. Ese gesto de dos segundos evita el error más frecuente en la poda de limpieza, y viene bien recordarlo antes de entrar en los dos trabajos que ocupan este artículo: cortar raíces y retirar madera muerta.

Son dos operaciones muy distintas. Una es cirugía mayor, se hace una vez cada varios años, en una ventana estrecha del calendario, y de ella depende que el árbol viva. La otra es limpieza, se puede hacer casi cualquier día del año y su riesgo es prácticamente nulo mientras el corte esté bien dado.

Por qué hay que cortar raíces

Un árbol en el suelo emite raíz nueva hacia fuera indefinidamente. En una maceta de bonsái, con dos o tres litros de sustrato, las raíces llegan al borde en una o dos temporadas y empiezan a girar sobre sí mismas. A partir de ahí ocurren tres cosas.

La primera es hidráulica: el cepellón se convierte en un fieltro compacto y el agua deja de penetrar. Riegas, ves salir agua por los agujeros y das por hecho que el árbol ha bebido, pero el agua ha bajado por los laterales sin mojar el centro. Es una de las causas más habituales de que un bonsái aparentemente bien regado se seque.

La segunda es fisiológica: las raíces que absorben son las finas y jóvenes, las de los últimos centímetros. Las gruesas solo transportan y anclan. Cuando el cepellón envejece, la proporción de raíz fina cae y el árbol come menos aunque tenga la maceta llena.

La tercera es de diseño: los nebari, ese abanico de raíces superficiales que salen del tronco y agarran el sustrato, no aparecen solos. Se construyen eliminando en cada trasplante las raíces que bajan bajo el tronco y favoreciendo las que salen radialmente.

Cuándo se cortan las raíces

El momento es el final del reposo, con las yemas hinchadas pero antes de que abran. En ese punto el árbol tiene reservas cargadas, la temperatura empieza a subir y la emisión de raíz nueva es rapidísima; una raíz cortada en ese momento cicatriza y ramifica en cuestión de semanas.

En términos de calendario peninsular:

Caducifolios (olmo, arce, carpe, zelkova, granado, membrillero): de mediados de febrero a mediados de marzo en el interior y el sur, algo más tarde en el norte y en zonas de montaña. En el litoral mediterráneo se puede adelantar a primeros de febrero.

Coníferas (pinos, enebros, sabinas): marzo, y con menos agresividad. Aguantan también un trasplante ligero a comienzos de otoño, en septiembre, cuando hay un segundo pico de actividad radicular.

Especies mediterráneas de hoja perenne (olivo, acebuche, lentisco, mirto, coscoja): más tarde, cuando el suelo ya está templado; de finales de marzo a abril, incluso mayo en el norte. Estas especies necesitan calor para emitir raíz y un trasplante prematuro con frío las deja meses sin reaccionar.

Tropicales y subtropicales (Ficus, Serissa, Carmona): en pleno calor, de mayo a julio. Al ficus, un trasplante en marzo le hace poco favor; en junio se recupera en tres semanas.

Lo que no funciona es trasplantar en otoño avanzado o en invierno. El árbol no tiene tiempo de emitir raíz nueva antes del frío y se queda todo el invierno con un cepellón herido, sin capacidad de absorber, expuesto a heladas y a pudriciones.

La frecuencia depende del vigor, no del calendario: caducifolios jóvenes y vigorosos, cada uno o dos años; olmos y ficus en cultivo intensivo pueden pedirlo cada año; coníferas maduras, cada tres a cinco; pinos viejos en maceta grande, cada cinco o más. La forma de saberlo es levantar el árbol de la maceta: si el cepellón sale entero, sujeto por una malla de raíces, toca.

Corte de raíces de un bonsái durante el trasplante

Cuánta raíz se puede quitar

La referencia habitual es hasta un tercio del volumen radicular en un caducifolio sano, y bastante menos, en torno a un cuarto, en coníferas. Pero el porcentaje importa menos que el tipo de raíz que se quita.

Se eliminan sin miedo las raíces gruesas que bajan en vertical, las que giran pegadas a la pared de la maceta, las que se cruzan por encima del nebari, y las muertas: negras, blandas, que se deshacen al apretarlas y a veces con olor agrio. Se conserva a toda costa la raíz fina y clara de los extremos, que es la que come.

Dos cautelas concretas. En pinos, nunca se lava el cepellón entero ni se elimina toda la tierra vieja: el micelio blanquecino que envuelve las raíces es la micorriza con la que el pino vive asociado, y perderla de golpe es una de las formas más rápidas de matar uno. Se trabaja por sectores, conservando parte del sustrato antiguo, y a lo largo de varios trasplantes.

En árboles recién recolectados, recién adquiridos o débiles no se toca la raíz. Primero se recupera el vigor una o dos temporadas.

Y una regla de oro que se salta mucha gente: poda de raíces y poda fuerte de ramas, el mismo año, no. Menos aún poda de raíces y defoliación. El árbol necesita follaje para reconstruir raíz y raíz para sostener follaje; quitarle ambas cosas a la vez lo deja sin margen. Un trabajo por temporada.

Paso a paso de la poda de raíces

Riega bien el árbol un par de días antes, pero llega al trasplante con el sustrato apenas húmedo: la tierra encharcada se pega y no deja peinar nada.

Prepara todo antes de sacar el árbol. Maceta limpia, mallas sobre los agujeros de drenaje, alambre de sujeción ya pasado, sustrato tamizado y sin polvo, tijera de raíces afilada, palillo o rastrillo. Una raíz al aire pierde las puntas absorbentes en minutos si hace sol o corre el viento; todo el trabajo debe hacerse a la sombra y sin pausas largas.

Libera el perímetro con una hoja fina de sierra o un cuchillo de trasplante pegado a la pared de la maceta, corta el alambre de sujeción anterior y levanta el árbol.

Peina las raíces desde el centro hacia fuera con el palillo, en sentido radial, empezando por la base y los laterales. No tires: desenreda. Retira el sustrato viejo agotado, sobre todo el barro compactado del fondo.

Ahora corta. Tijera afilada, corte limpio y perpendicular, no desgarros. Empieza por lo evidente —raíces muertas, gruesas verticales, cruzadas— y solo después reduce el perímetro para que el cepellón entre holgado en la maceta, dejando un par de centímetros libres alrededor. No se sella ningún corte de raíz: las pastas cicatrizantes son para heridas aéreas.

Aprovecha para revisar la base del tronco. Las raíces que salen y vuelven a meterse hacia abajo bajo el tronco se cortan; las que quedan por encima del nebari, cruzando la vista, también.

Coloca el árbol en la maceta sobre una pequeña loma de sustrato, en la posición y con la inclinación que quieras, y átalo con el alambre de sujeción hasta que no se mueva nada. Este punto es el que más se descuida y el que más árboles arruina: si el árbol se balancea con el viento, las raicillas nuevas se rompen una y otra vez y el árbol no arraiga nunca.

Rellena con sustrato y trabájalo con el palillo entre las raíces hasta eliminar las bolsas de aire, sin machacar. Un sustrato mineral drenante —akadama con pómez y grava volcánica en proporciones parecidas es la mezcla más usada aquí— funciona bien en nuestro clima; si vives en zona muy calurosa y seca, sube la proporción de akadama, que retiene más.

Riega a fondo, con lluvia fina y varias pasadas, hasta que el agua salga completamente limpia por los agujeros. Ese primer riego asienta el sustrato y arrastra el polvo que taponaría el drenaje.

Las semanas críticas de después

Un árbol recién trasplantado tiene mucha menos capacidad de absorber agua de la que tenía. Eso condiciona todo lo que viene:

Sombra y abrigo del viento durante tres o cuatro semanas. El viento seca la hoja mucho más rápido de lo que unas raíces heridas pueden reponer.

Protección frente a heladas. Trasplantado en febrero, el cepellón sin consolidar es vulnerable; un invernadero frío, un porche o simplemente el suelo con la maceta arropada bastan.

Riego prudente. Con pocas raíces, el sustrato tarda más en secar. Regar como si nada hubiera pasado es la vía directa a la asfixia radicular. Pulverizar el follaje ayuda más que empapar la maceta.

Nada de abono hasta que el árbol haya emitido brotación nueva y esta haya endurecido, entre tres y seis semanas. Abonar un cepellón recién cortado no acelera nada y quema puntas de raíz.

Tampoco se pinza ni se alambra en ese periodo. El árbol necesita crecer libremente para reconstruir el sistema radicular.

Ramas secas: confirmar antes de cortar

Una rama está muerta si al rascar la corteza aparece tejido marrón y seco, si se parte en seco al doblarla en lugar de flexionarse, y si no tiene ninguna yema viable. Las tres cosas, no una.

En invierno, un caducifolio entero parece muerto y no lo está. Y dentro de la misma especie hay ramas que brotan dos o tres semanas después que otras: en un carpe o en un ficus recuperándose de un susto, condenar una rama en marzo puede ser un error irreversible. Si hay duda razonable, espera a que el árbol brote del todo y decide en mayo.

La ventaja de la madera muerta es que no tiene calendario. No hay savia que perder ni cicatrización que respetar, así que se puede retirar en cualquier estación, incluso en pleno invierno o en agosto, y de hecho conviene hacerlo pronto: la madera muerta en un árbol vivo es refugio de hongos de pudrición y de perforadores, y desde ahí la infección puede progresar hacia el tejido sano.

Rama seca en un bonsái antes de retirarla

Cómo cortar la rama

Empieza retirando la ramilla en trozos si es larga, para no tener que sostener el peso mientras das el corte final. Un desgarro por peso arranca corteza viva del tronco y convierte una intervención inocua en una herida importante.

Corta hasta llegar a tejido vivo. En un corte de saneamiento se va retirando madera hasta que aparezca el cambium verde y la madera se vea clara y húmeda, no marrón y esponjosa. Si al llegar al tronco la madera sigue oscura y blanda, la pudrición ha entrado y hay que limpiar la cavidad con una gubia hasta madera firme.

El corte final se da respetando el cuello de la rama, ese ensanchamiento donde la rama se une al tronco. En jardinería general se deja el cuello intacto porque ahí está el tejido que cierra la herida. En bonsái se va un paso más allá: se usa la tenaza cóncava o esférica para dejar el corte ligeramente hundido, de manera que el callo, al crecer hacia el centro, acabe rellenando y quedando a ras del tronco en lugar de formar un bulto. Un tocón plano o saliente nunca se cierra bien y se ve para siempre.

En cortes de madera viva de más o menos un centímetro, aplica pasta selladora de bonsái en toda la superficie del corte y sobre el borde de cambium, que es por donde avanza el callo. En madera muerta y seca no hace falta sellar nada.

Una rama seca no siempre es un problema

Antes de tirarla al cubo, mírala como material de diseño. En coníferas y en especies de madera dura —enebros, sabinas, pinos, olivos, tejos— la madera muerta forma parte del lenguaje del árbol viejo: un jin es una rama muerta descortezada y trabajada, y un shari es una vena de madera muerta a lo largo del tronco. Bien colocados, cuentan la historia de un árbol que ha sobrevivido a un rayo o a una sequía.

El procedimiento es sencillo: se descorteza con alicates de jin y se deshilacha la punta tirando de las fibras, siempre en el sentido de la veta, hasta conseguir un extremo astillado y natural en lugar de un muñón cortado a escuadra. Después se deja secar y se trata con polisulfuro de calcio, que blanquea y protege de los hongos.

Ese tratamiento tiene sus reglas: se aplica con la madera seca, en día sin lluvia previsible durante veinticuatro horas, protegiendo el follaje, el sustrato y sobre todo la maceta, porque mancha la cerámica de forma permanente. Y no se aplica a pleno sol de mediodía en verano: se seca demasiado rápido y queda blanco tiza, poco creíble. Conviene renovarlo cada uno o dos años.

En caducifolios el jin encaja mucho peor, porque su madera muerta se pudre rápido y visualmente resulta forzada. Ahí lo normal es retirar la rama muerta limpiamente.

Por qué se te han secado esas ramas

Cortar la rama muerta resuelve el síntoma. Si no averiguas la causa, volverás a cortar el año que viene:

Falta de luz interior. Es lo más frecuente. Una copa densa sin aclarar deja las ramas bajas e interiores en sombra permanente y el árbol las abandona. Se corrige aclarando en verde, no cortando lo muerto.

Exceso de riego o sustrato agotado. Cuando muere raíz por asfixia, el árbol responde secando ramas enteras, típicamente las más débiles y bajas. Un bonsái que pierde ramas sin motivo aparente casi siempre tiene un problema bajo tierra.

Alambre olvidado. Un alambre que se ha incrustado estrangula la circulación y mata todo lo que queda por encima. Revisa el alambrado cada pocas semanas en temporada de crecimiento.

Chancros y hongos de madera. Zonas hundidas, corteza agrietada, exudados; en cupresáceas, el chancro por Seiridium seca ramas enteras de golpe. Se corta muy por debajo de la lesión, en madera sana, y se destruye lo cortado.

Plagas. Perforadores y cochinillas fuertes en una rama concreta explican por sí solos su muerte.

Herramientas e higiene

Tijera de raíces con hoja gruesa —cortar raíz con tijera fina la destroza, porque siempre hay algún grano de sustrato entre las hojas—, tenaza cóncava para los cortes al tronco, alicate de jin, palillo de madera o rastrillo, sierra fina para raíces gruesas.

Desinfecta entre árbol y árbol con alcohol de 70º. Al trabajar madera enferma, desinfecta también entre corte y corte, y no dejes los restos secos por el jardín: quémalos o tíralos fuera. En rosáceas como Malus, Crataegus, Pyracantha o Cotoneaster, una tijera sin limpiar puede propagar el fuego bacteriano por toda la colección.

En resumen

La poda de raíces se hace con las yemas hinchadas y antes de que abran, retirando hasta un tercio del cepellón en caducifolios y menos en coníferas, priorizando la eliminación de raíces gruesas verticales, giradas y muertas y la conservación de la raíz fina. Después vienen unas semanas de sombra, riego moderado y cero abono, con el árbol firmemente atado a la maceta.

La retirada de ramas secas no tiene fecha, pero sí condición previa: confirmar que están realmente muertas rascando la corteza y probando su flexibilidad. El corte se da con tenaza cóncava respetando el cuello de la rama, y se sella si hay madera viva implicada. Antes de tirar la rama, valora si sirve como jin. Y sobre todo, busca por qué se secó: la respuesta suele estar en la luz que no llega al interior de la copa o en unas raíces que llevan tiempo pidiendo el trasplante que este artículo describe.


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