Los estilos del bonsái no son un catálogo de moldes en los que haya que encajar un árbol. Son la descripción ordenada de las formas que los árboles adoptan en la naturaleza cuando el suelo, el viento, la nieve, la roca o la falta de luz los obligan a crecer de una manera determinada. Quien entiende esto deja de preguntarse "qué estilo le hago a mi árbol" y empieza a preguntarse "qué me está diciendo este tronco". La respuesta a la segunda pregunta es la que da bonsáis convincentes.
De dónde salen los estilos
La clasificación japonesa clásica nació de observar el monte. Un abeto en un bosque cerrado crece recto porque compite por la luz, y de ahí sale el estilo vertical formal. Un pino en un acantilado batido por el viento tiene todas las ramas hacia un lado, y de ahí el estilo barrido por el viento. Un árbol al que un desprendimiento tumbó y que siguió creciendo hacia abajo dio el estilo cascada.
Esto tiene una consecuencia práctica inmediata: los estilos son descriptivos, no prescriptivos. Un bonsái no está obligado a pertenecer a ninguno, y muchos árboles buenos quedan a caballo entre dos. La clasificación sirve para dos cosas: tener un vocabulario común y disponer de un catálogo de soluciones ya probadas cuando uno se atasca con un material difícil.
Se clasifica atendiendo a cuatro criterios que se combinan entre sí: la posición y forma del tronco, el número de troncos, la relación con la roca y las raíces y el tratamiento de la madera muerta. Un mismo árbol puede ser, a la vez, informal vertical, de tronco doble y con shari.
Estilos según la inclinación del tronco
Chokkan, vertical formal. Tronco perfectamente recto y vertical, que adelgaza de forma progresiva y continua desde la base hasta el ápice, con raíces repartidas en radial como los radios de una rueda y ramas alternas que van reduciendo su longitud hacia arriba. Es el estilo más fácil de describir y el más difícil de ejecutar: cualquier defecto de conicidad, cualquier rama mal colocada y cualquier cicatriz saltan a la vista porque no hay movimiento que los disimule. Especies típicas: pinos, abetos, alerces, criptomerias.
Moyogi, vertical informal. El más frecuente y el más agradecido. El tronco asciende con curvas, pero el conjunto se mantiene vertical y el ápice queda aproximadamente sobre la base. Dos reglas que separan un moyogi bueno de uno torpe: las curvas deben ir acompañadas de reducción del grosor —una curva sin conicidad parece una manguera— y las ramas salen del exterior de las curvas, nunca del interior. Además, las curvas se disponen en el plano lateral, no hacia el espectador, porque una curva que viene de frente se ve acortada y no se lee.
Shakan, inclinado. El tronco crece formando un ángulo de entre 15 y 45 grados con la vertical, como un árbol que se orientó buscando la luz o al que empujó el terreno. La clave estructural es que la raíz del lado opuesto a la inclinación debe estar engrosada y visible: es la que sujeta al árbol y su presencia hace creíble el conjunto. Sin ella, el árbol parece simplemente mal plantado.
Fukinagashi, barrido por el viento. Tronco inclinado y todas las ramas proyectadas hacia el mismo lado, con el follaje peinado en esa dirección. Funciona muy bien con juníperos, sabinas, pinos carrasco y tarays (Tamarix) de costa. El error habitual es dejar alguna rama contraviento: basta una para romper la ilusión.
Kengai, cascada. El ápice desciende por debajo del nivel de la base de la maceta. Reproduce el árbol de acantilado o de talud que crece hacia abajo. Se planta en maceta alta y estrecha, normalmente colocada en el extremo de una mesa para que la cascada quede libre. Requiere vigilancia especial: la savia tiende a subir a la parte alta, así que hay que podar con más energía el ápice erguido para que la parte colgante no se debilite.
Han-kengai, semicascada. El tronco cae por debajo del borde de la maceta pero no llega a superar su base. Es más fácil de equilibrar que la cascada completa y muy adecuado para especies de rama flexible.
Bunjingi, literati. Tronco fino, alto, muy movido, con la corteza trabajada y solo una pequeña masa de follaje en la parte superior. Nace de la pintura literaria china y es el estilo con menos reglas: se rige por la elegancia de la línea y el espacio vacío, no por proporciones. Es el recurso ideal para troncos delgados y largos, que en cualquier otro estilo serían material descartado. Va extraordinariamente bien con pino silvestre, junípero, olivo y romero.
Hokidachi, escoba. Tronco recto que se divide en abanico a aproximadamente un tercio de la altura, con una ramificación fina, densa y radial que forma una copa semiesférica. Es el estilo de la olmeda y del arbolado urbano. Su especie por excelencia es Zelkova serrata, y también funciona con olmos y almeces. La técnica habitual para conseguirlo consiste en cortar el tronco en horizontal, o en forma de V invertida, y dejar que brote un ramillete de yemas que se irá subdividiendo por pinzados sucesivos. Es un estilo largo de construir: la ramificación fina no se improvisa.
Estilos según el número de troncos
Sokan, tronco doble. Dos troncos que nacen de una misma base radicular. Regla fundamental: desiguales. Uno debe ser claramente más grueso y más alto que el otro —se habla del "padre" y el "hijo"— y la separación debe producirse lo más abajo posible, cerca del suelo. Dos troncos del mismo grosor que se separan a media altura producen una horquilla, que es el defecto clásico de esta forma.
Kabudachi, tronco múltiple. Tres o más troncos desde una misma base. La convención pide número impar —tres, cinco, siete—, por la misma razón por la que en composición visual se evita la simetría: los pares tienden a leerse como pares y el ojo los agrupa. Con más de nueve troncos, el número deja de percibirse y la regla pierde sentido.
Yose-ue, bosque. Varios árboles independientes plantados juntos en una bandeja plana. Es una composición más que un árbol, y se rige por reglas de perspectiva: el ejemplar más grueso y más alto se sitúa en primer plano y ligeramente descentrado, los más finos hacia atrás para simular distancia, no se alinean tres troncos, y ninguno se coloca justo detrás de otro tapándolo. Los troncos deben ser todos de la misma especie si se quiere realismo.
Ikadabuki, balsa. Un tronco tumbado y semienterrado del que las ramas verticales se convierten en troncos y del que emiten raíces por el lado enterrado. Reproduce el árbol caído que sigue viviendo. Es una técnica excelente para aprovechar material con ramas todas de un mismo lado.
Netsunagari, troncos conectados por raíz. Variante de la anterior en la que la línea de troncos sigue un recorrido sinuoso y la conexión subterránea queda parcialmente visible.
Estilos relacionados con la roca y las raíces
Sekijoju, raíces sobre roca. Las raíces abrazan una piedra y descienden por ella hasta alcanzar el sustrato de la maceta, del que se alimentan. Se consigue plantando el árbol sobre la roca con las raíces pegadas a ella y envolviendo el conjunto durante varios años, de modo que engorden a oscuras y se adhieran a la superficie; después se descubre poco a poco. Los ficus, los arces tridente y las zelkovas son las especies clásicas.
Ishitsuki, plantado en roca. Aquí el árbol vive dentro de una oquedad de la piedra y todo su sistema radicular está confinado en ella, sin acceso a más tierra. Es un cultivo exigente: el volumen de sustrato es mínimo y en verano puede requerir varios riegos diarios.
Neagari, raíces expuestas. El árbol se eleva sobre raíces desnudas, como los que quedan al descubierto tras la erosión del suelo o en zonas de manglar. Se consigue plantando cada año un poco más alto en trasplantes sucesivos.
Estilos definidos por la madera muerta
Sharimiki. Una franja de madera muerta descortezada, blanqueada por el sol, recorre el tronco, mientras el árbol sobrevive gracias a las venas de savia que quedan. Es propio de coníferas de montaña, especialmente juníperos y sabinas, y también aparece de forma natural en olivos y romeros viejos. Al trabajar el shari hay que tener en cuenta que estas especies tienen sistema vascular sectorial: cada franja de corteza alimenta una zona concreta de la copa. Cortar la vena equivocada mata la rama que dependía de ella.
Sabamiki, tronco hendido o hueco. El tronco está partido o vaciado, como el árbol golpeado por un rayo o consumido por la pudrición del corazón, y la vida continúa en la corteza perimetral.
Jin. No es un estilo en sí, sino un elemento: una rama o el extremo del tronco secos y descortezados. Se combina con cualquiera de los estilos anteriores.
Merece mención aparte el tanuki, que consiste en fijar una planta joven y flexible sobre una pieza de madera muerta antigua para simular un árbol viejo. Es una técnica legítima como ejercicio decorativo, pero está mal considerada en exposición y se descalifica en concurso si se detecta, porque simula una edad que el árbol no tiene.
El tamaño también clasifica
Independiente del estilo, existe una clasificación por altura que conviene conocer, aunque las fronteras varían según la fuente:
Mame, por debajo de 10 cm. Shohin, hasta unos 20 cm. Kifu, de 20 a 40 cm. Chuhin, de 40 a 60 cm. Dai u omono, por encima de 60 cm y hasta 120.
Una consideración práctica: cuanto más pequeño, menos margen de error. Un mame tiene tan poco sustrato que un descuido de un día en agosto lo mata. Para empezar, el tamaño medio es mucho más seguro.
Los principios que valen para todos los estilos
Por debajo de la lista de nombres hay un puñado de criterios de diseño que se aplican en todos los casos. Estos son los que de verdad se usan al trabajar un árbol:
El nebari manda. La base con raíces repartidas en radial es lo primero que se mira y lo más difícil de corregir después. Un árbol con buen nebari y copa mediocre se arregla; al revés, no.
Conicidad continua. El tronco debe adelgazar sin interrupciones de abajo arriba. La conicidad inversa —un punto en el que el tronco engorda hacia arriba, casi siempre porque varias ramas nacen del mismo lugar— es un defecto grave y casi irreversible.
El ápice sobre la base. En los estilos verticales, el punto más alto del árbol debe caer aproximadamente sobre el centro del nebari. Es lo que da sensación de estabilidad.
La primera rama en el tercio inferior, y a partir de ahí ramas alternas a izquierda y derecha, con una rama posterior que da profundidad. Nunca dos ramas enfrentadas a la misma altura —las llamadas ramas en barra— ni ramas que apunten directamente al espectador.
Silueta triangular y asimétrica. El contorno del árbol se inscribe en un triángulo de lados desiguales. La simetría destruye la sensación de naturalidad.
El espacio vacío cuenta. Los huecos entre ramas por los que se ve el cielo, y que en japonés se relacionan con la idea de ma, son parte del diseño. Un bonsái sin vacíos parece una bola de follaje.
La maceta forma parte de la obra. Regla orientativa: la longitud de la maceta ronda los dos tercios de la altura del árbol —o de su anchura, si es más ancho que alto—, y la profundidad se aproxima al diámetro del tronco en la base. Las macetas sin esmaltar, en tonos tierra, se asocian a coníferas y árboles de aspecto severo; las esmaltadas, a caducos, frutales y especies de flor. Las cascadas piden macetas altas; los bosques, bandejas planas.
Cómo elegir estilo para un árbol concreto
El procedimiento sensato es el contrario al que sigue la mayoría de los principiantes. No se elige un estilo y luego se busca cómo forzar el árbol; se estudia el árbol y se identifica el estilo que ya está insinuado en él.
En la práctica: quita la tierra superficial hasta ver dónde empieza realmente el nebari, limpia las ramas obviamente sobrantes, gira la planta despacio y busca el ángulo desde el que la base se ve mejor y el tronco muestra más movimiento. Prueba también a inclinar la maceta: un árbol mediocre en vertical puede ser un shakan excelente girado veinte grados. Y si el tronco es fino, largo y sinuoso, no intentes convertirlo en un chokkan que no será nunca; conviértelo en un literati, que es donde brillará.
Por último, una advertencia sobre el estilo que más se ve y menos se estudia: la S del ficus de bazar, con dos o tres curvas idénticas, regulares y en el mismo plano, es precisamente lo contrario de un moyogi bien hecho. Un tronco informal vertical convincente tiene curvas de amplitud y longitud distintas, se estrecha en cada tramo y no repite el mismo giro dos veces. La regularidad es lo que delata que la forma la hizo un alambre y no un árbol.
En resumen
Los estilos del bonsái son una descripción de cómo crecen los árboles en la naturaleza, ordenada según la inclinación del tronco (chokkan, moyogi, shakan, fukinagashi, kengai, han-kengai, bunjingi, hokidachi), el número de troncos (sokan, kabudachi, yose-ue, ikadabuki), la relación con la roca y las raíces (sekijoju, ishitsuki, neagari) y el tratamiento de la madera muerta (sharimiki, sabamiki, jin). Por debajo de todos ellos operan los mismos principios: nebari radial, conicidad continua, ápice sobre la base, ramas alternas en el tercio inferior hacia arriba, silueta triangular asimétrica, espacios vacíos y una maceta proporcionada. Y la regla que resume todo lo demás: el estilo no se impone al árbol, se descubre en él.