Empezar por un pino japonés es la forma más rápida de abandonar el bonsái. No porque el pino sea inmortalmente difícil, sino porque perdona muy poco y responde muy despacio: un error de riego en junio se manifiesta en septiembre, y para entonces ya no se sabe qué se hizo mal. Un buen árbol para empezar es exactamente lo contrario: crece rápido, avisa cuando algo va mal y rebrota aunque se le pode de más.
Esa es la lista que interesa a quien empieza. No la de los árboles más elegantes, sino la de los que enseñan.
Qué hace fácil a un bonsái
Antes de nombrar especies, conviene tener claros los cuatro criterios que separan un árbol de aprendizaje de uno de nivel medio:
Vigor. Un árbol que crece rápido reconstruye lo que se estropea. Si cortas mal una rama de olmo, en dos temporadas tienes otra; si la cortas mal en un arce japonés, la cicatriz se queda diez años.
Brotación en madera vieja. Es la propiedad más útil de todas. Significa que puedes cortar un tronco por la mitad y aparecerán yemas nuevas donde no había nada. Olmos, ficus, olivos y ligustros lo hacen sin problema. Las coníferas, en general, no: si eliminas todo el follaje de una rama de pino o de enebro, esa rama muere.
Tolerancia al error de riego. El árbol de principiante debe sobrevivir a un olvido de un día y a un exceso de agua puntual.
Respuesta rápida y visible. Si pinzas y en dos semanas ves brotar dos yemas donde había una, aprendes. Si tienes que esperar un año para ver el efecto, no aprendes nada.
Con esos criterios, la lista se acorta bastante.
Ficus: el mejor para interior, y el único de verdad
Si el árbol va a vivir dentro de casa, la respuesta es Ficus y prácticamente ninguna otra. Los que se encuentran con facilidad son Ficus retusa / microcarpa (el de tronco liso y gris, el más vendido), Ficus salicaria —a menudo etiquetado como neriifolia, de hoja estrecha y alargada— y Ficus benjamina, que ramifica bien pero suelta hojas al menor cambio de sitio.
Sus ventajas son enormes para quien empieza. Brota de madera vieja con una facilidad que asusta, cicatriza las heridas de poda en una temporada, admite la técnica de acodo aéreo con un porcentaje de éxito altísimo (es la forma más barata de obtener un segundo árbol) y suelda raíces y ramas entre sí cuando se atan juntas, lo que permite construir troncos con formas imposibles.
Lo que necesita: luz, mucha más de la que la gente le da. Junto a una ventana orientada al sur o al este, no en el centro del salón. Temperatura mínima de unos 12-15 ºC, así que en buena parte de España puede salir a la terraza de mayo a octubre —lo agradece muchísimo— y entrar antes de las primeras noches frías. Riego cuando la superficie del sustrato empiece a secarse; en interior, con calefacción, eso puede ser cada tres días, y en la terraza en agosto, a diario.
Un aviso: si al meterlo en casa en otoño pierde hojas, no es que se esté muriendo, es que está reajustando su masa foliar a menos luz. Lo que no debes hacer es regarlo más para "animarlo". Con menos hoja consume menos agua, y ahí es donde se pudren las raíces.
Olmo chino: el mejor para exterior
Si tienes balcón, terraza o patio, el Ulmus parvifolia es la mejor primera compra que existe. Hoja pequeña de serie, entrenudos cortos, crecimiento rápido, brotación en madera vieja, corteza que se exfolia en placas y da aspecto de viejo mucho antes de serlo, y resistencia notable tanto al frío como al calor peninsular.
Su comportamiento estacional despista al principiante: en clima suave se comporta como semicaduco y aguanta parte de la hoja todo el invierno; en zonas de heladas la pierde entera. Las dos cosas son normales. En invierno hay que dejarlo fuera: necesita el reposo, y aguanta sin problema heladas moderadas si la maceta está protegida —arrimada a una pared, o con el cepellón cubierto de corteza— porque lo que se hiela no es el árbol sino las raíces, que en un árbol de jardín estarían aisladas por medio metro de tierra.
El trabajo con el olmo consiste básicamente en dejarlo alargar hasta cinco o seis hojas y cortar dejando dos. Repites eso de abril a septiembre y la ramificación se te va densificando sola. Es el árbol con el que se aprende qué es el pinzado.
Cuidado con dos cosas: se le echan encima los pulgones en la brotación de primavera, y le afecta la galeruca del olmo, un escarabajo cuyas larvas dejan la hoja como un encaje. Revisión del envés cada semana en primavera y se resuelve pronto.
Olivo y acebuche: el árbol de casa
El Olea europaea, y en particular el acebuche (Olea europaea var. sylvestris), es la especie con la que España tiene ventaja frente a todo el mundo. Aguanta el calor, aguanta la sequía puntual, brota de madera vieja con una fuerza descomunal —de un tocón sale un bosque de brotes—, engorda tronco rápido y produce una madera muerta y una corteza que ningún árbol japonés iguala.
Para principiantes tiene una pega y una virtud. La virtud: es muy difícil matarlo por olvidarte de regar. La pega: es fácil matarlo por lo contrario. El olivo en maceta quiere sustrato muy drenante y ciclos de secado; si lo mantienes constantemente húmedo, sobre todo en invierno, las raíces se pudren. Riega a fondo, deja que el sustrato se seque bastante y vuelve a regar.
Aguanta bien las heladas suaves, pero por debajo de unos -6 o -7 ºC en maceta hay que protegerlo. Y su ritmo es más lento que el del olmo: brota fuerte en primavera, se para en pleno verano y vuelve a moverse en otoño. Si en agosto parece dormido, está bien.
Otras especies que funcionan
Zelkova serrata (olmo japonés). Muy parecida al olmo chino en manejo, ideal para el estilo escoba. Caducifolia estricta.
Ligustrum (aligustre). Barato, casi indestructible, brota de cualquier parte, tolera podas brutales. Como bonsái nunca llega a la finura de un olmo, pero como árbol de prácticas es insuperable: cómpralo para hacer experimentos que no te atreverías a hacer en otro.
Cotoneaster horizontalis y Pyracantha. De exterior, con flor blanca en primavera y fruto rojo o naranja en otoño-invierno, hoja pequeña y aguante notable. Muy agradecidos en cascada.
Sageretia theezans. De interior, buena alternativa al ficus, aunque más sensible a la sequedad del aire.
Acer buergerianum (arce tridente). Si quieres un caducifolio de hoja bonita y vives en clima cálido, este antes que el Acer palmatum: aguanta el sol y el calor mucho mejor, y el palmado se quema por los bordes de la hoja en cuanto llega julio en el interior peninsular.
Los que se venden como fáciles y no lo son
Aquí está el motivo real de que tanta gente crea que "no se le dan los bonsáis".
El junípero de centro comercial. Es el bonsái más regalado y el que más muere. Juniperus procumbens 'Nana' y compañía son árboles de exterior estricto. Dentro de casa se mantienen verdes uno o dos meses por inercia y luego se secan de golpe. Además, una conífera muerta no se marchita: conserva el color semanas. Cuando el follaje se vuelve gris o quebradizo, hace tiempo que no hay nada que hacer. Si te regalan uno, sácalo a la ventana o al balcón el mismo día.
La carmona (Carmona retusa, el "té de Fukien"). Se vende en todas partes como bonsái de interior de iniciación y es de las especies más quisquillosas que hay: exige mucha luz, humedad ambiental alta, riego muy preciso y es imán de mosca blanca y cochinilla. No es una planta para empezar.
La serissa (Serissa foetida). Bonita, florece con facilidad, y suelta todas las hojas si la cambias de sitio, si el agua está fría o si la miras raro. Frustra a cualquiera.
Pinos y arce palmado. No por dificultad técnica insalvable, sino por velocidad: sus técnicas específicas de pinzado exigen entender el ciclo del árbol, y los errores tardan meses en manifestarse.
Lo que de verdad mata a los bonsáis de principiante
El riego por calendario. "Los martes y los viernes" no es un método. Un árbol consume según temperatura, viento, sol, tamaño de maceta y estación: el mismo olmo puede necesitar agua dos veces al día en agosto y una vez por semana en enero. Comprueba antes de regar, metiendo el dedo un centímetro en el sustrato o clavando un palillo de madera y viendo si sale húmedo. Y cuando riegues, riega hasta que salga agua por los agujeros de drenaje; media regada solo moja la superficie y deja las raíces del fondo secas.
El plato con agua debajo. Nunca. El cepellón permanentemente encharcado se queda sin oxígeno y las raíces se asfixian y se pudren. Los síntomas —hoja mustia, aspecto de sed— llevan al principiante a regar todavía más, y así se cierra el círculo. Si necesitas humedad ambiental, usa un plato con grava y agua sin que el agua toque la base de la maceta.
El sustrato de vivero. Los bonsáis comerciales baratos vienen en turba compactada, que retiene demasiada agua y se apelmaza. Un sustrato de bonsái es granular y drenante: akadama, pómice y grava volcánica, o mezclas nacionales con arcilla calcinada. El agua debe atravesar la maceta en segundos. Este cambio, por sí solo, salva más árboles que cualquier otra cosa.
Podar raíces y ramas a la vez, en mal momento. El trasplante se hace a finales de invierno o principios de primavera, justo cuando las yemas empiezan a hincharse pero antes de que broten —en la península, febrero-marzo para los de exterior; el ficus prefiere el final de la primavera, con calor ya asentado—. Se recorta como mucho un tercio del sistema radicular, y ese mismo día no se poda la copa a fondo: el árbol necesita hoja para reconstruir raíz.
Olvidar el alambre. El alambre de un árbol vigoroso puede clavarse en la corteza en seis u ocho semanas de primavera, y la marca en espiral no se va nunca. Revísalo cada quince días en temporada de crecimiento y retíralo cortándolo a trocitos, no desenrollándolo.
Abonar mal. El sustrato granular no aporta nutrientes: todo lo que come el árbol se lo das tú. Abono equilibrado desde que brota en primavera hasta finales de otoño, con parón en pleno verano si aprieta el calor, y nada durante el reposo invernal de los caducifolios. Nunca abones un árbol recién trasplantado ni uno enfermo: no se alimenta a un convaleciente, primero se le deja recuperar raíz.
Cómo empezar de verdad
Compra dos árboles, no uno. Un olmo chino o un ficus con algo de forma, para cuidarlo bien, y un aligustre barato de vivero para destrozarlo aprendiendo: cortarle el tronco, alambrarlo mal, trasplantarlo, ver qué pasa. Lo segundo enseña más que lo primero.
Y el primer año, resiste la tentación de dar forma. Un árbol recién comprado necesita adaptarse a su nuevo sitio, y un principiante necesita ver un ciclo completo —brotación, verano, caída de hoja, invierno, brotación otra vez— antes de tocar nada serio. El bonsái se hace con tijera, sí, pero sobre todo con paciencia y con un árbol sano debajo.
En resumen
Para exterior, olmo chino; para interior, ficus; para clima seco y caluroso, olivo o acebuche; y aligustre como banco de pruebas. Evita el junípero dentro de casa, la carmona y la serissa, por muy de iniciación que digan las etiquetas. Riega comprobando y no por calendario, cambia la turba de vivero por sustrato granular en el primer trasplante de febrero, quita el plato de agua y revisa el alambre cada dos semanas. Con eso, la mayor parte de los árboles que se mueren en su primer año habrían llegado al segundo.