En las laderas del monte Akagi, en la prefectura japonesa de Gunma, se extrae desde hace décadas una arena volcánica grisácea que acaba dentro de las macetas de pinos y enebros de medio mundo. Se llama kiryuzuna, y en los talleres de bonsái españoles se ha convertido en el complemento habitual de la akadama cuando lo que se busca es un sustrato que drene deprisa y que no se deshaga a los dos años.

Conviene entender qué es exactamente antes de comprarla, porque circula bastante confusión: no es akadama con hierro, no fertiliza por sí sola y no todo lo que se vende con ese nombre lo es.

Kiryuzuna, arena volcánica japonesa empleada como sustrato de bonsái

Qué es la kiryuzuna y de dónde sale

El nombre lo dice casi todo: Kiryu es la comarca de origen, en Gunma, y suna (que en composición se pronuncia zuna) significa «arena». Kiryuzuna y kiryu son la misma cosa; verás las dos formas en las tiendas.

Se trata de un material de origen volcánico procedente de los depósitos piroclásticos del Akagi, un estratovolcán inactivo. No es una arena silícea de río ni una arcilla granulada al uso: son partículas porosas y bastante duras, de color gris ceniciento con motas ocre y rojizas. Esas motas son óxidos de hierro, y de ahí viene su fama.

Sus propiedades relevantes para el cultivo son cuatro:

Drenaje muy rápido. Es la razón principal por la que se usa. El agua atraviesa el tiesto sin quedarse retenida en el fondo, y eso reduce el riesgo de asfixia radicular en las especies que no toleran el sustrato encharcado.

Retención de agua intermedia. Aquí hay que matizar mucho. La kiryuzuna retiene bastante menos agua que la akadama, pero bastante más que una grava o una arena de sílice, porque sus partículas son porosas. En la práctica se comporta como un material «seco» dentro de los sustratos minerales.

Estabilidad estructural. Es dura. No se convierte en barro con los riegos ni se disgrega con los ciclos de hielo y deshielo tan rápido como la akadama, que en un invierno de meseta puede quedar hecha papilla. Una mezcla con proporción alta de kiryu conserva su porosidad tres, cuatro o cinco años.

pH ligeramente ácido, en torno a 6,5, que es justo el rango donde casi cualquier especie de bonsái absorbe bien los nutrientes.

El asunto del hierro: lo que sí y lo que no

Es habitual leer que la kiryuzuna «aporta hierro a la planta» y que por eso las coníferas cultivadas en ella tienen la acícula más verde. La primera parte es una simplificación arriesgada.

El hierro de la kiryuzuna está en forma de óxidos poco solubles. No es hierro asimilable a corto plazo, ni sustituye a un quelato de hierro cuando una planta tiene clorosis férrica de verdad. Si tu bonsái amarillea entre los nervios de la hoja por un agua de riego calcárea —cosa muy común en gran parte de España—, el problema no lo resuelve el sustrato: lo resuelve corregir el pH del agua y aplicar un quelato adecuado (EDDHA si el pH es alto).

Lo que sí hace la kiryuzuna es mantener un medio ligeramente ácido y bien aireado, y en ese medio el hierro que aportas con el abono se queda disponible en lugar de precipitar. El color verde profundo de los pinos cultivados en kiryu tiene más que ver con la aireación radicular y con un abonado correcto que con el mineral en sí.

Granulometrías y para qué sirve cada una

Se comercializa cribada en varios calibres. Los nombres comerciales varían, pero los tramos habituales son estos:

Fina, de 1 a 3 mm. Para shohin y mame, para bandejas de esquejes y para la capa superficial de macetas pequeñas. En tiestos grandes es un error: compacta y estropea el drenaje que buscabas.

Media, de 3 a 6 mm. Es el calibre de uso general y el que conviene comprar si solo vas a tener un saco. Sirve para los ejemplares de tamaño medio.

Gruesa, de 6 a 12 mm. Para árboles grandes y, sobre todo, para la capa de drenaje del fondo del tiesto, ese par de centímetros que se pone antes del sustrato de cultivo.

Un detalle que se pasa por alto: aunque el saco venga cribado, siempre trae polvo y partículas rotas del transporte. Pasa la kiryuzuna por un tamiz antes de usarla y descarta el fondo fino. Ese polvo es lo que termina sellando los poros y convirtiendo una mezcla teóricamente drenante en un ladrillo. Un enjuagado rápido con manguera sobre el propio tamiz remata el trabajo.

Cómo se utiliza: mezclas que funcionan en España

La kiryuzuna rara vez se emplea sola. Su papel natural es el de componente drenante dentro de una mezcla, y la proporción depende de la especie y —esto es lo que casi nunca aparece en los manuales japoneses— del clima donde tengas el árbol.

Para coníferas (Pinus, Juniperus, Picea), que es su uso estrella, una mezcla clásica sería 50 % kiryuzuna, 30 % akadama y 20 % pómez o puzolana. En pinos negros y silvestres bien establecidos se puede subir la kiryuzuna hasta el 60-70 %.

Para caducifolios (arces, olmos, zelkovas, hayas), que piden más humedad constante, se invierte la proporción: 60 % akadama, 20-30 % kiryuzuna y el resto pómez o mantillo cribado.

Y aquí va la advertencia importante para quien cultive en la mitad sur, en el Levante o en el valle del Ebro. Las mezclas japonesas están pensadas para veranos húmedos con lluvia frecuente. Un sustrato con 70 % de kiryuzuna en Sevilla, Murcia o Zaragoza en julio se seca en unas horas. Si no puedes regar dos veces al día en los picos de calor, baja la proporción de kiryu, sube la de akadama y considera añadir un 10-15 % de corteza de pino fina o fibra de coco. Copiar la receta sin ajustarla al clima ha matado más pinos en España que cualquier plaga.

Bonsái de conífera cultivado en un sustrato con kiryuzuna

La época de trasplante en la península es el final del invierno, entre mediados de febrero y finales de marzo según la zona, cuando la yema empieza a hincharse pero todavía no ha brotado. Las coníferas admiten un margen algo más amplio hacia la primavera.

Kiryuzuna y akadama: en qué se diferencian de verdad

No son variantes del mismo producto. Son materiales distintos, de yacimientos distintos y con comportamientos distintos.

La akadama procede de la región de Kanto, sobre todo de Tochigi, y es una arcilla volcánica granulada, de color ocre anaranjado. Su virtud es la capacidad de intercambio catiónico: retiene los nutrientes del abono y los va cediendo a la raíz, y retiene también bastante agua sin encharcarse. Su defecto es que se degrada: con los riegos y las heladas las partículas se rompen y a los dos o tres años la mezcla ha perdido buena parte de su porosidad. La akadama «de calidad dura» aguanta más, pero acaba cediendo igual.

La kiryuzuna es arena volcánica, gris, mucho más dura y prácticamente inerte. Drena más, retiene menos agua, retiene bastantes menos nutrientes y dura considerablemente más. Aguanta el hielo sin desmoronarse.

De ahí que se usen juntas: la akadama pone la reserva de agua y de nutrientes, la kiryuzuna pone el drenaje y la estabilidad de la estructura en el tiempo. Y de ahí también una consecuencia práctica que mucha gente ignora: cuanta más kiryuzuna lleve tu mezcla, más disciplinado tienes que ser con el abonado, porque el sustrato no guarda reservas. Abono orgánico sólido en pastillas desde marzo, o líquido cada diez o quince días en temporada de crecimiento.

Dónde comprarla y cómo no equivocarse

La kiryuzuna se vende en tiendas especializadas en bonsái, en viveros grandes y en las tiendas online del sector, normalmente en sacos de entre 12 y 20 litros y con el calibre indicado en la etiqueta. Comprar a granel o en formatos grandes sale bastante más a cuenta si tienes varios árboles.

Tres cosas que mirar antes de pagar:

El origen. Debe indicar procedencia japonesa. Se vende como «kiryu» algún árido volcánico nacional o de otras procedencias que no tiene las mismas propiedades. No es necesariamente malo —un pómez español es un material excelente y mucho más barato—, pero no es kiryuzuna y no conviene pagarlo como tal.

El calibre. Que venga especificado en milímetros, no con etiquetas vagas tipo «normal».

El estado del saco. Si al levantarlo notas mucho polvo suelto o el material está apelmazado por humedad, vas a perder buena parte del contenido al tamizar.

Sobre la akadama, mismo consejo: se distinguen calidades (la de doble línea roja es la más dura y la más apreciada), y en climas con heladas fuertes compensa pagar la buena, porque la barata se deshace en un solo invierno.

Errores frecuentes

Usar kiryuzuna al 100 % sin capacidad de riego diario. Es el fallo número uno en verano español.

No tamizar. El polvo arruina el drenaje que estabas comprando.

Mezclar calibres al azar. Las partículas finas rellenan los huecos entre las gruesas y la porosidad desaparece. Dentro de una misma mezcla, calibres homogéneos.

Confiar en que el sustrato alimenta. Ni la kiryuzuna ni la akadama son fertilizantes. Un sustrato mineral bien hecho da a la raíz aire y agua; los nutrientes los pones tú.

Reutilizarla sin criterio. Se puede reciclar tamizando y lavando la kiryuzuna vieja, pero nunca la de un árbol que haya tenido problemas radiculares u hongos.

En resumen

La kiryuzuna es una arena volcánica dura procedente de la comarca de Kiryu, en Gunma (Japón), de color gris con motas de óxido de hierro, pH ligeramente ácido y drenaje muy rápido. Se usa como componente drenante y estabilizador de las mezclas de bonsái, especialmente en coníferas, y en la capa de drenaje del fondo del tiesto.

Frente a la akadama, retiene menos agua y menos nutrientes pero dura mucho más y aguanta las heladas sin desmoronarse; por eso ambas se combinan en lugar de competir. Su hierro no sustituye a un quelato cuando hay clorosis real. Y en el clima español conviene ajustar la proporción a la baja respecto a las recetas japonesas, salvo que puedas regar dos veces al día en pleno julio. Tamizar antes de usar, calibre homogéneo y abonado constante: con eso, un sustrato con kiryuzuna te dará varios años de raíces sanas.


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