Lo primero que hay que hacer con un bonsái recién regalado es averiguar qué especie es. Todo lo demás depende de esa respuesta: dónde ponerlo, cuánto regarlo, si puede quedarse dentro de casa o si tienes tres meses antes de que muera en el salón. Sin ese dato, cualquier cuidado que apliques es una apuesta.
El problema es que el bonsái de regalo llega casi siempre sin información útil. Una etiqueta que pone "bonsái", un plato de plástico, grava pegada encima de la tierra y, con suerte, un folleto genérico que recomienda pulverizar las hojas a diario. A partir de ahí, lo que pasa en las siguientes semanas decide si el árbol sobrevive.
Identifica la especie antes de tocar nada
Fíjate en la hoja. Con eso basta para meterte en el grupo correcto.
Hoja pequeña, en escamas apretadas contra la ramilla, o en agujas cortas y punzantes, verde azulado. Es un junípero (Juniperus chinensis, Juniperus procumbens 'Nana'). Árbol de exterior, sin excepción.
Hoja ovalada, gruesa, brillante, de un verde intenso; la rama exuda látex blanco si la rompes. Es un Ficus, casi siempre Ficus retusa o Ficus microcarpa. Tropical, se queda dentro de casa en invierno.
Hoja diminuta, áspera al tacto, de un verde oscuro mate, a veces con florecillas blancas. Puede ser Carmona retusa (té de Fukien) o Serissa foetida, ambas tropicales o subtropicales y ambas famosas por su mal carácter.
Hoja pequeña, asimétrica en la base, con el borde aserrado, sobre ramillas finas y en zigzag. Olmo chino (Ulmus parvifolia) o zelkova (Zelkova serrata). Se venden como "de interior" y no lo son: son árboles de exterior que toleran una temporada dentro, pero que necesitan pasar frío.
Hoja palmeada de cinco o siete lóbulos. Arce japonés (Acer palmatum). Exterior estricto, y de los más delicados con el sol fuerte y el agua caliza.
Hoja alargada, gris verdosa, plateada por el envés. Olivo (Olea europaea). Exterior, y agradecidísimo en clima español.
Si no lo tienes claro, haz fotos de la hoja, la corteza y el árbol entero y pregunta en un vivero especializado o en cualquier foro de bonsái antes de improvisar.
La verdad sobre el "bonsái de interior"
Conviene decirlo claro: no existen los árboles de interior. Existen especies tropicales y subtropicales que aguantan las condiciones de una casa sin morirse, porque en su lugar de origen no pasan frío ni ven grandes cambios de luz estacionales. Ficus, carmona, serissa, sageretia, Schefflera y Podocarpus entran en ese grupo. Todo lo demás vive fuera.
El caso que más árboles se lleva por delante es el del junípero regalado como planta de salón. Un junípero dentro de casa muere, y lo hace de una forma especialmente cruel: sigue verde durante semanas después de estar muerto, porque el follaje de las coníferas conserva el color mucho tiempo. Cuando se vuelve gris ceniza o marrón y las escamas se desprenden al tocarlas, hace uno o dos meses que no hay nada que hacer. Si te han regalado un junípero, sácalo fuera hoy mismo.
Un matiz importante: las especies tropicales pueden y deben salir al exterior en cuanto pasa el riesgo de frío. Un ficus en una terraza de mayo a octubre, con luz abundante, engorda tronco y compacta la hoja como no lo hará nunca junto a una ventana. Lo que no puede es pasar noches por debajo de 10-12 °C.
Dónde colocarlo desde el primer día
Si es de exterior (junípero, arce, olmo, olivo, pino, granado, cotoneaster, piracanta, azalea), su sitio es la terraza, el balcón o el jardín, en un lugar con luz directa buena parte del día y aireado. Hay un matiz de aclimatación: si el árbol lleva días o semanas dentro de una casa con calefacción, no lo pongas de golpe a pleno sol o en una noche de helada. Dale una semana a media sombra y resguardado, y luego a su sitio definitivo.
Nunca lo dejes sobre el suelo pegado a una pared blanca orientada al sur en verano: la maceta se recalienta y las raíces se cuecen. Una mesa o una balda a media altura, con el aire circulando por debajo, es mucho mejor.
Si es tropical, busca la ventana más luminosa de la casa. Orientación sur o este, a menos de un metro del cristal, que es donde todavía llega luz suficiente. En el centro de una habitación, sobre la mesa del comedor, un ficus recibe una fracción ridícula de la luz que necesita: irá perdiendo hojas interiores, estirando brotes hacia la ventana y adelgazando durante meses hasta quedarse en nada. Y aléjalo del radiador, de la salida del aire acondicionado y de las corrientes de la puerta.
Lo que NO debes hacer la primera semana
No lo trasplantes. Es la tentación número uno, sobre todo cuando ves que viene plantado en turba compactada. Pero un trasplante es una operación seria, tiene su época concreta y se hace con el árbol en buen estado, no con uno que acaba de pasar por una tienda, un transporte y un cambio de casa. Espera al momento adecuado: final del invierno, con las yemas hinchadas, para caducifolios y coníferas; y de finales de primavera a principios de verano, con calor ya asentado, para los tropicales.
No lo podes ni lo alambres. Ese árbol necesita recuperar vigor antes de que le pidas nada. Limita la intervención a retirar hojas secas y ramitas ya muertas.
No lo abones. Abonar una planta estresada, o con el sustrato seco, quema raíces. Deja pasar tres o cuatro semanas y, si el árbol está brotando, empieza con dosis suaves.
Sí retira la grava pegada, si la trae. Muchos bonsáis comerciales llevan una capa de piedrecitas unidas con cola o resina sobre el sustrato. Queda bonito y es un desastre: impide que el agua penetre bien, impide ver la humedad de la tierra y facilita que se pudra el cuello. Se levanta con cuidado, normalmente en una sola pieza, y se tira.
Sí quita el plato con agua estancada, o vacíalo después de cada riego. Y si viene metido dentro de una maceta decorativa sin agujeros, sácalo de ahí. Las raíces permanentemente sumergidas se asfixian.
El riego, que es donde se pierden los árboles regalados
No riegues por calendario. "Un vaso los martes y los viernes" es la instrucción que más bonsáis ha matado, porque las necesidades cambian con la especie, la estación, el tamaño de la maceta, el tipo de sustrato y el sitio. En agosto, un árbol pequeño en el exterior puede necesitar dos riegos al día; en enero, uno cada cinco.
La forma de decidirlo es comprobar el sustrato. Mete el dedo un centímetro o clava un palillo de madera y sácalo: si sale húmedo y oscurecido, espera. También sirve el peso: levanta la maceta después de regar y compárala con lo que pesa dos días después. Con la práctica, distingues el árbol sediento con solo cogerlo.
Cuando toque regar, riega a fondo. Agua por toda la superficie hasta que salga con soltura por los agujeros de drenaje, y si la tierra estaba muy seca, repite a los dos minutos, porque la primera pasada resbala sin empapar. Con un cepellón muy seco y compactado, lo que funciona es sumergir la maceta en un barreño hasta el borde durante unos minutos, hasta que dejen de salir burbujas.
Y una corrección necesaria: pulverizar las hojas no riega el árbol. Aumenta algo la humedad ambiental, que en invierno con calefacción viene bien para los tropicales, pero un árbol con el cepellón seco y las hojas mojadas está igual de seco. Para la humedad ambiental es más eficaz una bandeja ancha con grava y un dedo de agua debajo de la maceta, cuidando de que la base no toque el agua.
Sobre el agua: en la mayor parte de España sale dura, con mucha cal, y a la inmensa mayoría de las especies les da igual. Las excepciones son azaleas satsuki, arces y algunas coníferas exigentes, que con el tiempo acusan la cal con clorosis y bordes de hoja quemados; para esas conviene alternar con agua de lluvia o agua osmotizada.
Revísalo por si viene con inquilinos
Los árboles que pasan por circuito comercial llegan con frecuencia con alguna plaga incubada. Dedica cinco minutos a mirarlo bien, con el envés de las hojas incluido, antes de ponerlo junto a tus otras plantas.
Cochinilla algodonosa: motas blancas algodonosas en las axilas de las hojas y en los cruces de ramas. Se quitan una a una con un bastoncillo mojado en alcohol y después jabón potásico.
Araña roja: hojas con punteado amarillo pálido y telarañas finísimas en el envés y en las puntas. Prolifera con el aire seco de la calefacción; mojar bien el envés y subir la humedad ambiental es la primera medida.
Pulgón: en los brotes tiernos de primavera, con hormigas subiendo por el tronco como pista.
Mosca blanca: nubecilla de insectos que sale volando al mover el árbol.
Mantenlo apartado del resto de plantas dos o tres semanas por si acaso. Es la cuarentena más barata que existe.
Si pierde hojas al llegar, no te precipites
Un ficus que cambia de sitio suele soltar una tanda de hojas amarillas en las dos primeras semanas. Es una reacción normal a la caída brusca de luz, no una enfermedad. La respuesta correcta es dejarlo quieto en un sitio luminoso y no cambiarlo de nuevo de posición cada tres días buscando el punto perfecto: cada mudanza le cuesta otra tanda de hojas.
Tampoco te alarmes si un árbol caducifolio recibido en otoño pierde toda la hoja. Está haciendo lo que debe. En invierno, un arce o un olmo desnudo en la terraza sigue vivo; lo comprobarás rascando muy levemente la corteza de una ramilla con la uña: si debajo hay verde, hay árbol.
El invierno de un bonsái de exterior
Las especies de clima templado necesitan pasar frío. La parada invernal forma parte de su ciclo y sin ella se debilitan, brotan mal y no florecen. Meterlas en casa "para que no sufran" es un error, no un cuidado.
Lo que sí requiere protección es la maceta. Las raíces en un tiesto plano están mucho más expuestas que las de un árbol en el suelo y se congelan antes. En la mayor parte de la España peninsular, con inviernos suaves, no hace falta más que arrimar los árboles a una pared, agruparlos y ponerlos al abrigo del viento. En zonas de heladas fuertes y prolongadas —meseta norte, montaña— conviene enterrar las macetas en un arriate, cubrirlas con corteza o mantillo, o guardarlas en un porche o invernadero frío sin calefacción. Y ojo: un árbol en reposo también se riega, menos, pero se riega; el cepellón no debe quedarse seco del todo.
El plan a medio plazo
Pasadas las primeras semanas, cuando el árbol esté asentado y brotando, toca ponerse al día con lo que traía mal de fábrica. Casi siempre son dos cosas.
La primera, el sustrato. La turba en la que vienen plantados retiene demasiada agua y se compacta; en su lugar, una mezcla drenante de akadama, puzolana o grava volcánica y algo de arena silícea gruesa. Se cambia en el trasplante, en su época, retirando la tierra vieja con un rastrillo y podando las raíces que den vueltas al cepellón.
La segunda, el abonado. Un árbol en una maceta con dos litros de sustrato no tiene reservas: depende por completo de lo que le des. Abono orgánico sólido en la superficie, desde la brotación de primavera hasta principios de verano y de nuevo en septiembre y octubre, es un sistema sencillo y difícil de estropear.
Y a partir de ahí ya viene lo divertido: pinzados, podas, alambrado y elección de maceta. Pero eso es el año que viene. El primer objetivo con un bonsái regalado es más modesto y más importante: que llegue vivo y fuerte a la primavera siguiente.
En resumen
Identifica la especie antes que nada, porque de ahí sale todo lo demás. Si es de exterior —y el junípero lo es, aunque te lo hayan vendido para el salón—, sácalo fuera cuanto antes con una aclimatación de unos días. Si es tropical, ponlo junto a la ventana más luminosa, lejos de radiadores y aire acondicionado. Retira la grava pegada y el plato con agua, riega comprobando el sustrato y no por calendario, y hazlo a fondo hasta que drene. Durante las primeras semanas, ni trasplante, ni poda, ni abono: solo observación. Revísalo por si trae plagas y tenlo apartado un par de semanas. Y no le ahorres el invierno a un árbol de clima templado: lo que necesita es frío en la terraza y la maceta protegida, no el calor del comedor.