A finales de febrero, un chopo sin una sola hoja puede tener las ramas cargadas de colgajos peludos de diez centímetros que se balancean con cualquier racha de viento. Dos semanas después, el suelo bajo el árbol está lleno de ellos y parecen orugas muertas. Eso es un amento, y lo que acaba de ocurrir es la floración completa del chopo: no hubo pétalos, ni color, ni olor, y aun así el árbol ya está fecundado.

Qué es exactamente un amento

Un amento (también llamado candelilla, y en la bibliografía inglesa catkin) es un tipo de inflorescencia, es decir, una manera concreta de agrupar muchas flores diminutas en un mismo eje. Sus rasgos definitorios son bastante estrictos:

Es un eje alargado, generalmente flexible y colgante, sobre el que se insertan flores sésiles o casi, cada una protegida por una pequeña bráctea escamosa. La flexibilidad no es un capricho: un eje rígido no oscilaría con el viento y no soltaría el polen.

Las flores son unisexuales. Un amento entero es masculino o femenino, nunca las dos cosas repartidas al azar. En casi todos ellos la planta es monoica (lleva amentos de los dos sexos en el mismo pie: avellano, abedul, roble, nogal) y en unos pocos es dioica, con pies macho y pies hembra separados: es el caso de Salix y Populus, y por eso una chopera de clones femeninos suelta pelusa en mayo y una de clones masculinos no.

El perianto está reducido o ausente. No hay corola vistosa porque no hay a quién impresionar. Las flores masculinas son poco más que un manojo de estambres sobre una escama; las femeninas, un ovario con dos estigmas asomando.

Cae entero cuando termina su trabajo. Los amentos masculinos son estructuras caducas: sueltan el polen y se desprenden en bloque en cuestión de días. Los femeninos permanecen en el árbol y se transforman en la infrutescencia: la piña leñosa del aliso, la bellota del roble, el fruto compuesto de la morera.

Amentos masculinos de sauce blanco (Salix alba) en primavera

Qué plantas los producen

Los amentos aparecen casi exclusivamente en árboles y arbustos leñosos de zonas templadas, y muy pocas veces en herbáceas. Estos son los grupos que interesan en la Península:

Salicáceas: sauces (Salix alba, S. atrocinerea, S. babylonica, la mimbrera S. viminalis) y chopos y álamos (Populus nigra, P. alba, P. tremula). Los amentos del sauce son erectos y sedosos, y son los famosos "gatitos" que se cortan para jarrones en marzo.

Betuláceas: abedul (Betula pendula, B. pubescens), aliso (Alnus glutinosa), avellano (Corylus avellana), carpe (Carpinus betulus). Este es el grupo con los amentos masculinos más largos y llamativos, y el más problemático desde el punto de vista alérgico.

Fagáceas: encina (Quercus ilex), roble (Q. robur, Q. pyrenaica), alcornoque (Q. suber), castaño (Castanea sativa) y haya (Fagus sylvatica). En este grupo la construcción se rompe un poco: en el haya los amentos masculinos son globosos y péndulos, y en el castaño son largos, erectos y de un amarillo crema fuerte.

Juglandáceas: nogal (Juglans regia), pacano (Carya illinoinensis). Amentos masculinos gruesos y verdosos que cuelgan de la madera del año anterior.

Otros: moráceas como la morera (Morus alba) y el papelero (Broussonetia papyrifera), las miricáceas (Myrica gale en turberas atlánticas, M. faya en Canarias) y las casuarinas plantadas en el litoral.

Un formato inventado varias veces, no un parentesco

Aquí conviene deshacer una idea que estuvo en los libros durante décadas. La botánica clásica agrupaba a todos estos árboles bajo el nombre de Amentíferas, dando por hecho que compartir amentos significaba compartir un antepasado común y reciente. Los estudios moleculares desmontaron ese grupo: es polifilético. Sauces, abedules, robles y nogales no están particularmente emparentados entre sí; lo que ocurrió es que todos ellos volvieron a la polinización por viento de forma independiente, y el viento impone la misma solución constructiva a cualquiera que lo use.

Dicho de otro modo: el amento no es un rasgo heredado de un abuelo común, es una convergencia evolutiva, igual que el ala del murciélago y la del pájaro. Es un buen recordatorio de que la forma de una flor dice más sobre quién la poliniza que sobre a qué familia pertenece.

Para qué sirven: la mecánica del viento

La función es exclusivamente reproductiva, y está optimizada para la anemofilia (polinización por viento). Todo lo que caracteriza al amento se entiende desde ahí.

Cantidad brutal de polen. Un insecto entrega el polen en el estigma correcto; el viento lo tira a ciegas. Para compensar, un solo amento de abedul puede liberar más de cinco millones de granos, y un abedul adulto varios miles de millones en una temporada. El grano es pequeño, seco, liso y de pared fina para volar lejos: exactamente lo contrario del polen pegajoso y ornamentado de las plantas entomófilas.

Cero inversión en atracción. Nada de pétalos, nectarios, aromas ni colores. Toda la energía va al polen y al eje que lo sostiene. Por eso quien mira un roble en abril suele decir que "todavía no ha florecido": ha florecido, pero la floración no se parece a lo que esperamos de una flor.

Floración antes de la foliación. Este es el punto más elegante de todo el diseño. Avellano, aliso, abedul, chopo, olmo o nogal florecen con la rama desnuda, en pleno invierno o a principios de primavera, semanas antes de sacar la hoja. La razón es física: la copa cubierta de hojas actúa como un filtro que intercepta el polen y frena el viento dentro del bosque. Floreciendo en el árbol pelado, el polen circula sin obstáculos. El avellano llega a abrir sus amentos en enero, y en el norte peninsular incluso a finales de diciembre.

Dicogamia y separación de sexos. Al estar los sexos en flores distintas, y con frecuencia madurando en momentos distintos, el amento reduce la autofecundación. En el nogal esto es tan marcado que hay cultivares protándricos (sueltan polen antes de que sus propias flores femeninas sean receptivas) y protogínicos, y de ahí que un nogal solo pueda cuajar mal aunque tenga flores de ambos sexos. Lo mismo pasa en el avellano, que además es autoincompatible: en una plantación hay que meter al menos un 10 % de pies polinizadores de otra variedad, con solapamiento real de fechas.

La excepción del sauce

Que un árbol tenga amentos no garantiza que se polinice por viento. Los sauces son el contraejemplo clásico y el más útil de conocer. Sus amentos producen néctar, desprenden un olor dulce perceptible y aparecen cubiertos de abejas en cuanto la temperatura pasa de unos 12 °C. Son insectos, no el aire, quienes hacen la mayor parte del trabajo. Evolutivamente el sauce partió de la anemofilia y volvió parcialmente a la entomofilia, conservando la forma del amento.

Esto tiene una consecuencia práctica de primer orden: el sauce es la principal fuente de polen y néctar para las abejas entre febrero y marzo, cuando la colmena empieza a criar y no hay casi nada más en flor. Si se tiene sitio en un jardín húmedo o cerca de un arroyo, un Salix atrocinerea o un S. caprea hace por los polinizadores locales más que un macizo entero de flores de verano. Y por lo mismo, es un error podar los sauces en febrero: se está tirando la despensa de las abejas.

El castaño juega en un terreno parecido. Sus amentos erectos huelen intensamente en junio, atraen moscas, escarabajos y abejas, y dan una miel oscura y amarga muy característica; la polinización es mixta, con viento e insectos repartiéndose el trabajo.

Flores de haya (Fagus sylvatica) sobre las ramas en primavera

El calendario de los amentos en España

Las fechas varían con la altitud y la latitud, pero el orden se mantiene casi siempre:

Diciembre-enero: avellano y aliso abren en las zonas templadas del norte y en el litoral mediterráneo. Son los primeros de todos.

Febrero-marzo: chopos, álamos, sauces, olmos y los primeros abedules. Es el pico de la temporada.

Abril-mayo: robles, encinas, alcornoques, nogales, moreras y hayas. La encina suele coincidir con los primeros calores estables.

Junio-julio: castaño, el más tardío del grupo con diferencia.

En el interior peninsular, con inviernos más duros, todo se retrasa entre dos y cuatro semanas respecto a la cornisa cantábrica o al litoral levantino.

Lo que esto significa fuera del libro de botánica

Alergias. Los amentos de las betuláceas son responsables de una parte importante de la polinosis invernal y de principios de primavera en el norte de España, con un pico de enero a abril. Es un cuadro que se confunde con catarros repetidos porque llega antes de que empiece la temporada "oficial" de las gramíneas. Conviene deshacer aquí otra confusión frecuente: la pelusa blanca que sueltan los chopos en mayo es semilla, no polen, y no produce alergia respiratoria por sí misma, aunque irrite mecánicamente los ojos y la garganta. El polen del chopo ya se había liberado dos meses antes.

Identificación invernal. Los amentos son una de las mejores claves para reconocer un árbol caducifolio sin hojas. El avellano y el aliso, además, llevan los amentos masculinos ya formados desde el otoño anterior, cortos, duros y grisáceos, listos para alargarse en cuanto el frío afloje.

Cosecha y producción. En avellano, nogal y castaño, la observación de los amentos permite anticipar la cosecha. Una helada tardía que pille los amentos abiertos arruina la polinización de ese año aunque el árbol siga perfectamente sano y con buena hoja.

Limpieza. La caída masiva de amentos masculinos en primavera atasca canalones y sumideros. Es un argumento razonable para no plantar chopos ni moreras junto a una piscina o un patio, pero no es motivo para eliminarlos de un jardín amplio: dura dos semanas al año.

En resumen

El amento es una inflorescencia alargada y normalmente colgante, formada por flores unisexuales sin pétalos, que se desprende entera después de cumplir su función. Lo producen sobre todo árboles de clima templado (sauces, chopos, abedules, alisos, avellanos, robles, castaños, nogales y moreras) y su diseño responde punto por punto a las exigencias de la polinización por viento: muchísimo polen ligero, ninguna inversión en atraer insectos y floración con la rama desnuda para que el aire circule libre. No es un rasgo de familia sino una solución técnica reinventada varias veces, y no siempre implica anemofilia: el sauce lleva amentos y lo polinizan las abejas, para las que además es la despensa de finales de invierno. Reconocerlos permite identificar árboles en pleno invierno, entender por qué un nogal o un avellano solitario apenas cuaja fruto y saber qué está pasando en el aire cuando empiezan los estornudos de febrero.


Contenidos relacionados