En los westerns siempre cruza la misma bola seca por delante del saloon, y no es una especie de planta: es una forma de morir aprovechada para sembrar. La "bola del desierto" no aparece en ningún manual de botánica como taxón, porque describe un comportamiento —el de la planta que se desprende de su propia raíz, se seca en forma de esfera y sale rodando con el viento repartiendo semillas— que han desarrollado, por separado, familias vegetales que no tienen nada que ver entre sí.

Entender eso ordena de golpe casi toda la confusión que rodea al asunto, incluida la que hay en las tiendas cuando venden una bolita marrón como "rosa de Jericó" sin aclarar cuál de las dos plantas distintas que reciben ese nombre están vendiendo.

Qué es exactamente una planta rodadora

La estrategia se llama, en términos técnicos, dispersión por rodadura, y es una forma de anemocoria: dispersión por el viento. En lugar de fabricar semillas ligeras con vilanos o alas, la planta convierte todo su cuerpo —o al menos toda su infrutescencia— en el vehículo de transporte.

El proceso tiene tres piezas y las tres son adaptaciones reales, no accidentes:

1. Arquitectura esférica. Al final del ciclo la planta ha ramificado de forma densa y radial, formando una masa aproximadamente redonda. Al perder agua, esa masa se contrae y se vuelve rígida y ligera a la vez. Es la única forma que rueda de manera eficiente sobre terreno irregular.

2. Una zona de abscisión en la base. Aquí está el detalle bonito. La planta no se arranca al azar: desarrolla en el cuello, entre el tallo y la raíz, una capa de células que se debilita al madurar los frutos. Cuando llega el viento fuerte, la parte aérea se separa por ese punto exacto, limpiamente, y la raíz queda clavada en el suelo. Es la misma clase de mecanismo por el que un árbol suelta sus hojas en otoño, aplicado al conjunto de la planta.

3. Liberación gradual de las semillas. Si la bola soltase todo de golpe, no habría ganado nada. Los frutos van cayendo poco a poco a cada golpe contra el suelo, o solo se abren cuando llegan la humedad y la lluvia. Una sola planta puede repartir sus decenas de miles de semillas a lo largo de kilómetros, en tandas.

Es una solución de ambientes abiertos, secos y ventosos: estepas, dunas, barbechos, saladares, desiertos fríos y cálidos. En un bosque no funcionaría, porque la bola no rodaría diez metros.

Las plantas que ruedan de verdad

Eryngium campestre, el cardo corredor

El auténtico protagonista del paisaje español. El cardo corredor o cardo setero (Eryngium campestre) es una umbelífera perenne, de la familia Apiaceae —pariente, por raro que parezca, del hinojo y la zanahoria—, con hojas coriáceas profundamente divididas y muy espinosas, y flores blanquecinas o verdosas reunidas en cabezuelas.

Vive en barbechos, cunetas, pastos secos y terrenos calizos de casi toda la Península, y en verano hace justamente lo que se cuenta arriba: se seca, se desprende y rueda por los rastrojos de Castilla. La bola que uno ve cruzar una carretera secundaria en agosto por la meseta es, con muchísima probabilidad, un cardo corredor y no la Salsola americana de las películas.

Tiene además un interés que no es solo ornamental: sobre las raíces muertas de esta planta fructifica la seta de cardo (Pleurotus eryngii), una de las setas más apreciadas del centro peninsular. De ahí el nombre de cardo setero.

Cardo corredor, Eryngium campestre, en un pasto seco

Salsola kali y la barrilla, el tumbleweed de las películas

La bola de los westerns suele ser una Salsola de la familia Amaranthaceae (donde hoy se incluyen las antiguas quenopodiáceas). En las costas españolas encontramos la barrilla pinchosa, Salsola kali, una anual de dunas y arenales con tallos suculentos, hojas cilíndricas terminadas en punta rígida y una silueta que al secarse queda perfectamente globosa. En interiores y ambientes ruderales aparece su pariente Salsola tragus, muy similar y de comportamiento claramente arvense.

La historia americana merece contarse porque explica el tópico cinematográfico: estas plantas no son nativas de Norteamérica. Llegaron a las Grandes Llanuras hacia 1870 con partidas de semilla de lino contaminada procedentes de Eurasia, se expandieron a velocidad de vértigo y se convirtieron en la mala hierba que hoy se identifica con el Oeste. Es decir: el icono más reconocible del desierto americano es un inmigrante europeo relativamente reciente.

Su capacidad reproductiva es notable —una planta grande puede producir del orden de decenas de miles de semillas— y en su forma seca representa un problema real: se acumula contra vallas y taludes, obstruye caminos y arde con enorme facilidad, hasta el punto de propagar incendios en zonas agrícolas.

Anastatica hierochuntica, la rosa de Jericó verdadera

Anastatica hierochuntica es una crucífera (Brassicaceae) anual y diminuta, de los desiertos del Sáhara, Oriente Próximo y hasta Irán. Es pequeña, rara vez pasa de 15 cm, con flores blancas insignificantes. Lo llamativo llega cuando muere.

Al secarse, sus ramas se curvan hacia dentro y encierran los frutos formando un puño leñoso. Ese puño puede desprenderse y rodar. Y cuando lo alcanza la lluvia, los tejidos secos absorben agua y las ramas se despliegan hacia fuera, abriéndose como una flor y liberando las semillas justo en el momento en que hay humedad para germinar. Al secarse de nuevo, vuelve a cerrarse. El fenómeno se llama higrocasia.

Aquí es donde conviene deshacer el malentendido más extendido: la Anastatica que se abre no está viva ni "resucita". Es un esqueleto muerto que funciona como un mecanismo higroscópico, exactamente igual que una piña de pino que se abre y se cierra según la humedad. Lo vivo son las semillas que guarda dentro. Puede repetir el ciclo de apertura y cierre durante años, incluso décadas, y sigue siendo una planta muerta.

Selaginella lepidophylla, la falsa rosa de Jericó

Y esta es la que casi con seguridad tienes en casa si has comprado una "rosa de Jericó" en España. Selaginella lepidophylla ni siquiera es una planta con flores: es un licopodio, de la familia Selaginellaceae, un linaje de plantas vasculares sin semilla que se reproduce por esporas y que es evolutivamente mucho más antiguo que cualquier crucífera. Procede del desierto de Chihuahua, entre México y el suroeste de Estados Unidos.

Aquí sí hay resurrección literal. Es una planta poiquilohídrica: puede perder más del 90 % de su agua, enrollarse sobre sí misma en una bola apretada y permanecer en animación suspendida durante años. Al rehidratarse, se despliega en pocas horas, recupera el color verde y reanuda la fotosíntesis en uno o dos días. Su tolerancia a la desecación se asocia a la acumulación de trehalosa, un azúcar que estabiliza las membranas celulares mientras el tejido está seco.

Diferenciar las dos "rosas de Jericó" es sencillo: la Anastatica es leñosa, parda, con frutitos visibles y de tacto rígido, como una rama enroscada; la Selaginella es una roseta de frondes escamosas apretadas, más blanda al abrirse, y al hidratarse se pone verde. Si tu bola reverdece, es Selaginella.

Selaginella lepidophylla, falsa rosa de Jericó, desplegada

Otras que hacen lo mismo

La lista no acaba ahí. La paniculata o velo de novia (Gypsophila paniculata), tan conocida como relleno de ramos, se comporta como planta rodadora en las estepas de Eurasia y se ha convertido en invasora rodadora en parte de Norteamérica. Varias Ceratocarpus, algunas Amaranthus secos y numerosas quenopodiáceas de saladar hacen algo equivalente. Es una estrategia que ha aparecido de forma independiente decenas de veces: un ejemplo de libro de convergencia evolutiva.

Cuidados de la rosa de Jericó que se vende seca

Esto es lo que la mayoría de la gente busca cuando llega hasta aquí, así que va con detalle. Sirve sobre todo para Selaginella lepidophylla, que es lo que se comercializa; con Anastatica el procedimiento es el mismo pero el resultado es solo mecánico, sin reverdecer.

Hidratación, no riego

Se coloca la bola, con las puntas hacia arriba, en un plato o cuenco poco profundo con uno o dos centímetros de agua. No hace falta sumergirla entera. En dos o tres horas empieza a abrirse y en 24 horas está completamente desplegada; el verde tarda uno o dos días más en aparecer.

Usa agua de lluvia, destilada o embotellada de baja mineralización. Con agua del grifo dura, muy común en buena parte de España, las sales se van depositando en la roseta y en pocos ciclos aparece una costra blanquecina que apaga la planta y termina por asfixiarla.

Cambia el agua a diario. Es el punto que más gente falla. El agua estancada en el plato huele, se pudre y llena la base de la roseta de moho en menos de una semana.

El ciclo seco: el error número uno

La creencia de que hay que mantenerla siempre hidratada es la que más ejemplares mata. Selaginella lepidophylla está adaptada a alternar sequía y humedad, no a vivir permanentemente mojada: en agua continua se pudre por la base y coge hongos.

La pauta razonable es una semana hidratada y dos o tres semanas completamente seca. Al retirarla del agua, escúrrela bien y déjala en un sitio aireado; se cerrará sola en un par de días y se guarda así hasta la siguiente vez. Este ciclo puede repetirse durante años.

Ubicación

Interior, con luz clara pero indirecta. El sol directo a través de un cristal la quema, sobre todo mojada. Le va bien un baño o una cocina, donde la humedad ambiental es mayor, siempre que haya luz. Temperatura de confort entre 15 y 25 °C; evita ponerla encima de un radiador o en la corriente directa del aire acondicionado.

Tierra

Para el uso habitual, ninguna: vive sobre el plato con agua. Si quieres intentar enraizarla de verdad —forma raicillas finas en la base—, usa un sustrato muy poroso y pobre: arena silícea gruesa o gravilla con una parte de fibra de coco o turba, en un recipiente ancho y con drenaje. Sustratos ricos en materia orgánica y compactos la pudren.

Abonado

No lo necesita, y en el plato es directamente contraproducente: el fertilizante disuelto en agua estancada favorece algas y hongos. Si la cultivas en sustrato, como mucho un abono para plantas verdes muy diluido, a un cuarto de la dosis, una o dos veces en primavera.

Multiplicación

No da flores ni semillas: se reproduce por esporas, y hacerlo en casa es difícil porque exige humedad constante y ambiente muy controlado, algo próximo a un terrario cerrado. En la práctica es más realista dividir con cuidado una roseta grande y bien hidratada, separando fragmentos con base propia, aunque el prendimiento es irregular.

Rusticidad

En su desierto de origen aguanta heladas nocturnas en estado seco, pero como planta de interior conviene no bajar de unos 5-10 °C, y desde luego nunca dejarla helar mojada. No es planta para plantar en el jardín en España.

Si lo que quieres es cultivar las rodadoras de verdad

El cardo corredor es una planta excelente para jardines secos, jardines de grava y proyectos de xerojardinería mediterránea, con la ventaja de que la estructura seca sigue siendo decorativa en invierno.

  • Ubicación: sol pleno, sin discusión. En sombra se ahíla y no forma la roseta compacta.
  • Tierra: pobre, pedregosa, con buen drenaje y preferiblemente caliza. Los suelos ricos o encharcadizos la pudren.
  • Riego: casi nulo una vez establecida. Con la lluvia peninsular le basta salvo en el primer verano.
  • Multiplicación: por semilla, sembrada en otoño. Muchas Eryngium agradecen el frío invernal para germinar (estratificación natural), así que la siembra al aire libre en octubre-noviembre da mejores resultados que la de primavera.
  • Trasplante: aquí está el truco. Forma una raíz pivotante profunda y no tolera bien que se la rompan. Siembra directamente en su sitio, o en macetas altas y estrechas para plantar muy joven, en otoño o a finales de invierno.
  • Rusticidad: total en clima peninsular. Soporta sin problema los inviernos continentales de la meseta y los veranos de más de 40 °C.
  • Abonado: ninguno. Abonarla es empeorarla.

Con las Salsola el consejo es distinto y hay que ser claro: son anuales ruderales de escaso valor ornamental y elevada capacidad colonizadora. Salsola kali tiene su papel ecológico en los sistemas dunares donde es nativa, y ahí debe quedarse. Sembrarla en el interior o mover semillas de un sitio a otro solo sirve para crear una mala hierba. Si tienes un arenal costero, respétala; no la cultives en un jardín.

Errores frecuentes y falsas ideas

  • "La rosa de Jericó revive." Depende de cuál. La Selaginella sí, literalmente. La Anastatica no: solo se abre y se cierra por higroscopia, muerta.
  • "Cuanto más tiempo en el agua, mejor." Al revés. Sin periodos secos se pudre. Es el fallo más común.
  • "Se abona como cualquier planta." No. El abono en el plato acelera algas y hongos.
  • "La bola del desierto es una especie." No existe una "planta bola del desierto"; es un comportamiento compartido por familias distintas.
  • "La del cine es americana." Es una Salsola eurasiática introducida en el siglo XIX.
  • "Rodar es una casualidad de la planta seca." No: hay una capa de abscisión desarrollada específicamente para desprenderse, y una liberación escalonada de semillas. Es una adaptación, no un accidente.

En resumen

La bola del desierto es una estrategia de dispersión, no una especie: la planta forma una masa esférica, se desprende del cuello por una zona de abscisión, rueda con el viento y va soltando semillas por el camino. En España la protagonista real es el cardo corredor (Eryngium campestre), rústico, de sol pleno y raíz pivotante que conviene no trasplantar; en las películas manda Salsola kali, una eurasiática convertida en mala hierba americana; y bajo el nombre de rosa de Jericó se venden dos plantas muy diferentes: la Anastatica hierochuntica, un esqueleto seco que se abre por higroscopia, y la Selaginella lepidophylla, un licopodio que sí revive de verdad. Para esta última, lo esencial cabe en una frase: agua blanda, plato poco profundo, cambio diario y —sobre todo— semanas de sequía entre hidratación e hidratación.


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