Una sola semilla de Cycas revoluta puede provocar un fallo hepático mortal en un perro de tamaño medio. Conviene empezar por ahí, porque estas plantas se venden en cualquier centro de jardinería como decoración de terraza y casi nadie advierte de ello. Dicho lo cual, las cícadas son de lo más interesante que se puede plantar: un linaje de gimnospermas con más de 250 millones de años de historia, con una biología que no se parece a la de ninguna otra planta del jardín y con unas exigencias de cultivo que, bien entendidas, las convierten en ejemplares casi eternos.

Qué son las cícadas y de dónde vienen

Las cícadas forman la división Cycadophyta, un grupo de gimnospermas: plantas con semilla desnuda, sin flor ni fruto, emparentadas de lejos con las coníferas y con el Ginkgo biloba. No son palmeras, aunque el porte engañe y algunas se vendan como «palmera de sagú». No son helechos, aunque sus hojas nuevas se desplieguen enrolladas en báculo igual que las frondes de un helecho. Esa hoja circinada es una convergencia, no un parentesco.

Aparecieron en el Pérmico y dominaron el paisaje durante el Jurásico y el Cretácico, hasta el punto de que a ese periodo se le llama a veces «la edad de las cícadas». Hoy quedan unas 350 especies repartidas en tres familias (Cycadaceae, Zamiaceae y Stangeriaceae) y en las zonas tropicales y subtropicales de América, África, Asia y Oceanía.

Se las llama «fósiles vivientes», y la etiqueta merece un matiz que rara vez se recoge: el linaje es antiquísimo, pero los estudios de reloj molecular indican que las especies actuales no son las del Jurásico. Buena parte procede de una radiación relativamente reciente, de hace unos diez o doce millones de años. Son plantas viejas de familia, no individuos supervivientes congelados en el tiempo.

Ejemplar de cícada con su corona de hojas pinnadas

Características que las hacen distintas

Son dioicas. Hay pies macho y pies hembra, y no se distinguen hasta que fructifican, cosa que puede tardar diez o quince años. El macho produce un cono alargado, erecto, cubierto de escamas polínicas; la hembra, según el género, forma un cono globoso (Zamia, Encephalartos, Dioon) o una corona de megasporofilos laxos y lanudos entre los que se ven las semillas (Cycas). Sin un pie de cada sexo no hay semilla viable, por mucho cono que salga.

Las poliniza un escarabajo, no el viento. Durante mucho tiempo se dio por hecho que eran anemófilas como las coníferas. Se sabe que por lo general intervienen coleópteros específicos, que se alimentan y crían en el cono masculino y son atraídos al femenino por ciclos de temperatura y de emisión de volátiles. En un jardín español esos insectos no existen, así que la polinización manual es la única vía: se recoge el polen del cono masculino cuando se desprende, se guarda en frío y se aplica con una jeringuilla o un pincel sobre el cono femenino receptivo.

Tienen raíces coraloides. Es su rasgo más singular. Además del sistema radicular normal, con una raíz principal engrosada, emiten unas raíces gruesas y ramificadas que crecen hacia la superficie y albergan cianobacterias del género Nostoc capaces de fijar nitrógeno atmosférico. Es el único caso de simbiosis fijadora de nitrógeno con cianobacterias entre las plantas con semilla, y explica que prosperen en suelos pobres y arenosos donde otras plantas no cuajan. También explica por qué responden mal al exceso de abonos nitrogenados.

Crecen en tandas y muy despacio. No emiten hojas de forma continua. Producen una corona completa de golpe, normalmente una vez al año en primavera, a veces una segunda tanda a finales de verano si el clima acompaña, y en ejemplares viejos incluso cada dos años. Las hojas tiernas salen blandas y se endurecen en unas semanas. Un tronco de Cycas revoluta de un metro puede tener setenta u ochenta años.

Son tóxicas todas ellas. Contienen cicasina, un glucósido hepatotóxico y cancerígeno, y BMAA, un aminoácido neurotóxico. La concentración es máxima en la semilla. La intoxicación canina es un caso relativamente habitual en las clínicas veterinarias del litoral mediterráneo: el perro roe la semilla caída o la base de una hoja, y en pocas horas hay vómitos y daño hepático con una mortalidad alta incluso tratando. Si hay perros en casa, mejor no plantarlas, o retirar las semillas en cuanto aparezcan.

Los usos que se les han dado

El principal es ornamental, y no es poco: son de las plantas de mayor valor unitario en vivero precisamente por lo que tardan en hacerse. En Japón, China y Vietnam se cultivan además como bonsái y para arte floral, aprovechando la simetría exacta de la corona.

Históricamente se ha extraído almidón de los troncos y las semillas en Asia, Australia y México, pero siempre tras un procesado largo de lavado, fermentación y secado destinado a eliminar la cicasina. Y aquí hay que deshacer un equívoco de nombre: el sagú comestible que se compra en las tiendas no procede de las cícadas, sino de Metroxylon sagu, una palmera del sudeste asiático. Que a la Cycas revoluta se la llame «palmera de sagú» ha causado confusiones peligrosas. Ninguna parte de una cícada debe consumirse.

Tienen también un papel en conservación: es el grupo de plantas con mayor porcentaje de especies amenazadas del planeta, con más del 60 % en alguna categoría de riesgo, y el comercio internacional está regulado por CITES. Comprar ejemplares de vivero con documentación, y no material de origen dudoso, importa aquí más que en cualquier otra planta de jardín.

Cómo se clasifican

Las tres familias vivas se reparten así:

  • Cycadaceae. Un solo género, Cycas, con hojas de foliolos con nervio central único y sin nervios laterales, y con megasporofilos libres en lugar de cono cerrado. Asia, Australia, África oriental y Madagascar.
  • Zamiaceae. La más numerosa: Zamia, Encephalartos, Dioon, Macrozamia, Ceratozamia, Lepidozamia. Conos femeninos cerrados y compactos. América y África.
  • Stangeriaceae. Reducida y de posición discutida, con Stangeria eriopus de Sudáfrica, cuyas hojas se parecen tanto a las de un helecho que se describió como tal.

Variedades de cícadas para el jardín

Cycas revoluta

La cícada del sagú, originaria del sur de Japón. Es la más cultivada y la más rústica del grupo: aguanta bien heladas de hasta unos -6 u -8 ºC ya establecida, con daño en las hojas pero rebrote desde el tronco. Hojas de 50 a 150 cm, muy rígidas, de un verde oscuro brillante y con foliolos de borde revoluto y punta espinosa. Tronco columnar que engorda con los años y tiende a emitir hijuelos en la base, la vía más práctica para multiplicarla. Se cultiva sin problema en todo el litoral mediterráneo, en el valle del Guadalquivir y en la cornisa cantábrica; en el interior de Castilla exige una ubicación resguardada y suele pasar el invierno en maceta bajo cubierto.

Cycas circinalis

Procedente del sur de la India, es bastante más tropical. Hoja más larga (hasta 2,5 m), más blanda, arqueada y de un verde más claro, con foliolos planos que no se revolutan. No tolera las heladas: por debajo de 0 ºC sufre, y por debajo de -2 ºC se pierde. En España solo prospera al aire libre en Canarias y en enclaves muy templados de la costa; en el resto es planta de invernadero o de maceta grande a resguardo. Necesita más humedad ambiental y más riego que revoluta, y agradece la sombra ligera.

Dioon edule

Mexicana, del este del país, con hojas rectas de un verde grisáceo o azulado y foliolos de borde entero. Crece todavía más despacio que la Cycas (unos pocos centímetros de tronco por década), tolera muy bien la sequía y el sol directo y resiste heladas breves de -5 ó -6 ºC. Es una buena candidata para jardín seco o mediterráneo, en rocalla o compartiendo espacio con agaves y dasylirion. El epíteto edule alude al uso tradicional de su almidón, que insisto que exige procesado; no es una invitación.

Encephalartos woodii

Más una curiosidad botánica que una planta de jardín. Se encontró un único ejemplar en Zululandia (Sudáfrica) en 1895, macho, y jamás se ha localizado una hembra. Todos los ejemplares que existen hoy en jardines botánicos son clones de aquel individuo obtenidos por hijuelos, de modo que la especie está extinta en la naturaleza y es funcionalmente incapaz de reproducirse por semilla. Es un tronco grueso con hojas arqueadas, brillantes y de foliolos anchos, de porte espectacular. Su precio y su disponibilidad la sitúan fuera del alcance del jardín particular; quien busque un Encephalartos tiene opciones mucho más accesibles como E. horridus, de hojas azules y espinosas, o E. altensteinii.

Zamia furfuracea

De Veracruz (México), conocida como zamia de cartón por la textura gruesa y áspera de sus foliolos, anchos, ovalados y cubiertos de una pelusilla escamosa. Tronco corto, a menudo subterráneo, y porte compacto de 60 a 100 cm, lo que la hace la más manejable en maceta. Tolera muy bien la sequía, la salinidad y el sol costero, y por eso funciona en jardines de primera línea de playa. Aguanta como mucho -2 ó -3 ºC puntuales. Cuidado con el nombre popular: tampoco es una palmera, y es igual de tóxica que las demás.

Conos reproductores de una cícada

Claves de cultivo y errores que se repiten

El drenaje manda. La causa número uno de muerte de cícadas en España no es el frío, es la podredumbre de la corona por exceso de agua. Necesitan un sustrato francamente arenoso o con abundante grava y pómice, nunca un terreno que encharque en invierno. En maceta, mezcla de sustrato mineral con un tercio de arena gruesa y sin plato bajo la maceta. Se riegan a fondo y se deja secar el sustrato entre riegos; en invierno, apenas.

No cortes las hojas verdes. Es el error más extendido. Es frecuente ver cómo se poda la corona vieja cada primavera «para que salga la nueva». La planta guarda en esas hojas buena parte de sus reservas de nutrientes, y quitarlas antes de que la nueva tanda haya endurecido debilita el ejemplar y produce coronas cada vez más pequeñas. Se retiran solo las hojas ya secas o amarillas por completo, y a ser posible después de que la nueva corona esté formada.

Clorosis por manganeso. En los suelos calizos y con agua dura del Levante y del sur peninsular es habitual ver hojas nuevas amarillentas, deformadas y con las puntas quemadas, un cuadro que se conoce como frizzle top. No es falta de riego ni de nitrógeno: es carencia de manganeso, y a veces de magnesio o hierro, bloqueados por el pH alto. Se corrige con sulfato de manganeso y quelatos, aplicados al suelo en primavera. Abonar con más nitrógeno solo empeora la cosa.

Vigila la cochinilla blanca asiática. Aulacaspis yasumatsui es la plaga más grave que tienen las cícadas, y está establecida en el litoral mediterráneo español y en Canarias. Cubre el envés de las hojas, el tronco y hasta las raíces con una costra blanca harinosa y puede matar un ejemplar adulto en un par de años. Hay que revisar el envés con frecuencia; los tratamientos con aceite de parafina o jabón potásico funcionan si se insiste y se moja bien, y en casos serios se recurre a insecticidas sistémicos. Las plantas nuevas que entren en el jardín deben inspeccionarse antes de plantarlas, porque así es como llega. También conviene conocer la oruga de Luthrodes pandava, una mariposa que devora las hojas tiernas y que se ha ido extendiendo por la cuenca mediterránea.

La multiplicación es lenta. Por hijuelos: se separan en primavera con un corte limpio, se deja secar la herida unos días, se aplica fungicida y se plantan en arena apenas húmeda; enraízan en varios meses. Por semilla: hay que esperar a que complete la maduración interna del embrión, lo que puede llevar de seis meses a un año desde la recolección, retirar la capa carnosa externa y sembrar en caliente, a 25-30 ºC. Es normal que la germinación tarde otros seis meses.

En resumen

Las cícadas son gimnospermas dioicas de un linaje muy antiguo, ni palmeras ni helechos, polinizadas por escarabajos y con raíces coraloides que fijan nitrógeno gracias a cianobacterias simbiontes. Crecen por tandas y muy despacio, y todas contienen cicasina, tóxica para personas y muy peligrosa para los perros.

Para jardín en España, Cycas revoluta y Dioon edule son las opciones fiables al aire libre por su resistencia al frío; Zamia furfuracea encaja en costa y en maceta; Cycas circinalis pide clima cálido sin heladas, y Encephalartos woodii pertenece al terreno de los jardines botánicos. Lo que decide el resultado es un suelo que drene de verdad, un riego contenido, corregir a tiempo la clorosis de manganeso, no cortar hojas verdes y revisar el envés cada pocas semanas buscando la cochinilla blanca.


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