Un tomate cuaja sin que lo visite ninguna abeja. Un calabacín, no. Esa diferencia, que en el huerto se traduce en cosecha o en flores que se pudren por la punta, depende íntegramente de cómo llega el polen desde donde se produce hasta donde tiene que germinar. Eso es la polinización: un transporte. Y como todo transporte, tiene un origen, un destino, un vehículo y varias formas de fallar.

Conviene separar desde el principio dos palabras que se usan como sinónimas y no lo son. Polinización es la llegada del grano de polen al órgano receptor. Fecundación es la unión posterior de los gametos. Entre una y otra hay un proceso que puede interrumpirse: hay polen que llega y es rechazado, polen que germina y no completa el recorrido, y flores polinizadas que nunca dan fruto. Entender ese tramo intermedio es lo que permite diagnosticar por qué un cerezo cargado de flor termina con cuatro cerezas.

De dónde sale y a dónde va: las piezas de la flor

Una flor completa de angiosperma se organiza en cuatro verticilos montados sobre el receptáculo, de fuera hacia dentro:

El cáliz, formado por los sépalos, normalmente verdes, que protegían el capullo. La corola, formada por los pétalos, que en las flores polinizadas por animales es el reclamo visual. El androceo, el aparato masculino, compuesto por estambres; cada estambre tiene un filamento y una antera, y es dentro de la antera donde se forman los granos de polen. Y el gineceo o pistilo, el aparato femenino, con tres partes: el estigma en el extremo, que es la superficie receptiva y suele ser pegajosa o plumosa; el estilo, el cuello por el que hay que descender; y el ovario en la base, que contiene los óvulos y que tras la fecundación se convertirá en el fruto.

Esquema con las partes de una flor: sépalos, pétalos, estambres y pistilo

No todas las flores tienen las cuatro piezas. Una flor hermafrodita reúne androceo y gineceo: es el caso del rosal, el manzano, el tomate o el almendro. Una flor unisexual tiene solo uno de los dos. Cuando la planta lleva flores masculinas y femeninas separadas pero en el mismo pie se llama monoica —calabacín, pepino, maíz, nogal, avellano, encina—, y cuando cada pie es de un sexo se llama dioica: kiwi, sauce, muérdago, palmera datilera, algunas variedades de espárrago. Esta distinción tiene consecuencias inmediatas y muy prosaicas: quien planta un solo kiwi no cosecha nunca, porque hace falta al menos un pie macho —'Tomuri' o 'Matua'— por cada seis u ocho hembras.

El caso de las gimnospermas

Pinos, abetos, cipreses, cedros, enebros, tejos y cicas no tienen flor en sentido estricto, ni ovario, ni fruto. Sus óvulos están desnudos sobre las escamas de un cono o estróbilo, y de ahí el nombre del grupo. El polen llega directamente al óvulo, atraído por una gota de polinización, un exudado azucarado que la escama emite y que al retraerse arrastra el grano hacia el interior.

El proceso es lento hasta un punto que sorprende. En muchos pinos la polinización ocurre en primavera, pero la fecundación no se produce hasta unos doce o trece meses después, y la piña no madura sus semillas hasta el segundo o tercer año. Lo que se ve caer en primavera de un Pinus pinea son nubes de polen anemófilo, ligero y provisto de dos sacos aéreos que lo mantienen suspendido. Casi todas las gimnospermas se polinizan por viento; la excepción llamativa son las cicas (Cycas, Zamia), que dependen de escarabajos.

El caso de las angiospermas

Las plantas con flor encierran los óvulos dentro del ovario, de modo que el polen no puede alcanzarlos directamente: tiene que germinar sobre el estigma y abrirse camino. El grano hidratado emite un tubo polínico que atraviesa el estilo, guiado químicamente, hasta llegar al óvulo. En algunas especies ese recorrido dura minutos; en otras, días.

Y aquí ocurre algo exclusivo de este grupo: la doble fecundación. El tubo libera dos núcleos espermáticos. Uno se une a la oosfera y forma el cigoto, que dará el embrión. El otro se fusiona con dos núcleos polares y forma el endospermo, un tejido triploide que servirá de despensa a la semilla. El endospermo es, literalmente, lo que comemos del trigo, del arroz y del maíz. Sin ese segundo encuentro no hay reserva y la semilla no prospera.

Qué es exactamente la polinización

Con las piezas sobre la mesa, la definición se ajusta: la polinización es el traslado del polen desde la antera (o desde el cono masculino) hasta el estigma de una flor de la misma especie (o hasta el óvulo, en gimnospermas). Según el origen y el destino se distinguen dos situaciones.

La autopolinización o autogamia es la que ocurre dentro de la misma flor o entre flores del mismo pie. Es el sistema del guisante, la judía, el tomate, el pimiento, la berenjena, la lechuga, el trigo o el melocotonero. Garantiza descendencia incluso sin polinizadores, pero empobrece la variabilidad genética. En algunas especies llega al extremo de la cleistogamia: flores que se polinizan sin llegar a abrirse, como las que produce la violeta (Viola odorata) a ras de suelo después de su floración vistosa de invierno.

La polinización cruzada o alogamia traslada el polen entre individuos distintos. Aporta recombinación genética y por eso las plantas han desarrollado numerosos mecanismos para forzarla: la dicogamia, que desfasa en el tiempo la maduración de los sexos —el nogal y el aguacate son ejemplos claros, con variedades que abren en femenino por la mañana y en masculino por la tarde—; la herkogamia, que los separa en el espacio dentro de la flor; y sobre todo la autoincompatibilidad, un sistema de reconocimiento genético que hace que el estigma detecte el polen propio y bloquee el crecimiento del tubo polínico. Aquí polinización hay, y fecundación no.

Tipos de plantas según cómo viaja el polen

Las anemófilas confían el transporte al viento. Producen cantidades enormes de polen ligero, seco y liso, tienen flores discretas, sin pétalos vistosos ni néctar ni olor, y estigmas grandes y plumosos para interceptarlo. Gramíneas, cipreses, olivo, plátano de sombra, encinas, avellanos, chopos y ortigas están en este grupo. Vale la pena señalar una consecuencia práctica: el polen que provoca alergias respiratorias es casi exclusivamente el de estas plantas, no el de las flores llamativas del jardín. Culpar a los rosales o a las adelfas de la rinitis primaveral es un error habitual; el responsable en marzo suele ser el ciprés, en mayo las gramíneas y el olivo, y en otoño la Parietaria.

Las entomófilas pagan a un mensajero. Ofrecen néctar, polen comestible, aceites o simplemente refugio, y a cambio invierten en color, forma y aroma. Sus granos de polen son más pesados, ornamentados y a menudo pegajosos, para adherirse al cuerpo del insecto. Abejas y abejorros son los agentes principales, seguidos de moscas —incluidas las que polinizan flores con olor a carroña—, escarabajos, mariposas y polillas nocturnas, estas últimas atraídas por flores blancas y perfumadas que abren al anochecer, como la dama de noche o la madreselva. Las manchas y líneas de muchos pétalos son guías de néctar, señales que a menudo solo son visibles en el ultravioleta que los insectos perciben y nosotros no.

Abeja recogiendo polen en una flor abierta

Existen además vectores más especializados. La polinización ornitófila, por aves, domina en América, África y Asia con flores tubulares rojas y mucho néctar; en la Península su papel es marginal, aunque currucas y herrerillos visitan aloes y eucaliptos en invierno. La quiropterófila, por murciélagos, corresponde a flores nocturnas robustas y pálidas de agaves y cactus columnares. Y la hidrófila, por agua, es rara y se limita a plantas acuáticas como Vallisneria, Ceratophyllum o las praderas marinas de Posidonia y Zostera.

Mención aparte merece la higuera (Ficus carica), que mantiene una relación exclusiva con una avispilla diminuta, Blastophaga psenes, que entra en el sicono y poliniza desde dentro. Las variedades de higuera que se cultivan habitualmente en los jardines españoles son partenocárpicas y fructifican sin esa intervención, pero las higueras esmirnas requieren la caprificación, es decir, colgar frutos de cabrahigo cargados de avispas entre las ramas.

Lo que esto significa en un jardín o un huerto de aquí

Frutales que necesitan pareja. Manzanos y perales son autoincompatibles casi sin excepción: un pie solo dará una cosecha pobre por mucho que florezca. Necesitan una variedad polinizadora compatible que coincida en época de floración, a menos de veinte o treinta metros. En cerezo ocurre lo mismo salvo en variedades autofértiles como 'Lapins', 'Sunburst' o 'Stella'. En almendro, las variedades tradicionales —'Marcona', 'Desmayo Largueta'— son autoincompatibles, mientras que las modernas 'Guara', 'Soleta', 'Belona' o 'Lauranne' son autofértiles y de floración tardía, lo que además esquiva las heladas. El melocotonero, el albaricoquero y el membrillero se apañan solos.

Hortalizas que dependen de insectos. Calabacín, calabaza, pepino, melón y sandía son monoicos: las primeras flores que salen suelen ser masculinas, y las femeninas se reconocen por el engrosamiento en forma de fruto que llevan detrás. Cuando ese fruto amarillea y se pudre por la punta a los pocos días, el diagnóstico casi siempre es falta de polinización, no falta de riego ni hongos. La solución es inmediata: por la mañana temprano, cortar una flor masculina abierta, retirarle los pétalos y frotar sus anteras contra el estigma de la femenina. Las flores duran pocas horas abiertas, así que hay que hacerlo antes del mediodía.

Hortalizas que solo necesitan una sacudida. El tomate, el pimiento y la berenjena son autógamos, con las anteras formando un cono alrededor del estigma. Basta con que la flor vibre para que el polen caiga. En campo lo hace el viento; en invernadero se recurre a abejorros (Bombus terrestris), capaces de la llamada polinización por zumbido, agarrándose a la flor y vibrando los músculos del vuelo. En un balcón cerrado y sin corrientes, dar un golpecito diario al tutor a media mañana resuelve el problema. Eso sí, ninguna vibración salva un cuajado si la temperatura pasa de 35 °C de día o de 24 °C de noche: por encima de ahí el polen de tomate pierde viabilidad y las flores caen igualmente.

El maíz y su geometría. Es monoico, anemófilo y protándrico: la panícula suelta el polen antes de que los estilos —los pelos de la mazorca— estén receptivos. Cada pelo corresponde a un grano; si no recibe polen, ese grano queda vacío. De ahí la recomendación clásica de sembrarlo en bloque cuadrado de varias filas en lugar de en una hilera larga, que deja el polen a merced del viento sin destino.

Cómo mantener polinizadores en el jardín. Escalonar floraciones desde febrero hasta octubre con especies mielíferas —romero, lavanda, salvia, tomillo, borraja, Phacelia, cosmos, girasol, hiedra para el final del otoño— es más eficaz que cualquier hotel de insectos. Interesa además evitar las variedades de flor doble: sus estambres están transformados en pétalos, de modo que un rosal o una dalia de flor muy llena resultan decorativos y nutricionalmente inútiles. Y si hay que aplicar un insecticida, nunca sobre planta en floración, y siempre al anochecer, cuando las abejas ya no vuelan; por debajo de unos 12-13 °C apenas salen de la colmena. Dejar un rincón de suelo desnudo y soleado ayuda a las abejas solitarias, que anidan en el terreno y polinizan tanto o más que las domésticas.

Errores y confusiones frecuentes

Creer que sin abejas no hay fruta ninguna. Cereales, olivo, vid, nogal y buena parte de las hortalizas de fruto se apañan con el viento o consigo mismas. La dependencia de insectos es alta en frutales de pepita y hueso, cucurbitáceas, fresa, almendro y colza, y prácticamente nula en trigo.

Suponer que fruto sin semillas significa que no hubo polinización. Existe la partenocarpia, desarrollo del fruto sin fecundación: el plátano, el pepino holandés, muchas uvas de mesa y ciertas peras como 'Conference' la practican de forma natural o inducida.

Guardar semillas de un híbrido F1. La polinización habrá funcionado perfectamente, pero la descendencia segrega y no se parece a la planta madre. Para guardar simiente hay que partir de variedades de polinización abierta, y aislarlas si conviven con otras de la misma especie: dos variedades de calabacín juntas se cruzan sin remedio.

Culpar al abonado de una mala cosecha que es un problema de polinización. Si hay flor abundante, hoja sana y sin embargo casi no cuaja fruto, el fallo está en el traslado del polen o en la compatibilidad entre variedades, y ningún fertilizante lo corrige.

Podar o retirar el polinizador. Ocurre con cierta frecuencia: se elimina el manzano "que da fruta pequeña" del fondo de la finca y al año siguiente el manzano bueno deja de producir. Era el que le suministraba el polen.

En resumen

Polinizar es transportar el polen desde la antera hasta el estigma; fecundar es lo que ocurre después, cuando el tubo polínico llega al óvulo, y en las angiospermas incluye una doble fecundación que origina el embrión y el endospermo. En las gimnospermas no hay ovario ni fruto: el polen llega al óvulo desnudo mediante la gota de polinización y el proceso puede prolongarse más de un año.

Ese transporte lo realiza el viento en las especies anemófilas —las responsables, además, de las alergias— o los animales en las entomófilas, ornitófilas y quiropterófilas, que pagan el servicio con néctar y polen. Muchas plantas se autopolinizan y otras lo impiden activamente mediante dicogamia, herkogamia o autoincompatibilidad genética.

En la práctica del jardín, lo útil es saber qué necesita cada cultivo: pareja compatible en manzano, peral y cerezo; un pie macho en kiwi; insectos o mano humana en calabacín y melón; una simple vibración en tomate y pimiento; y una geometría de siembra correcta en maíz. Mantener floraciones escalonadas, preferir flores simples a flores dobles y no tratar con insecticidas durante la floración es lo que sostiene al resto.


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