Dos familias, Asteraceae y Orchidaceae, se reparten entre ambas unas 55.000 especies: alrededor de una quinta parte de todas las plantas con flor descritas hasta hoy. Y las cinco primeras juntas superan las 100.000. Frente a eso, hay familias enteras compuestas por una sola especie, como Ginkgoaceae. El reino vegetal está repartido de forma tremendamente desigual, y saber dónde se concentra ayuda más de lo que parece a la hora de cultivar.
Qué es exactamente una familia botánica
La familia es un escalón de la clasificación que agrupa géneros emparentados entre sí, igual que el género agrupa especies. La jerarquía completa va de reino a división, clase, orden, familia, género y especie, y la familia ocupa un punto cómodo: es lo bastante amplia para abarcar plantas de aspecto muy distinto y lo bastante concreta para que compartan rasgos útiles.
Se reconocen por la terminación -aceae, siempre construida sobre el nombre de un género representativo: Rosaceae sobre Rosa, Rubiaceae sobre Rubia, Poaceae sobre Poa. Hay ocho excepciones históricas que el código de nomenclatura conserva como nombres alternativos legítimos, por su larguísimo uso: Compositae (Asteraceae), Leguminosae (Fabaceae), Gramineae (Poaceae), Cruciferae (Brassicaceae), Umbelliferae (Apiaceae), Labiatae (Lamiaceae), Palmae (Arecaceae) y Guttiferae (Clusiaceae). Ambos nombres son correctos, aunque en literatura reciente se imponen los terminados en -aceae.
Lo que define hoy a una familia ya no es solo el parecido morfológico. Desde los años noventa, la clasificación de referencia —el sistema APG, en su cuarta versión— se construye sobre datos moleculares de ADN, y eso ha reordenado el mapa. Familias clásicas se han desmembrado (las viejas Liliaceae y Scrophulariaceae quedaron repartidas en varias), otras se han fusionado (las Asclepiadaceae pasaron a integrarse en Apocynaceae, las Alliaceae en Amaryllidaceae) y algunas plantas cambiaron de casa de forma sorprendente. Por eso el mismo recuento de especies varía de un libro a otro: no es que unos cuenten mal, es que trabajan con delimitaciones distintas.
Conviene tomar todas las cifras que siguen como órdenes de magnitud. Cada año se describen entre 1.500 y 2.000 especies nuevas de plantas vasculares, y a la vez se sinonimizan otras muchas.
Las cinco familias más numerosas
Asteraceae, las compuestas
Con del orden de 25.000 a 32.000 especies repartidas en unos 1.700 géneros, las compuestas se disputan el primer puesto con las orquídeas según qué recuento se use. Su éxito tiene una explicación concreta: la inflorescencia en capítulo.
Lo que en una margarita parece una flor son en realidad decenas o centenares de flores diminutas agrupadas sobre un receptáculo plano y rodeadas de brácteas. Las del centro, tubulares, se llaman flósculos; las del borde, con una lengüeta plana, lígulas. Ese montaje ofrece al insecto una plataforma de aterrizaje grande y visible con un gasto mínimo de tejido, y permite polinizar centenares de flores en una sola visita. El fruto, un aquenio a menudo rematado por un vilano de pelos —el paracaídas del diente de león—, se dispersa con el viento a distancias enormes.
Es una familia cosmopolita que domina especialmente en zonas abiertas, secas y perturbadas: exactamente el tipo de terreno que abunda en el interior peninsular. Aporta ornamentales de primer orden (Aster, Dahlia, Chrysanthemum, Calendula, Cosmos, Echinacea, Gazania, Tagetes), cultivos de huerta (lechuga Lactuca sativa, alcachofa Cynara scolymus, escarola, girasol Helianthus annuus), aromáticas y medicinales (Artemisia, Achillea, manzanilla) y también algunas de las peores malas hierbas de jardín, como el Taraxacum officinale o el Conyza.
Orchidaceae, las orquídeas
Entre 28.000 y 30.000 especies aceptadas en unos 750 géneros. Es la familia con más especies de plantas si se atiende a los recuentos más recientes, y desde luego la que más géneros gigantes concentra: Bulbophyllum ronda las 2.000 especies, y Epidendrum, Dendrobium y Pleurothallis superan el millar cada uno.
Su estrategia es la opuesta a la de las compuestas: en lugar de multiplicar flores baratas, invierten en flores muy especializadas que se ajustan a un polinizador concreto. El polen no viaja suelto, sino empaquetado en polinios que el insecto se lleva pegados, lo que garantiza que llegue entero a la flor correcta. Esa especificidad extrema favorece el aislamiento reproductivo y, con él, la aparición constante de especies nuevas.
La segunda clave es la semilla: microscópica, del tamaño de una mota de polvo, sin reservas nutritivas. Una cápsula puede soltar más de un millón. A cambio, para germinar necesita infectarse con un hongo micorrícico compatible que la alimente durante los primeros meses. Por eso las orquídeas silvestres no se pueden trasplantar del campo al jardín: se arranca la planta, no el hongo, y muere.
Y aquí una idea muy extendida que conviene corregir: las orquídeas no son solo plantas tropicales de invernadero. En España crecen alrededor de un centenar de especies silvestres, todas terrestres, y son fáciles de ver en primavera en prados y claros de encinar. Los géneros Ophrys, Orchis, Anacamptis, Serapias, Himantoglossum, Cephalanthera y Dactylorhiza están bien representados. Las Ophrys practican el engaño sexual: imitan el aspecto y el olor de una abeja hembra para que el macho intente copular con la flor y se lleve los polinios. Están protegidas; se fotografían y se dejan donde están.
Fabaceae, las leguminosas
Unas 20.000 especies en cerca de 770 géneros, tercera en número y probablemente la primera en importancia económica junto a las gramíneas. Se reconoce por el fruto: la legumbre, una vaina que se abre por dos suturas.
Es una familia morfológicamente muy variada, desde hierbas anuales hasta árboles tropicales enormes, y se organiza en seis subfamilias. Las dos que más se ven aquí son Papilionoideae, con la flor amariposada de guisantes, altramuces y retamas, y Caesalpinioideae, que incluye tanto el árbol del amor Cercis siliquastrum como el grupo de las mimosas y acacias.
Su fama viene de la fijación de nitrógeno: la simbiosis con bacterias del grupo de los rizobios que colonizan la raíz y forman nódulos donde el nitrógeno atmosférico se convierte en amonio asimilable. Eso las convierte en la pieza central de cualquier rotación de huerta y en la base de los abonos verdes: veza, trébol, altramuz o habas sembrados en otoño y enterrados en primavera dejan el suelo enriquecido sin gastar un euro en fertilizante. Matiz importante y poco conocido: no todas las leguminosas fijan nitrógeno. Buena parte de las Caesalpinioideae no nodulan, y plantar un Cercis no mejora el suelo de alrededor.
Aquí está también Astragalus, el género con más especies de todas las plantas vasculares, con del orden de 3.000. Y en la práctica del huerto español: garbanzo Cicer arietinum, lenteja Lens culinaris, judía Phaseolus vulgaris, haba Vicia faba, guisante Pisum sativum, alfalfa Medicago sativa. En jardinería, glicinia Wisteria sinensis, algarrobo Ceratonia siliqua, Caesalpinia pulcherrima para clima cálido, y la aulaga y el jaguarzo del matorral mediterráneo. Con una advertencia: la falsa acacia Robinia pseudoacacia figura en el catálogo español de especies exóticas invasoras y rebrota de raíz con una insistencia que la hace difícil de erradicar una vez instalada.
Poaceae, las gramíneas
Alrededor de 12.000 especies y unos 780 géneros. En número de especies queda por detrás de las anteriores, pero ninguna familia tiene tanto peso: cubre en torno a una quinta parte de la superficie terrestre —praderas, estepas, sabanas— y aporta la mayor parte de las calorías que come la humanidad.
Trigo (Triticum aestivum), arroz (Oryza sativa), maíz (Zea mays), cebada (Hordeum vulgare), centeno, avena, sorgo, mijo y caña de azúcar (Saccharum officinarum) son todos gramíneas. También lo son los bambúes, que no son árboles sino hierbas gigantes leñificadas.
Morfológicamente son inconfundibles: tallo cilíndrico y hueco entre nudos —el culmo—, hojas alternas envainadoras dispuestas en dos filas, flores reducidas al mínimo agrupadas en espiguillas y polinización por viento. Precisamente ese polen ligero y abundante convierte a la familia en la principal causa de polinosis primaveral en España, con el pico entre mayo y junio en el centro peninsular.
En jardinería aportan el césped (Festuca arundinacea, Cynodon dactylon, Zoysia, Poa pratensis) y las gramíneas ornamentales que tan bien funcionan en jardín seco: Miscanthus sinensis, Pennisetum, Stipa. Dos avisos concretos. Con los bambúes, hay que distinguir los de rizoma trazante, como Phyllostachys, que se expanden metros por temporada y exigen barrera antirizoma enterrada, de los cespitosos, como Fargesia, que forman mata compacta y no invaden. Y el plumero de la pampa, Cortaderia selloana, está incluido en el catálogo español de especies exóticas invasoras: su venta y plantación están prohibidas, y no es un tecnicismo, sino una planta que está colonizando media cornisa cantábrica.
Rubiaceae
Cierra el grupo de cabeza con unas 13.000 a 14.000 especies en más de 600 géneros. Es una familia de distribución mayoritariamente tropical, dominada por árboles y arbustos, y se identifica por un rasgo bastante fiable: hojas opuestas enteras con estípulas interpeciolares, unas escamas o apéndices situados entre los peciolos de cada par de hojas, más la corola soldada en tubo con los pétalos abiertos en estrella.
Su relevancia práctica es enorme. De aquí sale el café (Coffea arabica y C. canephora), la quina (Cinchona), de cuya corteza se extrajo la quinina, y la rubia (Rubia tinctorum), tinte rojo cultivado en Europa durante siglos y origen del nombre de la familia. En ornamental destaca la gardenia (Gardenia jasminoides), acidófila estricta y por eso una de las plantas que peor lleva el agua caliza española, además de Ixora, Pentas y Rondeletia. En la flora ibérica la familia está representada sobre todo por hierbas modestas de los géneros Galium, Rubia, Sherardia y Asperula, con sus características hojas en verticilo.
Las que vienen justo detrás
Por debajo de esas cinco hay un pelotón de familias grandes que cualquiera que cultive va a manejar a diario: Lamiaceae (unas 7.500 especies), la familia del romero, el tomillo, la lavanda, la salvia, el orégano y la albahaca, con tallo de sección cuadrada, hojas opuestas y aceites esenciales, y probablemente la más útil en un jardín mediterráneo; Euphorbiaceae (unas 7.000), con látex irritante y ese Euphorbia de casi 2.000 especies que va del cactus aparente a la flor de Pascua; Melastomataceae y Apocynaceae, en torno a 5.500 cada una; Cyperaceae, las juncias, con unas 5.500 y el género Carex pasando de las 2.000; y Rosaceae, con unas 5.000 especies pero un peso desproporcionado en fruticultura: manzano, peral, ciruelo, cerezo, melocotonero, almendro, membrillero, níspero, fresa y el rosal.
Más abajo, Brassicaceae (unas 4.000: coles, rábanos, nabos, alhelíes), Apiaceae (unas 3.800: zanahoria, apio, perejil, hinojo, y también la cicuta), Cactaceae (unas 1.800) y Solanaceae (unas 2.700: tomate, patata, pimiento, berenjena, petunia).
Para qué sirve saberse las familias
No es erudición de coleccionista. La familia predice comportamiento, y eso se traduce en decisiones concretas.
Rotación de cultivos. Las plagas y enfermedades del suelo suelen ser específicas de familia. Repetir solanáceas en el mismo bancal año tras año acumula nematodos y Verticillium; la norma práctica es dejar pasar tres o cuatro campañas antes de volver a plantar la misma familia en el mismo sitio, alternando solanáceas, cucurbitáceas, brasicáceas, leguminosas y liliáceas.
Plagas previsibles. Si se plantan brasicáceas, van a venir la oruga de la Pieris, el pulgón ceniciento y la altisa; si se plantan umbelíferas, la mosca de la zanahoria. Saberlo de antemano permite poner la malla antes y no después.
Necesidades compartidas. Buena parte de las Ericaceae (brezos, azaleas, rododendros, arándanos) exige suelo ácido; conocer la familia ahorra el disgusto de plantarlas en suelo calizo. Las Lamiaceae mediterráneas quieren drenaje y sol y se pudren con riego generoso.
Alergias y toxicidad. Quien es alérgico al polen de gramíneas lo es al conjunto de la familia. Y el látex de las euforbias irrita piel y ojos en todo el grupo, sea un ricino o una flor de Pascua.
Propagación. Las técnicas se comparten dentro de la familia: casi todas las crasuláceas enraízan de hoja, las lamiáceas van bien de esqueje de tallo semileñoso, las leguminosas suelen necesitar escarificar la semilla porque tienen la cubierta impermeable.
En resumen
Asteraceae y Orchidaceae encabezan el ranking con unas 25.000-32.000 y 28.000-30.000 especies respectivamente, seguidas de Fabaceae (unas 20.000), Rubiaceae (unas 13.000) y Poaceae (unas 12.000), que compensa su menor número con un peso ecológico y alimentario sin rival. Las cifras bailan según la fuente porque la clasificación se sigue reordenando con datos moleculares y porque cada año se describen especies nuevas.
Cada una triunfó con una estrategia distinta: las compuestas agrupando muchas flores baratas en un capítulo, las orquídeas especializándose hasta el extremo con un polinizador propio, las leguminosas fabricando su propio nitrógeno, las gramíneas renunciando a la flor vistosa y confiando en el viento. Para quien cultiva, la utilidad práctica está en que la familia anticipa la rotación, la plaga que llegará, el tipo de suelo que va a pedir y la forma de multiplicarla.