Las manchitas marrones alineadas en el envés de un helecho no son cochinilla. Son soros, los paquetes de esporangios donde la planta produce sus esporas, y aparecen justo ahí porque la hoja del helecho —la fronde— cumple a la vez la función de fotosintetizar y la de reproducir. Confundirlas con una plaga y rociar el helecho con jabón potásico o aceite de neem es uno de los accidentes más habituales en cualquier centro de jardinería, y explica por qué conviene saber qué es exactamente una fronde antes de tocarla.

Frondes de helecho desplegadas a contraluz

Qué es una fronde y en qué se diferencia de una hoja corriente

Una fronde es la hoja de un helecho. Botánicamente no hay misterio: es una hoja verdadera, con haces vasculares, cutícula y estomas, igual que la de un roble. El término se mantiene por tradición y por comodidad descriptiva, porque las hojas de los helechos tienen unas particularidades que la palabra "hoja" no transmite bien.

La primera es el tamaño y el grado de división. Muchas frondes están divididas una, dos o hasta tres veces, y esa arquitectura repetida hace que el lenguaje botánico normal se quede corto. Por eso se usan nombres propios para sus partes: el estípite es el peciolo, la parte desnuda que va del rizoma al follaje; el raquis es la prolongación del estípite dentro de la lámina, o sea el nervio central; las divisiones primarias se llaman pinnas y, si estas vuelven a dividirse, sus segmentos son pínnulas.

La segunda particularidad, y la más reconocible, es la forma en que la fronde se despliega. Nace enrollada sobre sí misma como una espiral apretada, en lo que se conoce como vernación circinada, y se va desenrollando de la base a la punta. A ese brote enrollado se le llama báculo o cayado, y en el Cantábrico se le dice "cabecitas de obispo". Ese detalle tiene consecuencias prácticas: la fronde crece por su extremo durante semanas, así que si se rompe o se seca la punta de un báculo en desarrollo, esa hoja ya no se recupera. No hay que pellizcarlos, ni moverlos, ni limpiarles el polvo.

La tercera diferencia es la reproductiva. En el envés, o en un margen enrollado que hace de falso indusio, se agrupan los esporangios en soros. El indusio es la membranita que los cubre mientras maduran y su forma —redonda, alargada, en forma de riñón, en herradura— es uno de los caracteres que se usan para identificar géneros. Cuando los esporangios maduran cambian de verde a marrón o casi negro y se abren de golpe por un mecanismo de resorte llamado anillo, que dispara las esporas a varios centímetros. De ahí el polvillo pardo que a veces aparece en el mueble bajo un helecho de interior.

Por extensión, se llama también frondes a las hojas de las palmeras y de las cícadas, y en algunos textos a la lámina de ciertas algas pardas. Es un uso analógico, por parecido morfológico, no filogenético: una palmera es una planta con flores y nada tiene que ver con un helecho.

Los tipos de frondes según su división

La clasificación más útil en el día a día es la que atiende a cuántas veces se divide la lámina. De menos a más:

Frondes simples o enteras. La lámina no está dividida, es una lengua continua. El caso de manual en la Península es la lengua de ciervo, Asplenium scolopendrium, frecuente en barrancos húmedos y umbrías calizas del norte, con frondes acintadas de hasta medio metro y soros en líneas paralelas oblicuas al nervio. En interior, el nido de ave, Asplenium nidus, sigue el mismo patrón.

Frondes pinnatífidas o pinnatipartidas. La lámina está hendida en lóbulos que no llegan a separarse del raquis. El polipodio, Polypodium vulgare y su pariente mediterráneo Polypodium cambricum, es el ejemplo más común en muros viejos y troncos musgosos.

Frondes pinnadas (una vez divididas). Las pinnas se separan por completo y se insertan directamente en el raquis. Aquí entra el helecho de Boston, Nephrolepis exaltata, el más vendido como planta de interior, y el Blechnum spicant de los hayedos y robledales atlánticos.

Frondes bipinnadas y tripinnadas. Las pinnas se dividen a su vez en pínnulas, y estas pueden volver a dividirse. El helecho macho, Dryopteris filix-mas, es bipinnado; el helecho hembra, Athyrium filix-femina, llega a bipinnado-pinnatífido y por eso tiene ese aspecto de encaje; el helecho común o helecho águila, Pteridium aquilinum, que coloniza laderas quemadas y suelos ácidos de media España, es tripinnado y puede pasar de los dos metros.

Hay además formas que no encajan en esa escala. Las frondes flabeladas o palmeadas, en abanico, aparecen en el culantrillo de pozo, Adiantum capillus-veneris, que en la Península vive pegado a paredes rezumantes y fuentes, incluso en pleno sur. Y las dicótomas, bifurcadas en horquilla repetida, dan al cuerno de alce, Platycerium bifurcatum, su silueta de asta.

Detalle de una fronde de helecho con sus pinnas

Frondes fértiles y estériles: el dimorfismo que confunde

Un segundo criterio, independiente del anterior, separa las frondes por su función. En el grueso de los helechos todas las hojas hacen lo mismo: fotosintetizan y llevan soros. Pero en bastantes especies hay dimorfismo foliar, es decir, dos tipos de fronde con aspecto distinto.

El Blechnum spicant lo enseña de forma inmejorable: mantiene una roseta de frondes estériles abiertas, planas y coriáceas contra el suelo, y de su centro levanta frondes fértiles erguidas, mucho más estrechas, con las pinnas reducidas a poco más que un soporte para los soros. Quien no lo sepa piensa que la planta está enferma o espigada, y las corta. En Osmunda regalis, el helecho real de las riberas del norte y noroeste, la fertilidad se concentra en la parte alta de la fronde, que se vuelve parda y con aspecto de panícula. Y en el cuerno de alce conviven frondes de nido, redondeadas y aplicadas al soporte, que acumulan hojarasca y agua, con las frondes colgantes y bifurcadas, que son las fértiles.

De aquí sale la primera regla de mantenimiento: una fronde parda no siempre es una fronde muerta. Antes de cortar, hay que mirar si el color viene de los soros, de la senescencia natural o de un problema real.

Cuántos helechos existen y desde cuándo

Los helechos, en sentido amplio (clase Polypodiopsida, que incluye también colas de caballo y helechos falsos como Ophioglossum), rondan las 10.000 a 12.000 especies descritas en el mundo. Es el segundo grupo de plantas vasculares por número de especies, muy por detrás de las plantas con flor pero muy por delante de las gimnospermas, que apenas pasan del millar. En la Península Ibérica y Baleares la cifra es modesta, del orden de 120 a 140 táxones, y buena parte se concentra en la franja atlántica y en los barrancos húmedos de montaña. Canarias, con su laurisilva, tiene una diversidad pteridológica muy superior en proporción a su superficie.

En cuanto a la antigüedad, los primeros helechos reconocibles aparecen en el Devónico, hace en torno a 380 millones de años, y durante el Carbonífero formaron junto a licopodios y equisetos arborescentes los bosques cuyos restos son hoy nuestro carbón. Conviene matizar un tópico: los helechos que vemos en el monte no son "fósiles vivientes". La gran mayoría pertenece a los helechos leptosporangiados, un linaje que se diversificó sobre todo en el Cretácico, después de la aparición de las plantas con flor, ocupando el sotobosque sombrío que estas crearon. Son, en gran medida, un grupo moderno adaptado a la sombra de otro grupo moderno.

Lo que las frondes dicen sobre el cultivo

La morfología de la fronde tiene lecturas prácticas directas. Las láminas muy divididas y finas —culantrillos, Adiantum raddianum, helechos de Boston— tienen una relación superficie/volumen enorme y pierden agua a gran velocidad: no toleran ni un solo secado a fondo del cepellón ni el aire directo de un radiador o de un aire acondicionado. Las frondes enteras y coriáceas, como las del Asplenium nidus o las del Ceterach officinarum de nuestros muros, aguantan mucho mejor la sequedad ambiental; el segundo llega a enrollar las frondes y parecer muerto en verano para reverdecer con las primeras lluvias de otoño.

Tres errores frecuentes, para terminar:

Abrillantar las frondes. Los productos de brillo foliar taponan estomas y el resultado suele ser una fronde manchada y seca en pocas semanas. Basta con un pulverizado de agua sin cal o un paño húmedo, y en las especies pelosas ni eso.

Cortar a media hoja. Una fronde seca se elimina desde la base, a ras del rizoma, no a mitad del raquis. El muñón no rebrota, se pudre y sirve de puerta de entrada.

Regar con agua muy calcárea. En buena parte del interior peninsular el agua del grifo es dura, y los helechos, adaptados a suelos ácidos y ricos en materia orgánica, responden con puntas pardas y bordes quemados. Agua de lluvia, agua reposada o agua osmotizada mezclada resuelven el problema mejor que cualquier abono.

En resumen

La fronde es la hoja del helecho, con una nomenclatura propia —estípite, raquis, pinnas, pínnulas— justificada por su grado de división y por su desarrollo enrollado en báculo. Se clasifican por división (enteras, pinnatífidas, pinnadas, bipinnadas, tripinnadas, flabeladas, dicótomas) y por función (estériles y fértiles, a veces claramente dimorfas). Los soros del envés son estructuras reproductivas normales, no una plaga. Y los cerca de 10.000 a 12.000 helechos actuales, aunque su linaje arranque en el Devónico, son en su mayoría un grupo relativamente reciente especializado en la sombra. Entender la fronde ahorra podas innecesarias, tratamientos fitosanitarios inútiles y bastantes plantas muertas.


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