De un kilo de paja de cereal seca, bien pasteurizada y sembrada, se cosechan habitualmente entre 600 y 900 gramos de setas frescas. Ese rendimiento —que en el sector se mide como eficiencia biológica y en cultivos afinados llega a superar el 100 %— es lo que ha convertido a la gírgola, Pleurotus ostreatus, en el hongo comestible más cultivado del mundo después del champiñón, y en el más razonable para empezar en casa o en una nave pequeña.
Qué es exactamente una gírgola
Pleurotus ostreatus es un basidiomiceto de la familia Pleurotaceae. En España se la conoce como gírgola —del catalán y valenciano gírgola—, seta de ostra, seta de chopo u orellana, según la zona. La forma del sombrero explica el nombre: entre 5 y 25 cm, primero convexo con el margen enrollado hacia dentro, después extendido en concha, abanico o riñón, con un pie corto insertado de forma lateral o excéntrica, y a menudo casi ausente.
El color va del gris pizarra al pardo, pasando por el beige y el crema, y depende mucho de la temperatura: las mismas cepas dan sombreros más oscuros cuando fructifican con frío y más claros en ambientes templados. Las láminas son blancas o crema, muy decurrentes, es decir, bajan por el pie hasta perderse en él. La carne es blanca, elástica en el sombrero y fibrosa, casi correosa, en la base: por eso los ejemplares grandes se aprovechan solo por la parte alta. El olor recuerda a harina fresca y la esporada es blanca con un matiz lila o grisáceo.
Ecológicamente es un saprófito lignícola causante de podredumbre blanca. Su micelio segrega lacasas y peroxidasas capaces de degradar la lignina, algo que muy pocos organismos hacen, y de ahí que pueda alimentarse de materiales tan pobres como la paja o el serrín. En el monte fructifica sobre tocones y troncos heridos de frondosas: chopo y álamo, sauce, haya, olmo, nogal, higuera, y con menor frecuencia encina. En coníferas es raro. Fructifica sobre todo de octubre a marzo, disparado por el descenso de temperatura tras las lluvias de otoño.
Una curiosidad que aclara su ecología: Pleurotus es un hongo nematófago. Sus hifas producen gotas tóxicas que paralizan nematodos del sustrato y luego los colonizan, obteniendo así el nitrógeno que la madera no le da. No es un detalle anecdótico, es la razón de que prospere en un sustrato con relación carbono/nitrógeno tan desfavorable.
Cuidado con la confusión: la seta del olivo
Antes de seguir conviene decirlo, porque cada otoño hay intoxicaciones en España por esta causa. Omphalotus olearius, la seta del olivo, crece en cepellones de olivo, encina y otras frondosas mediterráneas, forma ramos apretados y tiene también láminas muy decurrentes. La diferencia está en el color: toda la seta del olivo es de un naranja azafranado uniforme, láminas incluidas, mientras que la gírgola nunca tiene láminas anaranjadas. Además, la seta del olivo tiene un pie bien desarrollado y central o subcentral, y sus láminas emiten una débil bioluminiscencia verdosa en oscuridad total. No es mortal, pero provoca un cuadro gastrointestinal severo. Ante la duda, no se recoge.
Ciclo biológico y valor nutricional
El ciclo empieza en el basidio, la célula fértil de las láminas, donde tras la cariogamia y la meiosis se forman cuatro basidiosporas haploides. Cada espora germina en un micelio primario monocariótico, que por sí solo no fructifica. Cuando dos micelios compatibles se encuentran, sus hifas se fusionan y dan un micelio secundario dicariótico, con dos núcleos por célula y unas estructuras de conexión llamadas fíbulas que son visibles al microscopio y sirven para confirmar que un cultivo está dicariotizado. El sistema de compatibilidad es heterotálico tetrapolar, lo que en la práctica significa que solo una parte de los cruces posibles es fértil; de ahí que el cultivo comercial parta siempre de cepas seleccionadas y no de esporas al azar.
Ese micelio dicariótico coloniza el sustrato, y cuando agota la fase vegetativa y recibe el estímulo adecuado —bajada térmica, luz, aire fresco, humedad alta— agrupa hifas en primordios que se convierten en los carpóforos que comemos.
Nutricionalmente, la gírgola fresca es agua en un 88-90 %. Sobre materia seca, la proteína ronda el 20-30 %, con un perfil de aminoácidos mejor equilibrado que el de los vegetales corrientes, y la grasa apenas llega al 2-3 %. Aporta fibra en forma de betaglucanos y quitina, potasio, fósforo, hierro y vitaminas del grupo B, sobre todo niacina y riboflavina. Contiene ergosterol, que se convierte en vitamina D2 al exponer las setas cortadas al sol durante un par de horas, un truco doméstico que multiplica ese aporte de forma medible. También produce de manera natural lovastatina, la misma molécula que se usa como fármaco hipolipemiante, aunque en cantidades muy inferiores a una dosis terapéutica: comer gírgolas no sustituye a ningún tratamiento.
Cultivo paso a paso sobre sustrato
El sustrato. Paja de trigo o de cebada cortada a 3-8 cm es la opción clásica y barata. Funcionan igual de bien la cascarilla de arroz, el serrín de chopo o haya suplementado con salvado, el orujo de uva, la cañamiza, el cartón sin tintas y los posos de café mezclados con paja. Lo que no funciona es la paja enmohecida ni el material con restos de herbicidas persistentes.
La higienización. Este es el punto donde se pierde la mayoría de los cultivos aficionados. No hace falta esterilizar, basta con pasteurizar: sumergir la paja hidratada en agua a 65-75 °C durante 60-90 minutos y escurrirla bien. La alternativa en frío, muy usada por su sencillez, es la hidratación alcalina: sumergir la paja 14-18 horas en agua con cal apagada (hidróxido cálcico) al 1 % en peso, que sube el pH por encima de 12 y frena a los competidores sin matar al Pleurotus, que tolera bien la alcalinidad. Después hay que escurrir hasta un 65-70 % de humedad; la prueba de campo es apretar un puñado con fuerza: deben salir dos o tres gotas, no un chorro.
La siembra. Micelio en grano al 3-5 % del peso húmedo del sustrato, mezclado a fondo o en capas alternas dentro de una bolsa de plástico perforada de 5 a 15 kg. Las perforaciones, de 5-10 mm cada 10-15 cm, permiten el intercambio gaseoso. Manos limpias, superficie desinfectada con alcohol y bolsa cerrada de inmediato.
La incubación. De 20 a 25 °C, en penumbra, durante 14 a 21 días. En esta fase el hongo tolera y hasta agradece concentraciones altas de CO₂, así que no hay que ventilar. El bloque se vuelve blanco y compacto y desprende olor a hongo fresco. Cualquier mancha verde azulada es Trichoderma y obliga a retirar esa bolsa lejos del resto: es el contaminante número uno y se propaga por esporas.
La fructificación. Aquí cambian todas las condiciones a la vez. Se baja la temperatura a 14-18 °C —muchas cepas comerciales necesitan además un choque frío de 24-48 horas a 10-12 °C—, se sube la humedad relativa al 85-95 %, se dan de 8 a 12 horas diarias de luz difusa y, sobre todo, se ventila. Los primordios aparecen en 4-7 días y las setas están listas 5 o 6 días después.
La cosecha. Se recoge el ramo entero de una vez, girándolo y tirando, o cortándolo a ras del bloque, cuando el margen del sombrero todavía está algo enrollado o apenas plano. Si se espera a que el margen se levante y ondule, la seta ya ha empezado a soltar esporas, pierde textura y aguanta mucho menos en cámara. Tras cada oleada, el bloque descansa y vuelve a producir a los 10-15 días; lo normal son dos o tres oleadas, con la primera aportando del 60 al 70 % de la cosecha total.
Cultivo en troncos, la vía lenta
Para huerto o jardín, la opción sin infraestructura es inocular troncos. Se cortan de chopo, sauce, haya, olmo o nogal, de 25-40 cm de diámetro y un metro de largo, en reposo vegetativo (de noviembre a febrero) y con la madera recién cortada, entre dos semanas y dos meses después de la tala: madera fresca para que no la haya colonizado otro hongo, pero no el mismo día, porque los compuestos antifúngicos del árbol vivo aún están activos.
Se perforan agujeros de 8 mm en tresbolillo cada 15-20 cm, se introducen tarugos de madera colonizados y se sellan con cera. Después, los troncos se apilan a la sombra, sobre suelo, semienterrados unos centímetros y protegidos de la insolación directa. La colonización tarda de 8 a 14 meses, la primera fructificación llega con el otoño siguiente y el tronco puede producir de tres a seis años. Es menos productivo por kilo de materia, pero exige un trabajo casi nulo y da setas de textura claramente superior.
Errores frecuentes y creencias equivocadas
"Las setas se crían a oscuras". Es el error más extendido y viene de extrapolar el champiñón, que sí fructifica sin luz. Pleurotus necesita luz para formar sombreros normales. Sin ella, o con muy poca, salen pies larguísimos y blancos rematados por un sombrerito diminuto. Con 200-500 lux de luz difusa —la de una ventana orientada al norte, o un fluorescente unas horas— es suficiente.
Pies largos y sombreros pequeños casi siempre son CO₂. Si hay luz y aun así las setas se estiran, el problema es la acumulación de dióxido de carbono. En fructificación conviene mantenerlo por debajo de 1.000 ppm, lo que significa renovar el aire varias veces al día. En un armario o una habitación cerrada, esto es lo primero que falla.
No se riegan las setas. Se humedece el ambiente: paredes, suelo, aire, con nebulización fina. El agua depositada directamente sobre los sombreros favorece manchas bacterianas por Pseudomonas tolaasii, que dejan cráteres pardos, y arruina la conservación.
La esporada abundante es un problema de salud. Un cultivo denso de Pleurotus libera enormes cantidades de esporas, y la exposición repetida puede provocar rinitis, asma o neumonitis por hipersensibilidad, un cuadro descrito en trabajadores del sector. Recoger antes de la esporulación plena, ventilar bien y usar mascarilla FFP2 en naves cerradas no es exagerar.
Otras especies del género. Si el calor peninsular impide fructificar en verano, existen alternativas: Pleurotus pulmonarius tolera temperaturas más altas, Pleurotus djamor (la rosada) fructifica bien por encima de 24 °C, y Pleurotus eryngii, nuestra seta de cardo, se cultiva sobre sustratos formulados con salvado y tiene un mercado propio. Cada una pide su rango, así que conviene elegir la especie y la cepa según la estación en la que se vaya a producir, y no al revés.
En resumen
La gírgola es un hongo saprófito de podredumbre blanca, de sombrero en concha, láminas blancas decurrentes y pie lateral, que crece de forma natural sobre tocones de frondosas en otoño e invierno. Se cultiva sobre paja o subproductos agroindustriales pasteurizados o tratados con cal, con una siembra al 3-5 %, incubación a 20-25 °C durante dos o tres semanas y fructificación a 14-18 °C con humedad del 85-95 %, luz difusa y ventilación abundante. La ventilación y la luz son las dos variables que separan un cultivo productivo de uno de setas espigadas. Y en el campo, la única confusión seria es Omphalotus olearius: láminas anaranjadas, se descarta.