Corta la punta de un tallo y, en dos o tres semanas, las yemas laterales que llevaban meses paradas empiezan a brotar. No ha entrado luz nueva, no has abonado, no ha cambiado la temperatura: lo único que ha pasado es que has eliminado la fuente de una sustancia que las mantenía dormidas. Esa sustancia es una hormona vegetal, y entender cómo funcionan explica buena parte de lo que hacemos en el jardín sin saber muy bien por qué funciona.
Qué es exactamente una fitohormona
Una fitohormona es una molécula orgánica que la propia planta sintetiza en cantidades diminutas y que actúa como señal: se produce en un sitio, viaja (o no) hasta las células que tienen el receptor adecuado y modifica lo que esas células hacen. No aporta energía ni materia estructural. Es información química.
Conviene marcar tres diferencias respecto a las hormonas animales, porque la analogía se estira demasiado a menudo:
No hay glándulas. Una planta no tiene un órgano especializado que fabrique auxina. La produce el meristemo apical, las hojas jóvenes, las semillas en desarrollo. Casi cualquier tejido vivo puede sintetizar alguna hormona en algún momento.
La respuesta depende del tejido, no de la señal. La misma concentración de auxina estimula el alargamiento de un tallo e inhibe el de una raíz. No existe "la función de la auxina": existe lo que cada tipo de célula hace cuando la detecta.
Nunca actúa una sola. Lo que decide si una yema brota, si una hoja cae o si un fruto madura no es la cantidad absoluta de una hormona, sino la proporción entre varias. Este es el punto que más cuesta interiorizar y el que más errores evita.
Auxinas: la hormona del crecimiento dirigido
La auxina natural principal es el ácido indolacético (AIA). Se fabrica sobre todo en los ápices en crecimiento y en las hojas más jóvenes, y desciende por el tallo mediante un transporte polar: siempre hacia abajo, célula a célula, gracias a unas proteínas transportadoras (las PIN) situadas en la cara basal de la membrana. Esa direccionalidad es lo que convierte a la auxina en un sistema de coordenadas para la planta.
De ahí salen fenómenos que se ven a diario:
Dominancia apical. La auxina que baja del ápice mantiene inhibidas las yemas laterales. Al despuntar, el flujo se corta y las yemas de abajo se liberan. Cada vez que pinzas una petunia, un tomate o un seto, estás manipulando auxina. Y explica por qué un pino, con dominancia apical fortísima, no rebrota igual que un ligustro.
Fototropismo y gravitropismo. La auxina se redistribuye hacia el lado sombreado del tallo, esas células se alargan más y el tallo se curva hacia la luz. En la raíz el mismo desplazamiento produce el efecto contrario, porque las células radiculares se inhiben con concentraciones que al tallo le estimulan. Por eso la raíz busca abajo y el tallo arriba con la misma señal.
Enraizamiento. Una concentración alta de auxina en la base de un esqueje induce raíces adventicias. Los productos comerciales usan análogos sintéticos más estables que el AIA: AIB (ácido indolbutírico) y ANA (ácido naftalenacético). El AIB es el habitual en polvos y geles de enraizamiento, en concentraciones que van de un 0,1 % para esquejes herbáceos a un 0,8 % para leñosas duras.
Aquí está uno de los errores más repetidos del aficionado: más hormona de enraizamiento no da más raíces. Pasado el óptimo, la auxina inhibe la formación de raíces y quema la base del esqueje, que se ennegrece. Si mojas el esqueje y lo hundes en el bote hasta cargarlo de polvo, estás perjudicándolo. Basta un ligero espolvoreo en el primer centímetro, sacudiendo el exceso.
El otro error es esperar milagros. La hormona acelera y uniformiza el enraizamiento de especies que ya enraízan; no convierte en fácil de multiplicar a una especie que no lo es.
Giberelinas: alargar, germinar, cuajar
Las giberelinas (se conocen decenas, la activa más citada es el GA3) provocan sobre todo elongación de entrenudos. Una planta enana por mutación suele serlo porque falla en la síntesis o en la percepción de giberelinas; si se las aplicas, alcanza el tamaño normal.
Otras funciones prácticas:
Germinación. En muchas semillas, la salida de la latencia consiste en que las giberelinas ganan el pulso al ácido abscísico. La estratificación en frío que hacemos con manzano, rosal o peonía funciona porque, durante esas semanas de nevera húmeda a 4-5 °C, el ABA se degrada y el equilibrio se inclina hacia las giberelinas.
Cuajado y tamaño de fruto. En viticultura el GA3 se usa para alargar el racimo y engordar la baya en variedades apirenas como la sultanina. Es de los pocos usos hormonales realmente extendidos en el campo español.
Subida a flor. Muchas plantas en roseta (lechuga, zanahoria, digital) alargan de golpe el tallo floral cuando suben las giberelinas con el calor y el día largo. Lo llamamos "espigado" y es una respuesta hormonal, no un capricho.
La cara opuesta también es negocio: los inhibidores de giberelinas (paclobutrazol, daminozida) son la razón de que la poinsetia de Navidad, el crisantemo de maceta o la azalea que compras vengan compactos y cargados de flor. Al año siguiente, sin el retardante, la planta crece larguirucha y desgarbada. No la has cultivado mal: estás viendo su porte real.
Citoquininas: brotar y no envejecer
Las citoquininas (zeatina, kinetina, bencilaminopurina) se sintetizan sobre todo en el ápice de la raíz y suben con la savia bruta. Estimulan la división celular, promueven la brotación de yemas laterales y retrasan la senescencia de las hojas: una hoja tratada con citoquinina permanece verde mientras las de su alrededor amarillean.
Su relación con la auxina es el ejemplo clásico de que lo importante es la proporción. En un cultivo de tejidos, un mismo callo indiferenciado produce raíces si la relación auxina/citoquinina es alta, y brotes si es baja. Con proporciones intermedias, no se diferencia y sigue siendo una masa de células. Toda la micropropagación comercial —la que llena los viveros de fresa, plátano u orquídea— se sostiene sobre ese ajuste.
En el jardín aparece de forma indirecta: una planta con el cepellón estrangulado en la maceta produce pocas citoquininas en unas raíces que apenas crecen, y se nota en un follaje que amarillea desde abajo aunque la abones. Trasplantar resuelve más de lo que resuelve el fertilizante.
Ácido abscísico: la hormona del "para"
El ácido abscísico (ABA) es la señal de estrés por excelencia. Cuando la raíz detecta sequía, sintetiza ABA y lo envía a la parte aérea; allí provoca el cierre de los estomas en cuestión de minutos, antes de que la hoja llegue a perder turgencia. Es un aviso anticipado, no una reacción al marchitamiento.
También impone y mantiene la latencia de semillas y yemas. Las yemas de un frutal en invierno no brotan con un golpe de calor de enero porque el ABA aún manda; solo tras acumular las horas de frío que pide la especie pierde su dominio.
Consecuencia práctica poco intuitiva: una planta que ha pasado un episodio de sequía moderada tarda días en volver a abrir estomas con normalidad aunque la riegues bien. Por eso, tras un golpe de calor de agosto, la planta parece "no responder" al riego. No está muerta ni encharcada: está saturada de ABA y necesita tiempo para metabolizarlo. Regar más, en ese momento, solo empeora las cosas.
Y un matiz sobre el nombre: se le llamó abscísico porque se creyó que causaba la caída de la hoja. Esa función es sobre todo del etileno. El nombre se quedó, el papel no.
Etileno: la única hormona gaseosa
El etileno es un gas sencillo (C2H4) que difunde por los espacios intercelulares y también por el aire de la habitación. Se ocupa de la maduración de los frutos climatéricos, la senescencia floral, la abscisión de hojas y frutos, y la respuesta a heridas y compresión.
Es la hormona con la aplicación doméstica más directa. Los frutos climatéricos —plátano, manzana, tomate, aguacate, kiwi, melocotón, chirimoya— siguen madurando tras la recolección porque producen un pico de etileno autocatalítico: el etileno induce más etileno. Los no climatéricos —cítricos, uva, fresa, cereza, piña— no lo hacen; una naranja verde no madura en el frutero, solo se deteriora.
De ahí salen dos trucos y una advertencia. Para acelerar un aguacate duro, mételo en una bolsa de papel con una manzana o un plátano maduros: concentras el etileno. Para conservar, haz lo contrario: separa la fruta madura del resto y no guardes patatas junto a manzanas, porque el etileno rompe su latencia y las hace brotar.
La advertencia es floral. Muchas flores cortadas —clavel, alstroemeria, boca de dragón, delfinio— son extremadamente sensibles al etileno y se marchitan en horas cerca de fruta madura. Un jarrón sobre el frutero es la peor ubicación posible del salón.
El etileno explica además la tigmomorfogénesis: una planta sometida a viento o a roce libera etileno, frena el alargamiento y engrosa el tallo. Es la base de por qué los plantones criados a resguardo total en interior salen débiles y espigados, y por qué pasarles la mano o ponerles un ventilador un rato al día los endurece de verdad.
Las otras: brasinoesteroides, jasmonatos, salicílico y estrigolactonas
El grupo clásico son cinco, pero la lista se ha ampliado con moléculas que hoy nadie discute:
Brasinoesteroides. Esteroides vegetales que intervienen en la elongación celular y, sobre todo, en la tolerancia a estrés térmico y salino. Aparecen ya en algunos bioestimulantes comerciales.
Jasmonatos. El ácido jasmónico coordina la defensa frente a insectos masticadores y hongos necrótrofos. Cuando una oruga muerde una hoja, la vía del jasmonato activa la síntesis de inhibidores de proteasas que hacen la hoja indigesta, y en algunas especies emite volátiles que atraen a los depredadores del herbívoro. Un jardín donde nunca hay un insecto es un jardín con las defensas desentrenadas.
Ácido salicílico. Gobierna la resistencia sistémica adquirida frente a patógenos biótrofos. Es pariente químico de la aspirina, y de ahí viene el remedio casero de la aspirina en el agua de los esquejes o del florero. La base fisiológica existe, aunque las dosis y los resultados domésticos son mucho más irregulares de lo que se cuenta.
Estrigolactonas. Descubiertas como la señal que emite la raíz para atraer a los hongos micorrícicos, y de paso inhiben la ramificación. Que una planta bien micorrizada se ramifique distinto no es casualidad.
Hormonas, bioestimulantes y lo que puedes esperar
En el garden encontrarás productos que prometen "hormonas naturales": extracto de algas Ascophyllum nodosum, humatos, aminoácidos, agua de sauce. Merece la pena ser claro sobre qué son.
El extracto de alga contiene citoquininas y otros reguladores en cantidades reales, pero muy bajas y variables según lote y estación. Funciona en muchos casos, y no es magia: aporta una señal en dosis modesta, no un vuelco fisiológico. El agua de sauce sí contiene ácido salicílico y precursores auxínicos, y ayuda a algunos esquejes, pero su concentración es incomparable con un gel de AIB al 0,3 %.
La regla que evita casi todos los disgustos es esta: una hormona redistribuye lo que la planta ya puede hacer, no crea recursos nuevos. Si la planta está mal enraizada, mal nutrida o en la exposición equivocada, ninguna fitohormona lo arregla. Aplicada en una planta sana y en el momento correcto, hace un trabajo fino; aplicada como sustituto de un buen manejo, no hace nada o hace daño.
Añade a eso que el margen entre la dosis eficaz y la fitotóxica es estrecho, mucho más que en fertilizantes. Los herbicidas hormonales como el 2,4-D no son otra cosa que auxinas sintéticas en dosis que la planta no puede metabolizar: el crecimiento se descontrola y la planta se retuerce hasta morir. La misma molécula, según cantidad, enraíza o mata.
En resumen
Las hormonas vegetales son señales químicas en dosis mínimas que coordinan crecimiento, reproducción y respuesta al entorno. Las auxinas dirigen el crecimiento, mantienen la dominancia apical e inducen raíces; las giberelinas alargan, germinan y engordan frutos; las citoquininas dividen células y retrasan el envejecimiento; el ácido abscísico cierra estomas e impone la latencia; el etileno madura, envejece y provoca la caída. A ellas se suman brasinoesteroides, jasmonatos, salicílico y estrigolactonas, más ligados a la defensa y a la relación con el suelo.
Lo que decide el resultado no es la cantidad de una sola, sino la proporción entre varias en cada tejido. De ahí las tres conclusiones prácticas: en enraizantes, el exceso perjudica; tras un golpe de sequía hay que dar tiempo, no más agua; y separa la fruta madura de las flores cortadas y de las patatas. Podar, pinzar, estratificar semillas o airear un semillero son, todos ellos, manejo hormonal aunque no lo llamemos así.