Cuando la clasificación molecular entró en escena, la familia Liliaceae perdió por el camino más de dos mil especies. Lo que hasta los años noventa era un cajón de sastre enorme —ajos, cebollas, aloes, espárragos, jacintos, hostas, azucenas de día, zarzaparrillas— quedó reducido a un grupo de unos 15 géneros y algo más de 700 especies, todas ellas herbáceas perennes de zonas templadas del hemisferio norte. Entender ese recorte es la única manera de no equivocarse al hablar de liliáceas, porque buena parte de lo que se encuentra escrito por ahí sigue usando el sentido antiguo de la palabra.

Este artículo repasa qué caracteres definen hoy a la familia, cómo se reproducen sus plantas, de dónde proceden y qué cinco especies representan bien la variedad interna del grupo, con las particularidades de cultivo que importan en el clima peninsular.

Qué es realmente una liliácea después de la revisión de la familia

La Liliaceae actual, la de la clasificación APG, es una familia de monocotiledóneas del orden Liliales. Sus miembros son plantas herbáceas perennes, sin tallos leñosos, que pasan la estación desfavorable bajo tierra en forma de bulbo o de rizoma y rebrotan cada año.

Los rasgos que se repiten a lo largo de la familia son estos:

Órgano subterráneo de reserva. Casi todos los géneros forman bulbos. Hay dos tipos bien distintos y conviene no confundirlos: el bulbo tunicado del tulipán, envuelto en una túnica seca y parda que lo protege de la desecación, y el bulbo escamoso de Lilium y Fritillaria, formado por escamas carnosas sueltas y sin túnica. Esa diferencia tiene consecuencias prácticas enormes: un bulbo de tulipán aguanta meses en un cajón, mientras que uno de azucena se deshidrata en semanas si se deja al aire. Los géneros de bosque (Clintonia, Prosartes, Streptopus, Medeola) no tienen bulbo, sino rizoma rastrero.

Hojas simples y de nervadura paralela. Enteras, sin peciolo o casi, alternas, en roseta basal o dispuestas en verticilos alrededor del tallo, como ocurre en Lilium martagon. Nunca compuestas y nunca con nervadura reticulada marcada.

Flor trímera y vistosa. Aquí está la firma de la familia. El perianto se compone de seis tépalos —piezas en las que no se distinguen sépalos de pétalos— dispuestos en dos verticilos de tres. Hay seis estambres, también en dos series, y un ovario súpero tricarpelar, es decir, situado por encima de la inserción de las piezas florales. Muchas especies llevan nectarios en la base de los tépalos, a veces marcados por una mancha de color o por un surco brillante que orienta a los polinizadores.

Fruto en cápsula o en baya. Lo habitual es una cápsula loculicida que se abre en tres valvas y libera semillas planas, discoidales y con un ala membranosa que facilita su dispersión por el viento; así funcionan lirios, tulipanes y fritillarias. Las subfamilias forestales americanas y asiáticas, en cambio, producen bayas carnosas dispersadas por aves, lo que despista a quien espera cápsulas en toda la familia.

Polinización mayoritariamente entomófila. Abejorros, abejas y mariposas diurnas y nocturnas. Las flores tubulares y colgantes de Fritillaria imperialis, con nectarios que rezuman gotas visibles, atraen además a aves en su área de origen.

Flores blancas de Lilium candidum, la azucena clásica de los jardines mediterráneos

Lo que ya no es una liliácea (y por qué importa)

Este apartado ahorra muchos disgustos al leer bibliografía antigua. Estas plantas se citaban como liliáceas y hoy pertenecen a otras familias:

El ajo, la cebolla y el puerro (Allium) pasaron a las Amarilidáceas. El aloe vera y la azucena de día (Hemerocallis) están en Asfodeláceas. El espárrago, el jacinto, las hostas, el muscari y el lirio de los valles (Convallaria majalis) forman parte de las Asparagáceas. El quitameriendas y el cólquico (Colchicum) tienen familia propia, Colchicaceae. La zarzaparrilla (Smilax aspera), tan común en el monte mediterráneo, es una Esmilacácea.

Y una advertencia terminológica que en España genera más confusión que ninguna otra: lo que aquí se llama "lirio" en el lenguaje corriente suele ser un Iris, planta de la familia Iridáceas, que no es Liliaceae ni lo ha sido nunca. El Iris tiene tres pétalos erguidos y tres sépalos colgantes bien diferenciados, hoja en abanico y rizoma o bulbo pequeño, nada que ver con la estructura de seis tépalos iguales de una azucena. Si quiere evitar el equívoco, use azucena para Lilium y reserve lirio para el Iris.

Cómo se reproducen las liliáceas

Por semilla

Es la vía sexual y la que usan los mejoradores, pero exige paciencia: un tulipán de semilla tarda entre cuatro y siete años en florecer, y una azucena, entre dos y cuatro. Las semillas de las especies templadas necesitan casi siempre frío para germinar. Algunas presentan germinación epigea inmediata —el cotiledón sale a los pocos días si hay humedad y 15-20 ºC— y otras tienen germinación hipogea con doble latencia: forman primero un bulbillo subterráneo, necesitan después un periodo de tres meses en frío (2-5 ºC) y solo entonces emiten la primera hoja. Lilium martagon es el caso clásico de esta segunda estrategia y por eso se siembra en otoño al exterior, dejando que el invierno haga el trabajo.

Por multiplicación vegetativa

Es la vía rápida y la que interesa al jardinero:

Bulbillos axilares. Lilium lancifolium (el lirio tigre) y Lilium bulbiferum producen pequeños bulbillos negruzcos en las axilas de las hojas. Se recogen a finales de verano cuando se desprenden con solo rozarlos y se siembran a 1-2 cm de profundidad en un sustrato ligero.

Escamado. Método muy eficaz y poco conocido fuera del ámbito profesional. Se desprenden escamas sanas de la base de un bulbo de Lilium, se meten en una bolsa con vermiculita o turba apenas húmeda y se mantienen a unos 20 ºC durante seis u ocho semanas; en la base de cada escama se forman uno o varios bulbillos. De un solo bulbo pueden salir veinte o treinta plantas nuevas. Es preferible hacerlo en otoño, tras la floración.

División de bulbos hijos. El tulipán funciona de otra manera: el bulbo madre se agota por completo cada temporada y es sustituido por un bulbo de relevo más los hijos laterales que haya podido formar. Por eso, si se corta la hoja del tulipán demasiado pronto tras la floración, el año siguiente no habrá flor: la planta no ha tenido tiempo de rellenar ese bulbo de relevo. Hay que esperar a que el follaje amarillee solo.

División de rizomas. En Clintonia, Prosartes o Streptopus basta con separar porciones de rizoma con yema en otoño o a la salida del invierno.

Subfamilias: cuatro grupos dentro de una familia pequeña

Lilioideae. La más numerosa y la que da las flores más conocidas. Plantas bulbosas de campo abierto, prado de montaña o estepa, con cápsula y semillas aladas. Incluye Lilium, Tulipa, Fritillaria, Erythronium, Gagea, Cardiocrinum y Notholirion.

Calochortoideae. Reúne el género americano Calochortus, con flores en forma de copa y pelos glandulares muy característicos, y el asiático Tricyrtis, la orquídea de jardín japonesa, que es rizomatosa, de sombra y flor moteada.

Streptopoideae. Plantas rizomatosas de sotobosque con fruto en baya: Streptopus, Prosartes y Scoliopus.

Medeoloideae. Grupo reducido, también de bosque y con baya, con Medeola y Clintonia.

La lectura útil de esta división es que la familia se reparte en dos formas de vida: bulbosas de sol y ciclo corto, que aprovechan la ventana de humedad de la primavera y desaparecen bajo tierra en verano, y rizomatosas de sombra y ciclo largo, con hoja persistente durante toda la estación y fruto carnoso. Cultivar unas con el manual de las otras es el error más frecuente.

Dónde viven las liliáceas

La familia es exclusivamente del hemisferio norte templado: no hay liliáceas nativas en el hemisferio sur ni en los trópicos de tierras bajas. Dentro de ese ámbito hay tres focos claros de diversidad.

Asia central y occidental. Las montañas de Turquía, Irán, Afganistán, Cachemira y las cordilleras de Tian Shan y Pamir-Alai son la patria de los tulipanes y de buena parte de las fritillarias. Es un clima de inviernos largos y fríos, primaveras húmedas y veranos secos y calurosos, exactamente el ciclo que explica por qué estas plantas necesitan un reposo estival seco.

Este de Asia. China, Japón, Corea y el Himalaya concentran el grueso de las especies de Lilium, además de Cardiocrinum y Tricyrtis.

Norteamérica. Calochortus en la vertiente del Pacífico y los géneros de sotobosque —Clintonia, Prosartes, Medeola, Streptopus, Erythronium— en los bosques húmedos del oeste y del noreste.

En la península ibérica hay liliáceas silvestres, aunque poca gente las asocia con la familia: Lilium martagon y Lilium pyrenaicum en Pirineos y Cordillera Cantábrica, Fritillaria pyrenaica, Fritillaria lusitanica, Erythronium dens-canis —el diente de perro, que tapiza hayedos y robledales del norte en marzo—, varias especies de Gagea y el tulipán silvestre Tulipa sylvestris subsp. australis, de flor amarilla, que aparece en pastos de montaña y en ribazos. Todas son plantas protegidas o localmente escasas: no se recolectan bulbos del campo.

Cinco especies representativas

Lilium candidum, la azucena

Originaria del Mediterráneo oriental, es la liliácea mejor adaptada al clima español y la que lleva siglos en los patios y huertos del sur peninsular. Alcanza 1-1,5 m y da flores blancas, muy fragantes, con anteras de un amarillo intenso, en junio.

Tiene una excepción de cultivo que hay que conocer, porque contradice todo lo que se lee sobre azucenas: Lilium candidum se planta en agosto o septiembre y se cubre con apenas 2-3 cm de tierra, mientras que el resto de los Lilium se entierran a 15-20 cm porque emiten raíces en el tallo por encima del bulbo. La razón es que esta especie forma en otoño una roseta de hojas basales que pasa el invierno verde; si se planta profunda, se pudre. Además tolera bien los suelos calizos y el verano seco, cosa que las azucenas asiáticas no soportan. Otro error habitual es regarla en pleno agosto durante el reposo: es la vía rápida a la podredumbre del bulbo.

Fritillaria imperialis, la corona imperial

Planta de Irán, Afganistán y el Himalaya occidental, espectacular y algo temperamental. Levanta un tallo robusto de hasta 1 m rematado por una corona de flores colgantes anaranjadas o amarillas bajo un penacho de brácteas verdes. Florece muy pronto, en marzo o abril.

Su bulbo es grande, carnoso, sin túnica y con un hueco central por donde salió el tallo del año anterior. Ese hueco es su punto débil: si se planta en posición vertical, acumula agua y el bulbo se pudre. La práctica correcta es colocarlo ligeramente inclinado o de costado, a 20 cm de profundidad, sobre un lecho de arena gruesa y en un suelo con drenaje real. Desprende un olor almizclado poco agradable que, según se dice, ahuyenta a los topillos; tómelo como anécdota más que como sistema de control. En zonas de invierno suave e inviernos sin frío suficiente florece mal y acaba desapareciendo tras dos o tres años.

Corona imperial, Fritillaria imperialis, con sus flores anaranjadas colgantes

Tulipa gesneriana, el tulipán de jardín

Bajo este nombre se agrupa el conjunto de híbridos de jardín que dieron lugar a los miles de cultivares actuales, procedentes de tulipanes de Anatolia y Asia central seleccionados primero en el Imperio otomano y después en los Países Bajos.

En España el problema no es el frío sino la falta de él. El tulipán necesita unas 12 a 16 semanas por debajo de 9 ºC para que el tallo se alargue correctamente; sin ese periodo, la flor abre a ras de suelo o directamente aborta. Por eso:

En la mitad norte y en el interior se plantan de noviembre a primeros de diciembre, más tarde que en el centro y norte de Europa, para que el bulbo no arranque con el calor residual del otoño. La profundidad, tres veces la altura del bulbo, unos 12-15 cm; plantar hondo mejora el anclaje y protege del calentamiento del suelo.

En el litoral mediterráneo y en Andalucía baja, lo realista es tratarlos como planta de temporada: bulbos preenfriados en cámara, plantados en diciembre, floración y sustitución al año siguiente. Insistir en naturalizarlos allí es tirar el dinero. Si quiere una bulbosa perenne de flor parecida en clima cálido, las especies botánicas (Tulipa clusiana, Tulipa saxatilis, Tulipa sylvestris) rinden mucho mejor que los híbridos grandes.

Un apunte de seguridad: los bulbos de tulipán contienen tulipalina A, responsable de la dermatitis de contacto conocida como "dedos de tulipán" en quienes los manipulan a diario. Guantes si va a plantar cientos.

Prosartes hookeri

Aquí cambiamos de mundo. Es una herbácea rizomatosa de los bosques húmedos de coníferas del oeste de Norteamérica, desde California hasta la Columbia Británica. Mide 30-80 cm, ramifica en la parte alta, tiene hojas ovadas con nervadura marcada y borde ciliado, y produce flores blanco-verdosas colgantes bajo el follaje, discretas, que pasan fácilmente inadvertidas. El fruto es una baya anaranjada o roja.

Nada que ver con el bulbo, la flor erguida y el sol pleno del tulipán: es planta de sombra, suelo ácido, rico en materia orgánica y fresco todo el año. En España solo prospera en jardines de la cornisa cantábrica o de zonas de montaña húmeda; en clima mediterráneo seco no hay manera.

Clintonia uniflora

Del mismo ambiente forestal que la anterior y con el mismo porte modesto. Forma una roseta basal de dos o tres hojas anchas, brillantes y algo carnosas, de la que emerge un escapo de 10-20 cm con una sola flor blanca de seis tépalos —de ahí el epíteto uniflora— que después da una baya azul intensa, muy llamativa sobre el mantillo del bosque. Las bayas no son comestibles.

Es un buen ejemplo de que la familia no se agota en las bulbosas de flor grande: aquí el fruto es carnoso, la dispersión corre a cargo de las aves y la planta vive en penumbra permanente bajo abetos y tuyas.

Cuidados generales y problemas frecuentes

Suelo. El factor limitante es el drenaje, no la fertilidad. Las bulbosas de la familia mueren por asfixia y podredumbre mucho más a menudo que por hambre. En suelos pesados, plante sobre un lecho de arena gruesa de 3-4 cm o levante el bancal.

Riego. Agua durante el crecimiento y la floración; corte progresivamente cuando el follaje amarillee y mantenga el bulbo seco en reposo estival. Ese ciclo húmedo-seco reproduce el clima de origen y no es un capricho.

Abonado. Un abono bajo en nitrógeno y alto en potasio al inicio del crecimiento y otro tras la floración. El exceso de nitrógeno da hoja tierna, tallos que se doblan y más susceptibilidad a hongos.

El criocero del lirio. Lilioceris lilii es un escarabajo de un rojo brillante de unos 8 mm que se ha extendido por buena parte de Europa y ya está bien asentado en el norte de España. Adultos y larvas —estas se recubren de sus propios excrementos, un camuflaje inconfundible— pueden defoliar una azucena en pocos días. La recogida manual diaria en primavera funciona en jardín pequeño; si no se hace, no hay planta.

Hongos. Botrytis elliptica en azucenas y Botrytis tulipae en tulipanes producen manchas ovaladas pardas en hoja y flor en primaveras lluviosas. Ventilación, no mojar el follaje al regar y retirar los restos vegetales al final del ciclo.

Toxicidad para gatos. Este punto es serio y se conoce poco: todas las partes de Lilium son gravemente tóxicas para los gatos, incluido el polen y el agua del jarrón, y pueden provocar una insuficiencia renal aguda mortal con cantidades mínimas. En casa con gatos, ni ramos de azucenas ni macetas al alcance.

En resumen

Las Liliaceae de hoy son una familia de unos 15 géneros y algo más de 700 especies de herbáceas perennes del hemisferio norte, reconocibles por su flor de seis tépalos, seis estambres y ovario súpero tricarpelar, y por su órgano subterráneo de reserva, bulbo en las especies de sol y rizoma en las de sotobosque. Ajos, aloes, espárragos, jacintos y azucenas de día ya no forman parte de ella, y el "lirio" del habla corriente es casi siempre un Iris, de otra familia distinta.

En el jardín, tres ideas resuelven la mayoría de los fracasos: drenaje antes que nada, reposo estival seco y respetar el follaje hasta que amarillee para que el bulbo se recargue. A eso hay que sumar las excepciones que valen su peso en oro: Lilium candidum se planta somero y en verano, la corona imperial se entierra de lado para que no se le encharque el hueco del bulbo, y los tulipanes híbridos en el sur de España son planta de temporada, no perenne. Con esas reglas, la familia da algunas de las floraciones más agradecidas que se pueden tener en primavera.


Contenidos relacionados