Saber cómo está construida una planta no es un ejercicio de memoria escolar. Es lo que explica por qué un trasplante mal hecho mata un arbusto, por qué pinzar una punta hace que salgan dos ramas, por qué un kiwi puede no dar fruto nunca por muy bien que lo cuides o por qué una herida en el tronco a la altura equivocada termina secando un árbol entero.

Vamos a recorrer las seis partes fundamentales —raíz, tallo, hoja, flor, fruto y semilla— explicando de cada una qué es, qué hace y qué consecuencias tiene eso en el jardín.

Esquema con las partes de una planta

Órganos vegetativos y órganos reproductores

Antes de entrar en detalle, la división básica. Las plantas superiores tienen:

Órganos vegetativos: raíz, tallo y hoja. Se encargan de sostener a la planta, nutrirla y hacerla crecer.

Órganos reproductores: flor, fruto y semilla. Se encargan de perpetuar la especie.

Esta distinción tiene aplicación práctica inmediata. Un abono rico en nitrógeno favorece el desarrollo vegetativo —hojas y tallos—, mientras que uno rico en fósforo y potasio favorece la floración y la fructificación. Por eso un tomate sobrealimentado con nitrógeno hace una mata magnífica y da cuatro tomates.

La raíz

Es la parte que crece hacia abajo (geotropismo positivo) y huyendo de la luz. Sus funciones son cuatro: anclar la planta al suelo, absorber agua y sales minerales, almacenar reservas y, en muchas especies, asociarse con hongos y bacterias del suelo.

Si miras una raíz joven de punta a base encontrarás cuatro zonas bien diferenciadas:

Cofia o caliptra. Un casquete de células que protege el extremo y se va desgastando conforme la raíz abre camino entre las partículas del suelo. Segrega mucílago que lubrica el avance.

Zona de crecimiento. Inmediatamente detrás, donde el meristemo apical produce células nuevas y estas se alargan. Es el motor del avance.

Zona pilífera. Cubierta de pelos absorbentes, prolongaciones microscópicas de las células de la epidermis. Aquí es donde se absorbe prácticamente toda el agua y todos los nutrientes de la planta, porque multiplican enormemente la superficie de contacto con el suelo.

Zona de ramificación o suberificada. Ya lignificada. Aquí la raíz solo transporta y sostiene, y emite raíces secundarias.

Aquí está la primera lección práctica importante. Los pelos absorbentes son extraordinariamente frágiles y de vida muy corta: se destruyen al arrancar la planta, al sacudir el cepellón o simplemente al dejar la raíz al aire diez minutos. Cuando trasplantas y la planta «se queda mustia», no es porque la hayas asustado: es que ha perdido casi toda su superficie absorbente y tarda días o semanas en reconstruirla. De ahí que se recomiende trasplantar con el cepellón intacto, regar abundantemente después, dar sombra los primeros días y reducir la parte aérea en trasplantes grandes, para equilibrar lo que la planta pierde por transpiración con lo poco que puede absorber.

Y una consecuencia más: las raíces absorbentes no están junto al tronco, sino en la periferia del sistema radicular, en una zona que aproximadamente coincide con la proyección de la copa. Regar y abonar pegado al tronco de un árbol es tirar el agua y el abono.

Tipos de raíz. Se distingue la axonomorfa o pivotante, con una raíz principal dominante y otras secundarias (típica de dicotiledóneas: encina, pino, zanahoria); la fasciculada, un manojo de raíces similares sin ninguna dominante (típica de monocotiledóneas: gramíneas, palmeras, cereales); las tuberosas o napiformes, engrosadas para almacenar reservas (dalia, remolacha, boniato); y las adventicias, que salen de tallos u hojas y no de otra raíz. Estas últimas son la base de la multiplicación por esquejes, acodos y estolones: sin la capacidad de emitir raíces adventicias, no existiría la jardinería tal como la conocemos.

Merece un párrafo la simbiosis radicular. La mayoría de plantas terrestres forman micorrizas: asociaciones con hongos del suelo que extienden su micelio mucho más allá de lo que llega la raíz y le entregan agua, fósforo y otros nutrientes a cambio de azúcares. En las leguminosas, además, hay nódulos con bacterias del género Rhizobium capaces de fijar el nitrógeno atmosférico, lo que explica por qué las leguminosas enriquecen el suelo y por qué la rotación de cultivos funciona.

El tallo

Crece hacia arriba y hacia la luz. Sostiene hojas, flores y frutos, los orienta hacia donde interesa, y conduce las sustancias entre la raíz y las hojas.

Sus elementos:

Nudos: los puntos donde se insertan las hojas. Entrenudos: los tramos entre nudo y nudo. Cuando una planta tiene poca luz, alarga desmesuradamente los entrenudos buscándola: es lo que llamamos etiolación, y se reconoce por tallos largos, débiles y pálidos con las hojas muy separadas.

Yemas. La yema apical está en la punta; las yemas axilares, en la axila de cada hoja. La apical produce una hormona (auxina) que inhibe el desarrollo de las axilares: es la dominancia apical. Cuando pinzas o cortas la punta de un tallo, eliminas esa inhibición y las yemas de abajo brotan. Esa es toda la teoría que hay detrás de podar para ramificar, del pinzado de los geranios, del despunte de la albahaca y del recorte de un seto para que espese.

Sistema conductor. Dos tejidos:

El xilema conduce la savia bruta —agua y sales minerales— desde la raíz hasta las hojas. Es el tejido interior, y en los árboles constituye la madera.

El floema conduce la savia elaborada —los azúcares producidos en la fotosíntesis— desde las hojas hacia el resto de la planta. Va por fuera, justo debajo de la corteza.

Entre ambos, en las plantas leñosas, está el cámbium, una fina capa de células que se divide y produce xilema hacia dentro y floema hacia fuera. Ese engrosamiento anual es lo que genera los anillos de crecimiento.

Consecuencia práctica de peso: como el floema circula por la parte externa, una herida anular que rodee completamente el tronco corta el suministro de azúcares hacia la raíz y mata el árbol, aunque las hojas sigan verdes meses. Ocurre con las desbrozadoras que golpean repetidamente la base de los árboles jóvenes, con los tutores atados con alambre que se clavan al engrosar el tronco y con los roedores que descortezan en invierno. La versión controlada de esto es el anillado, técnica que se usa en fruticultura para forzar la acumulación de reservas por encima del corte y aumentar el cuajado.

Tipos de tallo. Aéreos: el tronco leñoso y ramificado de los árboles; el estípite de las palmeras, no ramificado y sin crecimiento en grosor —por eso una palmera dañada en su único punto de crecimiento apical no se recupera nunca—; la caña hueca de gramíneas y bambúes. Subterráneos, y aquí conviene fijarse porque se confunden con raíces: el rizoma (lirios, bambúes, jengibre), el tubérculo (la patata, que es tallo y no raíz, como delatan sus yemas u «ojos»), el bulbo (cebolla, tulipán, narciso: en realidad un tallo muy corto rodeado de hojas carnosas de reserva) y el estolón rastrero de la fresa o del césped bermuda.

La hoja

Es la fábrica de la planta. En ella ocurren tres procesos: la fotosíntesis, que convierte CO₂, agua y luz en azúcares liberando oxígeno; la transpiración, que evapora agua y genera la fuerza de succión que hace subir la savia bruta por el tallo; y el intercambio gaseoso.

Partes de una hoja completa: el limbo (la lámina), el peciolo (el rabillo que la une al tallo), la vaina (ensanchamiento de la base, muy evidente en gramíneas), los nervios (que son las prolongaciones del sistema conductor) y a veces estípulas en la base del peciolo.

La cara superior se llama haz y la inferior envés. En la mayoría de las plantas los estomas —los poros microscópicos por los que entra el CO₂ y sale el vapor de agua— se concentran en el envés, protegidos del sol directo.

De ahí salen dos consejos que se repiten mucho y ahora se entienden: los tratamientos fitosanitarios hay que aplicarlos mojando bien el envés, porque es donde están los estomas y donde se refugian araña roja, mosca blanca y pulgón; y no conviene mojar las hojas a pleno sol, ni regar por aspersión en las horas centrales, porque además de favorecer hongos se desaprovecha buena parte del agua.

Clasificaciones útiles. Por su división, simples (un solo limbo: laurel, olivo) o compuestas (limbo dividido en folíolos independientes: falsa acacia, fresno, rosal). Por su duración, perennes —que no significa que no se caigan nunca, sino que la renovación es gradual y la planta nunca queda desnuda— o caducas, que se pierden todas en otoño. Por su nerviación, paralelinervias en monocotiledóneas y reticuladas en dicotiledóneas.

Hojas transformadas. Muchas cosas que no parecen hojas lo son: las espinas de los cactus son hojas modificadas, reducidas al mínimo para no perder agua, y las areolas de donde salen son en realidad yemas axilares. Los zarcillos de la vid y del guisante son hojas o partes de hojas transformadas en órganos de sujeción. Y las brácteas son hojas modificadas asociadas a la floración: lo rojo de la flor de Pascua (Euphorbia pulcherrima) y lo llamativo de la buganvilla no son pétalos, son brácteas coloreadas. La flor verdadera es la cosita insignificante del centro.

La flor

Es el órgano reproductor de las angiospermas o plantas con flor. Una flor completa tiene cuatro verticilos, de fuera hacia dentro:

Cáliz. Formado por los sépalos, generalmente verdes. Protege el capullo antes de abrirse.

Corola. Formada por los pétalos, coloreados, cuya función es atraer a los polinizadores. Cáliz y corola juntos forman el perianto. Cuando sépalos y pétalos son indistinguibles —tulipán, lirio, azucena— se llaman tépalos.

Androceo. El aparato masculino: el conjunto de estambres, cada uno con un filamento que sostiene una antera, que es donde se produce el polen.

Gineceo o pistilo. El aparato femenino, formado por uno o varios carpelos. Consta de ovario en la base, donde están los óvulos; estilo, la columna que asciende; y estigma en el extremo, la superficie pegajosa que recibe el polen.

Esquema de las partes de una flor

La polinización es el transporte del polen desde la antera hasta el estigma; la fecundación es la unión posterior de los gametos. Tras ella, el ovario se transforma en fruto y los óvulos en semillas.

Ahora la parte que más consecuencias tiene en el jardín. Una flor con estambres y pistilo es hermafrodita; si solo tiene uno de los dos, es unisexual. Y las plantas se clasifican en:

Monoicas: flores masculinas y femeninas separadas pero en el mismo pie. Es el caso del nogal, la encina, el maíz, el calabacín, el pino.

Dioicas: pies masculinos y pies femeninos separados. Aquí, si plantas un solo ejemplar puede que nunca tengas fruto. Ocurre con el kiwi (Actinidia deliciosa), donde se necesita un macho por cada seis u ocho hembras; con el acebo (Ilex aquifolium), cuyas bolitas rojas solo las dan los pies femeninos; con la palmera datilera, el sauce, el álamo, el laurel, el ginkgo, el pistacho o la Skimmia. Es un dato que hay que preguntar en el vivero antes de comprar, no después de tres años sin fruta.

Distinto es el problema de la autoincompatibilidad: plantas hermafroditas que no aceptan su propio polen y necesitan otra variedad compatible cerca que florezca a la vez. Es lo habitual en manzanos, perales, cerezos, almendros y ciruelos. Por eso las tablas de polinizadores son esenciales al montar un frutal.

El fruto

El fruto es el ovario desarrollado tras la fecundación, y su misión biológica es proteger las semillas y facilitar su dispersión: siendo comestible para que un animal se lo lleve, siendo alado para que lo lleve el viento, siendo pegajoso o con ganchos para engancharse al pelo.

Su pared se llama pericarpo y tiene tres capas: epicarpo (la piel), mesocarpo (la pulpa) y endocarpo (la capa interna, que en el melocotón o la ciruela es el hueso leñoso).

La clasificación básica distingue:

Frutos carnosos. La baya, con pulpa jugosa y varias semillas (uva, tomate, plátano, kiwi). La drupa, con una sola semilla protegida por un endocarpo duro (aceituna, melocotón, cereza, almendra). El pomo, en el que la parte carnosa procede en buena medida del receptáculo floral (manzana, pera, membrillo). El hesperidio de los cítricos y la pepónide de sandías, melones y calabazas.

Frutos secos. La legumbre de las leguminosas, que se abre por dos suturas. La cápsula de amapolas y eucaliptos. El aquenio del girasol y del diente de león. La sámara alada del olmo, el fresno y el arce. La cariópside de los cereales, donde la semilla queda soldada a la pared del fruto.

Un apunte que suele sorprender: la fresa no es una baya. Lo que comemos es el receptáculo floral engordado, y los frutos verdaderos son esos puntitos de la superficie, que son aquenios. Y existen frutos partenocárpicos, desarrollados sin fecundación y por tanto sin semilla: el plátano comercial, la uva de mesa sin pepitas o muchas variedades de mandarina, siempre que no haya otro cítrico cerca que las polinice.

La semilla

La semilla es el óvulo fecundado y maduro. Contiene una planta completa en miniatura, en estado latente, con provisiones para arrancar.

Sus partes:

Embrión. La planta en miniatura. Consta de radícula (futura raíz), hipocótilo y tallito, cotiledones (las primeras hojas, que a menudo son también órganos de reserva) y plúmula o gémula (el brote apical).

Tejido de reserva. El endospermo o albumen, con almidón, aceites y proteínas. En unas especies persiste hasta la germinación (trigo, ricino) y en otras es absorbido por los cotiledones durante la maduración (judía, girasol).

Testa o tegumento. La cubierta protectora, más o menos dura.

El número de cotiledones da nombre a los dos grandes grupos de angiospermas: monocotiledóneas (gramíneas, palmeras, orquídeas, bulbosas) y dicotiledóneas (la inmensa mayoría de árboles, arbustos y herbáceas de jardín).

La cuestión práctica aquí es la latencia o dormición: muchas semillas no germinan aunque tengan agua, temperatura y oxígeno, porque llevan mecanismos que impiden que broten en el momento equivocado del año. Los dos casos habituales y sus remedios:

Latencia física: testa impermeable que no deja entrar el agua. Frecuente en leguminosas y en plantas mediterráneas de matorral. Se rompe con escarificación: lijar levemente la cubierta, un corte con cúter en el lado opuesto al embrión o un remojo de 24 horas en agua que se ha dejado enfriar tras hervir.

Latencia fisiológica: inhibidores químicos internos que solo se degradan tras un periodo de frío húmedo, es decir, tras pasar un invierno. Se resuelve con estratificación en frío: mezclar la semilla con sustrato ligeramente húmedo en una bolsa y mantenerla de 4 a 12 semanas a 3-5 °C, o sea, en el frigorífico. Lo necesitan manzano, cerezo, endrino, rosal silvestre, tejo, arce, muchas vivaces de montaña. La alternativa natural es sembrar en otoño y dejar que el invierno haga el trabajo, lo que en España funciona bien en la mitad norte y peor en el sur, donde a veces no hay frío suficiente.

Los meristemos: dónde crece realmente una planta

Merece la pena cerrar con algo que no es un órgano pero atraviesa todos los anteriores. Las plantas no crecen por todas partes a la vez, sino en unos tejidos concretos llamados meristemos, formados por células que se dividen activamente.

Los meristemos apicales, en las puntas de tallos y raíces, producen el crecimiento en longitud. Los meristemos laterales —el cámbium vascular y el felógeno— producen el crecimiento en grosor de los tallos leñosos.

Esto explica un hecho que confunde a mucha gente: una marca hecha en un tronco a un metro del suelo seguirá estando a un metro del suelo veinte años después. El tronco engorda, pero no se estira por el medio. Por eso un alambre, una etiqueta o un tutor mal atado no «suben» con el árbol: se quedan donde están y acaban estrangulándolo. Y por eso las palmeras, que carecen de crecimiento secundario y de cámbium, ni engordan ni pueden cicatrizar heridas del estípite como hace un árbol.

En resumen

Una planta se organiza en tres órganos vegetativos —raíz, tallo y hoja— y tres órganos reproductores —flor, fruto y semilla—.

La raíz ancla y absorbe, y lo hace a través de unos pelos absorbentes frágiles situados en la periferia del sistema radicular, no junto al tronco. El tallo sostiene y conduce, con xilema hacia arriba y floema hacia abajo, y su yema apical inhibe a las laterales: por eso podar la punta hace ramificar. La hoja fotosintetiza y transpira, con los estomas concentrados en el envés. La flor reúne los órganos sexuales, y saber si tu especie es dioica o autoincompatible determina si vas a cosechar algo. El fruto es el ovario desarrollado que protege y dispersa. La semilla contiene el embrión y sus reservas, y a menudo necesita escarificación o estratificación en frío para germinar.

Todo el crecimiento se concentra en los meristemos, lo que explica desde por qué el árbol no sube la etiqueta que le ataste hasta por qué una palmera decapitada no rebrota.


Contenidos relacionados