Once géneros y algo más de doscientas especies: con ese inventario relativamente corto, las Pinaceae cubren una superficie forestal enorme del hemisferio norte, desde la taiga siberiana hasta los pinares costeros del Mediterráneo. Son la familia más grande de las coníferas y, en términos de madera aprovechada, la más importante del planeta. Conviene saber qué las distingue, porque en jardinería se meten en el mismo saco árboles que no tienen nada que ver: el ciprés, la tuya, el enebro y la sabina son Cupressaceae, no Pinaceae, y sus exigencias de suelo, poda y riego son distintas.

Qué define a una Pinaceae

Todas son árboles leñosos y resinosos (solo unos pocos pinos de alta montaña quedan en porte arbustivo), con hojas en forma de aguja o de lámina estrecha y con conos leñosos como órgano reproductor. No producen flores ni frutos en sentido estricto: son gimnospermas, y la semilla queda desnuda sobre la escama del cono.

Los rasgos que permiten reconocerlas sin microscopio son estos:

Hojas aciculares. En el género Pinus las acículas salen agrupadas en fascículos de 2, 3 o 5, envueltas en la base por una vainita membranosa. Ese detalle es el que separa a un pino de cualquier otro miembro de la familia: en Abies, Picea, Tsuga o Pseudotsuga las hojas nacen de una en una a lo largo del ramillo. En Cedrus y Larix aparecen en rosetas de veinte o más sobre braquiblastos, pequeños ramillos cortos.

Conos con dos semillas por escama. Cada escama fértil lleva exactamente dos óvulos, y las semillas suelen tener un ala membranosa que las dispersa con el viento. Las excepciones más conocidas son los pinos de piñón comestible, que han perdido esa ala.

Especie monoica. Un mismo árbol lleva los conos masculinos (pequeños, amarillentos, agrupados en la base de los brotes nuevos) y los femeninos, que acabarán siendo la piña. No hay pies macho y hembra separados, al contrario de lo que ocurre en tejos o enebros.

Canales resiníferos. La resina impregna madera, corteza y hojas. Es su defensa química contra insectos perforadores y hongos, y también la razón de que la madera de conífera arda como arde.

Un error muy repetido es dar por hecho que toda conífera es de hoja perenne. Dentro de las Pinaceae hay dos géneros caducifolios: Larix (alerces) y Pseudolarix. Sus acículas se vuelven amarillo dorado en otoño y caen enteras, dejando el árbol desnudo hasta la primavera. Si tienes un alerce y se te queda pelado en noviembre, no está muriéndose.

Alerce europeo, Larix decidua, conífera de hoja caduca de la familia Pinaceae

Los géneros que la componen

Pinus es con diferencia el mayor: unas 120 especies. En España son autóctonos el pino silvestre o albar (Pinus sylvestris), el laricio y el pino salgareño (Pinus nigra), el pino rodeno o resinero (Pinus pinaster), el carrasco (Pinus halepensis), el piñonero (Pinus pinea), el pino negro de alta montaña (Pinus uncinata) y el canario (Pinus canariensis), este último capaz de rebrotar de yema durmiente tras un incendio, algo casi único entre los pinos.

Abies, los abetos, con conos erectos que se deshacen en el árbol en lugar de caer enteros. Si encuentras piñas de pie sobre las ramas altas, es un abeto o un cedro. En la península tenemos el abeto blanco (Abies alba) en el Pirineo y el pinsapo (Abies pinsapo), endemismo de las sierras de Grazalema, Las Nieves y Bermeja, uno de los abetos más meridionales de Europa.

Picea, las píceas o falsos abetos. Se distinguen de Abies por sus conos colgantes que caen enteros y por las acículas de sección casi cuadrada, que ruedan entre los dedos y dejan un pequeño pedículo leñoso en el ramillo al arrancarlas. La Picea abies es el clásico árbol de Navidad europeo y la Picea pungens 'Glauca', la de agujas azuladas y pinchudas de jardinería.

Larix, los alerces, caducifolios y de crecimiento rápido en climas frescos y húmedos.

Cedrus, los cedros verdaderos: Cedrus atlantica, Cedrus libani y Cedrus deodara. Ojo con el nombre, porque en jardinería se llama «cedro» a especies de otras familias por completo, como Cedrela odorata o el falso cedro rojo Thuja plicata.

Pseudotsuga (abeto de Douglas), Tsuga (tsugas), Keteleeria, Pseudolarix, Cathaya y Nothotsuga completan la lista, estos cuatro últimos restringidos al este de Asia y prácticamente ausentes del cultivo aquí.

La familia es casi exclusivamente del hemisferio norte. Solo una especie, Pinus merkusii, cruza el ecuador de forma natural en Sumatra. Todo lo demás son introducciones humanas.

Simbiosis con hongos: la clave de su éxito

Las Pinaceae son obligadamente ectomicorrícicas: sus raíces finas viven envueltas por el micelio de hongos que les cede agua y fósforo a cambio de azúcares. Sin ese socio, un pino en suelo pobre crece raquítico. Por eso las plantaciones forestales en terrenos degradados fracasan cuando se usa planta de vivero sin inocular, y por eso los pinares producen níscalos (Lactarius deliciosus en Pinus pinaster y sylvestris) o boletus.

Tiene una consecuencia práctica en el jardín: no conviene fresar ni escardar en profundidad bajo un pino. Las raíces absorbentes y su micelio están en los primeros centímetros, bajo la capa de acículas caídas. Retirar toda la pinocha cada año para «dejarlo limpio» es empobrecer el sistema.

Y otra advertencia sobre un mito muy extendido: la pinocha no acidifica el suelo de forma apreciable. Las acículas frescas tienen pH ácido, pero al descomponerse se neutralizan y el efecto sobre el pH del suelo mineral es despreciable. Como acolchado es excelente, ligero y duradero; como enmienda para acidificar un terreno calizo, no sirve.

Cultivo y errores frecuentes

La familia abarca climas muy distintos y ahí está la mayor fuente de fracasos. Picea, Abies y Tsuga son plantas de montaña fresca y húmeda: sufren en los veranos secos de la meseta o del litoral mediterráneo, donde acaban con la araña roja del abeto (Oligonychus ununguis) y con defoliación de la parte baja. Si tu verano pasa de 35 °C con aire seco, olvídate de la Picea pungens azul y planta cedro del Atlas o pino carrasco.

Para suelo calizo y seco, las opciones seguras son Pinus halepensis, Pinus pinea y Cedrus atlantica. En suelos ácidos y arenosos, Pinus pinaster. En altitud fría, Pinus sylvestris y Pinus nigra.

El error técnico más caro es la poda. Las Pinaceae apenas tienen yemas adventicias en la madera vieja: si cortas una rama por detrás de la zona con acículas verdes, ese muñón no rebrota nunca y queda un hueco permanente. No se pueden recortar como un seto ni «bajar de altura». Lo único que sí funciona en pinos es pinzar las velas o candelas en primavera, cuando el brote nuevo se ha alargado pero aún no ha abierto las agujas: partiéndolas por la mitad con los dedos se compacta la copa sin dejar cicatriz.

En sanidad, la plaga dominante en España es la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa). Los bolsones se ven en invierno y las orugas descienden en fila para enterrarse entre febrero y abril, según la zona; el pelo urticante es un problema serio para perros y niños. Se controla con trampas de feromona en verano, con Bacillus thuringiensis var. kurstaki en otoño cuando las orugas son pequeñas, o retirando los bolsones con protección. Otros problemas habituales son los perforadores Tomicus e Ips, que atacan sobre todo a árboles ya debilitados por sequía, y el hongo Diplodia sapinea, que seca brotes tras episodios de granizo o estrés hídrico.

Pino carrasco, Pinus halepensis, especie mediterránea de la familia Pinaceae

Para qué se usan

Madera. Es el uso económico principal. La madera de conífera, blanda y de fibra larga, es la base de la construcción, la carpintería, el embalaje y, sobre todo, de la pasta de papel. Pino silvestre y pino laricio para estructura y carpintería; abeto de Douglas para vigas y madera laminada; pícea para instrumentos musicales, porque la tabla armónica de guitarras, violines y pianos se hace casi siempre con Picea abies de crecimiento lento y anillos finos.

Resina y derivados. El pino resinero (Pinus pinaster) se sigue resinando en Castilla y León y Extremadura. De la miera se obtienen colofonia y aguarrás.

Alimentación. El piñón comestible sale de un puñado de especies: Pinus pinea es la fuente mediterránea y la que sostiene la producción española; en otras regiones se aprovechan Pinus cembra, Pinus koraiensis o Pinus gerardiana. Las yemas y brotes tiernos de pino se han usado tradicionalmente en infusiones y jarabes, y con los brotes de abeto se elaboran siropes en el centro de Europa.

Ornamental y forestal. Cedros y pinos como ejemplares aislados en parques grandes; píceas y abetos enanos (Picea glauca 'Conica', Abies koreana) en jardines pequeños de clima fresco; pino carrasco y pino piñonero para restauración de suelos degradados y fijación de dunas. También son la base del árbol de Navidad cultivado, donde Abies nordmanniana ha desplazado a Picea abies por retener mucho mejor la aguja en interior.

En resumen

Las Pinaceae agrupan once géneros de coníferas resinosas de hoja acicular, con conos de dos semillas por escama y distribución casi restringida al hemisferio norte. Se reconocen por detalles fiables: acículas en fascículos con vaina en Pinus, conos erectos que se desarman en Abies y Cedrus, conos colgantes enteros en Picea, hoja caduca en Larix. Dependen de hongos micorrícicos, no toleran la poda sobre madera sin agujas y su acolchado de pinocha no acidifica el suelo pese a lo que suele decirse. Para elegir bien en el jardín, lo decisivo no es la familia sino el origen de cada especie: abetos y píceas piden montaña fresca; cedros, pino carrasco y piñonero aguantan el calor y la caliza del Mediterráneo.


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