En diciembre, el arriate que en junio era una masa de color parece un cuadro de tierra pelada con cuatro tocones secos. Quien lo ve por primera vez suele coger la azada y arrancarlo todo. Es el error clásico con las plantas vivaces: bajo esa superficie muerta hay coronas, rizomas y raíces perfectamente vivas esperando a marzo. Entender qué significa exactamente «vivaz» ahorra ese disgusto y, de paso, cambia la forma de plantear un jardín.

Qué es realmente una planta vivaz

Una planta vivaz es una herbácea que vive más de dos años y que florece de forma repetida a lo largo de su vida. La parte que se ve —tallos, hojas, flores— es estacional y se seca cuando llega el frío o el calor extremo; la parte que garantiza la continuidad es subterránea o queda a ras de suelo: una corona leñosa, un rizoma, un tubérculo, un bulbo o una cepa de raíces gruesas.

La clave está en el contraste con los otros dos ciclos:

Anual. Nace de semilla, florece, fructifica y muere en un mismo año. La amapola (Papaver rhoeas), la caléndula o el girasol funcionan así. Si sobreviven al invierno es porque han dejado semilla, no porque la planta madre siga viva.

Bienal. El primer año forma una roseta de hojas y acumula reservas; el segundo espiga, florece y muere. La digital (Digitalis purpurea), la malva real o la zanahoria siguen este esquema. Muchas se comportan como vivaces de vida corta si se les corta la floración a tiempo.

Vivaz. Rebrota temporada tras temporada desde el mismo pie.

Vivaz no es lo mismo que perenne (aunque se usen igual)

Aquí está la confusión más extendida del vocabulario de jardinería en español. «Perenne» se refiere al follaje: una planta de hoja perenne mantiene las hojas todo el año, frente a una de hoja caduca que las pierde. «Vivaz» se refiere al ciclo de vida: la planta persiste años.

Por eso una encina es de hoja perenne pero no es una vivaz —es un árbol—, y una Hosta es vivaz pero en absoluto de hoja perenne: en noviembre se queda sin una sola hoja. Que el inglés use perennial para lo que aquí llamamos vivaz ha terminado de enredar el asunto en catálogos y viveros. En la práctica, cuando un vivero español etiqueta una planta como «perenne» casi siempre quiere decir vivaz, pero conviene saber de qué se habla.

Otra precisión que se escapa: la lavanda, el romero, la santolina, el tomillo o la Perovskia no son vivaces herbáceas, sino matas y subarbustos. Tienen base leñosa permanente y no desaparecen bajo tierra en invierno. Importa porque se podan de otra manera: a una vivaz se le corta todo a ras sin problema, y a un subarbusto que se corte sobre madera vieja sin yemas se le puede matar la rama.

¿Las bulbosas son vivaces?

Sí. Un tulipán, un narciso, un Crocus o un lirio son vivaces en sentido estricto: pasan la estación desfavorable como órgano de reserva subterráneo y rebrotan. En la clasificación de Raunkiaer se agrupan como geófitas, un subtipo de vivaz que se distingue por tener las yemas de renuevo enterradas.

Lo que ocurre es que en jardinería se separan por costumbre comercial —las bulbosas se venden secas, en bolsa, en otoño— y eso ha creado la falsa idea de que son otra cosa. También hay una trampa práctica: en clima peninsular cálido, muchos tulipanes de jardinería se comportan como si fueran anuales. No es que hayan dejado de ser vivaces, es que necesitan un periodo de frío invernal que en el sur no reciben, el bulbo no se recarga y la floración del segundo año es raquítica o no llega. Los narcisos, los Muscari, los Crocus y los Iris bulbosos aguantan mucho mejor y se naturalizan sin ayuda.

Flores de Crocus abiertas al sol de finales de invierno

Vivaces de sol para clima seco

El grupo más útil en la península, donde el problema no es el invierno sino julio y agosto. Todas estas quieren drenaje real —si el suelo encharca en invierno, se pudre la corona— y pleno sol.

Coreopsis grandiflora y Coreopsis verticillata. Flores amarillas de mayo a octubre si se van quitando las marchitas. La de hoja fina (verticillata, tipo 'Moonbeam') es más longeva; la grandiflora tiende a agotarse en tres o cuatro años.

Gaillardia × grandiflora. La gallardía, en rojo y amarillo. Florece hasta que llegan las heladas. Vive poco —tres años es normal— pero se resiembra sola.

Achillea millefolium. La milenrama. Prácticamente indestructible en suelo pobre, y precisamente por eso: en suelo rico y regado se espiga, se abre por el centro y hay que tutorarla. Rebrota con fuerza si se siega tras la primera floración.

Echinacea purpurea, Salvia nemorosa, Nepeta × faassenii y Hylotelephium spectabile (el antiguo Sedum 'Herbstfreude') completan un cuadro que aguanta el verano con riego escaso una vez asentado.

Mata de Coreopsis grandiflora con flores amarillas

Vivaces resistentes al frío

Para el interior peninsular, la cornisa cantábrica o zonas de montaña, donde interesa que la planta aguante heladas fuertes y, en muchos casos, sombra.

Bergenia crassifolia. Hoja gruesa y coriácea que persiste todo el invierno tiñéndose de rojizo, y espigas rosas a finales de invierno. Soporta por debajo de −15 °C y prospera en sombra seca bajo árboles, una situación en la que fracasa buena parte del catálogo. Al plantarla, el rizoma debe quedar en superficie, no enterrado.

Astilbe × arendsii. Plumeros blancos, rosas o rojos en junio y julio. Es la excepción a la regla del jardín seco: no tolera que se le seque el cepellón, ni un solo día en verano. Si no hay sombra fresca y suelo con humedad constante, no la plantes; en Madrid o Sevilla es una compra fallida salvo en microclima muy protegido.

Helleborus (rosa de Navidad), Hosta, Geranium macrorrhizum, Aquilegia vulgaris y Primula forman la paleta clásica de sombra fría. El Geranium macrorrhizum merece mención aparte: cubre el suelo, ahoga las malas hierbas, aguanta la sequía mejor de lo que promete su aspecto y se multiplica arrancando trozos con raíz.

Vivaces mediterráneas

Especies adaptadas al patrón que define nuestro clima: lluvia en otoño e invierno, sequía severa en verano. Su estrategia no es resistir el calor a base de riego, sino parar durante el verano.

Armeria maritima. Almohadillas compactas de hoja acicular con pompones rosas en primavera. De origen costero, tolera salinidad y viento, y exige drenaje extremo: en suelo arcilloso mojado se pudre por el cuello. Ideal en muretes, rocallas y bordes de camino.

Iris lutescens. Lirio enano de secano, amarillo o violeta, que florece en marzo y abril y luego se olvida del verano. El rizoma debe quedar medio asomado al aire; enterrarlo es la causa número uno de que un lirio nunca florezca.

Centranthus ruber (la milamores, que coloniza taludes y muros sin que nadie la plante), Erigeron karvinskianus, Euphorbia characias, Dianthus y Teucrium completan un jardín que en un año normal puede pasar el verano con dos o tres riegos de socorro.

Un detalle contraintuitivo: varias de estas plantas entran en letargo estival. La amapola oriental (Papaver orientale) desaparece del todo en julio y vuelve en septiembre. Regarla mientras está dormida es la forma más rápida de matarla.

Cómo se cuidan

Plantación. Otoño, de octubre a noviembre, es la ventana buena en casi toda España. La planta enraíza durante el invierno con el suelo aún templado y llega al verano con sistema radicular hecho. Plantar en abril o mayo obliga a regar todo el estío para sostener una planta que aún no tiene raíces. En zonas de invierno muy duro, retrasa a marzo. Al plantar, el cuello debe quedar al nivel del suelo, nunca hundido.

Riego. Abundante y espaciado, no poco y a diario. El primer verano hay que acompañarlas; a partir del segundo, la mayoría de las especies de secano se sostienen solas. Riega al pie, no por aspersión sobre el follaje, que favorece oídio y botritis en Phlox, Aster y Monarda.

Acolchado. Cinco centímetros de corteza, grava o compost mantienen la humedad y frenan la hierba. Deja siempre un par de dedos libres alrededor del cuello: acolchado en contacto directo con la corona equivale a pudrición.

Abonado. Menos del que se cree. Un aporte de compost en superficie a la salida del invierno basta. El exceso de nitrógeno da tallos largos y blandos que se tumban con la primera tormenta, y en las mediterráneas acorta la vida de la planta.

Poda y limpieza. Quitar las flores marchitas (deadheading) alarga la floración de Coreopsis, Gaillardia, Salvia o Nepeta varias semanas. El corte a ras de la parte seca es mejor dejarlo para finales de invierno, no para octubre: la mata seca protege la corona del frío y del sol, y las cabezas de semilla alimentan a los pájaros. Excepción: lo que haya tenido hongos o plagas se retira y se elimina en otoño.

División. Es el mantenimiento que rara vez se hace y el que más rejuvenece un arriate. Cada tres o cuatro años, cuando la mata se abre por el centro y florece peor, se levanta con horca, se parte en trozos con varias yemas y raíz, y se replanta. Momento: otoño para las de floración primaveral, final de invierno para las de floración estival. Riega bien tras la operación. Hay excepciones que odian que las toquen: la peonía (Paeonia), la Baptisia, la amapola oriental y las de raíz pivotante en general; esas se plantan una vez y se dejan en paz durante décadas.

Despunte de mayo. Truco poco conocido: cortar un tercio de la altura de Sedum, Aster, Helenium o Phlox a mediados de mayo retrasa la floración un par de semanas y produce matas más bajas y compactas que no necesitan tutor.

Errores frecuentes

Arrancar en invierno lo que parece muerto. Comprobar antes rascando la corona: si hay tejido blanco y firme, la planta vive.

Comprar en flor en pleno julio en un centro de jardinería. La planta viene de invernadero, forzada, y trasplantarla en el peor momento térmico del año tiene un porcentaje de fracaso alto. Compra en otoño, aunque el aspecto en la maceta sea menos vistoso.

Regar el bulbo dormido. Narcisos, tulipanes y Crocus en reposo estival quieren estar secos.

Mezclar en el mismo arriate una Astilbe y una Armeria. Agrupa por necesidades de agua y de suelo, no por color; un arriate mal agrupado obliga a un riego que unas plantas necesitan y otras no perdonan.

Enterrar rizomas superficiales. Iris germanica, Bergenia y compañía florecen desde un rizoma que necesita ver el sol.

En resumen

Vivaz significa que la planta rebrota año tras año desde su propia base, no que conserve las hojas: eso es «perenne», y son cosas distintas. Las bulbosas entran en la categoría, aunque el comercio las venda aparte. Elegidas por el sitio real que tienes —sol y sequía, sombra fresca, frío de interior— y plantadas en otoño, las vivaces dan más años de jardín por menos trabajo que cualquier otro grupo: bastan un corte a finales de invierno, una manta de acolchado y una división cada tres o cuatro años. Y en invierno, cuando el arriate parezca vacío, deja la azada donde está.


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