Se vende como helecho, parece un musgo y no es ni una cosa ni la otra. Las Selaginella pertenecen a un linaje aparte, el de las licofitas, que se separó del resto de las plantas vasculares hace más de 400 millones de años, antes de que existieran los helechos tal como los conocemos. En el vivero suelen etiquetarse como "helecho musgo", "helecho de terrario" o directamente con el nombre de la especie mal escrito, y esa confusión de partida explica bastantes fracasos de cultivo: quien las trata como un helecho corriente acaba con una mata marrón en dos semanas.
Qué es exactamente una Selaginella
Selaginella es el único género de la familia Selaginellaceae y del orden Selaginellales, con alrededor de 700-750 especies descritas. Su parentesco más cercano son los Isoetes, y algo más lejos los Lycopodium. Los tres grupos forman la clase de las licofitas, el linaje vivo más antiguo de plantas vasculares. Sus parientes fósiles, los Lepidodendron del Carbonífero, eran árboles de 30 metros y son buena parte del carbón que se quemó en la Revolución Industrial. Lo que hoy tenemos en una maceta de 12 centímetros es lo que queda de aquello.
Los rasgos que definen al género y que se pueden observar con una lupa de bolsillo:
Microfilos. Las "hojas" no son hojas verdaderas en el sentido de un helecho. Son microfilos: escamas pequeñas, normalmente de menos de 5 mm, recorridas por una sola vena sin ramificar. Se disponen en cuatro filas a lo largo del tallo, dos de hojas laterales mayores y dos de hojas dorsales menores, lo que da a la ramita ese aspecto aplanado y en abanico tan característico.
Lígula. En la base de cada microfilo, por la cara superior, hay un apéndice diminuto y membranoso llamado lígula. Es un carácter que Selaginella comparte solo con Isoetes y con las licofitas arborescentes fósiles, y es lo que separa el género de los Lycopodium, que no la tienen.
Rizóforos. Este es el órgano más curioso. De las bifurcaciones del tallo salen unos ejes desnudos, sin hojas, que crecen hacia abajo hasta tocar el sustrato y solo entonces producen raíces. No son ni tallo ni raíz en sentido estricto y se llevan discutiendo desde el siglo XIX. En cultivo son útiles: cualquier fragmento de tallo con un rizóforo enraíza sin esfuerzo.
Ramificación dicotómica. El tallo se bifurca en dos ramas iguales, en lugar de producir una rama lateral a partir de un eje principal. Es un patrón primitivo y visualmente inconfundible.
Estróbilos tetragonales. Las esporas se producen en pequeñas espigas cuadrangulares en el extremo de las ramas. No hay soros en el envés como en un helecho; si buscas soros ahí, no vas a encontrar nada.
Heterosporia: por qué el género importa en botánica
Aquí está el dato que hace de Selaginella algo más que una planta de terrario. Los helechos y los Lycopodium son homospóricos: producen un solo tipo de espora, del que sale un gametofito de vida libre que forma tanto gametos masculinos como femeninos.
Selaginella es heterospórica. En el mismo estróbilo hay dos clases de esporangios: los megasporangios, que producen unas pocas megasporas grandes (normalmente cuatro), y los microsporangios, que producen cientos de microsporas diminutas. De las primeras sale el gametofito femenino, de las segundas el masculino. Y ambos gametofitos son endospóricos: se desarrollan dentro de la propia pared de la espora, reducidos a unas pocas células, sin llegar a vivir de forma independiente.
Eso es, en esencia, el paso previo a la semilla, ensayado de manera independiente en un linaje que no llegó a producirlas. Por eso Selaginella moellendorffii fue elegida como organismo modelo y su genoma se secuenció en 2011, el primero de una licofita. Resultó tener un genoma sorprendentemente pequeño, en torno a 100 megabases, y sin los duplicados completos que abundan en otras plantas.
Fisiología: plantas hechas para la penumbra
La mayor parte de las Selaginella tropicales viven en el sotobosque, donde la luz que llega al suelo puede ser el 1-2 % de la que incide sobre la copa. Han desarrollado adaptaciones muy poco corrientes para exprimirla.
Cloroplastos gigantes. Algunas especies, como Selaginella erythropus, tienen células epidérmicas con un único cloroplasto enorme en lugar de la veintena habitual. Y en varias especies ese cloroplasto es un "bizonoplasto", con dos zonas de organización interna distinta: una superior con las membranas apiladas de forma peculiar, orientada a captar luz muy tenue, y otra inferior de estructura convencional.
Iridiscencia azul. Selaginella uncinata y Selaginella willdenowii presentan un brillo metálico azulado cuando crecen en sombra profunda. No es un pigmento: son láminas de grosor regular en la pared celular externa de la epidermis que producen interferencia óptica, el mismo fenómeno físico que da color a las alas de una mariposa morfo. En luz más intensa el efecto se pierde. Si compras una uncinata por su azul y se te queda verde, la respuesta es que le sobra luz.
Poiquilohidria. Un puñado de especies desérticas han renunciado a controlar su contenido de agua: se secan hasta el desmayo y esperan. De ahí la más famosa del género.
Especies que vas a encontrar
Selaginella lepidophylla
La "planta de la resurrección" o "falsa rosa de Jericó", del desierto de Chihuahua, en el norte de México y sur de Estados Unidos. Al secarse enrolla sus ramas hacia dentro formando una bola parda del tamaño de un puño; al mojarse se despliega en unas pocas horas y recupera el verde en uno o dos días. Tolera perder más del 90 % de su agua celular gracias a la acumulación de trehalosa y proteínas protectoras que estabilizan las membranas mientras el tejido está deshidratado.
Conviene saber dos cosas que casi nunca se cuentan al venderla. La primera: el movimiento de apertura es higroscópico y funciona igual en un ejemplar muerto. La bola se abre porque las paredes celulares se hinchan con agua, no porque la planta esté viva. Un ejemplar recolectado sin raíces, seco y guardado años, se abrirá perfectamente en un plato de agua sin volver a hacer una sola célula nueva. Que se despliegue no demuestra que haya resucitado nada.
La segunda: mantenerla permanentemente sumergida la mata y la pudre. Si quieres conservarla viva de verdad, plántala en sustrato mineral drenante, riégala como a una crasa y déjala pasar sus ciclos de sequía; si solo la quieres como curiosidad, dale 24-48 horas en un plato con un dedo de agua, cambia el agua a diario y después sécala del todo y guárdala. Y ojo con el nombre: la verdadera rosa de Jericó es Anastatica hierochuntica, una crucífera de Oriente Medio sin ningún parentesco con esta.
Selaginella kraussiana
Originaria de África tropical y austral, con poblaciones también en Azores, Madeira y Canarias. Es la especie tapizante por excelencia: tallos rastreros que forman una alfombra densa de 3-5 cm de alto, de un verde intenso y brillante. Los cultivares habituales son 'Aurea', de un verde amarillo luminoso, y 'Brownii', que forma cojines compactos y redondeados de unos 8 cm y es la mejor para terrarios pequeños.
Es la más resistente al frío del grupo cultivado: en sitios húmedos y con sombra aguanta heladas ligeras, y en Galicia, la cornisa cantábrica o el norte de Portugal puede usarse como tapizante permanente al pie de camelias y hortensias. Esa misma facilidad la ha convertido en invasora en Nueva Zelanda y en zonas de Australia, así que en clima húmedo conviene no soltarla cerca de un bosque de ribera.
Selaginella martensii
De México y Centroamérica. Más erguida que las anteriores, de 20-30 cm, con tallos algo carnosos que emiten rizóforos aéreos blancos muy visibles, que a algunos les parecen raíces zancudas en miniatura. El cultivar 'Watsoniana' tiene los ápices de las ramas manchados de blanco plateado y es el más vendido. Es la más tolerante del género a la vida en interior, siempre que se le dé humedad ambiental.
Otras que merecen mención
Selaginella uncinata, el helecho azul del pavo real, por su iridiscencia; Selaginella erythropus, con el envés y los tallos de color rojo vinoso; Selaginella apoda, americana y de aspecto de musgo fino; Selaginella plana, muy usada en acuarios plantados y paludarios.
Y las ibéricas, que existen y son poco conocidas. Selaginella denticulata es una especie mediterránea que crece de forma espontánea en taludes umbríos, roquedos rezumantes y bocas de cueva de buena parte del litoral mediterráneo, Andalucía, Baleares y Canarias; forma céspedes verde claro que rebrotan con las lluvias de otoño. Selaginella selaginoides es circumboreal y aparece en turberas y pastos húmedos de alta montaña en Pirineos y Cordillera Cantábrica. Selaginella helvetica se encuentra en el Pirineo oriental. Ninguna de las tres tiene interés ornamental, pero conviene saber que el género no es solo cosa de trópicos.
Cultivo y cuidados
Todo lo que sigue vale para las especies tropicales de sotobosque, que son las que se venden. La lepidophylla es un caso aparte y ya se ha explicado.
Humedad ambiental: el factor que decide. Necesitan un 70-80 % de humedad relativa. Un salón español con calefacción en enero está entre el 25 y el 35 %, y ahí una Selaginella no dura un mes. Esto no se arregla pulverizando: el efecto de un pulverizado dura minutos y, con el agua de grifo de media España, deja depósitos de cal sobre el follaje. Las soluciones que funcionan son el terrario cerrado, la campana de cristal, un cuenco de vidrio o un cuarto de baño con ventana. De hecho es una de las mejores plantas que existen para terrario cerrado: no crece demasiado, no exige luz fuerte y tapiza el suelo del montaje.
Luz. Filtrada e indirecta. Sol directo, ni una hora: quema el follaje en una mañana y las hojas quemadas no se recuperan. Una ventana norte, o a un metro y medio de una ventana este, es lo correcto. Bajo LED de cultivo se conforma con intensidades bajas, del orden de 50-100 µmol/m²/s.
Temperatura. Entre 18 y 24 °C es el rango cómodo. Por debajo de 12-13 °C las tropicales se paran y empiezan a pardear; por encima de 28 °C con aire seco se deshidratan rápido. Nada de corrientes de aire ni de un radiador cerca. S. kraussiana es la excepción y tolera bastante menos.
Riego. El sustrato debe mantenerse uniformemente húmedo, nunca encharcado y nunca seco. Este es el punto donde la comparación con las suculentas del párrafo anterior se invierte por completo: una Selaginella que se seca del todo no se recupera. No hay margen. En primavera y verano suele traducirse en un riego cada 2-3 días; en invierno, con menos luz y menos evaporación, cada 5-7. Comprueba con el dedo antes de regar, no con el calendario.
Calidad del agua. Son sensibles a la cal y a las sales. Agua de lluvia, agua osmotizada o, en su defecto, agua del grifo reposada 24 horas si la dureza es moderada. En zonas de agua muy dura —Madrid en buena parte, gran parte del arco mediterráneo, Baleares— el agua del grifo va dejando un cerco blanco en la superficie del sustrato y acaba clorosando la planta.
Sustrato. Ácido, entre pH 5,5 y 6,5, y muy aireado. Una mezcla que funciona: dos partes de fibra de coco o turba rubia, una parte de perlita y una parte de corteza fina o de mantillo de hojas. Añadir un puñado de carbón vegetal ayuda en terrarios cerrados. Maceta ancha y poco profunda, porque el sistema radicular es superficial, y siempre con drenaje.
Abonado. Muy flojo. Un fertilizante líquido equilibrado al cuarto de la dosis, cada tres o cuatro semanas, solo de abril a septiembre. Son plantas de crecimiento moderado y las sales las queman con facilidad: las puntas marrones que se atribuyen al aire seco son, muchas veces, exceso de abono.
Multiplicación. Trivial. Corta un fragmento de tallo de 4-6 cm que lleve algún rizóforo, apóyalo sobre sustrato húmedo, tápalo con plástico o una campana y en dos o tres semanas está enraizado. También se divide la mata en primavera, y en un terrario se acoda sola sin que hagas nada.
Problemas frecuentes. Puntas y bordes marrones: aire seco o exceso de sales. Tallos que se ennegrecen desde la base: exceso de agua con poca ventilación, típico de terrarios herméticos sin airear nunca; conviene abrirlos unos minutos cada pocos días. Manchas grises y algodonosas: Botrytis, mismo origen. Como plagas, la cochinilla algodonosa se esconde entre los tallos y es incómoda de tratar por la densidad del follaje; la araña roja rara vez aparece porque la humedad alta la disuade, y si aparece es señal de que el ambiente está demasiado seco.
Un aviso sobre expectativas
Se venden con etiqueta de planta fácil y no lo son. Tampoco son difíciles: son exigentes en una sola cosa —humedad constante en el aire y en el sustrato— y bastante indiferentes al resto. Puesta en el sitio adecuado, una Selaginella vive años sin dar trabajo; puesta sobre la mesa del salón, se muere haga lo que haga su dueño. La decisión importante se toma al elegir el emplazamiento, no después.
En resumen
Selaginella es un género de licofitas, no de helechos ni de musgos, con unas 700 especies reconocibles por sus microfilos de una sola vena, su lígula, sus rizóforos y su ramificación en dos ramas iguales. Su heterosporia, con megasporas y microsporas y gametofitos reducidos dentro de la propia espora, la convierte en una pieza clave para entender cómo se llegó a la semilla.
En cultivo, las tres especies habituales son S. kraussiana como tapizante, S. martensii para maceta de interior y S. lepidophylla como curiosidad de la que conviene saber que se abre por hidratación de sus paredes celulares, esté viva o muerta. El resto pide siempre lo mismo: sombra clara, 70-80 % de humedad relativa, sustrato ácido siempre húmedo, agua sin cal, temperaturas entre 18 y 24 °C y abono al cuarto de dosis. Un terrario cerrado resuelve de un golpe la mitad de esos requisitos, y es la razón por la que estas plantas triunfan dentro de un cristal y fracasan fuera de él.