Corta por la mitad una flor de tomate y mira el interior con lupa: verás un cono amarillo de cinco o seis anteras soldadas y, atravesándolo, un estilo que termina en un estigma diminuto. Órgano masculino y órgano femenino, en la misma flor, a menos de un milímetro de distancia. Eso es una flor hermafrodita, y es el modelo mayoritario entre las plantas con flor: alrededor del 90 % de las angiospermas lo siguen.

El término se presta a confusión porque en zoología «hermafrodita» suena a rareza, mientras que en botánica es la norma. Y porque se usa indistintamente para hablar de la flor y de la planta entera, que no es lo mismo. Conviene aclarar primero las piezas.

Las partes de una flor y qué hace cada una

Una flor completa se organiza en cuatro verticilos concéntricos, de fuera hacia dentro:

El cáliz, formado por los sépalos. Suelen ser verdes y su función es proteger el capullo antes de abrirse. En algunas plantas persiste tras la fecundación: el «rabito» estrellado que corona el tomate o el fresón es el cáliz.

La corola, formada por los pétalos. Es el reclamo visual para los polinizadores. Cuando cáliz y corola no se distinguen entre sí —como en el tulipán o el lirio— se habla de tépalos y el conjunto se llama perianto.

El androceo, el aparato masculino. Lo componen los estambres, cada uno con un filamento que sostiene una antera. Dentro de la antera se forma el polen, que contiene los gametos masculinos.

El gineceo, el aparato femenino, también llamado pistilo. Consta de ovario (donde están los óvulos), estilo (el tubo por el que desciende el tubo polínico) y estigma (la superficie receptiva, casi siempre pegajosa o papilosa, donde debe aterrizar el polen).

Esquema de las partes de una flor: sépalos, pétalos, estambres y pistilo

Una flor que tiene los cuatro verticilos es una flor completa. Una que tiene androceo y gineceo funcionales, tenga o no pétalos vistosos, es una flor hermafrodita —también llamada bisexual o perfecta—. Son cosas distintas: las flores del fresno o del plátano de sombra carecen de pétalos llamativos y aun así muchas son hermafroditas.

Qué es exactamente una planta hermafrodita

Hablando con propiedad, planta hermafrodita es aquella cuyas flores llevan los dos sexos. El sinónimo técnico más preciso es monoclina, frente a diclina (flores unisexuales, con un solo sexo).

Aquí aparece el primer error frecuente: confundir hermafrodita con monoica. No son sinónimos.

Hermafrodita: cada flor tiene estambres y pistilo. Tomate (Solanum lycopersicum), pimiento (Capsicum annuum), berenjena, naranjo y limonero (Citrus spp.), almendro (Prunus dulcis), cerezo, manzano, peral, rosal, boniato (Ipomoea batatas), judía, guisante, haba, lavanda, olivo, vid.

Monoica: la planta lleva flores masculinas y flores femeninas separadas, pero ambas en el mismo pie. Es el caso de todas las cucurbitáceas —calabacín, pepino, melón, sandía, calabaza—, del maíz, del nogal, del avellano, de la encina y del castaño. Si alguna vez has visto caer del calabacín las primeras flores sin cuajar, era porque eran masculinas: nunca iban a dar fruto.

Dioica: hay pies macho y pies hembra, plantas separadas. Kiwi (Actinidia deliciosa), palmera datilera (Phoenix dactylifera), pistachero, acebo, sauces y chopos, espárrago, laurel, ortiga, muérdago. En estas especies, plantar un solo ejemplar y esperar fruto es tiempo perdido: hace falta al menos un macho por cada seis u ocho hembras, y florecidos a la vez.

Una misma familia puede contener las tres condiciones, así que la regla se aplica por especie, no por parentesco.

Flores hermafroditas de boniato, Ipomoea batatas

Hermafrodita no significa autofértil

Esta es la creencia que más cosechas ha estropeado en huertos y fincas pequeñas: dar por hecho que, si la flor tiene los dos sexos, la planta se apaña sola. Falso en muchísimos casos.

La autofecundación repetida empobrece la descendencia, así que la evolución ha ido montando barreras dentro de la propia flor hermafrodita. Las principales son cuatro:

Autoincompatibilidad. Un mecanismo bioquímico, controlado por el locus S, que reconoce el polen propio y frena el crecimiento del tubo polínico antes de que llegue al óvulo. El almendro tradicional es el ejemplo clásico en España: variedades como Marcona o Desmayo Largueta son autoincompatibles y necesitan otra variedad compatible cerca, con floración solapada y abejas trabajando. Solo las variedades autocompatibles modernas —Guara, Lauranne, Soleta, Vairo— cuajan por sí solas. Lo mismo ocurre en cerezo, en ciruelo japonés y en la práctica totalidad de perales y manzanos.

Dicogamia. Los dos sexos maduran en momentos distintos dentro de la misma flor. Si primero madura el polen se llama protandria; si primero es receptivo el estigma, protoginia. El aguacate (Persea americana) lleva esto al extremo: sus flores abren dos veces, una en fase femenina y otra en fase masculina, y según el orden se clasifican en tipo A (Hass, Reed) y tipo B (Fuerte, Bacon, Zutano). Plantar un tipo B cerca de una plantación de Hass sube el cuajado de forma muy notable.

Hercogamia. Una separación puramente física: el estigma queda más alto o más bajo que las anteras, o desviado, de modo que el polen no cae encima. En muchas primaveras y en el lino existen dos morfologías florales complementarias, largas y cortas, que solo se polinizan cruzadas.

Esterilidad parcial de uno de los sexos. Hay flores que parecen hermafroditas pero tienen estambres reducidos a estaminodios sin polen, o un pistilo no funcional. La fresa cultivada, la vid silvestre y bastantes cucurbitáceas presentan variantes de esto.

Conclusión práctica: la autofertilidad hay que comprobarla variedad por variedad en el vivero o en la ficha del proveedor. No se deduce mirando la flor.

Ventajas de ser hermafrodita

Si tantas plantas lo son, algo bueno tendrá. Y lo tiene, sobre todo en términos de eficiencia.

Una flor hermafrodita rentabiliza la inversión: los mismos pétalos, el mismo néctar y el mismo perfume sirven para exportar polen y para recibirlo. Una planta dioica gasta lo mismo en atraer al insecto pero solo cumple la mitad de la función en cada pie.

También asegura la reproducción cuando escasean los polinizadores. Especies como el tomate, el guisante o la lechuga se autopolinizan de forma habitual, incluso antes de abrir la flor (cleistogamia parcial). Un solo tomate aislado en una terraza de un cuarto piso sigue dando frutos. Un solo kiwi no.

Y duplica las oportunidades de dejar descendencia: cada individuo puede actuar como padre y como madre, lo que en poblaciones pequeñas o en colonizaciones de terreno nuevo marca la diferencia. Es una de las razones de que muchas malas hierbas invasoras sean hermafroditas y autofértiles.

Cómo distinguirlo en el huerto y en el jardín

No hace falta microscopio. Con una lupa de 10 aumentos y algo de luz basta:

Busca el ovario. En una flor femenina o hermafrodita, en la base de la flor hay un ensanchamiento verde. En el calabacín y el pepino es inconfundible: la flor femenina lleva detrás un fruto en miniatura ya formado, mientras que la masculina sale de un pedúnculo fino y liso. Es el método más rápido para saber cuáles polinizar a mano un día de junio con poca abeja.

Busca el polen. Toca las anteras con la yema del dedo. Si dejan polvo amarillo, hay androceo funcional. Si están secas y vacías, o directamente no las hay, la flor es femenina.

Fíjate en el estigma. Debe verse húmedo, brillante o plumoso. En las gramíneas es plumoso y colgante; en las cucurbitáceas, dividido en tres lóbulos carnosos.

Un apunte para invernaderos y balcones: las flores hermafroditas de tomate y pimiento sueltan el polen por unos poros apicales de la antera y necesitan vibración para hacerlo. En campo lo hacen el viento y los abejorros. En un invernadero cerrado o en una galería sin corriente, un golpecito diario con el dedo en el tallo floral, entre las 11 y las 14 horas, resuelve la mayoría de los cuajados fallidos. Por eso funcionan los abejorros comerciales (Bombus terrestris) en tomate y no las abejas melíferas.

Errores que conviene evitar

Comprar un solo ejemplar de una especie dioica. Ocurre con el kiwi, el acebo, el pistachero y el espárrago ornamental. Antes de pagar, pregunta el sexo del pie.

Arrancar las flores masculinas del calabacín pensando que «roban». No roban: son las que llevan el polen. Se pueden recolectar para cocinar, pero deja siempre unas cuantas abiertas al mismo tiempo que las femeninas.

Plantar una sola variedad de almendro o cerezo. Salvo que sea explícitamente autofértil, la floración será espectacular y la cosecha, ridícula.

Culpar al abono del mal cuajado. Un exceso de nitrógeno favorece hoja frente a flor, cierto, pero cuando una tomatera sana tira las flores en pleno julio el problema suele ser térmico: por encima de 32-35 °C de máxima y 24 °C de mínima nocturna, el polen del tomate pierde viabilidad. Ni la fórmula del fertilizante ni el sexo de la flor lo arreglan; sí lo hace una malla de sombreo del 30-40 %.

En resumen

Una planta hermafrodita es la que produce flores con estambres y pistilo en la misma corola, la condición más extendida entre las plantas con flor. No hay que confundirla con las monoicas, que separan los sexos en flores distintas del mismo pie, ni con las dioicas, que los separan en individuos distintos.

Lo importante en la práctica es que hermafrodita no equivale a autofértil: la autoincompatibilidad, la dicogamia y la hercogamia obligan a muchas especies —almendro, cerezo, aguacate, gran parte de los frutales de pepita— a recibir polen ajeno para cuajar. Comprueba siempre la variedad concreta, planta un polinizador compatible cuando haga falta y cuida a los insectos que hacen el trabajo. La anatomía de la flor te dice qué órganos hay; solo la ficha varietal te dice si funcionan entre sí.


Contenidos relacionados