En el colegio se enseña que las plantas absorben dióxido de carbono y liberan oxígeno. Es cierto, pero es solo la mitad de la historia, y la confusión que genera está detrás de buena parte de las plantas que se mueren en casa. Las plantas también respiran, igual que nosotros: consumen oxígeno y liberan dióxido de carbono, de día y de noche, en las hojas, en el tronco y sobre todo en las raíces, sin parar ni un minuto desde que germinan hasta que mueren.
Entender esto no es un capricho teórico. Explica por qué una planta encharcada se marchita como si tuviera sed, por qué no hay que enterrar el cuello de un árbol, por qué la grava en el fondo de la maceta no sirve para lo que crees y por qué el sustrato importa tanto como el riego.
Respirar y fotosintetizar no son lo mismo
Son dos procesos distintos, que ocurren en orgánulos distintos y que van en direcciones opuestas.
La fotosíntesis ocurre en los cloroplastos, solo en los tejidos verdes y solo cuando hay luz. Con agua, CO2 y energía luminosa la planta fabrica azúcares y libera oxígeno como residuo. Es el proceso de ganancia: construye materia.
La respiración celular ocurre en las mitocondrias, en absolutamente todas las células vivas de la planta, tengan clorofila o no, haya luz o no. Quema esos azúcares con oxígeno para obtener ATP, que es la moneda energética con la que se hace todo lo demás: crecer, dividir células, sintetizar proteínas, defenderse de patógenos y, muy importante, absorber nutrientes del suelo contra gradiente. Es el proceso de gasto: consume materia para poder trabajar.
De día ambos funcionan a la vez, y en una planta sana la fotosíntesis supera con mucho a la respiración, por eso el balance neto es liberar oxígeno. De noche, sin luz, la fotosíntesis se detiene y solo queda la respiración: la planta consume oxígeno y emite CO2. Una planta que no pudiera respirar moriría por muy bien iluminada que estuviera, exactamente igual que un animal.
Los tejidos que no tienen clorofila lo dejan aún más claro. Las raíces, el interior del tronco, los tubérculos, los bulbos, una semilla germinando o un fruto en el árbol no fotosintetizan nada: viven exclusivamente de azúcares importados de las hojas, que queman respirando. Todo su metabolismo depende del oxígeno que les llegue del ambiente.
¿Cómo respiran las plantas?
No tienen pulmones ni sistema circulatorio para transportar gases. El intercambio se hace por difusión, a través de aberturas repartidas por toda la superficie del vegetal.
Los estomas. Son poros microscópicos, sobre todo en el envés de las hojas, formados por dos células oclusivas con forma de riñón que se abren y se cierran según la turgencia. Por ahí entra el CO2 de la fotosíntesis, entra y sale el oxígeno de la respiración y se pierde vapor de agua en la transpiración. Su densidad es enorme: en muchas especies hay entre 100 y 500 estomas por milímetro cuadrado de hoja. La planta los cierra cuando hay estrés hídrico o calor extremo, y ese cierre es la razón de que en pleno agosto una planta a pleno sol pueda dejar de crecer aunque esté regada: con los estomas cerrados no entra CO2.
Las lenticelas. En tallos leñosos y troncos, donde la corteza sustituye a la epidermis, el intercambio de gases se hace por lenticelas, esas pequeñas manchas o rayas rugosas y elevadas que se ven muy bien en la corteza del cerezo, del abedul o del saúco. Son zonas de tejido suberoso poco compacto que permiten el paso del aire hacia los tejidos vivos internos.
Las raíces. Toman oxígeno directamente de los poros del suelo llenos de aire, a través de los pelos absorbentes y la epidermis de las raíces jóvenes. Este es el punto crítico para cualquiera que cultive plantas, porque el suministro de oxígeno a la raíz no depende de la planta, depende del sustrato y del riego. Es decir: depende de ti.
La asfixia radicular: por qué el exceso de riego mata más que la sequía
Un buen sustrato tiene aproximadamente la mitad de su volumen ocupado por poros, y esos poros deben repartirse entre agua y aire. Cuando riegas, el agua desplaza el aire; cuando el agua drena y se evapora, el aire vuelve a entrar. Ese ciclo de mojado y secado es lo que mantiene viva la raíz. Si el sustrato permanece saturado, no hay ciclo: solo agua.
El oxígeno difunde en el agua unas diez mil veces más despacio que en el aire. Una raíz rodeada de agua estancada agota en pocas horas el poco oxígeno disuelto y entra en anoxia. A partir de ahí ocurre una cadena de cosas, todas malas:
Sin oxígeno, las mitocondrias no producen ATP. Sin ATP, la raíz no puede bombear activamente nutrientes ni mantener el transporte de agua hacia el tallo. La planta empieza a marchitarse. Y aquí llega el error que mata más plantas de interior en España que ninguna plaga: se ve la planta mustia, se supone que le falta agua y se riega más. El resultado es acelerar la muerte.
La pista para distinguirlo es sencilla: si la planta está caída y el sustrato está mojado, el problema es exceso de agua, no falta. Otras señales de encharcamiento son hojas amarillas empezando por las de abajo, caída de hojas verdes sin marchitarse, olor agrio o a cieno al acercar la nariz a la maceta, y raíces blandas, marrones y que se deshacen al tocarlas en lugar de blancas y firmes.
Además, la anaerobiosis del sustrato favorece directamente a los patógenos que peor lo hacen pasar a las raíces. Phytophthora y Pythium son oomicetos cuyas zoosporas necesitan una película de agua para nadar hasta la raíz. Un sustrato saturado es su hábitat ideal, y encima encuentran una raíz debilitada por la falta de oxígeno. La podredumbre de raíz no es una mala suerte: es la consecuencia predecible de un sustrato que no respira.
Lo que puedes hacer para que las raíces tengan aire
Maceta con agujeros, siempre, y plato vacío. Un cachepot bonito sin drenaje es una trampa. Si lo usas, mete dentro la maceta de plástico con agujeros y sácala para regar. Y vacía el plato veinte minutos después del riego: dejar la maceta permanentemente en un dedo de agua es la forma más eficaz de matar una planta de interior.
Sustrato con estructura, no turba compactada. Añade perlita, corteza de pino, fibra de coco o arlita a los sustratos universales, que suelen ser demasiado finos y se apelmazan. Una proporción de un 20 a un 30 % de material grueso cambia por completo la aireación. Y renueva el sustrato cada dos o tres años: la turba se degrada, las partículas se rompen y la porosidad de aire se desploma con el tiempo, aunque la maceta parezca la misma.
Riega por ciclos, no por calendario. Riega abundantemente hasta que salga agua por el drenaje, y luego espera a que la capa superior se seque antes de volver. El chorrito diario es peor que un riego copioso semanal, porque mantiene la superficie húmeda sin llegar nunca a limpiar y renovar el aire de todo el cepellón.
No plantes profundo ni acollares el cuello. El cuello de un árbol o arbusto debe quedar a nivel del suelo. Enterrarlo, o amontonar tierra o mantillo contra el tronco en el jardín, tapa las lenticelas de esa zona y provoca podredumbre del cuello. Es un error clásico en plantaciones de setos y frutales, y explica muchas muertes lentas e inexplicables a los dos o tres años de plantar.
Airea el suelo compactado. El pisoteo continuado, el paso de maquinaria o los suelos arcillosos que se apelmazan con el riego dejan a las raíces sin poros de aire. En césped se resuelve con un aireador de púas huecas; en macizos y arriates, incorporando materia orgánica bien hecha, que mejora la estructura y crea agregados estables.
Cuidado con el otoño-invierno. En noviembre la planta crece poco, evapora poco y los días son cortos. El sustrato tarda el doble o el triple en secarse. Mantener el ritmo de riego del verano en invierno es, en la práctica, encharcar. Espacia los riegos según el estado real del sustrato, no según la costumbre.
Un apunte sobre un mito muy repetido: poner una capa de grava en el fondo de la maceta no mejora el drenaje. Por un efecto físico bien conocido, el agua no pasa de un material fino a otro grueso hasta que el fino está prácticamente saturado, de modo que la grava lo único que hace es elevar la zona encharcada y reducir el volumen útil de sustrato. Lo que realmente drena es un sustrato bien estructurado en toda la maceta y agujeros que no estén obstruidos.
Casos particulares que confirman la regla
Plantas que sí toleran el encharcamiento. No es que no necesiten oxígeno, es que se lo llevan ellas mismas. Especies de suelos inundados como el arroz, el papiro, los sauces o el ciprés de los pantanos (Taxodium distichum) desarrollan aerénquima, un tejido con grandes cámaras de aire que conduce oxígeno desde la parte aérea hasta las raíces sumergidas. El Taxodium forma además neumatóforos, esas conocidas rodillas que emergen del agua. Una planta ornamental normal no tiene nada de eso, y de ahí que no aguante lo que aguanta un sauce.
Semillas germinando. Una semilla en germinación respira a un ritmo altísimo para movilizar sus reservas y no fotosintetiza todavía. Si la entierras demasiado o el sustrato del semillero está compacto y saturado, no germina o se pudre. Por eso los sustratos de semillero son ligeros y por eso los riegos se dan finos y frecuentes en lugar de a manguerazos.
Suculentas y cactus. Muchas usan metabolismo CAM: abren los estomas de noche, cuando hace fresco y hay menos pérdida de agua, fijan el CO2 en forma de ácido málico y lo procesan de día con los estomas cerrados. Siguen respirando las 24 horas, pero pierden muchísima menos agua. Es la adaptación al clima árido, y explica por qué en verano una crasa agradece más un riego al anochecer.
Noches cálidas de verano. La respiración se acelera con la temperatura. En las noches tórridas del interior peninsular, cuando no se baja de 25 °C, la planta quema de noche buena parte de lo que fabricó de día. Es una de las razones de que muchos cultivos se paren en las olas de calor aunque haya agua de sobra.
Hidroponía. Las raíces en agua no se ahogan porque el agua esté oxigenada por un difusor y en movimiento. En un vaso de agua estancada, un esqueje acaba pudriéndose. Es la demostración más directa de que lo que mata no es el agua, es la ausencia de oxígeno.
¿Se pueden tener plantas en el dormitorio?
Sí, sin ninguna reserva. La creencia de que las plantas "roban el oxígeno" por la noche y resultan peligrosas en la habitación es falsa, y conviene enterrarla.
Es verdad que de noche consumen oxígeno y emiten CO2, pero la cantidad es ridícula comparada con la de la propia persona que duerme en la cama. Una planta de interior de tamaño doméstico tiene una masa de tejido vivo muy pequeña, un metabolismo lentísimo y una tasa de respiración que es órdenes de magnitud inferior a la de un ser humano de setenta kilos. Necesitarías llenar el dormitorio con un pequeño bosque, con la puerta y las ventanas selladas, para que la diferencia fuera medible. Cualquier habitación real tiene infiltraciones de aire suficientes para compensarlo mil veces.
Lo que sí conviene matizar es el mito contrario, el de las plantas que "purifican el aire de casa". Los estudios que popularizaron esa idea se hicieron en cámaras herméticas de pocos litros, y al extrapolar los resultados a una habitación real haría falta un número absurdo de plantas por metro cuadrado para igualar el efecto de abrir la ventana diez minutos. Ten plantas en el dormitorio porque te gustan y porque el ambiente mejora; no como sistema de ventilación.
El único cuidado razonable es el de siempre: vigila que las macetas no estén encharcadas, porque un sustrato permanentemente saturado sí puede desarrollar hongos y mosquitas del sustrato (Sciaridae). Otra vez el mismo problema, y otra vez la misma solución.
En resumen
Las plantas respiran porque son organismos vivos y necesitan ATP para funcionar, y lo hacen las 24 horas del día en todas sus células, no solo en las verdes ni solo cuando hay luz. La fotosíntesis fabrica el combustible; la respiración lo quema para poder usarlo. Sin respiración no hay crecimiento, ni absorción de nutrientes, ni defensa frente a enfermedades.
El intercambio de gases ocurre por estomas en las hojas, lenticelas en la corteza y directamente por la epidermis en las raíces jóvenes. De los tres, el único que depende de nosotros es el de la raíz, y es también el que más plantas mata cuando se descuida: un sustrato saturado deja a las raíces sin oxígeno, la planta se marchita pese a estar mojada y quien la cuida suele responder regando más.
Todo se reduce a una idea práctica: el sustrato tiene que respirar. Agujeros de drenaje, plato vacío, mezcla con material grueso, riego copioso y espaciado en lugar de constante y escaso, cuello nunca enterrado y renovación del sustrato cada pocos años. Y sí, puedes dormir con plantas en la habitación tranquilamente.