Enterrar el rizoma de un lirio barbado es, probablemente, el gesto que más floraciones cuesta cada verano en los jardines españoles. Se planta como si fuera un bulbo, a diez centímetros de profundidad, y al año siguiente la mata saca hojas espléndidas y ni una flor, o directamente se pudre. El fallo no está en la técnica de plantación sino en la idea de partida: un rizoma no es una raíz ni un bulbo. Es un tallo, y se comporta como tal.

Rizoma subterráneo de una planta con nudos y raíces adventicias

Un tallo que crece tumbado

El rizoma es un tallo subterráneo de crecimiento horizontal, engrosado en mayor o menor medida, que acumula reservas y del que brotan tanto los tallos aéreos como las raíces. Que sea un tallo y no una raíz no es una sutileza de examen: es lo que explica todo su comportamiento.

Para reconocerlo basta mirarlo de cerca. Un rizoma tiene nudos y entrenudos, esos anillos o cicatrices que lo recorren a intervalos. Tiene yemas, los famosos «ojos» del jengibre, que son yemas axilares capaces de dar un tallo nuevo. Tiene hojas reducidas a escamas (catáfilos), papiráceas y a menudo marronosas, que protegen cada yema. Y emite raíces adventicias desde los nudos, hacia abajo. Una raíz verdadera no tiene nada de eso: carece de nudos, de yemas y de hojas, lleva una cofia protectora en el ápice y ramifica desde el interior del tejido, no desde puntos regulares en superficie.

De ahí se deduce lo importante: un trozo de rizoma con al menos una yema puede generar una planta entera. Un trozo de raíz, en la inmensa mayoría de las especies, no. Ese es el motivo por el que las plantas rizomatosas se multiplican tan fácilmente por división y también, en su cara oscura, por el que la grama y la juncia se vuelven imposibles de erradicar.

Rizoma, bulbo, tubérculo y cormo: la confusión clásica

Los cuatro son órganos de reserva subterráneos, los cuatro sirven para pasar la estación mala y los cuatro se venden en el mismo expositor de la tienda en enero, lo que no ayuda. Se distinguen así:

El bulbo es un tallo comprimidísimo, reducido a un disco basal, rodeado de hojas carnosas superpuestas que son las que guardan las reservas. Si cortas una cebolla o un tulipán por la mitad y ves capas, es un bulbo. El cormo es un tallo vertical corto y macizo, sin capas por dentro, envuelto en escamas secas: gladiolo, crocus, fresia. El tubérculo caulinar es el engrosamiento del extremo de un tallo subterráneo; la patata es el ejemplo perfecto, y sus «ojos» son yemas, lo que confirma su naturaleza de tallo. El rizoma, en cambio, crece en horizontal y de forma indefinida, alargándose año tras año por un extremo mientras la parte vieja del otro se agota y muere.

Hay además otro pariente al que se confunde con el rizoma: el estolón. Es también un tallo horizontal, pero rastrero y superficial o aéreo, delgado, sin reservas apreciables y con entrenudos largos, que enraíza al tocar el suelo. Los «hijos» de la fresa cuelgan de estolones. Un rizoma va por debajo y guarda almidón; un estolón va por encima y solo coloniza.

Y una corrección que conviene hacer en cualquier cocina: el jengibre (Zingiber officinale) y la cúrcuma (Curcuma longa) no son raíces. Son rizomas, y por eso mismo un trozo comprado en la frutería, con una yema hinchada, brota si lo plantas.

Rizoma de jengibre con yemas visibles

Tipos de rizoma

No todos los rizomas se parecen, y las diferencias tienen consecuencias muy prácticas a la hora de plantar y de contener.

Por su grosor. Los rizomas carnosos o tuberosos son gruesos, cortos y muy cargados de almidón: iris barbado, jengibre, cala, canna. Los delgados o estoloniformes son finos, largos y sin apenas reservas, y su función es sobre todo colonizar terreno: grama (Cynodon dactylon), grama del norte (Elymus repens), menta.

Por su posición. Los hay superficiales, que viven medio asomados al aire y necesitan luz directa sobre el lomo, como los del iris barbado; y profundos, que se entierran varios centímetros e incluso decímetros, como los de la canna, el agapanto o muchos helechos. Confundirlos es lo que provoca el fracaso del que hablábamos al principio.

Por su patrón de crecimiento. Esta clasificación se usa mucho en bambúes y es la más útil para prever si una planta va a invadirte el jardín. Los rizomas leptomorfos son finos, con entrenudos largos, y avanzan metros en horizontal antes de emitir una caña: es el caso de Phyllostachys, Pleioblastus o Sasa, los bambúes corredores. Los paquimorfos son gruesos, con entrenudos cortos, y se curvan hacia arriba enseguida para formar una mata compacta que se ensancha despacio: Fargesia, Bambusa. Si vas a plantar bambú en un jardín pequeño y no quieres pleitos con el vecino, plantas de rizoma paquimorfo.

Por su ramificación. En los rizomas simpódicos o definidos, la yema terminal se convierte en la inflorescencia o en un brote aéreo y el crecimiento continúa por una yema lateral, de modo que la mata avanza a saltos formando un zigzag; los iris son el ejemplo típico. En los monopódicos o indefinidos, la yema terminal sigue creciendo hacia adelante indefinidamente y solo emite ramificaciones laterales, como en la grama o en el carrizo.

Plantas rizomatosas que verás en España

Se llama rizomatosa a toda planta cuyo tallo principal de perennación es un rizoma. En jardinería peninsular la lista es larga: los lirios o iris (Iris germanica en seco, Iris pseudacorus en la orilla del estanque), la cala (Zantedeschia aethiopica), la caña de las Indias (Canna indica), el agapanto (Agapanthus africanus), la bergenia, el muguet (Convallaria majalis), el nenúfar (Nymphaea), la alstroemeria, el espárrago (Asparagus officinalis, cuya «garra» es un rizoma con raíces carnosas), casi todas las mentas y la mayoría de los helechos de jardín e interior, desde el polipodio hasta el helecho de Boston.

Un caso fronterizo que conviene aclarar: la peonía herbácea (Paeonia lactiflora) se vende como «rizoma» y en sentido estricto lo que se planta es una corona con raíces tuberosas y yemas visibles. La consecuencia práctica es la misma que en un rizoma superficial: las yemas deben quedar a solo 3-5 cm de profundidad, y plantarlas más hondo es la causa número uno de peonías que nunca florecen.

El rizoma también explica las peores malas hierbas del huerto español. La grama, la cañota (Sorghum halepense), el carrizo (Phragmites australis), la caña común (Arundo donax) o el juncio (Cyperus rotundus) sobreviven precisamente por eso. Y de ahí un consejo que va contra la intuición: pasar el motocultor sobre una parcela agramada la multiplica, porque trocea el rizoma en decenas de fragmentos y cada uno con una yema arranca una planta nueva. Con estas especies hay que extraer el rizoma entero a mano o agotarlo con desbroces repetidos, no picarlo.

Planta rizomatosa creciendo en el jardín

Cómo se planta un rizoma

Cuándo. Depende del grupo. Los iris barbados se dividen y plantan en pleno verano, entre julio y septiembre, unas semanas después de florecer; resulta contraintuitivo, pero es cuando el rizoma está maduro y las heridas cierran rápido con el calor. Las cannas, calas, agapantos y dalias rizomatosas se plantan en primavera, de marzo a abril, cuando el suelo supera los 12-15 ºC. El jengibre y la cúrcuma necesitan más calor todavía, unos 20-22 ºC, y en el interior peninsular solo prosperan en maceta que puedas resguardar en invierno. Los helechos, en primavera, al empezar a mover.

Cómo preparar la división. Corta con un cuchillo limpio y desinfectado, no arranques a tirones. Descarta la porción central vieja de la mata, que suele estar hueca, fibrosa o blanda: solo produce hojas y ya no florece. Cada división debe llevar un abanico de hojas, entre 5 y 10 cm de rizoma firme al tacto y sus propias raíces. Deja secar las heridas 24 o 48 horas a la sombra antes de plantar, o espolvoréalas con azufre; plantar un corte fresco en tierra húmeda es la puerta de entrada de la podredumbre blanda bacteriana.

Profundidad y orientación. Aquí está la clave. En los iris barbados, el rizoma se coloca horizontal y con el lomo asomando a la superficie, tocando el sol, con las raíces extendidas hacia abajo en un hoyo con un pequeño caballón central. En zonas de verano muy tórrido, como Andalucía o el valle del Ebro, se puede cubrir con un dedo escaso de tierra, no más. En los rizomas profundos, en cambio, hay que enterrar: la canna a 5-10 cm, la cala a unos 10 cm, el jengibre a 3-5 cm. La regla que nunca falla es orientar las yemas hacia arriba, y en los iris apuntar el abanico de hojas hacia donde quieras que la mata avance, porque el rizoma crece en esa dirección.

Recorta las hojas. En iris, cannas y agapantos, reduce el follaje a un tercio, dejando unos 10-15 cm en abanico. Así disminuyes la transpiración mientras la planta no tiene raíces activas y evitas que el viento la mueva y descoloque el rizoma.

Suelo y abonado. Suelo suelto y drenante, con arena gruesa si tu tierra es arcillosa. Nada de estiércol fresco ni de abonos ricos en nitrógeno junto al rizoma recién plantado: el exceso de nitrógeno reblandece los tejidos y favorece la podredumbre. Mejor un abono equilibrado o rico en fósforo y potasio.

Riego. Un riego de asentamiento y después escaso hasta que veas el primer brote. El rizoma trae reservas suficientes para arrancar; lo que no soporta es estar encharcado sin raíces con las que absorber.

Marco y renovación. Planta los iris a 30-40 cm entre matas y divide cada 3 o 4 años, porque el centro se agota y la floración cae. Y si vas a poner menta, bambú corredor o cualquier rizomatosa invasora, plántala en una maceta enterrada sin fondo o instala una barrera antirrizoma de polietileno de alta densidad de 60-70 cm de profundidad, dejándola sobresalir unos 5 cm del suelo para que el rizoma no la salte por encima.

En resumen

El rizoma es un tallo subterráneo horizontal, no una raíz: tiene nudos, yemas y escamas, y emite raíces adventicias hacia abajo. Esa naturaleza caulinar es la que permite multiplicar la planta partiéndolo, siempre que cada trozo lleve una yema, y la que hace tan tenaces a malas hierbas como la grama o la cañota. Distinguirlo del bulbo, del cormo, del tubérculo y del estolón es lo que te dice cómo tratarlo, y saber si es superficial o profundo, leptomorfo o paquimorfo, es lo que decide la profundidad de plantación y si vas a necesitar una barrera de contención. Divide en la época correcta, deja cicatrizar los cortes, orienta las yemas hacia arriba y no entierres lo que debe ver el sol.


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