Un eucalipto de sesenta metros sube agua desde el suelo hasta su hoja más alta sin bombas, sin partes móviles y sin gastar un solo julio de energía metabólica en el transporte. Lo hace a través del xilema, un tejido formado en su mayor parte por células muertas. Entender cómo funciona explica cosas muy prácticas del jardín: por qué las flores cortadas se marchitan aunque estén en agua, por qué un insecticida regado en la maceta acaba en las hojas, o por qué la Xylella está arrasando olivares y almendrales.

Esquema de xilema y floema en el tallo de una planta

Qué es el xilema

El xilema es el tejido conductor que lleva agua y sales minerales desde la raíz hasta el resto de la planta. Lo que circula por él es lo que la jardinería tradicional llama savia bruta: agua con nitratos, fosfatos, potasio, calcio, magnesio y micronutrientes disueltos, más algunas hormonas y aminoácidos en cantidades pequeñas.

Es un tejido complejo, es decir, no está hecho de un solo tipo de célula sino de cuatro:

Traqueidas. Células alargadas y afiladas en los extremos, con la pared engrosada de lignina. Al madurar mueren y su contenido desaparece, de modo que quedan como tubitos huecos. El agua pasa de una a otra a través de las punteaduras, zonas de la pared donde no hay engrosamiento secundario. Están presentes en todas las plantas vasculares y son el único elemento conductor de los helechos y de las coníferas.

Elementos de vaso. Más cortos, más anchos y con las paredes terminales perforadas o directamente disueltas, de manera que al alinearse forman tubos continuos —los vasos— que pueden medir desde unos centímetros hasta varios metros. Son casi exclusivos de las angiospermas, y su aparición fue una mejora hidráulica enorme: un vaso ancho transporta muchísimo más caudal que una traqueida estrecha.

Fibras. Células de esclerénquima, muy lignificadas y sin función conductora. Aportan resistencia mecánica. En la madera son las responsables de que un tronco sostenga toneladas de copa.

Parénquima xilemático. El único componente vivo. Se dispone en filas axiales y, sobre todo, en los radios leñosos, esas bandas que ves cruzando radialmente el corte de un tronco. Almacena almidón, participa en la reparación de embolias y transporta sustancias en sentido horizontal.

Junto al xilema va siempre el floema, el otro tejido conductor, que transporta los azúcares fabricados en la fotosíntesis desde las hojas hacia raíces, frutos y yemas (la savia elaborada). Los dos forman los haces vasculares. La diferencia clave: el xilema conduce por células muertas y en sentido predominantemente ascendente, empujado por la física; el floema conduce por células vivas y en la dirección que haga falta, gastando energía.

Tipos de xilema

Se clasifica según su origen y su momento de formación.

Xilema primario. Procede del procámbium, el meristemo del crecimiento en longitud. Se subdivide a su vez en:

· Protoxilema, el primero en diferenciarse, en zonas del tallo o la raíz que todavía se están alargando. Como tiene que estirarse con el órgano, sus paredes llevan engrosamientos anillados o helicoidales, que actúan como un muelle. A menudo acaba destruido por el propio crecimiento.

· Metaxilema, que madura después, cuando la elongación ya ha terminado. Sus paredes tienen engrosamientos escaleriformes, reticulados o punteados, mucho más completos y rígidos.

Xilema secundario. Lo produce el cámbium vascular hacia el interior del tallo, en las plantas con crecimiento en grosor. Es, sencillamente, la madera. Cada año el cámbium añade una capa nueva, y como los vasos de primavera suelen ser más anchos que los de final de verano, se genera el contraste que percibimos como anillos de crecimiento.

Dentro de la madera conviene distinguir dos zonas más:

Albura. La parte externa y clara, funcional, por la que realmente circula el agua. Suele abarcar solo unos pocos anillos.

Duramen. El corazón oscuro del tronco. Es xilema viejo que ha dejado de conducir: sus vasos quedan obturados por tilides (expansiones del parénquima vecino) y se impregnan de resinas, taninos y otros extractivos. Ya no transporta nada, pero sostiene y resiste la pudrición mucho mejor que la albura. Por eso un árbol hueco puede seguir perfectamente vivo: lo que ha perdido es el duramen, no la parte conductora.

Hay además una distinción anatómica con consecuencias muy reales en el clima español. Las especies de porosidad anular —robles, encinas, fresnos, olmos, castaño— concentran vasos muy anchos en la madera de primavera; mueven mucha agua, pero esos vasos son vulnerables. Las de porosidad difusa —arces, hayas, abedules, chopos, frutales de hueso— reparten vasos más estrechos y uniformes por todo el anillo, con menos caudal y más seguridad.

Xilema observado al microscopio en un tallo de Cucurbita maxima

Cómo sube el agua: la función del xilema

Aquí hay que desmontar dos ideas muy extendidas.

La primera: el agua no sube por capilaridad. La capilaridad existe y contribuye, pero en tubos del diámetro de un vaso xilemático levanta el agua unos pocos centímetros, en el mejor de los casos algún metro. Ni de lejos alcanza para un árbol.

La segunda: la raíz no bombea, o no de forma significativa. Existe la presión radicular, generada osmóticamente cuando la raíz acumula sales, y es la responsable de la gutación —esas gotitas en el borde de las hojas al amanecer— y de que las vides «lloren» al podarlas a final de invierno. Pero es un empuje modesto y solo aparece con el suelo húmedo y la transpiración parada. No es el motor.

El mecanismo real es la teoría de la cohesión-tensión, formulada por Dixon y Joly a finales del siglo XIX, y su elegancia está en que el motor no lo pone la planta: lo pone el sol.

Funciona así. En la hoja, el agua se evapora desde las paredes húmedas de las células del mesófilo hacia las cámaras subestomáticas y sale por los estomas. Cada molécula que se va deja las superficies del menisco más curvadas, y esa curvatura genera una tensión, una presión negativa. Como las moléculas de agua se atraen entre sí por puentes de hidrógeno (cohesión) y se adhieren a las paredes lignificadas de los conductos (adhesión), la columna de agua del xilema se comporta como un hilo continuo desde la hoja hasta el pelo radical. Tirar del extremo de arriba arrastra toda la columna. La planta no gasta energía en ello; solo decide cuánto abrir los estomas.

Que el agua esté bajo tensión —a presión negativa, técnicamente estirada— tiene una consecuencia importante: la columna puede romperse. Si entra una burbuja de aire en un conducto, se produce una cavitación, y la burbuja resultante (la embolia) bloquea ese vaso. Ocurre en episodios de sequía intensa y también en los ciclos de hielo y deshielo, porque el aire disuelto no cabe en el hielo y forma burbujas al congelarse el agua.

Las plantas se defienden de dos maneras. La primera, compartimentando: como cada vaso o traqueida es un conducto independiente conectado a los vecinos solo por punteaduras, una embolia queda confinada en su conducto en lugar de propagarse. Las coníferas afinan más aún con las punteaduras areoladas de toro y margo, una especie de válvula que se desplaza y sella el poro cuando detecta la diferencia de presión. La segunda, reparando: el parénquima adyacente puede rellenar vasos embolizados, y la presión radicular de final de invierno ayuda a reponer la columna antes de la brotación.

Cuando el daño supera la capacidad de reparación, el árbol pierde conductividad y aparece el cuadro típico de la sequía severa: muerte descendente de ramillas en la periferia de la copa. Lo hemos visto de sobra en encinares y pinares peninsulares tras los veranos duros.

Otras funciones que no son el transporte

Sostén. La lignina de las paredes xilemáticas es lo que permite que una planta se levante del suelo. Sin xilema secundario no habría árboles, y la conquista de la altura —la carrera por la luz— es en gran medida una historia de este tejido.

Reserva. El parénquima xilemático almacena almidón durante el otoño y lo moviliza en primavera para financiar la brotación, antes de que las hojas nuevas empiecen a producir. Es la razón por la que un árbol desnudo en marzo puede sacar una brotación completa de la nada.

Señalización. Por el xilema circulan también hormonas, en particular el ácido abscísico que la raíz envía hacia la hoja cuando detecta sequedad en el suelo, para que los estomas se cierren antes de que la planta note el déficit hídrico.

Por qué esto te importa en el jardín

Las flores cortadas. Al cortar un tallo, el corte queda expuesto al aire y la tensión de la columna aspira burbujas hacia dentro. Los vasos se embolizan y la flor se marchita aunque el jarrón esté lleno. De ahí la recomendación clásica de recortar un par de centímetros del tallo, en diagonal y bajo el agua, y repetirlo cada dos o tres días.

Los sistémicos que se riegan. Un insecticida como el imidacloprid aplicado al sustrato entra por la raíz y viaja por el xilema hasta las hojas, que es donde está el pulgón. Por eso funciona regado. En cambio el glifosato se mueve por el floema, hacia donde va el azúcar, y por eso mata también el rizoma de la grama: hay que aplicarlo sobre hoja verde y activa, nunca sobre una planta agostada.

El anillado. Quitar un anillo de corteza alrededor de un tronco secciona el floema pero deja intacto el xilema, que está por dentro del cámbium. El árbol sigue subiendo agua y puede tardar meses o años en morir, porque lo que se le ha cortado es el suministro de azúcares a la raíz. La misma lógica explica por qué una cuerda o un alambre olvidado alrededor de un tronco estrangula el árbol despacio.

Xylella fastidiosa. Esta bacteria vive exclusivamente en el xilema y lo coloniza hasta obstruirlo, provocando en la planta una sequía fisiológica con el suelo húmedo. La transmiten insectos que se alimentan justamente de savia bruta, como Philaenus spumarius. En España ha afectado a almendros en Alicante y a olivos y otras especies en Baleares, y es un problema de cuarentena precisamente porque lo que ataca es la tubería, no la hoja.

La verticilosis y la grafiosis siguen el mismo guion: hongos vasculares (Verticillium dahliae, Ophiostoma novo-ulmi) que colonizan los vasos y desencadenan su obturación. Si cortas una rama de un olivo con verticilosis verás el anillo de madera oscurecido: eso es xilema fuera de servicio.

En resumen

El xilema es el tejido vascular que transporta agua y sales minerales de la raíz a la hoja, y está formado por traqueidas y elementos de vaso (muertos y lignificados, que son los que conducen), fibras que dan resistencia y parénquima vivo que almacena y repara. Se distingue el xilema primario, del procámbium, con su protoxilema y su metaxilema, y el secundario, del cámbium vascular, que es la madera y que con los años se divide en albura conductora y duramen inactivo.

El agua no sube ni por capilaridad ni por bombeo radicular, sino por cohesión-tensión: la evaporación en la hoja tira de una columna de agua continua que se mantiene unida por los puentes de hidrógeno entre sus moléculas. Esa columna está bajo tensión y puede romperse por sequía o por hielo, formando embolias que la planta compartimenta y a veces repara. Y como todo lo que se disuelve en el suelo acaba viajando por ahí, el xilema es a la vez la vía de entrada de los fitosanitarios sistémicos y el objetivo de las enfermedades vasculares más serias que tenemos encima.


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