Sacas un aloe de su maceta para cambiarle el sustrato y descubres que de la base de la planta madre han salido cuatro rosetas pequeñas, algunas ya con raíces propias. Eso son hijuelos, y son la manera más barata y más segura de multiplicar buena parte de las plantas de una casa: no hay que germinar nada, no hay que esperar a que enraíce un esqueje y el resultado es idéntico a la planta de la que salió.
Qué es exactamente un hijuelo
Un hijuelo es un brote vegetativo que nace de la base de la planta madre, a partir de una yema situada en el cuello, en un rizoma corto o en un estolón subterráneo. Al ser un crecimiento vegetativo y no una semilla, no interviene la reproducción sexual: el hijuelo es un clon, con el mismo genotipo que la madre. De ahí que sea el sistema con el que se conservan las variedades cuyos caracteres no se transmiten fielmente por semilla.
Por debajo hay un mecanismo hormonal sencillo. El brote apical de una planta produce auxinas que inhiben el desarrollo de las yemas basales; es lo que se llama dominancia apical. Cuando esa dominancia se debilita —porque la planta ha florecido, porque ha perdido el ápice, porque ha llegado a su tamaño adulto o porque simplemente ha acumulado suficientes reservas—, las yemas de la base se liberan y empiezan a crecer. En las plantas monocárpicas, que florecen una sola vez y después mueren, esa liberación es la propia estrategia de supervivencia de la especie: la roseta madre se agota fabricando la inflorescencia y deja tras de sí una tanda de descendientes ya instalados.
Conviene distinguirlo de figuras parecidas con las que se confunde a menudo:
- Chupón de patrón. En un árbol injertado —un rosal, un frutal, un cítrico— el brote que sale por debajo del punto de injerto pertenece al patrón, no a la variedad. Aunque físicamente sea un hijuelo, si lo separas y lo plantas obtendrás el portainjertos, casi siempre sin interés. Esos hay que eliminarlos, no propagarlos.
- Estolón. Es un tallo rastrero que recorre una distancia por encima o justo bajo el suelo y forma una planta nueva en su extremo, como en la fresa o en la cinta (Chlorophytum comosum). El resultado se parece, pero el hijuelo propiamente dicho brota pegado a la madre.
- Rebrote de raíz. Algunas especies, como el ailanto o el níspero, emiten brotes a partir de raíces alejadas del tronco. Sirven para propagar, pero implican desenterrar y cortar raíz.
Plantas que producen hijuelos
La lista es larga y está dominada por monocotiledóneas y suculentas, aunque hay excepciones.
Agave. El caso de manual. Agave americana, Agave attenuata o Agave victoriae-reginae son monocárpicas: tras años de crecimiento levantan una inflorescencia enorme y la planta muere. Antes, durante y después de ese episodio emiten hijuelos, a veces pegados al cuello y a veces al final de rizomas de medio metro que brotan a distancia. Un aviso importante: la savia del agave es irritante, provoca dermatitis y quemazón, así que se manipula con guantes y manga larga, y conviene despuntar la espina terminal de las hojas antes de meter las manos.
Aloe vera. Aloe vera —también citada como Aloe barbadensis— produce hijuelos con enorme facilidad, hasta el punto de que una maceta se convierte en un cepellón macizo de rosetas en dos o tres años. Aquí la separación no perjudica a la madre: al contrario, le quita competencia por el agua y los nutrientes y suele reaccionar engordando las hojas.
Ananas comosus. La piña da tres tipos de brote y no todos valen lo mismo. La corona es el penacho de hojas del propio fruto: enraíza, pero tarda entre dos y tres años en dar cosecha. Los hijuelos basales, los que salen del pie de la planta, ya tienen reservas y adelantan la fructificación bastante. Y están los brotes que aparecen en el pedúnculo, justo bajo el fruto, de comportamiento intermedio. Si la intención es cosechar, la corona es la peor opción de las tres, aunque sea la más popular por ser la que viene gratis con la fruta.
Clivia miniata. Forma matas por hijuelos que nacen del rizoma corto y carnoso. Son de crecimiento lento y hay que armarse de paciencia: un hijuelo separado tarda entre tres y cinco años en florecer. Además, la clivia florece mejor apretada en la maceta, de modo que no interesa dividirla cada temporada.
Bromelias. Guzmanias, vrieseas, aechmeas y neoregelias siguen el patrón monocárpico más claro que existe entre las plantas de interior: la roseta madre florece una vez, la inflorescencia dura semanas o meses y después la planta se va secando poco a poco mientras saca dos, tres o cuatro hijuelos por la base. La madre no se recupera; lo que continúa es la descendencia. Que una guzmania se ponga fea después de florecer no es un fallo de cultivo.
Haworthia. Las haworthias y las haworthiopsis se amacollan sin descanso. Los hijuelos son pequeños, salen muy pegados y a menudo ya traen raíces cuando los descubres al trasplantar, lo que hace de este género uno de los más agradecidos para empezar.
Pandanus utilis. El pandano emite hijuelos en la base y también brotes laterales en el tronco, apoyados por sus características raíces zanco. Precaución con las hojas: el margen de Pandanus utilis lleva espinas rojizas afiladas que cortan de verdad.
Fuera de esta lista, hay dos ejemplos que merecen mención por su peso agrícola. El plátano (Musa) se propaga exclusivamente por hijuelos, ya que las variedades comerciales no producen semilla viable; en las plantaciones canarias se deja crecer un hijuelo por planta —el llamado hijo de sucesión— y se eliminan los demás. Y la palmera datilera (Phoenix dactylifera): como las semillas dan mitad machos y mitad hembras y no reproducen el cultivar, las variedades de dátil se mantienen desde hace milenios separando hijuelos del pie.
Cuándo separarlos
La época en España es la primavera, de marzo a mayo, cuando la planta entra en actividad y cicatriza rápido. En zonas de clima suave, el principio del otoño —septiembre— también funciona bien, sobre todo para suculentas que sufren con el calor extremo de julio y agosto. Lo que hay que evitar es el invierno: con la planta parada, el corte no cierra y se convierte en puerta de entrada para hongos.
Y hay una segunda condición, más importante que el mes: el tamaño. La prisa por separar es el fallo que más hijuelos mata. Un brote pequeño depende todavía de la madre para alimentarse y, cortado antes de tiempo, no tiene reservas para emitir raíces. Como referencia práctica:
- Agaves, aloes y haworthias: cuando midan al menos un tercio de la madre o superen los 8-10 cm, y preferiblemente cuando ya tengan alguna raíz propia.
- Bromelias: cuando el hijuelo alcance entre un tercio y la mitad de la altura de la roseta madre. Antes de eso, casi ninguno prospera.
- Clivias: con tres o cuatro pares de hojas bien formadas y raíces carnosas visibles.
- Piña: los hijuelos basales, cuando lleguen a unos 30 cm.
Cómo separarlos paso a paso
1. Desenmacetar y limpiar. Saca la planta entera y retira el sustrato de la zona de unión con los dedos o con un chorro suave de agua. Necesitas ver dónde se juntan exactamente madre e hijuelo; a ciegas se cortan raíces que no tocaba cortar. En agaves plantados en el suelo con hijuelos alejados, se localiza el rizoma que los une y se corta con una azada limpia, dejando un trozo de rizoma unido al hijuelo.
2. Cortar. Cuchillo bien afilado y desinfectado con alcohol de 96° o lejía diluida, y un corte único y limpio lo más cerca posible de la madre. Si el hijuelo trae raíces, procura llevártelas enteras. Desinfecta la hoja entre planta y planta si vas a hacer varias.
3. Dejar cicatrizar. Este es el paso que más gente se salta y el que más determina el resultado en suculentas. En agaves, aloes, haworthias y cactáceas, el corte debe secarse al aire, en sombra y sitio ventilado, entre 3 y 7 días, hasta que forme una película seca. Plantar una herida fresca en sustrato húmedo es sembrar podredumbre. En bromelias, clivias y pandanos, con unas horas de oreo basta; se les puede espolvorear canela molida o azufre en polvo sobre la herida.
4. Plantar. Maceta pequeña, apenas mayor que el cepellón: en un tiesto grande el sustrato se queda húmedo demasiado tiempo alrededor de unas raíces que aún no beben. Sustrato drenante y no muy rico —para suculentas, mezcla específica de cactus o sustrato universal con un 40 % de arena gruesa o perlita; para bromelias, corteza de pino fina con turba—. Sujeta el hijuelo con un tutor o una piedra si se cae de lado.
5. Primeros riegos. En suculentas, espera entre cinco y diez días desde el trasplante antes del primer riego, y luego riega poco. En clivias y bromelias, riega ligeramente desde el principio pero sin encharcar. Todos, en sombra luminosa y a 20-25 °C, nunca a pleno sol directo hasta que se vea crecimiento nuevo. Si el hijuelo no traía raíces, cuenta con entre tres y ocho semanas hasta que emita las primeras; la señal fiable es que la planta se resiste al tirar suavemente de ella.
Errores frecuentes y una creencia que conviene revisar
Los tres fallos que se repiten son separar demasiado pronto, regar de inmediato y usar una maceta grande. Los tres terminan igual: el hijuelo se ablanda por la base y se pudre en dos semanas.
Y está la idea de que quitar los hijuelos debilita a la planta madre. En las especies monocárpicas —agaves, bromelias, piña— es sencillamente irrelevante, porque la madre va a morir de todos modos tras la floración: sus hijuelos son lo único que queda. En el resto, aloes o haworthias, retirar parte de los brotes reduce la competencia dentro de la maceta y suele mejorar el aspecto de la planta principal. La excepción real es la clivia, que agradece estar apretada y florece peor recién dividida; ahí sí conviene espaciar las divisiones y hacerlas solo cada tres o cuatro años.
Un último apunte: al ser clones, todos los hijuelos comparten con la madre no solo el aspecto, sino también su sensibilidad a plagas y enfermedades. Si la planta original tiene cochinilla o algún virus, lo repartes con cada división. Revisa siempre axilas y raíces antes de separar.
En resumen
El hijuelo es un brote que sale de la base de la planta madre y da lugar a un ejemplar genéticamente idéntico, sin pasar por semilla. Lo producen sobre todo agaves, aloes, haworthias, bromelias, clivias, piñas, pandanos, plátanos y palmeras datileras, y en muchas de ellas es la respuesta a una floración que acaba con la vida de la planta madre. Para separarlos, primavera, cuchillo desinfectado, esperar a que el hijuelo tenga al menos un tercio del tamaño de la madre, dejar secar el corte varios días en las suculentas y plantar en maceta pequeña con sustrato drenante, retrasando el primer riego. Con esas cuatro precauciones, la tasa de éxito es altísima y de una sola planta salen colecciones enteras.