Corta mentalmente una flor de geranio silvestre por la mitad. Da igual por dónde pase el corte, siempre que atraviese el centro: te van a salir dos mitades iguales. Ahora haz lo mismo con la flor de un guisante y verás que solo hay una forma de cortarla en dos mitades simétricas, la que va de arriba abajo. Esa diferencia, que parece un detalle estético, es una de las divisiones más útiles de la botánica floral y explica buena parte de cómo se reparten las flores a sus polinizadores.
La primera flor es actinomorfa. La segunda, zigomorfa.
Qué significa exactamente actinomorfa
El término viene del griego aktís, rayo, y morphé, forma: forma radiada. Una flor actinomorfa tiene simetría radial, es decir, admite tres o más planos de simetría que pasan por su eje central. Cualquiera de ellos la divide en dos mitades especulares. Por eso la botánica moderna prefiere llamarlas polisimétricas: muchos planos de simetría.
Zigomorfa viene de zygón, yugo, que es una pieza con dos lados iguales y un solo eje. Estas flores tienen simetría bilateral: un único plano de simetría, casi siempre el que va del dorso al vientre de la flor. También se las llama monosimétricas.
Un matiz que se pasa por alto a menudo: la simetría se juzga sobre toda la flor, no solo sobre los pétalos. Hay flores con corola aparentemente radial pero con estambres desiguales o con el estilo curvado hacia un lado, y eso las hace zigomorfas en sentido estricto. En la práctica de campo se mira sobre todo el perianto, pero conviene saber que la definición formal incluye androceo y gineceo.
En las fórmulas florales, esa distinción se anota con un símbolo delante: un asterisco o una rueda para las actinomorfas, una flecha o un signo de párrafo para las zigomorfas.
Cómo comprobarlo en el jardín
No hace falta lupa. Basta con mirar la flor de frente, desde la posición del polinizador, y preguntarse si tiene arriba y abajo.
Una actinomorfa no tiene arriba ni abajo: puedes girarla como una rueda y sigue igual. Un tulipán, una flor de almendro, una petunia, una campanilla, una malva. Si la fotografías del derecho o del revés, la foto es indistinguible.
Una zigomorfa sí tiene arriba y abajo, y normalmente se nota porque hay una pieza que hace de labio inferior, de plataforma de aterrizaje o de capucha superior. Una boca de dragón, una flor de romero, una orquídea, una violeta. Puestas del revés, se ven mal.
Un truco práctico: si la flor tiene espolón (violeta, aguileña, linaria), labio (labiadas, orquídeas) o quilla (leguminosas), es zigomorfa sin más comprobación.
Qué familias son actinomorfas
Muchísimas, y algunas muy conocidas del jardín peninsular:
- Rosáceas: rosal, almendro, cerezo, manzano, espino albar. Cinco pétalos libres dispuestos en radio.
- Solanáceas: patata, tomate, petunia, datura. Corola en estrella o en embudo.
- Malváceas: malva, hibisco, altea, con el tubo estaminal en el centro perfectamente radial.
- Geraniáceas del género Geranium: Geranium molle, Geranium robertianum. Cinco pétalos iguales en radio.
- Cariofiláceas: clavel, jabonera, colleja.
- Rutáceas: naranjo, limonero.
- Teáceas: Camellia japonica y Camellia sinensis.
- Convolvuláceas: campanilla, boniato.
- Apiáceas (umbelíferas): hinojo, zanahoria, perejil. Flores diminutas y radiales agrupadas en umbelas.
- Liliáceas y afines: tulipán, azucena, jacinto, ajo ornamental.
He escrito «del género Geranium» a propósito, porque dentro de la misma familia hay un contraste que sirve de examen. El geranio silvestre (Geranium) tiene flor actinomorfa, con los cinco pétalos iguales. El geranio de balcón, que en realidad es un Pelargonium, tiene flor zigomorfa: los dos pétalos superiores son distintos de los tres inferiores en forma, tamaño y manchas, y además hay un espolón nectarífero soldado al pedicelo. Dos géneros hermanos, dos simetrías. Si algo demuestra que esto no es un rasgo profundo e inmutable, sino algo que la evolución cambia con facilidad, es precisamente ese par.
Como regla de bulto, la simetría radial es el estado ancestral en las angiospermas. Las magnolias, los ranúnculos y los nenúfares, linajes antiguos, son radiales. La zigomorfia apareció después, muchas veces de forma independiente en distintos grupos.
Las zigomorfas: la otra mitad del asunto
El ejemplo canónico son las papilionáceas, la subfamilia de las leguminosas a la que pertenecen el guisante (Pisum sativum), el haba (Vicia faba), la judía (Phaseolus vulgaris), la alfalfa (Medicago sativa), la retama o la glicina. Su flor tiene cinco pétalos con nombre propio y función distinta: un estandarte grande y erguido que hace de cartel publicitario, dos alas laterales que sirven de asidero, y dos pétalos inferiores soldados que forman la quilla y encierran estambres y pistilo. El abejorro se posa en las alas, su peso baja la quilla y los estambres le tocan el vientre. Es un mecanismo de precisión.
Otras familias claramente zigomorfas:
- Lamiáceas (labiadas): romero, lavanda, salvia, tomillo, menta. Corola bilabiada, con labio superior en casco y labio inferior extendido.
- Orquidáceas: el labelo es un tépalo modificado que actúa de pista de aterrizaje. Además, en la mayor parte de las orquídeas ocurre algo curioso: el capullo gira 180° durante su desarrollo (resupinación), de modo que el labelo, que nace arriba, acaba abajo.
- Violáceas: la violeta, con su espolón que guarda el néctar al fondo.
- Plantagináceas y escrofulariáceas: boca de dragón (Antirrhinum majus), digital (Digitalis purpurea), verónica.
- Cesalpinioideas: el árbol del amor (Cercis siliquastrum) y el flamboyán (Delonix regia), con flores de simetría bilateral menos evidente pero real.
- Bignoniáceas: catalpa, jacaranda, bignonia.
Disimétricas y asimétricas: la categoría que se omite
La división en dos categorías es cómoda, pero incompleta, y aquí hay un error que se repite en muchas guías.
Las crucíferas (col, mostaza, alhelí, aliso de mar) se citan siempre como ejemplo de flor actinomorfa por sus cuatro pétalos en cruz. En sentido estricto no lo son: tienen exactamente dos planos de simetría, no tres o más, porque sus seis estambres son tetradínamos, cuatro largos y dos cortos. Eso las convierte en disimétricas, una categoría intermedia. Lo mismo ocurre con Dicentra y con Fumaria.
Y luego están las asimétricas, que no admiten ningún plano de simetría. Son raras. Los ejemplos habituales son las cañas de indias (Canna), la valeriana y algunas marantáceas.
El caso tramposo de las compuestas
Una margarita parece la flor actinomorfa por antonomasia. No es ninguna de las dos cosas, porque no es una flor: es un capítulo, una inflorescencia compacta de decenas o cientos de flores diminutas sobre un receptáculo común.
Y lo interesante es que en muchas asteráceas conviven los dos tipos de simetría en el mismo capítulo. Las flores del centro, los flósculos, son tubulares y actinomorfas. Las del borde, las lígulas, tienen la corola prolongada en una lengüeta hacia fuera y son zigomorfas. El girasol, la margarita y la manzanilla funcionan así. En el cardo o el aciano todas son tubulares; en el diente de león o la achicoria, todas liguladas.
De modo que si alguien te pregunta si una margarita es actinomorfa, la respuesta correcta empieza por corregir la pregunta.
Por qué existe esta diferencia: polinización
La simetría floral no es decorativa. Es una estrategia.
Una flor actinomorfa es generalista. Se puede abordar desde cualquier ángulo, no exige aprendizaje ni destreza al visitante, y por eso la visita todo bicho viviente: escarabajos, moscas, sírfidos, abejas solitarias, mariposas. La ventaja es el volumen de visitas; el inconveniente es la ineficiencia. El polen se deposita en cualquier parte del cuerpo del insecto y buena parte se pierde en flores de otras especies o se lo come el propio visitante.
Una flor zigomorfa es especialista. Al tener un solo eje, obliga al polinizador a colocarse en una orientación concreta para llegar al néctar. Eso permite depositar el polen siempre en el mismo punto del cuerpo del animal (el vientre en las leguminosas, el dorso en muchas labiadas, la cabeza en las orquídeas) y recogerlo desde ahí en la flor siguiente. Se pierde muchísimo menos polen. A cambio, la flor depende de un grupo reducido de visitantes con el tamaño, la fuerza y la longitud de lengua adecuados, casi siempre abejas y abejorros, y en otros continentes también aves y esfíngidos.
La zigomorfia ha evolucionado de forma independiente decenas de veces a partir de antecesores radiales, y en varios linajes está controlada por genes de la familia CYCLOIDEA, que establecen la diferencia entre el lado dorsal y el ventral de la flor. En Antirrhinum, si se inactivan esos genes, la boca de dragón produce flores radiales con cinco labios inferiores iguales. Es de los casos mejor documentados de cómo un puñado de genes cambia la arquitectura de un órgano.
Los grupos con flores zigomorfas (orquídeas, labiadas, leguminosas, compuestas) están además entre los más ricos en especies del reino vegetal. La hipótesis más aceptada es que la especialización en polinizadores concretos favorece el aislamiento reproductivo y, con él, la aparición de especies nuevas.
El error de la buganvilla
Hay un fallo de bulto que conviene evitar al clasificar: confundir la flor con lo que parece la flor.
En la buganvilla (Bougainvillea), lo llamativo no son pétalos sino brácteas, hojas modificadas de color magenta, naranja o blanco. La flor verdadera es la trompetilla blanca y pequeña que asoma en el centro de cada terna de brácteas, y esa flor es actinomorfa. Lo mismo pasa con la flor de Pascua, con la cala o con el cornejo florido: lo vistoso es hoja disfrazada.
En la dirección contraria está la aspidistra (Aspidistra elatior), esa planta de sombra que aguanta cualquier maltrato. Su flor es carnosa, morada, radial, y aparece a ras de sustrato, medio enterrada bajo las hojas. Es actinomorfa de manual, pero quien tiene una aspidistra en casa rara vez la ha visto, porque nadie mira ahí abajo.
Para qué sirve saber esto
Tiene tres usos concretos.
Identificar plantas. Las claves dicotómicas de cualquier flora preguntan por la simetría floral en las primeras entradas. Saber leerla te ahorra la mitad del camino: una flor con quilla te lleva directo a leguminosas, una corola bilabiada con tallo cuadrangular y hojas opuestas y aromáticas te lleva a labiadas.
Diseñar un jardín para polinizadores. Si solo plantas flores zigomorfas de tubo largo, atraerás abejorros y abejas de lengua larga, pero dejarás fuera a sírfidos, escarabajos y abejas pequeñas, que son polinizadores importantes. Mezclar umbelíferas y rosáceas de corola abierta con labiadas y leguminosas cubre mucho más espectro. Es, además, la razón de que un parterre de hinojo, orégano y perejil florecido zumbe más que uno de solo lavanda.
Entender ciertos comportamientos. Si ves abejorros mordiendo la base del tubo de tus salvias o de tus bocas de dragón en lugar de entrar por delante, estás viendo robo de néctar: insectos demasiado grandes o de lengua demasiado corta para el mecanismo de la flor que se saltan el peaje perforando la corola. Consiguen el néctar sin polinizar nada. Es un efecto secundario directo de la especialización zigomorfa.
En resumen
Una flor actinomorfa tiene simetría radial: varios planos la dividen en mitades iguales y no tiene arriba ni abajo. Es el estado ancestral en las angiospermas y la estrategia de los generalistas, accesible a cualquier visitante. Una flor zigomorfa tiene un solo plano de simetría, con labio, quilla o espolón, y se dirige a un polinizador concreto al que obliga a colocarse en una postura fija para depositarle el polen siempre en el mismo sitio. Entre medias quedan las disimétricas, como las crucíferas con sus dos planos, y las asimétricas, sin ninguno. Y antes de clasificar conviene asegurarse de que lo que miras es una flor: la margarita es una inflorescencia con los dos tipos a la vez, y lo vistoso de la buganvilla son brácteas.