Cuando cortas un higo por la mitad y ves ese interior lleno de granitos, no estás mirando un fruto: estás mirando decenas de frutos diminutos encerrados dentro de un mismo envoltorio. Eso es una infrutescencia, y entender qué son ayuda a resolver muchas dudas prácticas de jardinería, empezando por la más habitual de todas: dónde está exactamente la semilla que quiero sembrar.

Qué es una infrutescencia

Una infrutescencia es el conjunto de frutos que proceden de las flores de una misma inflorescencia y que, al madurar, permanecen unidos y funcionan como una sola unidad a efectos de dispersión.

La clave está en el número de flores. Una inflorescencia es una agrupación de flores sobre un eje común: una espiga, un racimo, una umbela, una cabezuela. Si cada una de esas flores es fecundada y da su propio fruto, y los frutos no se separan sino que engordan juntos sobre el mismo eje, el resultado es una infrutescencia. La mazorca del maíz (Zea mays) es una infrutescencia: cada grano es un fruto completo, un cariópside, procedente de una flor femenina independiente. El racimo de uvas, la umbela de la zanahoria cargada de diaquenios, el girasol con su disco de aquenios o el racimo del plátano responden al mismo esquema.

Conviene tener claro qué no es una infrutescencia, porque aquí se acumulan los errores. Un fruto agregado o polifruto procede de una sola flor que tenía muchos carpelos libres; cada carpelo forma un frutito y todos quedan sobre el mismo receptáculo. La frambuesa, la zarzamora, la chirimoya, la magnolia o el anís estrellado son frutos agregados, no infrutescencias. La confusión más extendida es la de la zarzamora y la mora de morera: se parecen mucho y ni siquiera son parientes cercanos. La zarzamora (Rubus ulmifolius) es un fruto agregado de una única flor; la mora de la morera (Morus nigra) sí es una infrutescencia, formada por muchas flores apretadas en una espiga que se vuelven carnosas juntas. Misma apariencia, origen botánico distinto.

Tampoco es lo mismo una infrutescencia que un fruto accesorio, en el que engorda un tejido que no es el ovario: el receptáculo, el hipanto o las brácteas. Ahí entran la manzana, la fresa o el escaramujo. Y hay casos que combinan varias cosas a la vez, que son precisamente los tres que más preguntas generan.

Los tipos que más se confunden

Vale la pena mirar de cerca tres estructuras muy conocidas, porque cada una resuelve el mismo problema —agrupar frutos pequeños— de una manera diferente.

El sicono: el higo

El sicono es la infrutescencia por excelencia y el ejemplo más elegante que existe. En la higuera (Ficus carica), el eje de la inflorescencia se ha invertido y ensanchado hasta formar una urna carnosa cerrada, con un pequeño orificio en el extremo llamado ostiolo. Las flores están dentro, tapizando la pared interior. Cuando decimos que la higuera "no florece" nos equivocamos: florece a puerta cerrada.

Cada uno de los granitos crujientes que notas al comer un higo es un aquenio, un fruto seco de una sola semilla, procedente de una flor propia. Lo dulce y carnoso es el receptáculo. En muchas variedades cultivadas de higuera el sicono engorda sin fecundación, por partenocarpia, y por eso esas semillas no germinan aunque las siembres. Las variedades tipo esmirna, en cambio, sí necesitan la polinización de una avispa diminuta, Blastophaga psenes, que entra por el ostiolo. Es un dato práctico: si quieres sembrar higo, necesitas fruto fecundado, no cualquier higo de supermercado.

Higos maduros en la higuera, un ejemplo de sicono

El poliaquenio: la fresa

Un poliaquenio es un conjunto de aquenios reunidos sobre un mismo soporte. En la fresa o el fresón (Fragaria spp.) los aquenios son esos puntitos amarillos de la superficie, y la parte roja y jugosa es el receptáculo floral engordado. Aquí llega la corrección que casi nadie espera: lo que comemos de la fresa no es el fruto, y además no es una infrutescencia en sentido estricto, porque todo procede de una única flor. Es un fruto agregado accesorio, un eterio.

Lo he incluido aquí porque en la práctica del sembrador se comporta igual que una infrutescencia: tienes que separar muchas semillas de una masa carnosa común. La lógica de manejo es idéntica aunque la etiqueta botánica sea otra.

Fresas maduras con los aquenios visibles en la superficie

El cinorrodón: el escaramujo

El cinorrodón es el fruto de los rosales: el escaramujo rojo que queda en la mata de Rosa canina o Rosa rugosa cuando pasa la floración. Es el caso inverso al de la fresa. Aquí el receptáculo se ha cerrado formando un hipanto en forma de urna, y dentro quedan los aquenios verdaderos, rodeados de unos pelos rígidos que pican bastante. La pulpa naranja del hipanto es lo aprovechable y es notablemente rica en vitamina C.

Tampoco es una infrutescencia estricta —viene de una sola flor—, pero comparte con el sicono la solución arquitectónica: meter los frutos dentro de un receptáculo hueco. Comparar higo, fresa y escaramujo enseña más botánica que memorizar definiciones.

Cómo se siembran las semillas de una infrutescencia

El principio general es sencillo: lo que se siembra nunca es la infrutescencia entera, sino las semillas que hay dentro, limpias de pulpa. Enterrar un higo o un escaramujo completo es el error más frecuente y suele acabar en podredumbre, hongos y ni una plántula.

La pulpa contiene inhibidores de la germinación. En la naturaleza los elimina el paso por el aparato digestivo de un ave o por meses de lluvia; en casa hay que hacerlo a mano.

Extracción y limpieza. Machaca la parte carnosa dentro de un recipiente con agua templada y deja reposar 48-72 horas. La fermentación despega los restos de pulpa. Las semillas viables tienden a hundirse y las vanas a flotar, aunque no es una regla infalible: en semillas muy pequeñas conviene comprobar. Aclara bien con un colador fino y seca sobre papel a la sombra. En el escaramujo, hazlo con guantes por los pelos irritantes.

Tratamiento previo. Aquí se separan los caminos según el origen de la planta:

Las especies de clima templado necesitan estratificación fría, es decir, pasar frío húmedo antes de germinar. Es un seguro que tiene la semilla para no brotar en el otoño y morir en la primera helada. Las semillas de rosal son de las más exigentes: piden un periodo cálido seguido de tres o cuatro meses entre 3 y 5 °C, y aun así germinan de forma escalonada y desigual. Lo más cómodo en la Península es sembrarlas en bandeja a finales de otoño y dejarlas a la intemperie en un rincón resguardado del norte: el invierno hace el trabajo gratis y nacen en marzo o abril. Ten paciencia, porque una parte puede tardar hasta la segunda primavera.

Las especies de clima cálido, como la higuera, no necesitan frío. Sus semillas son minúsculas y se siembran en superficie o apenas cubiertas, sin enterrarlas: una capa de sustrato de más que su propio grosor y ya no salen. Sustrato de siembra ligero, mezcla de turba y perlita a partes iguales, riego por inmersión desde abajo para no desplazarlas, y temperatura estable de 22-25 °C. Marzo y abril son buenos meses. Tapa la bandeja con plástico o cristal para mantener la humedad, pero ventila unos minutos al día o aparecerá el mildiu.

Semillas grandes y duras. Cuando la infrutescencia contiene semillas de cubierta leñosa, la escarificación mejora mucho los resultados: una lijada suave en un lateral, evitando el punto por donde saldrá la radícula, o un remojo de 24 horas en agua que empieza caliente y se deja enfriar sola.

Después de la germinación. Retira la cubierta plástica en cuanto asomen y dales luz abundante pero indirecta durante las primeras semanas; el sol directo detrás de un cristal cocina las plántulas. Trasplanta a maceta individual cuando tengan dos o tres hojas verdaderas, sujetando siempre por la hoja y nunca por el tallo.

Un aviso realista: las semillas de un frutal cultivado no reproducen la variedad de la planta madre. Sembrar una fresa comercial da fresas, sí, pero no ese fresón concreto. Para conservar la variedad exacta hay que recurrir a estolones, estaquillado o injerto. La siembra sirve para aprender, para obtener portainjertos y para llevarse alguna sorpresa interesante, no para clonar.

En resumen

Una infrutescencia es el conjunto de frutos nacidos de las flores de una misma inflorescencia que maduran unidos, como la mazorca de maíz, la mora de morera o el higo. Se diferencia del fruto agregado, que procede de una única flor con muchos carpelos, caso de la frambuesa o la fresa. El sicono del higo encierra los frutos dentro de un receptáculo cerrado; el poliaquenio de la fresa los lleva por fuera de un receptáculo carnoso; el cinorrodón del rosal los guarda dentro de un hipanto en urna. Para sembrar cualquiera de ellas hay que extraer y limpiar las semillas de toda la pulpa, aplicar frío húmedo a las especies templadas y calor constante a las de origen cálido, y sembrar superficialmente las semillas pequeñas. Y asumir que la planta que salga se parecerá a su madre, pero no será idéntica a ella.


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