El tomate y la patata son familia. El tomate y el pepino, no. De esa diferencia depende que puedas plantar uno detrás del otro en el mismo bancal sin arrastrar la enfermedad del anterior, y ese es solo el primero de los usos prácticos que tiene entender cómo se agrupan las plantas.

Dónde encaja la familia en la clasificación

La botánica ordena las plantas en cajas cada vez más pequeñas: reino, división, clase, orden, familia, género y especie. La familia es el escalón inmediatamente superior al género, y agrupa géneros que comparten un origen evolutivo común y, con él, un montón de rasgos de estructura y de comportamiento.

Un ejemplo concreto con el romero:

Familia: Lamiaceae. Género: Salvia. Especie: Salvia rosmarinus.

Fíjate en un detalle que despista mucho: el nombre científico de una planta lleva el género y la especie, pero no lleva la familia. Por el nombre Salvia rosmarinus nadie deduce que es una labiada; hay que saberlo aparte. Esa es una de las razones por las que las familias son un conocimiento que hay que adquirir de forma deliberada, planta a planta, y no se absorbe solo leyendo etiquetas.

Los nombres de familia se escriben en latín y terminan en -aceae, que en español se castellaniza como -áceas: Rosaceae / rosáceas, Cactaceae / cactáceas, Solanaceae / solanáceas. La raíz es siempre el nombre de un género representativo de esa familia: Rosaceae viene de Rosa, Solanaceae de Solanum, Lamiaceae de Lamium.

Las familias con dos nombres

Hay ocho familias que se salen de la regla del -aceae porque su nombre antiguo, descriptivo, se usó durante tanto tiempo que se decidió conservarlo como alternativa válida. Los verás en libros y viveros indistintamente y no son errores:

Compositae = Asteraceae (compuestas). Leguminosae = Fabaceae (leguminosas). Gramineae = Poaceae (gramíneas). Umbelliferae = Apiaceae (umbelíferas). Cruciferae = Brassicaceae (crucíferas). Labiatae = Lamiaceae (labiadas). Palmae = Arecaceae (palmeras). Guttiferae = Clusiaceae.

Las familias se han movido, y bastante

Durante dos siglos las familias se establecieron mirando la flor y el fruto. Desde finales de los noventa se reconstruyen comparando ADN, dentro del sistema conocido como APG (hoy en su cuarta versión, APG IV). El resultado es que la clasificación se ha reordenado mucho, y buena parte de lo que aparece en libros de jardinería de hace veinte años ya no se sostiene. Los cambios que más afectan a un jardín normal:

Las liliáceas se han desmembrado. Era un cajón de sastre enorme y hoy está repartido. Los ajos y las cebollas (Allium) y los agapantos pasaron a Amaryllidaceae. Los aloes, las haworthias y las gasterias, a Asphodelaceae. Las yucas, los agaves, las Dracaena (donde ahora se incluye la lengua de suegra, antes Sansevieria) y los espárragos, a Asparagaceae. En Liliaceae quedan los tulipanes, los lirios de verdad (Lilium) y poco más.

Los arces ya no tienen familia propia. Acer estaba en Aceraceae y ahora está dentro de Sapindaceae, junto al castaño de Indias.

Malvaceae ha engordado. Absorbió a las tiliáceas y a las esterculiáceas, así que el tilo, el cacao y el baobab comparten hoy familia con la malva y el hibisco.

Las escrofulariáceas se partieron. Digitales, verónicas, bocas de dragón y hebes están ahora en Plantaginaceae, la familia del llantén.

Las asclepiadáceas desaparecieron dentro de Apocynaceae: la flor de cera (Hoya), los Stapelia y el algodoncillo son ya apocináceas.

Nada de esto es puntillismo académico. Si buscas información sobre una planta y usas el nombre de familia antiguo, es fácil que las fuentes actualizadas no te devuelvan nada. Para comprobar el estado presente de cualquier nombre, la referencia gratuita más fiable es Plants of the World Online, la base de datos de Kew.

Camelia de flor rosa abierta entre hojas verdes brillantes

Por qué al que cultiva le compensa saberse las familias

La utilidad no es memorística. La familia es un atajo para predecir el comportamiento de una planta que no conoces, y eso se traduce en decisiones muy concretas.

Rotación de cultivos. Es la aplicación más directa. Las enfermedades del suelo y las plagas especializadas atacan por familias, no por especies. Si arrancas los tomates en septiembre y plantas patatas en el mismo bancal, has cambiado de planta pero no de familia: ambas son Solanaceae, y con ellas siguen el mildiu (Phytophthora infestans), la verticilosis y los nematodos que se hayan instalado. La regla de trabajo es no repetir familia en el mismo trozo de tierra antes de tres o cuatro años. Las cuatro familias que estructuran cualquier rotación de huerto en España son:

Solanaceae: tomate, pimiento, berenjena, patata.
Cucurbitaceae: calabacín, calabaza, pepino, melón, sandía.
Brassicaceae: coles, brócoli, coliflor, rábano, nabo, rúcula.
Fabaceae: judía, guisante, haba.

Y a estas se suman Apiaceae (zanahoria, apio, perejil, hinojo) y Amaryllidaceae (ajo, cebolla, puerro). Un caso especialmente ilustrativo es la hernia de la col (Plasmodiophora brassicae): una vez está en el suelo, aguanta años y afecta a todas las crucíferas, incluidos el rábano y la rúcula, que mucha gente no asocia con la col. Y las leguminosas van aparte por el motivo contrario: su simbiosis con bacterias del género Rhizobium fija nitrógeno atmosférico, así que dejan el suelo mejor de lo que lo encontraron y se colocan a propósito antes de un cultivo exigente.

Injertos. La compatibilidad de injerto requiere parentesco estrecho. Nunca funciona entre familias distintas, y dentro de la familia solo entre géneros muy próximos o dentro del propio género. Por eso el peral se injerta sobre membrillero (Cydonia) y ambos son Rosaceae; por eso los cítricos se injertan sobre Poncirus o citranges, todos Rutaceae; y por eso el tomate se puede injertar sobre patrones de berenjena o de patata, pero no sobre un pepino.

Exigencias de suelo y clima. Las Ericaceae —rododendros, azaleas, brezos (Erica, Calluna), arándanos, Pieris— comparten una anatomía radicular fina y una micorriza propia que las obliga a suelo ácido, suelto y fresco. Saber que una planta es ericácea te dice de antemano que en el suelo calizo de media España va a amarillear por clorosis férrica y que necesita sustrato de acidófilas y agua sin cal.

Toxicidad y riesgos. Toda la familia Euphorbiaceae comparte un látex blanco irritante para piel y ojos: vale para la flor de Pascua, para las euforbias del jardín y para el ricino. Varias Apiaceae silvestres contienen furanocumarinas que producen quemaduras al combinarse con el sol, y en esa misma familia conviven la zanahoria y la cicuta, lo que la convierte en la peor candidata posible para la recolección silvestre a ojo.

Cruces y semillas guardadas. Aquí la familia no basta y hay que bajar a la especie, pero el razonamiento es el mismo. El calabacín, la calabaza de Halloween y algunas calabazas de adorno son todos Cucurbita pepo: si los tienes juntos se cruzan y la semilla que guardes dará híbridos raros. Con un melón o un pepino, en cambio, no se cruzan aunque sean de la misma familia.

Hojas palmeadas de Acer pseudoplatanus a contraluz

Cómo reconocer las familias más comunes a simple vista

Cada familia tiene una o dos señas de identidad que se aprenden en cinco minutos y sirven para toda la vida:

Lamiaceae (labiadas): tallo de sección cuadrada, hojas opuestas, aroma al frotarlas y flor de dos labios. Romero, lavanda, tomillo, salvia, menta, orégano, albahaca. El tallo cuadrado es un test rapidísimo: pásale los dedos.

Asteraceae (compuestas): lo que parece una flor es un capítulo, decenas o cientos de flores diminutas apretadas sobre un receptáculo plano. Un girasol no es una flor, son unas mil. Margarita, diente de león, caléndula, dalia, crisantemo, lechuga, alcachofa.

Fabaceae (leguminosas): flor en forma de mariposa (estandarte, dos alas y quilla), fruto en vaina, hojas compuestas y nódulos en la raíz. Glicinia, retama, altramuz, judía, algarrobo, acacia.

Apiaceae (umbelíferas): flores en umbela, como los radios de un paraguas, y tallo hueco y estriado.

Brassicaceae (crucíferas): cuatro pétalos dispuestos en cruz y seis estambres, cuatro largos y dos cortos.

Rosaceae: cinco pétalos libres y muchísimos estambres. Rosal, manzano, peral, cerezo, almendro, fresa, zarzamora, espino albar. Que casi toda la fruta de hueso y de pepita de un huerto español sea de la misma familia explica por qué comparten plagas.

Poaceae (gramíneas): tallo cilíndrico con nudos macizos, hojas envainadoras. Todo el césped, todos los cereales, el bambú.

Cactaceae: areolas, unos cojinetes de fieltro de los que salen las espinas. Este es el único carácter fiable, y sirve para deshacer el error más extendido en suculentas.

Tres confusiones que salen caras

Ni todas las suculentas son cactus, ni toda planta espinosa lo es. Muchas euforbias africanas (Euphorbia ingens, E. trigona) tienen porte columnar y espinas, y son clavaditas a un cactus americano. Se distinguen por dos cosas: los cactus tienen areolas y no tienen látex; las euforbias no tienen areolas y sueltan látex blanco al cortarlas. La diferencia importa: ese látex quema, y si vas a podar una hay que hacerlo con guantes y gafas. Además, la familia te dice el origen: las Cactaceae son americanas casi sin excepción.

La camelia no es una ericácea. Se dice constantemente porque pide suelo ácido igual que las azaleas, pero Camellia japonica es de la familia Theaceae, la del té (Camellia sinensis). Comparten orden (Ericales) y comparten exigencia de acidez, pero no familia. El detalle no es trivial: la camelia tolera algo más de sequedad ambiental que un rododendro y florece en pleno invierno, cosas que no se deducen de tratarla como ericácea.

Los nombres vulgares mienten sobre el parentesco. El "geranio" de los balcones no es un Geranium sino un Pelargonium, y aunque ambos son Geraniaceae, tienen exigencias de riego y resistencia al frío distintas. Con el "jazmín" es peor: Jasminum es de las oleáceas, el jazmín estrella (Trachelospermum jasminoides) es de las apocináceas y el jazmín de noche (Cestrum nocturnum) es una solanácea. Tres familias sin relación bajo el mismo nombre de tienda. Y "lirio" designa a la vez a Iris (Iridaceae) y a Lilium (Liliaceae). Cuando lo que está en juego es el riego, el suelo o si algo es tóxico, el nombre vulgar no sirve; hay que ir al binomio.

Cuántas familias hay, y cuáles pesan

Las plantas con flor se reparten hoy en algo más de 400 familias, pero el reparto es muy desigual. Un puñado concentra casi todo: las Asteraceae y las Orchidaceae rondan cada una las 25.000-30.000 especies, y detrás vienen Fabaceae, Rubiaceae y Poaceae, todas ellas por encima de las 10.000. En el otro extremo hay decenas de familias con un solo género y una sola especie. Aprenderse las quince o veinte familias que aparecen de verdad en un jardín y un huerto español cubre la práctica totalidad de lo que vas a manejar.

En resumen

Una familia botánica agrupa géneros emparentados y ocupa el escalón justo por encima del género; su nombre acaba en -aceae y no aparece en el nombre científico de la planta, así que hay que aprenderlo aparte. Desde que la clasificación se apoya en el ADN, con el sistema APG, muchas familias se han fusionado o partido —las liliáceas se repartieron, los arces pasaron a Sapindaceae, las asclepiadáceas desaparecieron dentro de Apocynaceae—, y usar los nombres viejos complica cualquier búsqueda. Para quien cultiva, la familia funciona como una predicción: anticipa qué plagas comparte una planta, con qué se puede injertar, qué suelo va a pedir y qué riesgos tiene manipularla. Es la base de una rotación de cultivos que funcione, y el antídoto contra los nombres vulgares, que juntan bajo una misma palabra plantas que no tienen nada que ver.


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