Prácticamente todo lo que cultivas en tu jardín es una angiosperma. El césped, el rosal, el limonero, los tulipanes, la buganvilla y hasta esa palmera que parece de otro mundo pertenecen al mismo grupo. Las excepciones se cuentan rápido: pinos, cipreses, cedros, enebros, tejos, ginkgo y cícadas. Todo lo demás forma parte del grupo de plantas con flor y fruto, el más numeroso y diverso del reino vegetal, con unas 300.000 especies descritas.

Saber qué las define no es un capricho académico. Explica por qué una palmera no se puede injertar, por qué un herbicida mata las hierbas de un parterre y respeta el césped, y por qué unas plantas rebrotan de una herida y otras no.

Qué es exactamente una angiosperma

La palabra viene del griego angeion (vasija, recipiente) y sperma (semilla): semilla encerrada en un recipiente. Ese recipiente es el ovario, y ahí está la diferencia esencial con las gimnospermas, cuyos óvulos quedan desnudos sobre las escamas de un cono.

En una angiosperma, los óvulos están protegidos dentro de una estructura cerrada formada por hojas modificadas, los carpelos. Cuando el óvulo se fecunda y se convierte en semilla, esa pared del ovario madura y se transforma en fruto. Todo fruto verdadero, de la aceituna al melón, es un ovario maduro. Las gimnospermas no producen frutos: lo que llamamos "piña" del pino es un cono leñoso, no un fruto, y el arilo carnoso del tejo es una envuelta accesoria.

Hay otras tres novedades que definen al grupo:

La flor. Es el órgano reproductor característico, con sus verticilos ordenados: cáliz de sépalos, corola de pétalos, androceo de estambres y gineceo de carpelos. No todas las flores son vistosas —las de un roble, un olmo o una gramínea son verdes y discretas, porque las poliniza el viento y no necesitan anunciarse—, pero todas responden a este esquema básico.

La doble fecundación. Es un rasgo exclusivo y bastante extraordinario. El tubo polínico libera dos núcleos espermáticos: uno fecunda la oosfera y forma el embrión, y el otro se fusiona con dos núcleos polares para dar un tejido nutricio triploide, el endospermo. Es decir, la planta no invierte recursos en alimentar una semilla hasta que sabe que ha sido fecundada. Ese endospermo es el harina del trigo, la carne del coco y la mayor parte de un grano de maíz.

Vasos conductores más eficaces. El xilema de las angiospermas tiene elementos de vaso, tubos anchos formados por células apiladas cuyas paredes transversales se han perforado. Las gimnospermas se conforman con traqueidas, más estrechas. Un caudal de agua mayor permite hojas más grandes y crecimientos más rápidos, y explica en parte por qué un chopo crece tres veces más deprisa que un pino en el mismo suelo.

De dónde vienen y por qué ganaron

Los primeros fósiles claros de angiospermas son del Cretácico inferior, hace unos 130-135 millones de años, aunque los relojes moleculares sitúan el origen del linaje bastante antes. Lo llamativo no es cuándo aparecieron sino a qué velocidad se impusieron: en unos 30 o 40 millones de años pasaron de ser un grupo marginal a dominar la mayoría de los ecosistemas terrestres, desplazando a helechos y coníferas que llevaban cientos de millones de años instalados. Darwin llamó a esa irrupción repentina "un abominable misterio", y sigue siendo un tema abierto.

La explicación más aceptada es la coevolución con los animales. La flor vistosa, el néctar y el aroma compran un servicio de polinización dirigido: el insecto lleva el polen exactamente a otra flor de la misma especie, en lugar de confiarlo al azar del viento. Eso permite poblaciones pequeñas y dispersas, especialización y, en consecuencia, especiación acelerada. El fruto compra el segundo servicio, el de dispersión: el ave se come la pulpa y deposita la semilla lejos y con abono incluido.

Entre las angiospermas actuales, el linaje considerado hermano de todas las demás es Amborella trichopoda, un arbusto discreto que solo vive en Nueva Caledonia. No es un fósil viviente ni una planta primitiva, pero su posición en el árbol la ha convertido en una referencia constante en los estudios de evolución floral.

Jacaranda mimosifolia en plena floración

Monocotiledóneas y eudicotiledóneas: lo que cambió

Durante décadas se enseñó que las angiospermas se dividen en dos: monocotiledóneas y dicotiledóneas. Esa división ya no se sostiene y conviene saberlo, porque sigue apareciendo en muchos manuales de jardinería.

La filogenia molecular ha demostrado que las dicotiledóneas no forman un grupo natural. Son un cajón de sastre parafilético: incluye linajes basales como las magnólidas —magnolias, laureles, aguacate, canela, nenúfares— que se separaron antes de que existieran las monocotiledóneas. La clasificación vigente, el sistema APG, reconoce las monocotiledóneas como grupo natural y agrupa la mayor parte de las antiguas dicotiledóneas en las eudicotiledóneas, definidas por un carácter poco glamuroso pero fiable: el polen con tres aberturas o más, en lugar de una sola.

En la práctica del jardín, la distinción entre monocotiledónea y eudicotiledónea sigue siendo utilísima:

Cotiledones. Una hoja embrionaria en las monocotiledóneas, dos en las eudicotiledóneas. Se ve al germinar: el maíz saca una lanza y la judía dos hojitas gruesas.

Nervadura. Paralela en las monocotiledóneas, reticulada en las eudicotiledóneas.

Flores. Piezas en múltiplos de tres en las monocotiledóneas (los seis tépalos de un tulipán o un lirio); en múltiplos de cuatro o cinco en las eudicotiledóneas.

Raíces. Sistema fasciculado, de muchas raíces similares, frente a la raíz pivotante con una principal dominante. Por eso una gramínea se trasplanta con relativa facilidad y una encina joven, si le rompes el pivote, no lo perdona.

Crecimiento secundario. Este es el que más consecuencias tiene. Las monocotiledóneas carecen de cámbium vascular: sus haces conductores están dispersos en el tallo y no forman anillos. No engordan añadiendo madera año tras año. Una palmera alcanza su diámetro definitivo cuando es joven, en la fase de asiento, y a partir de ahí solo crece hacia arriba. De ahí se derivan tres reglas prácticas: una palmera no cicatriza las heridas del tronco, solo las compartimenta; no se puede injertar; y no rebrota si le cortas el ápice, porque toda su capacidad de crecimiento está en una única yema terminal. Ese es también el motivo de que el picudo rojo sea letal: destruye el meristemo apical y no hay recambio posible.

Un ejemplo de cada porte

La diversidad de formas es el gran argumento del grupo. Estos seis ejemplos, todos cultivables en España, cubren casi todo el abanico.

Árbol: Jacaranda mimosifolia

Eudicotiledónea de la familia Bignoniaceae, originaria del noroeste de Argentina y Bolivia. Florece en azul violáceo entre mayo y junio, a menudo antes de emitir la hoja nueva. Aguanta hasta unos -4 °C ya adulta, lo que la limita al litoral mediterráneo, Andalucía y el suroeste. Su fruto es una cápsula leñosa aplanada muy característica.

Arbusto: Rosa rugosa

Rosácea del este de Asia, de hoja muy rugosa y tallos densamente espinosos. Es de los rosales más rústicos que existen: resiste heladas fuertes, salinidad y suelos pobres, motivo por el que se usa en jardinería de costa. Da escaramujos grandes y aplanados, ricos en vitamina C.

Palmera: Phoenix canariensis

Monocotiledónea endémica de Canarias y uno de los árboles ornamentales más plantados del mundo. Hasta 15-20 metros, con hojas pinnadas de más de cinco metros y un tronco cubierto de las cicatrices romboidales de las hojas caídas. Tolera hasta -6 o -7 °C. Es la principal víctima del picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus) en la Península.

Hierba: Zea mays

Gramínea anual monoica: las flores masculinas forman la panícula terminal y las femeninas la mazorca, cuyos estigmas son las barbas de maíz. Cada grano es un cariópside, un fruto seco de una sola semilla soldada a la pared. Es un manual de botánica en sí misma.

Bulbo: Tulipa sylvestris

Liliácea, monocotiledónea geófita. A diferencia de los tulipanes de jardín holandeses, esta especie es silvestre y está naturalizada en buena parte de Europa, incluida España. Flor amarilla, ligeramente perfumada, en marzo y abril. El bulbo es un tallo comprimido con hojas de reserva: la planta pasa el verano bajo tierra, esperando.

Trepadora: Wisteria sinensis

Leguminosa trepadora volubles del centro de China. Sus racimos colgantes de flores lila aparecen en abril, casi siempre antes que las hojas. Es longeva y muy vigorosa: sus tallos engordan tanto que estrangulan pérgolas mal calculadas y levantan canalones. Fija nitrógeno atmosférico gracias a la simbiosis con rizobios, así que agradece poco abono nitrogenado; con exceso da hoja y no flor.

Tulipa sylvestris en flor

En resumen

Las angiospermas son las plantas cuyos óvulos van encerrados en un ovario que, al madurar, se convierte en fruto. Se distinguen además por la flor, por la doble fecundación que forma el endospermo y por unos vasos conductores más eficientes que los de las gimnospermas. Aparecieron en el Cretácico inferior y se impusieron en pocos millones de años gracias a su alianza con insectos polinizadores y con animales dispersores de semillas. La vieja división en monocotiledóneas y dicotiledóneas ha sido sustituida por monocotiledóneas, eudicotiledóneas y varios linajes basales, porque las dicotiledóneas no forman un grupo natural. Para el jardinero, la diferencia que más pesa es la falta de crecimiento secundario en las monocotiledóneas: sin cámbium no hay cicatrización, ni injerto, ni rebrote tras decapitar el ápice, y ahí está la clave de por qué las palmeras se manejan de una forma tan distinta al resto del jardín.


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